Hablando se entiende la gente.
Pero no la tuvo por estar en silencio y pararse, que también, sino porque ese día tuvo una conversación. Fue la suya una conversión por conversación. "Apareció un señor mayor, enorme, y con una barba larguísima" que se llamaba Ramón y Adrià se puso a echar una parrafada, una parrafada fácil precisamente porque no lo conocía: "tú no estás descontento con la vida, estás descontento con la vida que llevas", le espetó el extraño. Eso fue lo que le dijo y lo que le cambió su vida. Tal vez Adrià Ballester no lo sepa pero esa es precisamente la técnica de la logoterapia que tantos resultados acabó dándole a uno de los supervivientes más famosos de Auschwitz : Viktor Frankl. Su consejo era casi invariablemente el mismo, la gente se metía en una vorágine de sinsentido precisamente porque nada de lo que hacía en su vida tenía sentido: Y no se trataba de tirar la vida por la borda, sino de cambiarla.
Y desde aquel día Adrià decidió cambiar de vida y es posible que también cambiase la de muchos otros. Se le quitó de pronto la angustia mientras hablaba con Ramón y pensó que él también podría aligerar a otros de su carga. Cogió al día siguiente dos sillas, las plantó en la calle y colgó un cartel que decía: "Conversaciones gratis". Fue así como nacio el The Free Conversations Movement, que aglutina a decenas de voluntarios por todo el mundo para hacer lo que hace Adrià los fines de semana delante del Arc de Triomf, en la ciudad de Barcelona: se coloca con su sombrero que lo protege del sol, dos sillas y el letrero que anuncia que ahí se puede conversar, un arte que se está extinguiendo en pleno apogeo de redes sociales donde mucho se dice, pero nada se habla.
Su primera platicadora fue una mujer de la ex-Yugoslavia que le confesó haberlo perdido todo. Y es posible que la gente que se sienta en esa silla lo haya perdido todo a su manera. Quien necesita urgentemente hablar es que ya no tiene nada que perder. En esos momentos extremos de necesidad es cuando la palabra cura. Es tan antiguo como la humanidad. Nada más salir la primera palabra de la boca del ser humano, supo éste que esa palabra era mágica, que tenía un poder de comunicación, pero también de sanación. De ahí que se rece tanto a Dios, casi siempre de palabra. Por esa silla en la que se pone a conversar sin más han pasado suicidas, han pasado chiflados, han pasado gente de todo el mundo, gente como nosotros, gente que llora y que le hace llorar y, sobre todo, gente que necesita hablar. Hablar es tal vez la necesidad más primordial del ser humano y que ya está empezando a rarear. Cuántos de nosotros hemos pasado meses sólo hablando con camareros y tenderos... El hombre no se morirá de soledad, se morirá por no poder hablar. Se morirá cuando todas las palabras que no ha dicho se la gangrenen en la boca.
Lo que más le sorprende a Adriá Ballester es a todos los que pasan por esa silla caliente les preocupa lo mismo: la salud, el amor, el dinero. Mientras el mundo se obsesiona cada vez más por el dinero -en eufórica sociedad capitalista-, se descubre que debería preocuparse más por la salud y por el amor. También se descubre que está mermando la salud y el dinero y el amor, y que cada vez todos estamos más pobres, todos más enfermos, todos más lejos del amor que no ha sabido reinar. El ser humano tiene que estar muy preocupado porque lo que le preocupa es lo que cada vez le falta más. Sólo hay una cosa que desde hace diez años no le falta tanto a la gente: las conversaciones gratuitas. Entre las muchas cosas que nos faltaban, era ésta de poder explayarnos de forma gratuita y tener una conversación de igual a igual con otro ser humano. Y Ballester ha dado al mundo una de las cosas que más le faltaban. Sólo hay una norma sabia: no dar consejos.
Con el tiempo Ballester se ha dado cuento de que la vida es el resultado de todas las conversaciones, de las que tienes y de las que no tienes. Es posible que nuestra vida adolezca de conversaciones fallidas, de silencios indeseables, de soledades crónicas e incurables. En algún momento necesitamos hablar y nadie nos escuchó o nos quedamos afónicos en el instante crucial. Con el The Free Conversations Movement podemos lograrlo y de forma gratuita. En un mundo donde se cobra hasta por tomar oxígeno, hay que celebrar estas iniciativas como la mejor noticia de los telediarios. Ya lo dijo Óscar Estivill en su día: "El bien está ahí, pero no lo miramos" (léase aquí). Adríà comenzó todo esto un día que se encontraba mal y dando solución a su mal ha ayudado a mucha gente ha pasarlo mejor. El bien está ahí, en iniciativas como las de Adriá Ballester, que ya no sólo habla con la gente y gratis, sino que además se entiende con ella, lo que le ha hecho convertirse en un comunicador excelente y en un consumado psicólogo. Y si no que se lo digan a su último interlocutor, un hombre sin hogar al que la policía intentaba echarlo de la zona con malas maneras. No paraba de gritar que los fantasmas le atacaban. Y Adrià Ballester lo solucionó como el mago que es: le dio un limpiacristales y le dijo que era un líquido mágico contra los fantamas, como podía haberle dicho que era agua bendita para exorcizarle. Roció con él a todos los fantasmas y todos se dieron a la fuga. También la policia, que lo dejo tranquilo. Y es que "hablando se entiende la gente". Últimamente nadie ha entendido mejor esto que Adrià Ballester.

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