"Me daba miedo mirarme en el espejo"
- Yufan Lu
Tiene que ser horrible mirarse en el espejo y sentir miedo, como en una película de terror. Por eso he elegido esta frase de la fotógrafa Yufan Lu, ganadora de la quinta edición del certamente internacional Star Photobook Dummy Award. Y es que esta frase, lanzada en una entrevista a "La vanguardia" (léase aquí), bien podría ser el comienzo de un cuento fantástico, tal vez de terror, que es al estado adonde nos quiere llevar la cultura consumista en la que estamos: que sintamos miedo de nuestra cara y todos pasemos por cirugía. En algún momento la presión por parecer bella en la china donde vive fue tan fuerte que tuvo miedo de su propia cara y quiso cambiarla, pero se sobrepuso, reflexionó y tomó la decisión de visitar un rosario de clínicas de cirujía para indagar en esta presión, en el oscuro mundo de las fabricas de la belleza facial. De ahí salió este proyecto en forma de libro, "Make me beautiful", lleno de fotos suyas garabateadas por los cirujanos donde le proponían una cara perfecta para una vida de ensueño. Y precisamente de este mundo de ensueño que nos vende el consumismo desaforado, de esta presión de la tele y de la publicidad que nos propone estrellas perfectas con vidas perfectas viene Yufan Lu. Ahi empezó todo, al acabar el instituto, cuando muchas de sus compañeras ya querían empezar una carrera y una nueva vida siendo bellas. El mundo de hoy, cuando despunta la adolescencia, lo primero que nos enseña es a odiar nuestra propia cara. Debe ser terrible que sintamos miedo al asomarnos al espejo, ahí donde nuestro rostro es lo más familiar y confiable, lo que menos miedo nos debería dar. Cuando el miedo procede de nuestra propia cara, el drama ya esta servido: ha nacido un monstruo. Pero ese monstruo se puede domar; ese monstruo se puede operar. En toda bestia puede anidar una bella. Como para deshacer esta falacia ha venido Yufan con su libro y su proyecto y ha dicho que no, que no es verdad que haya bestia y que hasta puede haber bella una vez que dejamos de ver la bestia. Nos lo dice alto y claro en la entrevista: "El problema aparece cuando empiezas a mirarte con los ojos del mercado". Y pues el mercado codicia nuestra cara y quiere que la miremos con sus ojos de codicia, el mercado quiere cambiárnosla para que pasemos por caja. Al mercado nunca le gustará nuestra cara. Y tiene muchas otras caras que ofrecernos a cambio.
Para su proyecto fotográfico (que ha presentado hace poco en Barcelona), Yufan Lu tuvo que visitar más de 30 clínicas de cirugía estética en Pekin, Hong Kong e incluso en esa nueva meca de la cirugía estética en Oriente, que es Corea del Sur. Y todos los cirujanos le daban diagnósticos parecidos y le emborronaban su foto para decirle lo que fallaba y enmendarle su cara. Pero tal vez, pensó, no falle mi cara: ¿Y si es este mundo el que falla? Y resultaba que tras pasar por consulta siempre requería una cirugía integral de ojos, de nariz, liposucción y rellenos faciales. Tras esos retoquitos aparecería la cara de sus sueños. Sólo la triste cara original podría presentarse como una aparición en alguna pesadilla. Le dijeron que con su cara remozada podría alcanzar la vida de sus sueños, que tendría éxito y que sería feliz. No hace falta más que comprarse una cara nueva y uno se vuelve feliz en este mundo. Lo malo es que así uno vende propia alma por un viajecito en el ascensor social. Lo malo es lo que dice Lu sobre la presión que se sufre en China, que es similar a la de Occidente: "Para muchas chicas ser fea es un fracaso moral". No se puede sobrevivir en este mundo que nos vende el éxito con la cara propia, que casi nunca será perfecta. Cómprese una cara nueva en cómodos plazos y le darán un espejo mágico que le dirá lo feliz y guapo que se ha vuelto. Ofrecen por ahí caras de todo tipo: "Había muchos estilos, 'pura e inocente', llamado también 'Estilo fácil de casarse'; el estilo celebridad de internet; el estilo alto nivel, el rostro típico de las top models, el estilo 'mujer poderosa'". Cómprese un rostro y le cambiará su vida. Cada clínica, sentencia Yufan Lu, no sólo me ofrecía una cara nueva sino una personalidad y un destino." Es claro lo que ha conseguido el mercado. El destino ya no está hoy en la danza de los astros sino en las manos de un cirujano. Ponga una cara nueva en su vida. Atrévase y no sienta ya vergüenza.
"Hubo un médico que me dijo que podía convertirme en quien quisiera", nos dice Yufan. Los manicomios están repletos de locos que se quisieron convertir en Napoleón o Julio César y no lo lograron. Ahora mismo ese salto es posible poniéndose en manos de un cirujano. No podemos cambiar de alma, que más da, si podemos cambiar de cara. No importa que la estructura ósea de nuestra cara no aguante cualquier careta. Sueñe una cara y la tendrá enseguida sobre sus hombros. El mundo del consumo no nos vende productos, sino sueños que podrían trocarse en pesadillas y que son dramas sociales. El libro de Yufan Lu es la constatación de un fracaso moral: el de hacer que millones de mujeres se sientan fracasadas por llevar su cara original, la que ahora le gusta a Yufan Lu, ahora que ya no se mira con los ojos del mercado. Hay mujeres, nos cuenta, que se operan una y otra vez a costa de un ojo de la cara y siguen siniténdose vacías. "Cuantas más cirugías, más vacío queda el corazón". Hay muchas personas que vamos andando por el mundo con un hueco por corazón y una cara tornasolada que ha sido emborronada muchas veces por los cirujanos. Yufan no sólo es una gran fotógrafa, tiene madera de aforista: nos regala frases inolvidables como la del vacio en el corazón. "No te ofrecen sólo una cara nueva, te ofrecen una personalidad y un destino", porque las clínicas, nos advierte, no son hospitales, son centros comerciales. Centros comerciales donde todo parece disponible, mejorable, reemplazable, donde pronto nos iremos a dar un paseo y cambiaremos de aire y de cara en un plis plas. Yufan nos regala la frase que puede regir una nueva mentalidad que resista a la presión del mercado: "la belleza es una cara que ya no pide perdón". Cuántas caras ortopédicas nos encontramos por ahí que andan pidiendo perdón". La suya nos da las gracias, su libro es un gracias a la cara que la vida nos ha dado y una denuncia al tráfico de caras que nos está congestionando. No lo dice ella pero lo digo yo: ser feliz es llegar a congraciarse con la propia cara. Ya lo dijo Camus, a cierta edad uno se hace responsable de su propia cara. En ese momento llega la madurez, no vivamos, como nos sugiere Yufan, en un mundo donde las caras originales están empezando a desaparecer. A ellas esas caras originales ya le parecen hermosas. Una forma de saber que se ha vivido bien es atreverse a morir con la propia cara. El mercado cada vez nos lo pone más difícil. Pero seguiremos intentándolo.


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