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EFÍMEROS Y BREVES 21. Un capítulo de "Memorias del subsuelo", de Fiódor Dostoyevski (1821-1881) en el 145 aniversario de su muerte.

 



¿Acaso un hombre que tiene conciencia puede respetarse a sí mismo?. Esto es lo que se pregunta el funcionario protagonista de "Memorias del subsuelo", la breve novela filosófica que Fiódor Dostoyevski escribió cuando contaba 43 años. Aún viviría 17 años más y le faltaba por escribir la mayor parte de su genial producción literaria. El protagonista de la novela responderá a esta pregunta que no, que un hombre con conciencia ha perdido su dignidad y no puede respetarse a sí mismo. Es más, se señala en esta novela a la conciencia como una enfermedad. El fruto de la conciencia es para este hombre la inercia, el no hacer nada a conciencia y el sufrimiento será su única razón de ser. La conciencia crece en el hombre a expensas de la vida y como un fruto de la racionalidad, el progreso científico y los avances tecnológicos, todo ello siempre en el punto de mira de Dovstoyevski para descargar su animadversión. La conciencia para Dostoyevski radica en el desmedido afán que tiene el hombre por racionalizar cada acto, cada gesto y cada acción espontánea e inmediata. De esta manera se logra desvitalizar la vida y hacerle llevar al individuo una vida muerta, con reacciones falsas y con una conducta histérica y contradictoria, que es la que caracteriza al anti-héroe de esta novela: hombre rencoroso y susceptible, agresivo y veleidoso, pero que en estas memorias destaca por querer ser sincero consigo mismo sin temer la verdad. Quiere confesarse lo inconfesable y sólo busca escribir para sí mismo aunque en todo momento ande buscando la complicidad del lector. La escritura aquí como una forma de terapia: "un trabajo que va haciendo al hombre más bondadoso y honrado". Mucha escritura va a necesitar este anti-héroe que no cesa de confesar su perversidad y su corrupción moral y que se confiesa incapaz de vivir "la vida viva". Pero en esto se parece al hombre en genérico y seguramente nos representa a todos. Y es que para este enfermizo individuo del subsuelo el ser humano se caracteriza por su principal defecto: la ausencia de conducta moral, que tiene precisamente que ver con la extirpación de toda huella de vida producida por el avance de la civilización. Y a la vez se produce en esta novela por parte de Dostoyevski una crítica a su tiempo, al que tacha de nihilista, incapaz de abrazar los valores más altos, y que da como resultado hombres que son incapaces de percibir lo sublime y la belleza porque se han sometido totalmente a la razón. Con esta novela Dostoyevski se adelantó a su tiempo, señaló el nihilismo imperante y prefiguró el existencialismo y la crítica a la razón que Nietzsche iba a llevar hasta el extremo: todo un paseo por los recovecos de un alma torturada por la enfermedad de la conciencia.


IV

¿ACASO UN HOMBRE QUE TIENE CONCIENCIA PUEDE RESPETARSE A SÍ MISMO?

"-¡Ja, ja, ja! ¡Después de esto terminará por encontrar placer incluso en un dolor de muelas! -exclamarán ustedes riendo.

-Bueno, ¿y por qué no? También en un dolor de muelas hay placer -contesto yo-. A mí me dolieron las muelas durante un mes entero; sé lo que me digo. Aquí, claro está, uno no está furioso en silencio, sino que gime de dolor; pero estos gemidos no son sinceros, son gemidos emitidos con escarnio, y ahí está la cosa. Esos gemidos expresan el placer del que está sufriendo; y de no experimentar uno en ellos algo de placer, no los emitiría. Éste, señores, es un buen ejemplo, y voy a proseguir con su desarrollo. En primer lugar, esos gemidos expresan, para nuestra conciencia, la humillación completa que reside en la inutilidad de nuestro dolor; expresan las leyes de la naturaleza, que a ustedes obviamente les importan un comino, pero que a pesar de todo, les hacen sufrir, cuando a ellas, por el contrario, nada de esto les ocurre. La conciencia expresa que no hay ningún enemigo, pero, no obstante, el dolor persiste; expresa que está usted frente al todopoderoso dentista Vaguengeim y se encuentra completamente a merced del dolor de sus muelas; que éstas sólo dejarían de dolerle cuando alguien así lo desee, y si esto no ocurriera, le seguirían doliendo otros tres meses más. ¿Y qué ocurriría finalmente si continuara usted disconforme y protestando, a pesar de todo? Para su satisfacción personal únicamente le quedaría la posibilidad de propinarse una buena paliza a sí mismo y darse golpes lo más dolorosos posible contra el paredón; probablemente, no podría hacer nada más. Pues bien, de esas sangrantes ofensas, de esas burlas, aunque se ignore de quién provenga, finalmente nace ese placer capaz de llegar a veces hasta el más elevado deleite. Les ruego señores que escuchen alguna vez los gemidos que emite el hombre formado del siglo XIX que sufre a causa de su dolor de muelas, ya al segundo o tercer día; osea, cuando comienza a gemir de un modo diferente al del primer día; es decir, gimmiendo de otra manera a la que produce el dolor de muelas; diferente también al modo en que gime cualquier hombre tosco; gimiendo por el contrario, al modo en que gime el hombre afectado por el desarrollo y la civilización europeas; gimiendo como hombre "que ha renunciado a sus raíces y los priincipios populares", por utilizar una expresión actual Sus gemidos, prolongándolse durante días y noches enteras, comienzan a ser detestables y repugnantemente rabiosos. Él mismo sabe que los gemidos no le aportarán ningún beneficio; sabe mejor que nadie que en vano se está atosigando e irritando a sí mismo y también a los demás; sabe muy bien que el público, delante del cual se está esforzando en representar su papel, y toda su familia, le escuchan con asco, no le creen un ápice, y en su interior piensan que podría hacerlo de otro modo; es decir, que podría gemir de un modo más sencillo, sion tanto trino y tanto quiebro., y que si lo hace así, es por rabia y porque se divierte con el escarnio. Pues bien, en la conciencia de todas esas vergüenzas, es donde se halla ese deleite. Es como si dijera: "les estoy alarmando, les estoy desgarrando el corazón, no dejo dormir a nadie. Pues bien ¿que no duerman, y que sientan a cada minuto cuánto me duelen las muelas! Para ustedes ya no soy un héroe que antes quise aparentar, sino un pobre hombre, un hombrecillo ruin. ¡Pues bien, que así sea! Me alegro de que por fin me hayáis calado. ¿Les desagrada oír mis gemidos ruines? ¡Que les desagraden! Pienso emitir ahora otro trino aún más detestable..." ¿Siguen sin comprenderlo todavía, señores? Está claro que es preciso adquirir una profunda conciencia y estar bien formado para comprender todas las sinuosidades de ese deleite. ¿Se ríen ustedes? Eso me satisface. Por supuesto, que mis bromas son de muy mal gusto, desiguales, confusas y por ende, encierran algo de desconfianza. Pero es a causa de que ni yo mismo me respeto. ¿Acaso un hombre que tenga conciencia puede respetarse a si mismo?"

    ("Memorias del subsuelo". Traduc. de Bela Martinova)

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