Comienzo aquí, con estos versos atribuidos erróneamente a Neruda -me acabo de enterar cuando ya lo he publicado- una tirada de frases cortas, aforismos o escasos versos, para hacer más ligero este blog, un poco inspirado por el laconismo de X. Que sea una frase apócrifa me viene bien. No sería extraño que de vez en cuando incrustase yo las mías atribuyendóselas a gente sabia, ignorante o inexistente. Formará parte de la gracia de esta tirada de breves palabras y me dará a mí lugar a que muestre mi inventiva. Quede bien claro, pues: las redes se lo atribuyen a Neruda, y es una frase que en ellas ha tenido fortuna. Forma parte de la banalidad y la ignorancia de las redes, de su gran falsedad. No es de Neruda, bien podría serlo, pero él seguro que no estaría de acuerdo con esta frase que no es suya y también se metería con las redes.
Antes de dedicarse a la poesía, Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), tuvo que ganarse la vida como fontanero, vendedor de enciclopedias incapaz de vender ninguna, camarero en residencias de ancianos y tabernero, entre otros oficios. Su poesía, que ha sido adscrita al realismo sucio –“una poesía de los días laborables”, según su propia expresión-, huye de la retórica, utiliza abundantemente el coloquio como recurso narrativo y apenas hay rastro de metáforas. Aunque parece que no haga literatura, no deja de pulir sus mínimos poemas podando y podando hasta llegar al hueso. Con un tono ligeramente pesimista, en alguna ocasión ha dicho que busca hacer real la emoción sin patetismo, que le importa más ésta que el ropaje en el que venga envuelta y se ha llegado a definir como un poeta que no deja de hablar de la vida. “Mi poesía -ha dicho en una entrevista- recoge todo tipo de personajes de la ciudad a la deriva, yo hablo de los mendigo, de esa mujer sola a la que se le ha torcid...

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