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EFÍMEROS Y BREVES 23. Tres poemas de Sylvia Plath (1932-1963) en el 63 aniversario de su muerte

 


ESPEJO

Soy de plata y exacto. No tengo prejuicios.

Todo lo que veo lo devoro de inmediato

tal como es, sin empañarse por amor o rechazo.

No soy cruel, solo sincero—

el ojo de un pequeño dios, de cuatro esquinas.

La mayor parte del tiempo medito en la pared opuesta.

Es rosada, con motas. La he mirado tanto

que creo que es parte de mi corazón. Pero parpadea.

Los rostros y la oscuridad nos separan una y otra vez.

 

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,

buscando en mis fondos lo que realmente es.

Luego se vuelve hacia esos mentirosos, las velas o la luna.

Veo su espalda y la reflejo con fidelidad.

Ella me recompensa con lágrimas y un agitar de manos.

Soy importante para ella. Viene y se va.

Cada mañana es su rostro el que reemplaza la oscuridad.

En mí ha ahogado a una niña, y en mí una anciana

asciende hacia su día una y otra vez, como un pez terrible.

 

 

ARIEL

Estasis en la oscuridad.

Y de pronto el raudal azul, insustancial

Del tolmo y las lejanías.

 

Leona de Dios,

Eje de talones y rodillas,

¡Cómo nos fundimos en una! El surco

 

Se abre y avanza, hermana

A cuya cerviz marrón y

Arqueada no consigo asirme,

 

Las bayas con mirada de negro

Lanzan oscuros

Anzuelos,

 

Bocanadas de sangre y negra y dulce,

Sombras.

Algo más

 

Me arrastra por el aire…

Muslos, cabellos;

Escamas que se desprenden de mis talones.

 

Blanca

Godiva, así me voy despojando

De manos muertas, rigores muertos.

 

Y ahora voy dejando

Espuma sobre el trigo, un centelleo marino.

El grito del niño

 

Se disuelve en la pared.

Y yo

Soy la flecha,

 

El rocío que vuela

Suicida, unida a esta fuerza

Que me impulsa hacia el ojo

 

Encarnado, el caldero del alba.

 

 

 

LADY LÁZARO

Lo he hecho otra vez.

Una vez cada diez años

lo consigo—

 

Una especie de milagro andante, mi piel

brilla como una pantalla de lámpara nazi,

mi pie derecho

 

un pisapapeles,

mi rostro, una fina y lisa

tela judía.

 

Arráncame la servilleta,

oh, mi enemigo.

¿Te doy miedo?—

 

¿La nariz, las cuencas, la dentadura completa?

El aliento agrio

desaparecerá en un día.

 

Pronto, pronto la carne

que devoró la cueva tumba

se sentirá en casa sobre mí

 

y yo, una mujer sonriente.

Tengo apenas treinta.

Y como el gato, tengo nueve vidas para morir.

 

Esta es la Número Tres.

Qué desperdicio

aniquilarse cada década.

 

Qué millón de filamentos.

La multitud que cruje maní

se empuja para ver

 

cómo me desenvuelven pies y manos——

El gran striptease.

Damas, caballeros:

 

Estas son mis manos,

mis rodillas.

Puedo ser puro hueso y piel,

 

pero sigo siendo la misma mujer, idéntica.

La primera vez ocurrió a los diez.

Fue un accidente.

 

La segunda vez quise

resistir, no volver en absoluto.

Me cerré como

 

una concha de mar.

Tuvieron que llamarme y llamarme

y arrancarme los gusanos como perlas pegajosas.

 

Morir

es un arte, como todo.

Y yo lo hago de maravilla.

 

Lo hago para que se sienta como el infierno.

Lo hago para que se sienta real.

Podría decirse que tengo talento.

 

Es fácil hacerlo en una celda.

Es fácil hacerlo y quedarse quieta.

Lo difícil es

 

el regreso teatral,

a plena luz,

al mismo lugar, la misma cara, el mismo bruto

 

gritando divertido:

“¡Un milagro!”

Eso me tumba.

Hay un precio

 

por mirar mis cicatrices, hay un precio

por escuchar mi corazón——

de verdad late.

 

Y hay un precio, un precio muy alto,

por una palabra o un roce,

o una gota de sangre,

 

o un mechón de cabello, o un trozo de mi ropa.

Así que, Herr Doctor.

Así, Herr Enemigo.

 

Soy tu opus,

soy tu valiosa,

la niñita de oro puro

 

que se derrite en un grito.

Giro y ardo.

No creas que subestimo tu noble preocupación.

 

Ceniza, ceniza—

Hurgas y revuelves.

Carne, hueso, ya no queda nada—

 

Una pastilla de jabón,

un anillo de bodas,

una incrustación de oro.

 

Herr Dios, Herr Lucifer,

cuidado,

cuidado.

 

Desde la ceniza

me alzo con mi cabellera roja

y devoro hombres como el aire.


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