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"LAS ALMAS HUMANAS SERÁN TANTO MÁS LIBRES CUANTO MEJOR SE MANTENGAN EN LA CONTEMPLACIÓN DE LA MENTE DIVINA" (BOECIO, "Consolación de la filosofía")

 


..."La libertad ira disminuyendo a medida que descienda a los cuerpos y todavía más cuando, entregadas a los vicios, pierdan la propiedad de la razón, que es su sello característico. Porque una vez ha bajado desde la contemplación de la luz soberana de la verdad hasta el mundo inferior y tenebroso, quedan envueltas en la oscuridad de la ignorancia, viéndose perturbadas por funestas pasiones".

Iba a elegir otro texto distinto de Boecio, ese en el que parafrasea a Platón afirmando que "sólo los sabios pueden hacer lo que quieren". Aquí resuena Spinoza y toda la gran filosofía que se produjo antes y después de Boecio. Es el sagrado asunto de la libertad, sólo al alcance del sabio, porque sólo la luz de la verdad por él perseguida nos puede iluminar para desembarazarnos de los prejuicios y las pasiones que nos la impiden. No puede haber libertad sin la luz del conocimiento, que puede traducirse también por la fuerza para dominar las pasiones y la voluntad.

Pero es que este párrafo de la Consolación de la Filosofía aquí elegido representa la quintaesencia de la visión del mundo que ha impregnado toda la cultura de Occidente y parte de la de Oriente. Aquí se haya resumida la cosmovisión y la filosofía de la Divina Comedia de Dante, que es como decir que se halla captada la visión del hombre y de su sabiduría. La libertad humana, aquí vinculada a la contemplación de la mente divina. La sabiduría no sería más que la impregnación de esa mente divina en los actos y en la sociedad del hombre. La cultura como emanación de la Inteligencia y de la Razón a la que puede acceder el ser humano. Aquí está Platón, con su énfasis en las difilcultades que se encuentra el hombre debido a la servidumbre del cuerpo, a su desobediencia al logos y a  la entrega a sus impulsos. Aquí está la ofuscación de la verdad y el descenso del hombre al mundo tenebroso, hoy encarnado por la postverdad, su descenso a la oscuridad de las pasiones, en suma, el triunfo de la falsedad y del mundo aparente. En el infierno de Dante arden en el fuego opaco de la ignorancia y de las pasiones, y de los vicios todos, aquellos que se alejaron con sus hábitos y sus desvíos de la luz brillante de la verdad que encarna Dios en el Paraíso. El hombre sólo es libre y está libre de la ignorancia cuando tiende al bien, que es su verdadero reino y poder. Cuando por una ofuscación del verdadero bien, el ser humano se entrega a los vicios y a la falsedad, pierde su poder, se convierte en bruto y en algo peor: en nada. Porque para Boecio, como para todo la antiguedad, el mal se caracteriza por su impotencia, por su poder aparente, que es una pura nada. El Mal sólo es un mal aparente: en su esencia, el Mal no puede nada y su inclinación a la destrucción es precisamente esa tendencia a llegar a ser lo que es: nada; a convertirlo todo en ruina y nada. El mal que encarna con sus hábitos e inclinaciones un hombre, es un mal que le ha colmado en su vacíoi, le ha desposeído y le ha endemoniado, le ha hecho arder en el infierno. El ser humano, sin la luz de la verdad, que alumbra su naturaleza, es un ser desorientado, alguien que se aproxima al precipicio, un animal deshabitado, porque ha perdido su atributo más preciado y aquello que le da consistencia: su tendencia al bien, a la verdad y a asumir su libertad. Hay que decirlo todo: el necio no es necio por estar huérfano de luces. Es necio porque ha perdido su libertad. Y es esa esclavitud que lleva implícita la necedad, y que reina en los siglos que no tienen luces, lo verdaderamente peligroso. La esclavitud es lo que desbarata la naturaleza del ser humano para convertirlo en bruto, para convertir la humanidad en un espacio infernal aquí en la tierra.





























































































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