Ida Vitale es una poeta uruguaya
nacida en Montevideo en 1923 y que pertenece a la Generación del 45. Allí
estudió Humanidades y se relacionó con
figuras literarias como Juan Carlos Onetti e Idea Vilariño. Comenzó a escribir
en la década de los 40 sus primeros poemas y a ejercer como crítica en
periódicos. Una constante de su vida es que grandes figuras de la poesía como
Gabriela Mistral, José Bergamín o Juan Ramón Jiménez auspiciaron su obra. Su
primer libro, “La luz de esta memoria”, data de 1949. De esta primera etapa uruguaya
es su libro “Cada uno en su noche”, 1960, cargado de intelectualidad y con el
gusto por la palabra precisa. En 1974, a raíz del golpe de Estado en su país,
se vio obligada a exiliarse a México junto a su esposo, el poeta Enrique
Fierro. De la mano de Octavio Paz tendría un protagonismo en la revista vuelta
y en los círculos literarios mexicanos. Tras un efímero regreso a Uruguay se
traslada a La universidad de Austin donde daba clase su marido. Es este periodo
uno de los más fructíferos la poeta, dando a la imprenta en 1998 uno de sus
libros más logrados, “Procura de lo imposible”. En 2016, tras la muerte de
Enrique Fierro, Ida Vitale decide regresar a Montevideo donde reside en la actualidad.
Otros libros destacables son “Léxico de actividades” (1994) y “Tiempos sin
claves”, (2021). Ha recibido, entre otros, el premio Octavio Paz, el Reina
Sofía y el Cervantes. Su poesía ha sido elogiada por la precisión verbal y el
rigor intelectual. Álvaro Mutis envidiaba al lector que comenzase a descubrir
la obra de Ida Vital, pues “le espera un placer que no se sospecha”. En breve
se le dedicará en este blog varios apartados para sus mejores poemarios. Ahora
se deja tres de sus últimos poemas, escritos poco antes de 2017 y que catalogó
como “antepenúltimos poemas”.
Palabras minuciosas, si te acuestas
Te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
Juntos diciéndote lo irrefutable
Y hasta es posible que aparezca un grillo
Que en medio del desvelo de tu noche
Cante para indicarme tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
Cosas finas, que punzan y te dejan
El alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
Ella, la necesaria, te remite
Un poco menos árida a la almohada,
Suave delfín dispuesto a acompañarte,
Lejos de agobios y reconvenciones,
Entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
Que suenen como notas, como gloria,
Que acepte ella para que te acunen,
Y suplan los destrozos de los días.
FOTO CON PAJARITA DE PAPEL
Para
Daniel Mordzinski
Entonces vino a mi mano
Que sin labor se engreía,
Para la fotografía,
Extravagante y expresa
De Daniel, la gran sorpresa
Que instantánea me depara,
Esa pajarita rara,
Solución harto inventiva,
A la que acompaño viva
Y hacia mi muerte la gano.
Origami milagreado,
Leve papel ojeroso,
Recortado, osteoporoso,
Cosa sin hueso que danza
Y escapando a la balanza
Que no le pesa, procura
Llegar flotando a la altura
Para volar con el viento,
Como un pájaro entre ciento,
Sin canto pero encantado.
UN PINTOR REFLEXIONA
Qué pocas cosas tiene
Este callado mundo,
Más allá de mis Cosas.
Está ese sol que incendia
Las paredes vecinas,
Los cables del tendido
Y aquí no entra porque
Qué pensaría el triste,
El alón del sombrero
Que, perdida su copa,
Ya no abandona el muro
Y tengo por la Elipse.
Y las flores de trapo,
Que pintadas soñaron
Con ser frescas y hermosas
Y sobre viven mustias
¿qué dirían, mis eternas?
Mis ocres, lilas, rosas,
Mis marfiles sesgados
Por sombras que entretejen
Mis líneas adivinas,
Son, en su quieto reino.
No importa el sol, afuera.
Que le baste Bolonia
Y el ladrillo ardoroso
Y en mera luz y sombras
Me deje entre mis cosas.
Ya nos encontraremos
Si en el pequeño parque,
Pinto y pienso en Corot.
Voy a ser aún más leve:
En leves acuarelas
Últimas, que precisen
El paso de las formas
Por la bruma que sea
Un color suficiente.
Pintaré un mandolino
Que acompañe la danza
De mis disposiciones
Entre sí con sus sombras,
Con luces y con trazos
Que sutiles abrazan
Mis objetos amados.
Y ya toda Bolonia
Será de un suaverrosa
Sin presunción alguna,
Sobre el fatal hastío
Sí, decimonónico
De lecheras y henares,
Gallineros y cielos.
Cerca de mis hermanas,
Viajaré por mis Cosas.
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