La IA ya está humillando al ser humano.
— Peter Sloterdijk (filósofo)
La IA nos lleva a la pereza, nos advierte Peter Sloterdijk en una entrevista concedida a "El país" (léase aquí), y entonces nos miramos y nos damos cuenta de que es cierto, de que cada vez estamos más tirados, de que nos hallamos cómodos en nuestra poltrona y dejamos pasar todos los planes y parece como que andamos en vacación perpetua; así que no me extraña que Sloterdijk acabe diciendo que "la paradoja fundamental de la vida moderna es que todos pretendemos sobrevivir a nuestra propia falta de sentido durante el mayor tiempo posible". Porque lo primero a que conduce la pereza es a una falta de sentido. Y digamos que es lo primero y además lo último, porque quien no encuentra sentido a las cosas está perdido, es como un fantasma, como un muerto en vida, tal vez sea esa la razón que conduce a muchos al suicidio. También es el motivo fundamental de la decadencia: una civilización se precipita al vacío cuando sus miembros se vuelven perezosos, o lo que es lo mismo, cuando comienzan a ver que nada tiene sentido.
Lo novedoso de la afirmación de Sloterdijk es que hilvana la pérdida de sentido del ser humano contemporáneo con su potencial humillación. Pero la humillación es sólo una consecuencia. Tal vez Sloterdijk no sepa sacar todas las implicaciones graves que nos trae la inteligencia artificial y se queda con lo más superficial, con eso que nos resulta a casi todos evidente, a pesar de que nadie quiere hacer nada al respecto; nadie quiere extraer las consecuencias de que el ser humano ya puede ser relevado, jubilado, se le puede dar una palmadita en la espalda por los servicios prestados. Ahora ha llegado la hora de que actúe la inteligencia artificial y de que lleve en su frente y sobre sus espaldas el peso de las responsabilidades de la civilización. "La IA ya está humillando al ser humano", remacha dramáticamente Sloterdijk. Hasta hace poco, continúa razonando Sloterdijk, la IA era una parodía de sí misma, algo con una inteligencia realmente mezquina, lo que hacía que nos sinitiéramos tremendamente superiores, el ser humano aún era el rey del planeta una vez que había desplazado a su Dios, pero resulta que ahora la IA se ha preparado, ha vuelto con más ínfulas y presenta sus credenciales a nuevo Dios de la creación humana. La consecuencia es que el hombre se siente obsolescente; se siente desplazado y por tanto humillado. La humillación que siente el ser humano es proporcional al poderio que ahora aprecia en la nueva Inteligencia Artificial. Pero lo grave no está en la humillación que pueda sentir el ser humano ante un poder tremendo, sino que hay que ver qué le pasa al ser humano cuando ha desencadenado en el planeta un poder que ya no puede controlar, un poder al que además ha transferido gran parte de su inteligencia aprovisionándola con toda la magia de la técnica. La Inteligencia Artificial no es pelilgrosa por su gran inteligencia, sino porque esa inteligencia se ha vuelto mágica, acredita unos poderes que son mágicos, y ya sabemos cuan estúpido se vuelve el hombre cuando aparece la magia. El ser humano cuando aparece la magia se vuelve estúpido, pero también infantil. Con la aparición de la IA el ser humano se ha vuelto un niño estúpido.
"El resultado es una creciente sensación de inutilidad porque muchas de las cosas que considerábamos ocupaciones o trabajos propiamente humanos podrían ser fácilmente reemplazados por máquinas inteligentes". Lo diferencial de la IA no puede ser algo que el ser humano viene arrastrando desde el desarrollo de la técnica, porque la sensación de inutilidad es consustancial a la aparición de cualquier invento o máquina que haya tenido como consecuencia la aniquilación de miles de puestos de trabajos. La consecuencia de la aparición de la IA no puede verse únicamente en términos laborales. No puede ser nada más que la IA nos va a dejar sin trabajo y, por tanto, nos va a dejar mano sobre mano sin saber que hacer y en una vacación y limbo perpétuo. Las consecuencias de la aparición de la IA son muchísimo más graves y menos pintorescas. Que un ser humano se puede volver vago es una posibilidad nada desdeñable y hasta se han llegado a escribir elogios a la pereza. La pereza puede ser una virtud, aunque aquí se convierte en emblema de uno de los atributos que va a caracterizar al ser humano del futuro: su pereza a pensar. ¡Que inventen otros, o que invente ella! Si la inteligencia Artificial puede hacer algo infinitamente más rápido que yo, para qué lo tengo que hacer yo (¿no será que estoy sobrando yo?; ¿no será que yo no debería escribir este artículo porque ella lo hace mucho más rápido y mejor? ¿no será que todos debemos apartarnos ante su arrollador paso?). Pero hay que avisar de algo. La inteligencia artificial es un zángano, infinitamente más vago que el ser humano; la Inteligencia artificial es una mula, una Inteligencia de Carga que carga todo lo que se le mete pero que es incapaz de crear nada nuevo y que además resulta estéril. El principal atributo de la IA es su esterilidad. Lo grave es que el ser humano se acabe creyendo que no puede ya crear nada y que no tiene nada que hacer y delegue sus facultades sagradas (léase humanas) en una máquina que es absolutamente estéril. Lo grave es que el ser humano delegue en la IA y convierta así la civilización en cosa muerta que sólo es capaz de actuar mecánicamente, cuando lo más hermoso de la civilización es su comportamiento orgánico, su capacidad de ser un organismo vivo que nace, crece, se desarrolla y muere de una forma única y libre. Lo malo de la IA es que puede volver al ser humano extraordinariamente sumiso a sus sugerencias y poderes mágicos. Lo grave de la IA no es que nos vuelva más inútiles, como suguiere Sloterdijk, sino que nos vuelva siervos y sumisos y dejemos de crear. En ese momento el ser humano también se habrá vuelto un zángano al que una IA cualquiera puede llegar a exterminar.

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