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POETAS 153. Rafael Cadenas: Poemas ("Una isla")

 



Vaya aquí un anticipio de nota biográfica de Rafael Cadenas. En proximas entregas se profundizará en su figura y obra. 

Rafael Cadenas nació en Barquisimeto, Venezuela, en 1930. En 1950 se trasladó a Caracas para estudiar derecho, que cambió al año siguiente por Filosofía y Letras. La participación en una huelga estudiantil en 1952 y su militancia comunista fueron motivos suficientes para hacer que el dictador Marcos Pérez Jiménez decretase su destierro a la isla de Trinidad, no sin antes permanecer cinco meses en prisión. Según Rafael Cadenas, en la isla se podía gozar de mucha libertad y fue un periodo fructífero para el poeta durante los cuatro años que pasó allí. Su experiencia le reportó dos libros con los que regresó a Venezuela: Una isla (1958) y los cuadernos del destierro (1960). Una crisis existencial, acompañada por un desencanto cada vez mayor por el comunismo, le llevaron a una depresión que saldó con un nuevo libro: Falsas maniobras (1966). Es en este libro donde incluye su famoso poema “Derrota”, un himno generacional que había publicado tres años antes en una revista y que le había reportado una fama precoz. Posteriormente publicaría “Intemperie” (1977) y “Amante” (1983). En 1986 se muda a la Universidad de Harvard gracias a una beca Guggenheim y estudia a fondo a Walt Whiman y Emerson. En 2007 reúne todos sus libros en Obra entera. Le siguieron títulos como Sobre abierto (2012) o En torno a Basho. En 2022 le concedieron el premio Cervantes por llevar el lenguaje al límite de sus posibilidades creadoras. En una entrevista a “El país”, en 2014 definió el papel de la poesía: “La poesía es todopoderosa e insignificante. Insignificante porque su influencia en el mundo es mínima. Poderosa por su relación con el lenguaje. Las palabras pierden su valor si no se corresponden con la cosa que designan. No es nada nuevo. Confucio lo llamaba ‘rectificación de los nombres’ y eso es un poeta: alguien que rectifica’.

Se deja aquí una selección de los poemas de su segundo libro, que data de 1958 y se titula "La isla"

 

 

SI EL POEMA NO NACE, pero es real tu vida,

Eres su encarnación.

Habitas

En su sombra inconquistable.

Te acompaña

Diamante incumplido.

 

 

 

ESCRIBISTE: “Estos muros se hacen transparentes cuando te

Siento.

Mañana traigo los libros.

Te besa”.

Mi libertad había nacido tras aquellas paredes. El calabozo

Núm. 3 se extendía como un amanecer. Su día era vasto.

El pobre carcelero se creía libre porque cerraba la reja, pero

A través de ti yo era innumerable.

 

 

 

MUELLE de enormes llamas

 

Navíos que viajan al sol,

Música de tambores,

Sales desencajadas,

Niños desnudos,

Marineros que descargan plátanos.

Ciudad de corazón de árbol, humedades

Temblorosas, juncos que danzan.

La luz golpea mendigos,

Divide el mundo en dos memorias.

Mi frente se hunde en las cesta del mediodía.

Soy latido, sonrisa, adoración.

 

 

 

TU QUE CAMINAS ESTA NOCHE en la soledad de la calle, vas llena de besos que no has dado.

Del amor ignoras la escritura prodigiosa.

 

Aunque no me conoces, en mi cuerpo tiembla el mismo mar que en tus venas danza.

Recibe mis ojos milenarios, mi cuerpo repetido, el susurro de mi arena.

 

 

 

LUMINOSAS BIENVENIDAS de la tierra.

Cielo plateado, subyugadas colinas, plantaciones

               De coco, tren de nubes, olor de viandas.

Alfombra mágica de los labios.

Regia marcha. El camino está lleno

               De palmeras grises.

Vamos hacia San Fernando.

Recorremos la ciudad de madera y su sortilegio

                De vívida noche nos encantará.

Tú y yo solos e inmensos levantaremos nuestra rosa

             A las tinieblas

Arqueadas sobre un cigarrillo.

Las tinieblas dulces.

 

 

 

RECUERDO el amanecer cuando muy lentamente las cosas

                 regresaban,

Recuerdo el amanecer rodeando el puerto, su débil luz

                  Que nos reunía separándonos,

Recuerdo el amanecer cayendo sobre ti, sobre mí,

                   Sobre el patio, la casa de madera, las cercas de zinc,

Recuerdo el amanecer cuando se tendía en las cortinas,

                    Las telas adheridas a su rastro, su masa amarilla

                    En tu voz adormilada,

Recuerdo el amanecer en tu cabellera negra tumbada sobre

                    El lecho o bañándose de ti o dejándote su fragancia,

Recuerdo el amanecer al levantarte, ir al mercado, hacer

                     El desayuno, su derrame en los jardines, las prendas

                     Que traía.

Es otro el amanecer ahora,

 

Armada, la memoria salta de súbito para morder.

 

 

 

 

 

TÚ EXTIENDES, camino de arena, más suave que la memoria de un ciego.

 

Salimos a recorrer la ciudad.

Tu te tiendes sobre una tibia hojarasca,

Más tarde me encuentras, tocas mi hombro y te vuelves

              Noche.

 

 

 

UNA URBE ÁSPERA sella mi boca.

 

Yo viajo a los espacios transparentes.

Conmigo está tu chal de lana, el viejo fonógrafo que cuidabas tanto,

Tus zarcillos con que ibas al mercado, tu pulsera de oro, la vajilla humilde.

El perro que nos despertaba pasa su hocico por mi lecho.

No es magia, sencillamente nada he olvidado a no ser que existo sin ti.

 

 

 

FUEGO BURLADOR DE CÓDIGOS. Encantamos la noche.

Nos posee el momento, nuestro anillo de boda.

Fuera de él sólo hay nombres.

 

*****

 

Tus pies — raíces

De la iglesia

Que se apoya

En mis ojos —calzan

Un sol

                              Islas.

 

*****

 

Aquí los días de los amantes tienen una lentitud

             Antigua

Y sus bocas no se vuelven declinantes rescoldos.

 

*****

 

Me despiertas, apagas las lámparas,

Traes el día.

 

*****

 

Me entregas olvido,

Profundo olvido de terrores,

Olvido anonadante,

Olvido oscuro.

 

*****

 

Aun la luz que sale al camino desde tu casa me toca como un cuerpo.

 

*****

 

La noche nos recibe en su gran recinto sólo cuando

todo recuerdo ha sido dejado en la puerta.

 

*****

 

Nos miramos como quienes despiertan.

Estamos en un sitio que no sabemos nombrar.

Nos construimos sobre lo arrasado sin comprender

Este auge.

Sólo déjame contemplarte, centro caoba del temblor.

 

*****

 

Mujer, mi suelo, tan real.

 

*****

 

Llegué.

Entonces el mundo corrió a ocultarse en tu cuerpo,

Nos albergaron lugares que no existían

Y manó el licor de los momentos perdidos.

 

*****

 

Cómo disponías tu cuerpo bajo cúpulas lujuriosas

             Para la reanudación de la fábula.

 

*****

 

Nadie presagiaba ciudades crueles.

 

 

 

 

I

Tristes anales horadan las costas.

Días torturados en medio de una ebriedad.

Encantamiento que cubre una zozobra.

Me prolongo por veredas sangrantes como dilatado

            Resto de legión.

 

II

Me entrego a estas arenas donde el brillo rescata.

Aquí soy. Sin pensar.

 

III

Dones.

Lentos navíos sobre las aguas bruñidas.

Senderos que se esconden en el verdor.

Bungalows, y el acuerdo en la noche que nos

             Transporta.

 

IV

Verdes ilesos.

¿Sobrevive aquí el hondo designio?

 

V

En esta playa no me pregunto quién soy ni dudo

              Ni ando a tientas.

Claras potestades imperan aquí, ahuyentan ráfagas

              De aniquilación, aúnan lo roto.

Inician.

 

VI

Rostros sumergidos reaparecen en la oscuridad

               Del cuarto.

Derrame de ayeres, dádiva inasible, náufragos.

Sin ellos me desprendo de mí.

 

VII

Lentitud sagrada. Hemos dejado pasar los días desde

Un vasto olvido. Nos anegó la indolencia. Entregamos

Las armas. El sitio duró poco.

Desheredados, el lugar se adueñó de nuestra historia.

La volvió espera.

 

VIII

La claridad rodea nuestro letargo. Una calma nos encuentra. Las

Mareas tocan a nuestra puerta para despertarnos.

Juntos somos anteriores a nosotros.

 

Para que nuestros ojos sean claros hay exilios.

 

IX

¡Cuánto hemos andado!

Nuestros sentidos se enriquecieron con extrañas

Donaciones. Allí la tierra nos permitía ser.

Nuestra memoria, antes adueñada, dejó de escoltarnos.

 

X

Contemplo el desatado verde, la danza del mar frente a nuestra casa, la lluvia que lleva la miseria de la ciudad por pasadizos vegetales. Se aproxima la noche en Point Cumana; aún permanece cierta luz, zumo de ocaso. Lejos resuenan barriles metálicos. Se oye un calipso en el follaje reye. No pienso. Se olvida aquí. Es magnífico.

 

 

 

YOU

 

Tu apareces,

Tú te desnudas,

Tú entras en la luz,

Tú despiertas los colores,

Tú coronas las aguas,

Tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor,

Tú rematas la más cegadora de las orillas,

Tú predices si el mundo seguirá o va a caer,

Tú conjuras la tierra para que acompase su ritmo

                A tu lentitud de lava,

Tú reinas en el centro de esta conflagración

Y del primero

Al séptimo día

Tu cuerpo es un arrogante

                                                       Palacio

Donde vive

                        el

                             temblor.

 

 

 

CREZCO

De su desaparición.

No quería partir.

Sobre la memoria sólo vive el musgo.

 

Me extravío.

El tiempo me empuja a su mesa salobre.

 

Regreso.

Una mujer nace sin cesar.

“Son dos chelines

Para llevarlo a donde quiere.”

Oigan

Sólo dos chelines

Cuesta la dicha.

 

Ella sale de la espuma,

Pero no recuerdo más, nada, la noche en mí.

 

 

 

ISLA

 

¿Te busco a ti o busco a mi rostro? La recordarte me inunda lentamente una quietud animal. La misma de aquel que en el follaje caliente contemplaba las flores de las cercas.

Sólo sé esto: que al evocarte mi extravío cesa, vuelvo a entrar en contacto, soy de nuevo el que mira morosamente.

 

 

 

AUSENCIA

 

Te he buscado, ala de mar, infantil.

Las aguas arrasaron la verde claridad

Se llevaron la casa que fundé entre indigencia.

Doy vueltas en una ciudad, sin objeto,

Como devolviéndome

 

Perdidas dinastías de los ojos

Por entre duras calles transcurro.

 

Déjame el camino franco hacia el reino

De la frente ofrecida.

 

Mi voz se pierde entre estos veleros

Que saben ser sordos.

 

Esplendor que te confundes con la infancia,

Renunciaré a los fulgores bebidos.

Sé acariciar el día.

 

¿Quién le creerá a mi habla seca?

 

Yo seguiré en la ciudad, sin validez,

Junto a las puertas humilladas.

 

Volveré a ti, prodigioso litoral,

Pero no esperes mis ojos.

 

Ahora celebro el advenimiento de la levedad.

 

 

 

AÚN OIGO las orillas

Las olas no golpean solamente la playa.

El viento susurra una antigua historia sin desenlace.

 

 

 

AÑOS

De enterrar

Cartillas,

                   Himnos,

                                     Celdas,

Anulando

El militante extravío

En un abandono

Del que tratar de emerger

Un hombre

                                    Sin cargas.

 

A prueba de espejismos.

 

 

 

EMERGIMOS DE UNA NARRACIÓN para habitar. Antes de ser nosotros, fuimos personajes. Pendíamos de una épica incorpórea. Pensábamos en una edad en que el cielo pasaría por el hueco de una aguja. El pálido pensamientos nos tenía suspendidos sobre la tierra.

Después todos los lugares fueron reinos.

 

 

 

EL EXILIADO DEPLORA LAS PATRIAS. Rehúye escisiones.

                       Se encamina hacia el instante.

 

Comienza a ver. Cuanto lo rodea recobra su fuerza. Las cosas se avivan de día en día.

 

Se adhiere a su cuerpo, buscando el molde antiguo.

Se reconoce enigma. Despide la irrealidad.

 

Ve su cara en el estanque y la olvida.


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