Kajaanaxy mejts ntseky (lengua ayuujk). Le deseo lo mejor.
— Yásnaya Elena Aguilar (filóloga)
Tal vez dentro de algunos años, en el transcurso de una generación, no quede un sólo mixe que nos desee lo mejor en su propia lengua. Entre las cosas buenas que se van extinguiendo en el mundo están las lenguas, que también se mueren; podrían estar vivas y saludables, pero se les deja que agonicen e incluso se les da la estocada para que expiren. Yásnaya Elena Aguilar lleva toda su vida intentando que esto no ocurra con la lengua de su pueblo, una variedad de la lengua zoque: el ayuujk. Yásnaya es una mixe de Oaxaca que no se considera mexicana, y quien tiene una identidad tan disidente no puede vivir sin hablar su lengua, que la lleva fomentando para preservarla desde que se graduó en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad de México. De las miles de lenguas que existen en el mundo, para finales del Siglo XXI se calculan que hayan muerto más de la mitad. Pero es que ahora mismo se hablan cerca de diez mil lenguas en el mundo. Eso supone todo un cataclismo cultural, algo estamos haciendo muy mal cuando dejamos extinguirse las especies y las lenguas. La progresión geométrica de la extinción de las lenguas da miedo. Durante el siglo XX se extinguía una lengua -o poco más- cada año. Ahora mismo se está extinguiendo una lengua cada dos semanas. Alguno de nosotros en el futuro no sólo vivirá triste y solo; también se quedará mudo o sin poder hablar con nadie la lengua que le hizo entender el mundo y expresarlo. Y el presente no es mucho más halagüeño. En la entrevista concedida por Yásnaya Elena Aguilar a "La vanguardia" (léase aquí) habla de que su lengua puede desaparecer en el decurso de una generación. Antes de que acabe el siglo, tal vez ningún mixe pueda decir "kajaanaxy mejts ntseki"; quizás no esté a tardar el día en que trate de acordarse y no le salga y tenga que utilizar una lengua extraña para desear a alguien lo mejor, y se sienta extraño y raro, como extraños y raros se tuvieron que sentir todos aquellos que fueron represaliados por hablar una lengua que no era la del imperio. Lo cuenta Yásnaya en la entrevista: El lingüicidio se perpetró en las escuelas, incluso después la independencia mexicana: se apalizaba a los niños que se les escapaba hablar en su lengua materna. Yásnaya cuenta que ella misma vió en la escuela a una niña colgada boca abajo por hablar su lengua; castigada por los profesores por hacer lo que más amaba, por expresar el mundo más íntimo de sus pensamientos, castigada a estar flotando con la cabeza sobre el suelo por no tener cabeza, por atreverse a hablar la lengua inversa y proscrita de los enemigos del imperio. Nos empieza a estremecer cuantas lenguas se han podido cortar en nombre del bien común; nos empieza a dar horror el número de muertos que arrastra la limpieza lingüística.
Pero como nos recuerda Wilhelm Von Humboldt, cada lengua contiene una perspectiva única del mundo, así que cada vez que muere una lengua muere un mundo, expira una bella forma de mirarlo y de sentirlo. Eso mismo se puede decir de cada ser humano que muere, pero es que el mundo que se muere con la lengua es un mundo común, un mundo gigante, un universo de significados divergentes, un mundo que no debería morir. Afortunadamente la lengua de Yásnaya Elena Aguilar aún sigue viva y coleando, y si por ella fuere no moriría jamás. Y afortunadamente podemos saber gracias a su lengua como siente el pueblo mixe, pues toda lengua es una manera diferente de sentir, y debe uno sentirse maravillosamente bien hablando la lengua ayuujk, que ya tiene 5.000 años de antigüedad. A juzgar por las palabras de Yásnaya, el pueblo mixe es un pueblo insumiso, no se puede conservar la propia lengua sin un díscolo ejercicio de insumisión. Los mixes abjuran del estado mexicano porque es heteropatricarcal, racista, capitalista y colonialista, despiadadadamente colonialista. Hacía tiempo que en una entrevista no se trataba a un Estado peor, pero que no se ofenda nadie porque esa es la verdad, no sólo del Estado mexicano, sino de cualquier Estado. También hay que decir que la gente en general es muy sumisa: ama el capitalismo y es racista y está orgullosa de pertenecer al Estado. En el mundo hay mucha gente de Estado, lamentablemente, podrían ser gente de mundo, pero prefieren ser gente de Estado, lamentablemente. Por si alguien quiere volverse gente de mundo, Yásnaya Elena Aguilar nos da la alternativa: el comunalismo. Suena raro, pero es lo que siempre soñó el comunismo, y ya no es necesario ser comunista, que tiene mala prensa, en parte por los que escriben en prensa. Ahora se puede ser comunalista y es una cosa bien deseable. Quien aboga por la propiedad comunal, el asamblearismo, el trabajo colaborativo y muchas más cosas que se comparten democráticamente, es que realmente es un comunalista, aunque tal vez lo ignore. El pueblo mixe tiene un espíritu comunalista. Para Yásnaya, vivir sin Estado no es un sueño, puede ser una realidad -que tal vez esté viva en su lengua-, puede ser viable: Se viviría mejoj, más en lo concreto, nos dice. Claro que Yásnaya pertenece a un pueblo indomable, a un pueblo insurrecto, a un pueblo que habla una lengua que debe tener alergía a la propiedad privada y al Estado. A los mixe se les conoce como los "jamás conquistados", viven en un territorio abrupto y jamás fueron sometidos militarmente ni por los aztecas ni por los españoles. Son un pueblo que tiene el orgullo de hablar su propia lengua. Y a través de su lengua conserva intacto su espíritu insurrecto. Y si no se lo creen, sólo hay que escuchar hablar a Yásnaya Elena Aguilar: "El Estado es un invento de hace 200 añitos, hoy ya no da para más". Y claro, es que ella habla una lengua más antigua que el castellano. Nada se sabe ya de las lenguas que se hablaban en España antes de que entraran los romanos, todo lo más lo saben los vascos. Dejar morir una lengua constituye una catástrofe espiritual. Ya lo dijo George Steiner, dejar morir una lengua nos empobrece más que la destrucción de la fauna y de la flora. Y no sabemos qué puede ser peor, si ver un planeta con bosques talados o ver un mundo desierto de lenguas.
Comentarios
Publicar un comentario