Somos tan agresivos como compasivos.
— Ignacio Martínez Mendizábal (Paleontólogo)
Pocos conocen tan bien al ser humano como los paleontólogos y en la entrevista que concede Ignacio Martínez Mendizábal a "La vanguardia" (léase aquí) se le nota su oficio y su capacidad para definirnos a la perfección: "Somos tan agresivos como compasivos", las dos cosas a la vez, y a menudo tenemos que elegir. No podemos ser las dos cosas a la vez. El paleontólogo es lo contrario de un desenterrador: se dedica a dar nueva vida a lo que estaba muerto y enterrado, comienza a desentrañar los huesos que ocultaba la tierra y los pone a hablar y a darles dignidad. El paleóntologo es el que mantiene un largo diálogo con los fósiles para encontrar lo que nos une a un remoto pasado de huesos. Es ese cazador de tesoros cuyo más preciado bien lo consituyen los huesos. Porque a través de un puñado de huesos es capaz de radiografíar el alma de quien los portó. También reconstruye nuestra memoria como especie y nos la hace más longeva. Nos da esperanza de vida hacia atrás y también hacia adelante. El futuro del ser humano también tiene que ver con su más remoto pasado. Mendizábal es como un Hamlet que toma una delicada calavera y comienza a hacer un monólogo casi metafísico con ella. Tomemos por ejemplo la calavera de Benjamina -encontrada en Atapuerca, donde Mendizábal es codirector de investigación-, una niña que vivió hace medio millón de años, que tenía una deformación en el rostro y un retraso cognitivo y que, aún así, sobrevivió hasta los 12 años sólo porque el grupo decidió cuidarla. Una niña rara y fea que en cualquier otra especie estaría destinada la muerte prematura. Para Mendizábal esta es la primera muestra de altruismo de la evolución humana. El ser humano es para Mendizábal capaz de lo peor y de lo mejor: "Somos tan agresivos como compasivos. A la vez. Agresivos con el raro, pero a la vez capaces de una hospitalidad altruista." Pero quizás lo que nos viene a decir este paleontólogo es que el ser humano será altruista o no será. "In illo tempore", el homínido ya fue altruista y el ser humano sólo tendrá futuro si, tal como insinuó Bergson, logra afinar esta capacidad para el altruismo.
Y es que el altruismo es sumamente evolutivo. Tal vez sin él, el hombre no hubiera sobrevivido. El altruismo sirve para cohesionar al grupo y le da más posibilidades para la sobreviviencia. Quien piensa más en los otros, los acrecienta, les da calor y les da más vida. La vida del ser humano se vuelve más valiosa cuando se sacrifica en aras de sus congéneres. "Venimos programados para la xenofobia y el racismo... sin descartar la esperanza de acercarnos al otro, de la fraternidad. Eso lo propondría un día un tal Jesús". Aquí tenemos, según Martínez Mendizábal el principio de la libertad, o, para expresarnos mejor, el momento de la libertad trascendental del ser humano, ahí donde se la juega como especie. Podemos elegir entre competir o cooperar. "El altruismo consiste en ayudar a otro... sin un retorno previsible". Es decir, sin esperar nada a cambio, porque en ese caso sería trueque. Vivimos en la sociedad del trueque, o en la sociedad capitalista, donde el ser humano se ha vuelto un ser competitivo y todo lo que hace, lo hace esperando algo a trueque. El altruismo resulta, sin embargo, que es anticapitalista, anticompetitivo, es esa rara cualidad que nos vuelve místicos o religiosos. Mendizábal también platica, de vez en cuando, con la calavera de Tina, una niña neandertal que vivió hasta los 11 años hace 50.000 y que a pesar de tener síndrome Down sobrevivió gracias los cuidados de una especie altruista que no esperaba nada a cambio de sus cuidados. Lo hacía por amor -llámese altruismo-, esa cualidad que ha mantenido a nuestra especie con vida y que se dedicó a exaltar un tal Jesús de Nazareth. Pero para Mendizábal no es sólo el amor o el altruismo lo que distingue nuestra especie: "Somos esclavos de la belleza. La belleza es la brújula para el ser humano. Y podemos llegar a enamorarnos de una bella idea poética." Ignacio Martínez Mendizábal ha dado aquí en el clavo y a este clavo ardiendo se agarró con todas sus fuerzas Platón y en ese clavo se colgó todo el aparato de la civilización. El hombre se alimenta de bellezas y de ideales y eso fue también lo que le salvó. "Somos el único animal ético y el único hecho a base de futuro. Sabemos perseguirlo y sabemos hacer que suceda". El ser humano como un animal augur, como ese animal visionario que puede profetizar el futuro y hacerlo cumplir. Por eso ha sido capaz de cambiar la faz de la tierra. Pero resulta que ahora puede llegar a desfigurar esa faz y hasta convertirla en una atroz calavera con la que ninguna civilización podría llegar a platicar. Necesitamos más que nunca del altruismo. O pensamos más en los otros y en la Madre Tierra o nos podemos ir al garete. Podemos cambiar el mundo, pero hay que saber que lo podemos cambiar para bien o para mal. "El ser humano no se adapta al mundo..., sino que lo cambia. ¡Nosotros cambiamos el mundo!". Cambiemos el mundo bien; es decir, amemos la belleza, seamos idealistas, cuidemos más del otro. En dos palabras: ¡Volvámonos altruistas!

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