Lamento no haber leído antes este extraordinario poema de Rafael Cadenas que aquí se deja hoy y que hace honor a la fama que le precede. Porque es uno de esos poemas con los que mucha gente se puede identificar. y siento que de alguna manera nos representa a muchos, no sólo a aquellos jóvenes venezolanos que se sintieron concernidos cuando se publicó este poema. Me parece que, más de 60 años después de su publicación, el poema ya ha alcanzado un valor universal que lo hace intemporal y lo vuelve todavía vigente como expresión de una protesta existencial.
Rafael Cadenas escribió el poema en 1963 y apareció publicado por primera vez el 31 de mayo de ese año en "Clarín", un diario de orientación radical que pertenecía al partido comunista. Pronto el poema se difundió mediante copias multigrafiadas que fueron pasando de mano en mano entre los estudiantes venezolanos. Con el tiempo se convirtió en un poema tan famoso que casi ha eclipsado la posterior obra de Rafael Cadenas. Se podría decir: nunca volvió a alcanzar -hasta ganar el Cervantes, ya nonagenario- semejantes cotas de notoriedad. Y es que el poema sirvió de termómetro de la situación de muchos jóvenes, de muchos intelectuales y artistas venezolanos del momento.
Años después, el propio Cadenas abjuraría de este poema, de la manera que los poetas abjuran de los poemas célebres que son fruto de una coyuntura. Para Cadenas, este poema -publicado en libro por primera vez en 1970- no le representa, ya que se trata de un poema de época; es decir, fue escrito en unas circunstancias personales y colectivas muy determinadas. Una depresión íntima le había sacudido; el desmoranamiento de gran parte de los ideales revolucionarios le estaba, además, haciendo cambiar de orientación, tal vez desorientándole más. Por lo menos de momento. En esa gran crisis fue elaborado este magno poema.
Pero esta obra es digna de un análisis más agudo que el que someramente se hace aquí. Y lo digo porque, si se le pone la lupa y se mide su alcance, tiene más aristas de las que una lectura superficial ofrece. Precisamente porque desde el punto de vista formal mantiene una fórmula hipnótica que lo hace consistente, es posible que se pase por alto lo que el poema significa desde una capa más profunda. Es un grito existencial que nos recuerda al expresionismo metafísico del famoso cuadro de Edvard Munch. Al igual que al protagonista de la pintura, al poeta poco le ha faltado para echar a correr en muchas ocasiones, según confiesa. Se trata de un intento de evasión del malestar social y existencial. Hay, en todo el poema, un solapado grito de angustia en una situación de desamparo social que a la vez produce un desamparo existencial.
El poema trata de esbozar un autorretrato que al final nos retrata a todos y nos atosiga. Toda confesión es doblemente dolorosa, porque, al mismo tiempo que quita el disfraz propio, también lo quita a quien la recibe, por identificación. La confesión que se lleva a cabo en el poema se convierte en un pliegue de cargos sobre sí mismo, un inventario de fracasos, carencias y avatares precarios que dejan una identidad vacía. Detrás de la máscara social no vemos más que un agujero que nos horroriza. Al final de la confesión ni el lector ni el propio yo poético llegan a saber quién es el retratado, cuál es su identidad; tan sólo nos queda una letanía de cargos: "no soy lo que soy ni lo que no soy", concluye Cadenas. El poema delata en el sujeto que lo elabora una auténtica desorientación existencial que causa sensación de orfandad y duelo. No se ha logrado afincar en la vida. De ahí la sensación de derrota y fracaso. Precisamente en un célebre poema posterior, titulado "Fracaso", Cadenas afina un poco más en qué consiste esta derrota: "Cuanto he tomado por victoria es solo humo". Todo lo que creíamos consistente se nos ha desmoronado, nos viene a decir el poeta. El pesimismo de estos dos poemas es evidente, pero también permanece como un lúcido retrato de la sociedad y sus crueldades. La facilidad que tiene una sociedad de dejar en la estacada a cada uno de sus miembros, especialmente a aquellos que rechazan abrazar los valores reinantes del éxito y el arribismo. Quienes no se adaptan, acaban desintegrándose, porque ya son incapaces de encontrar una identidad social, y, por tanto, se desdibujan ante el espejo, se desnudan frente a él y ven sólo un agujero social: se convierten en donnadies ante su propia mirada, en seres que no tienen ni oficio ni beneficio, tal como recuerda el poema desde su primer verso.
El retrato que saca aquí Cadenas es un dagerrotipo negativo, pues quien ha dicho "no" a todas las ventajas sociales, que a la postre lo harían destacar y le darían identidad, se queda diluido en las sombras y exento de cualquier identidad positiva. Si uno analiza bien este poema, gran parte de los atributos que definen al sujeto son negativos y expresan la inutilidad social. La sociedad convierte a muchos de sus ciudadanos en unos inútiles y por tanto en unos inadaptados. O, lo que viene a ser casi lo mismo, se vuelven inadaptados por falta de utilidad -léase función- social. Se vuelven zánganos sociales y esto produce irrisión y excita la crueldad contra lo que no nos da ni beneficio ni utilidad. A los zanganos se les flagela por su esterilidad. Y es precisamente este tono de irrisión, de escarnio, de burla que ofrece la sociedad para aquellos que han fracasado, lo que le da textura y sentido al poema. El poema se convierte en una parodia y hasta autoparodia, porque descubre que es la burla el método social para marcar a los que sobran y quitárselos de en medio. Se trata de apartarlos y excluirlos. Se adivina entonces la razón por la que este poema se ha convertido en un símbolo de los excluidos. También de aquellos que sintieron cómo fracasaban sus ideales de utopía, por supuesto; pero si el poema nos implica a todos, es porque representa a cualquier paria social. Y lo sabemos, los parias abundan, somos legión, e incluso pueden tener razón y reivindicación. De algún modo, Rafael Cadenas realiza aquí la reivindicación del paria. El que es arrinconado, el oscuro y el negado, el que no tiene oficio ni beneficio, el que está angustiado por caer, sin saber que ya está caído, pues anda en los estratos más bajos; también el humillado y el malogrado. Aquí están reflejados todos los ejemplares sociales que están al borde de la exclusión social, pero magistralmente se convierte esta exclusión en desorientación y malestar metafísico. El fracaso espiritual que exhala el yo poético se vuelve en alegato contra la sociedad por no poder dar alas a las aspiraciones de concordia y dignidad humana. De ahí que esta identidad negativa a la que está abocado el paria social da como resultado un yo poético que se transforma en antihéroe emblemático.
El héroe, al final, es aquel que alcanza la más alta cota del ideal humano. Cuando los ideales se derrumban, también se derrumba el suelo que se pisa y se aproxima uno a la sima de la desintegración. Por eso el yo lírico confiesa haberse arrimado a las paredes para no caer del todo. No tiene asidero ni suelo seguro, ni estabilidad. Tampoco tiene cuerpo, o no lo encuentra -"no encuentro mi cuerpo"- porque, en realidad, lo que no halla, precisamente, es su lugar en el cuerpo social: ha sido estigmatizado y desalojado, excluido y desterrado, y sin embargo no puede escapar y se queda ahí en tierra de nadie, con toda su angustia cruda. Es por eso que su lamento también es el de que nunca usará corbata, porque es precisamente la corbata lo que le da a uno cuerpo social, facilitándole así el disfraz que lo adapta. Pero también descubrimos aquí que toda esa letanía de quejas en que se convierte el poema es a la vez una larga lista de desacuerdos y, por tanto, de protestas que llaman a una rebeldía formulada tímidamente al final del poema.
Hay que decir que no se puede encontrar en el final del poema un levantamiento y una nueva fe en la redención del ser humano, en su capacidad para seguir en el combate y sobreponerse. El poema no tiene un final demoledor ni pesimista, pero deja un regusto amargo. El autorretrato que aquí nos deja Rafael Cadenas es un retrato lúcido porque este le permite tomar conciencia sobre la falsedad del puesto en la sociedad y también sobre su falsa identidad. Además de arrojar luz sobre la falsedad de toda una sociedad, al descubrir el mecanismo con ésta que bendice y maldice a sus miembros, los integra o los execra. Hay un sadismo social que se traduce en crueldad y al que le corresponde un masoquismo individual, que se traduce en autoescarnio y sentimiento de culpa. Todo esto queda al descubierto en toda esa multitud de versos que expresan irrisión y burla social. Todo se convierte en una burla, porque hasta los más altos ideales y las más sanas ambiciones son burladas. Si algo le falta a la sociedad que se trasluce aquí, en este poema, es la compasión. Pero es que la compasión es lo opuesto a la crueldad, casi podríamos decir que es su antiveneno. El poeta reconoce no haber podido convertir esa negatividad que le proyecta la sociedad en una frescura nueva: no ha podido lograr convertir su retrato en algo positivo, no ha dado con el antiveneno que lo salvaría. La poesía no le ha ofrecido un flanco para rebelarse, para crear de su indolencia un poema de triunfo lírico y heroico. Por lo tanto, decide rbalarse de la única otra forma negativa que le queda en este poema y que le permite el cuerpo social: el autoinculpamiento por su fracaso, el suicidio al alcance de la mano en forma de poema roto y la autoflagelación continuada de una tirada de versos convertidos en un pliego de cargos y descargos. El poeta continúa dando vueltas en la misma rueda social, al hacer de cada verso una ridiculización de su figura. Así es como uno se vuelve correa de transmisión y prosigue rodando sin parar en la gran rueda del escarnio social; uno ya solo tiene fuerzas para seguir burlándose de sí y de los otros, reforzando de este modo la función punitiva de la sociedad y el escarnio de sus miembros. La única rebelión que ofrece el poema es la de la lucidez: tomar conciencia de que, una vez se desmoronan los ideales, ya sólo queda la crueldad de una sociedad que arrolla lo que no rema a su favor.
Quien quiera profundizar un poco más en la vida y la obra de Rafael Cadenas puede ampliar su conocimiento con más poemas de su primer poemario ("Una isla"), así como de una sucinta reseña biográfica en el link que se deja a continuación:
Ya, de paso, se deja también aquí el aludido poema "Fracaso", publicado tres años después y que puede dialogar con "Derrota".
DERROTA
Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.
FRACASO
Cuanto he tomado por victoria es sólo humo.
Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente, difícil de entreleer es tu letra.
Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías, más precioso que todos los triunfos.
Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles éxitos, me has quitado salidas.
Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.
De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.
Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer prefiera a alguien más resuelto, me desplazaste de oficios suicidas.
Tú siempre has venido al quite.
Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura forma para entregarme a la nitidez del desierto.
Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra ti.
Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.
¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, lanzándome a mi verdadero campo de batalla, cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única agua que me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios, reñir las jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser. Por no darme otra vida. Por haberme ceñido.
Me has brindado sólo desnudez.
Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú mismo traías el cauterio!, pero también me diste la alegría de no temerte.
Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.
Gracias a ti, que me has privado de hinchazones.
Gracias por la riqueza a que me has obligado.
Gracias por construir con barro mi morada.
Gracias por apartarme.
Gracias.
Comentarios
Publicar un comentario