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CUENTOS MÍNIMOS 15. FELIZ AÑO PEOR

 



Había sido el año más horrible de su vida, el que justo ahora, cuando sonaba por la televisión la primera histérica campanada y comenzaba a atacar en la boca las uvas del platillo, creía despedir, mandar a la mierda aquella temporada en el infierno encarnado en 365 días, el año aquel que había comenzado ingresando en el hospital después de atragantarse con la última uva -¿o fue la penúltima?-, el tubo en la tráquea como una branquia que se hincha para un pez que se ahoga al otro lado del mar, el año nefasto del divorcio de su mujer y de la muerte de su madre -¿o fue al revés?-, el año en que se arruinó apostando en línea y cuando le embargaron el piso y le dio el lumbago bajando los muebles por la escalera,  el de la detección precoz y la recaída prematura, el de las colas del paro y las caídas del pelo por el sumidero, y el de las ganas de cortarse a lo largo las venas,

y había sido, sobre todo, ahora que se acercaba la última uva en el plato y que las campanadas sonaban más deprisa que el vuelo de esas uvas, el año que volvía a empezar igual que lo había acabado, atragantándose al ver que a las once campanadas no le quedaban más uvas, y que alguien estaba contado mal, y que la cara se le hinchaba como hacía un año cuando se le cortó el aliento, y los aspavientos en el cuello de la camisa sabiendo que nadie llegaría a tiempo para darle su última uva, para siempre viviendo aquella campanada fatal, y el par de rostros engolados marcándole por la televisión la cuenta atrás de su caída en la lona, recordándole que ya era tarde para levantarse y que estaba muerto cuando había llegado al hospital, y volver otra nueva temporada a pasarla en el infierno, sabiendo que ese era precisamente el infierno que le aguardaba, el eterno retorno a un año nuevo que era el viejo, una invitación a repetir una y otra vez el peor año de su vida, y no adivinarlo hasta la duodécima uva que le faltaba, y ahogarse del disgusto y después olvidarse que volvía a empezar el año viejo, y así sin parar todos los días de aquel año hasta la última campanada.

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