Elizabeth Bishop fue una poeta estadounidense nacida en Worcester, Massachusetts, el 8 de febrero de 1911. Su padre, William T. Bishop, se casó a los 36 años, en 1908, con Gertrude May Boomer, y se dedicaba a calcular las estructuras de los edificios, siendo uno de los más notables en su oficio. Tras seis años de enfermedad, el padre muere de una insuficiencia renal crónica cuando Elizabeth apenas contaba ocho meses de edad. Esta muerte iba a dejar a la madre gravemente afectada, hasta el punto de que durante cinco años estaría entrando y saliendo de hospitales mentales y casas de reposo. Desde que en 1916 fue definitivamente hospitalizada en el sanatorio de Dartmouth, en Nova Scotia, la hija ya no volvería a ver a su madre, que morirá dieciséis años más tarde. En 1917 los abuelos paternos de la pequeña Elizabeth se la llevan a vivir con ellos en Worcester, pero los cuidados precarios hacen que enferme de bronquitis, asma, eczema y otras afecciones nerviosas, lo que obliga a su tía Maud Boomer a intervenir y acogerla en su hogar, un apartamento de un barrio pobre de Revere, Massachusetts. Su tía Maud le introduce en los poetas victorianos y le permite pasar dos meses cada verano con sus abuelos en Nova Scotia. En otoño de 1929, a los dieciocho años, comienza su formación universitaria en el Vassar College, una institución de élite donde se especializa en literatura inglesa. Allí lee con atención a Hopkins y a Wallace Stevens. En 1934 se muda a un apartamento en Nueva York y traba relación con la poeta Marianne Moore, que desempeñará el papel de mentora durante los siguientes seis años. En esta época comienzan a manifestarse los problemas que iban a agobiarla el resto de su vida: la soledad, las depresiones y su adicción al alcohol. Entre 1935 y 1936 Elizabeth viaja por Europa junto a Louise Crane, conocida filántropa que ejercía su mecenazgo sobre escritores y artistas; ambas se van a instalar en un pueblo pescador de la Bretagne, cerca de Brest, donde Elizabeth traduce poesía francesa y entra en contacto con los surrealistas franceses, de gran influencia en su poesía. Más tarde van a París y de allí a Marruecos y a España. En 1937 Elizabeth y Louise se instalan en una casa en Key West, la primera de las tres casas amadas que Elizabeth mentará cuarenta años más tarde en su célebre poema “Un arte”, donde hace un inventario de las cosas perdidas a lo largo de una vida. En 1939, ya en plena vorágine alcohólica, Elizabeth comienza a beber de forma destructiva, lo que le ocasiona diversas crisis nerviosas. A finales de 1940 había escrito la mayor parte de los poemas que formarían el volumen Norte & Sur, incluido el poema “El pez”, considerado el más representativo de su estilo. En la primavera de 1941 se produce el encuentro de Bishop con Marjorie Carr Stevens, mujer separada de un militar de marina y que iba a convertirse en una de sus parejas más duraderas. El 17 de abril ambas parten hacia la Habana y luego visitan Yucadoán y Mérida; allí pasan dos semanas y entablan relación con Pablo Neruda, quien ejerce un cargo diplomático en México, y con su mujer, la pintora Delia del Carril. La influencia del poeta chileno se puede rastrear en uno de sus mejores poemas: “Invitación a Marianne Moore”, inspirado en el modelo del poema de Residencia en tierra, “Alberto Rojas Jiménez viene volando”. En New York posa para un retrato en el estudio de una amiga suya, la pintora Loren McIver. Allí conoce a la que más tarde será el gran amor de su vida, Lota Macedo Soares, brasileña de familia aristocrática que le hace una invitación para que la visite en Río de Janeiro. En mayo de 1945, Elizabeth Bishop gana con el libro Norte & Sur el premio de la Asociación de Poesía y en diciembre vuelve a New York. La relación con Marjorie está llegando a su fin en un momento en que Elizabeth bebe sin freno. A pesar de las riñas constantes, la relación sigue su curso y ambas viajan juntas en el verano de 1947 a Nova Scotia. A finales de la década de los cuarenta se inicia una relación entre Elizabeth y el poeta Robert Lowell, que tuvo algo de historia de amor. Lowell pone a la poeta en contacto con Ezra Pound, en aquel tiempo internado en el hospital psiquiátrico de St. Elizabeth, y que estaba acusado de traición por su apoyo propagandístico al régimen de Mussolini. Bishop, que a partir de 1949 ostenta el cargo de consultora de poesía de la Biblioteca del Congreso en Washington, se vale de su posición para hacer asiduas visitas al hospital y surtirle de los libros que va contrabandeando. Años más tarde el poeta y editor Rizzardi pedirá a Elizabeth y a otros poetas un poema acerca de Ezra Pound. Elizabeth contribuirá con su poema “Visitas a St. Ellizabeths”. Una vez acabado su trabajo en la biblioteca, Elizabeth pasa la primavera y el verano de 1951 entre hoteles y casas de amigos y planea viajar hacia el estrecho de Magallanes y luego a Europa, pero a mitad de camino cambia de opinión y recala en Río de Janeiro, donde visitará a sus conocidos, entre ellos Lota de Macedo Soares. Sólo iba a ser una corta estancia de dos semanas, pero al final la poeta permanecerá en Brasil durante quince años. El 10 de noviembre de 1951 embarca en el S. S. Bowplate y parte hacia el sur para hospedarse en el apartamento en que Lota de Macedo Soares vive con una amiga. Después de un viaje turístico por el país, se van a Petrópolis, a sesenta millas tierra adentro, a la casa que se ha construido Lota en una espectacular montaña de roca. Lota ofrece a Bishop edificar un estudio para ella en la colina situada detrás de su nueva casa, proporcionándole así la compañía y el sosiego necesario para que se vuelque en su tarea de escritora. Su estancia en Brasil fue el periodo más feliz de su vida y estuvo jalonado de numerosos reconocimientos: el premio Pulitzer, en 1956, convirtió a la poeta en una celebridad de Petrópolis. En 1964 viaja a Italia e Inglaterra. El 27 de diciembre de 1965 parte para Estados Unidos para ser la Poeta Residente en la Universidad de Washington. La relación entre Lota y Elizabeth comienza a resquebrajarse, con continuos amagos de ruptura. Otra mujer aparece en la vida de Elizabeth y las escenas de celos se suceden. El 19 de septiembre de 1967 Lota llega a Nueva York, donde se hallaba Elizabeth gestionando la publicación de su "Collected Poems". Después de pasar la noche juntas, Lota es hallada en coma tras ingerir una sobredosis de barbitúricos y acaba muriendo en el hospital días más tarde. En 1970 da clases en Cambrigde y conoce a Alice Methfessel, una joven administrativa que se convierte en su secretaria y con la que pasará los últimos años de su vida. De estos años últimos, el más nefasto es el de 1975: la relación de Alice con un joven con el que pensaba casarse hace que Elizabeth tenga una de sus frecuentes recaídas en su adicción al alcohol, comenzando, además, una terapia con antidepresivos. De este periodo de profunda desesperación procede su célebre poema “un arte”. El 13 de enero de 1976 mezcla tranquilizantes y alcohol y pasa tres días en el hospital. A pesar de su mala salud de hierro, acompañada siempre de crisis de asma e intoxicaciones etílicas, Elizabeth no para de viajar. Los primeros años de los 70 viaja a Nueva Inglaterra, San Francisco, Florida; se va de crucero por Escandinavia y la URSS y frecuenta las playas del Maine. También sigue pasando temporadas en una casa que se construye en Ouro Prêto, Brasil. En Junio de 1976 realiza un viaje con Alice a la Conferencia Internacional de Poesía de Rotterdam, pero su delicado estado de salud empeora de pronto hasta el punto de que en el aeropuerto de Boston le espera una ambulancia para llevarla a la enfermería del Hospital de Cambridge, en donde permanecerá doce días. A finales de 1976 aparece su poemario “Geografía III”, que obtiene un gran éxito. Durante estos años se gana la vida dando clases en la Universidad de Harvard y sigue escribiendo poemas que serán importantes en su obra. Cuando expira su contrato con esta universidad, en otoño de 1977, acepta dar un curso en la Universidad de Nueva York. Al año siguiente se le concede una beca Guggenheim para escribir un nuevo volumen de poemas. Durante 1978 se embarca en una serie de recitales en la Ciudad de Venecia y escribe su poema “North Haven”, en el que invoca la memoria de su amigo Robert Lowell, fallecido un año antes. En la primavera de 1979 parte con Alice para un viaje por las islas griegas. Ese otoño tiene que impartir clases en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, pero el 21 de septiembre, apenas comenzado el curso, tiene que volver a ingresar en el hospital a consecuencia de una anemia provocada por una hernia de hiato que se le había vuelto crónica. Pocos días después de regresar a su casa, el 6 de octubre de 1979, muere a causa de un aneurisma cerebral. (La traducción de los poemas recogidos aquí se le debe a D. Sam Abrams y a Joan Margarit).
UN ARTE
No es difícil dominar el arte de perder:
Tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
Que su pérdida no es ningún desastre.
Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
De las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Después practicar perder más lejos y más rápido:
Los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
Viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.
He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira! Voy por la última
-quizá por la penúltima- de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
Poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.
Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
Que amo) no habré mentido. Por supuesto,
No es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
Pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.
CASABLANCA
El amor es el ardiente muchacho que estaba en la ardiente cubierta
Probando a recitar
“el muchacho estaba en la ardiente cubierta”.
El amor es el hijo que tartamudeaba la elocución
Mientras el pobre barco en llamas se hundía.
El amor es el obstinado muchacho, el barco,
Incluso los marineros nadando,
A los cuales gustaría también un estrado en un aula
O una excusa para estar en cubierta.
Y el amor es el ardiente muchacho.
SONETO
Suspendida –la burbuja
En el espiritual nivel-
Una criatura dividida:
Y la aguja del compás
Tambaleándose y ondulando,
Indecisa.
Liberada –el mercurio
Del termómetro roto
Huyendo;
Y el pájaro arco iris
Desde el estrecho sesgo
Del vacío espejo,
Volando a todas partes
Se siente así, ¡Alegre!

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