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"Ninguno de nosotros sabe ... " — Colin Farrell (frase del día)

 


"Ninguno de nosotros sabe con certeza si va a despertar a la mañana siguiente".

- Colin Farrell


Sí, han leído bien, es Colin Farrell el autor de esta frase, pero podría haber sido pronunciada por Séneca o Marco Aurelio; la podrían haber firmado Montaigne o Heidegger, y de hecho es una frase tan simple y común que efectivamente la han reproducido con muy pocas variantes y de ahí muchos filósofos han hecho la medula de gran parte de su filosofía. Pero resulta que Colin Farrell solía salir a conducir cuando era adolescente con su carnet provisional para fumarse un cigarrillo o varios en la terminal de llegadas del aeropuerto de Dublín mientras observaba cómo se saludaba la gente. Y veía a muchos llegar con el miedo dibujado en el rostro, aliviados cuando encontraban a sus seres queridos o con su equipaje cruzando solitarios el aeropuerto sin que nadie los esperase. Es posible que aquí se germinase el Colin Farrell más filósofico, en este paisaje que es una pura metáfora de lo que es la vida, en el destino final de un viaje que al mismo tiempo se inicia y hay que afrontarlo como una incertidumbre, como si se comenzase a nacer de nuevo. A Colin Farrell -según nos cuenta- nunca le ha tocado lidiar con el hambre ni con la enfermedad, sus "dilemas han sido más bien existenciales, pero pueden llegar a ser tan perturbadores como los demás". Y es que todo ser humano se halla siempre ante el dilema más crucial sin que tenga que pasar por grandes penalidades. La verdadera penalidad de la vida es siempre existencial y estamos pendiendo siempre de tenues hilos que pueden cortarse en cualquier instante. Colin Farrell se sabe efímero y mortal y de ahí que en la entrevista que hoy publica La Vanguardia (léase aquí) se haga eco de una angustia metafísica que expresa todas sus inquietudes filosóficas. No hay ser humano que no pueda ser un filósofo en potencia si se toma la vida en serio y se enfrenta a sus dilemas: "Lo que tengo claro es que debemos aprovechar el tiempo que sabemos que tenemos", concluye.

Pero lo grave del asunto es que por muchas veces que se haga esta advertencia que nos lanza Farrell, nosotros permanecemos sin inmutarnos y seguimos dilapidando el tiempo y malbaratando nuestra vida y convirtiéndola en materia innoble. Lo grave del asunto es precisamente que no sabemos el tiempo que tenemos y que, como dice el propio Farrell en la entrevista, "ninguno de nosotros sabe con certeza si va a despertar a la mañana siguiente". O como solía concluir Tolstoi las entradas de su diario por la noche: "Si Dios me da vida hasta mañana", porque no sabemos hasta cuando nuestra vida está marcada. De todas las frases trascendentales que suelen aparecer con asiduidad esta es probablemente la más trascendental y también la que más se repite, y también la que menos se sigue. De ahí la importancia de esta advertencia. Pese a que todo el mundo nos advierte, nadie hace caso y todos caemos en el peligro del que se nos intenta salvar: el peligro de estropear nuestra vida por no saber aprovecharla. El tiempo es oro y lo convertimos en vil plomo. O como nos dice Séneca "no tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho". Colin Farrell se hace estas reflexiones a propósito de su edad: ya ha sobrepasado los cincuenta y antes de llegar a esta edad tuvo una semana de reflexión previa sobre lo importante que era esa frontera. Es la que nos avisa de que entramos en territorio ignoto y de que ya no hay vuelta atrás ni tiempo para las lamentaciones. Y Colin Farrell no se puso a reflexionar sobre lo que había sido su carrera, sino "más bien en cuanto a lo obvio: el sitio de dónde vengo, en dónde estoy, amigos, familia, las pérdidas y ese tipo de cosas." Aquí resuena el eco de las preguntas trascendentales de la filosofía: "adónde voy y de donde vengo".  Esto es lo que en realidad se está preguntando Farrell y acto seguido pasa a poner el dedo en la llaga que más nos escuece: "tu mortalidad adquiere otra relevancia y es indiscutible porque es una gran certeza que muchos compartimos." He aquí que Colin Farell se ha vuelto filósofo tomando conciencia de su mortalidad. No hay otra vía para acceder a la reflexión filósofica. En cuanto uno se sabe mortal, todo adquiere otro valor y pierde la vida toda su liviandad. "todo lo teméis como mortales, todo lo queréis como inmortales", nos recuerda Séneca para que descendamos a la verdadera gravedad y proporcionalidad de la vida. No podemos querer como inmortales porque esos deseos insaciables nos desfondarían. Más bien debemos ser cautos como mortales. Colin Farrell ha traspasado la barrera de los cincuenta años y comienza a saberlo. Ha saboreado las mieles del éxito y empieza a sospechar, como Kipling, que éste es un impostor. Tal vez por su origen irlandés, Farrell está más cerca de la sabiduría de un William Yates que de la tontería y la pompa hollywoodense. Sabe que ha cumplido gran parte de sus sueños, pero también sabe que si a la vida no se le exprime todo su jugo ésta puede trocarse en pesadilla. "Sólo cuando alguien se muere dices que no tuvo el tiempo que necesitaba para hacer lo que hubiese querido." Constantemente parece Farrell encontrarse con la dura realidad de la muerte que a todos pone en su sitio. De ahí extrae toda la sabiduría que parece emanar de todo lo que nos dice en esta entrevista. Eres mortal y tienes todos los días contados y has de actuar en consecuencia. "Cuando el camino que te queda por recorrer es más corto que el que se ha transitado, se convierte en algo muy real y cuánto tiempo te queda en un verdadero enigma", prosigue el enigmático Colin Farrell. La vida es un enigma y eso es lo que nos salva. No lo sabemos todo a pesar de nuestro progreso y de nuestra inteligencia artificial. Tampoco hemos conseguido la inmortalidad, pero ni falta que nos hace: sabemos que somos mortales y nos gusta aprovechar la vida.

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