Se ha dejado aquí sucinta reseña biográfica que se ampliará en lo sucesivo con más entregas aforísticas de su pensamiento y que será analizado próximamente.
AFORISMOS DE SCHOPENHAUER SOBRE LA
VIDA Y LA MUERTE
La vida es como una pompa de jabón
que mantenemos e inflamos tanto tiempo como es posible, con la firme convicción
de que acabará explotando.
*****
¿Qué puede esperarse de un mundo en
el que casi todos viven, sin más, porque no tienen el valor para pegarse un
tiro?
*****
Sólo el ser humano esconde en su interior la seguridad de la muerte gracias a conceptos abstractos. Aunque resulta extraño que esta seguridad no le inquiete en general […]. Todos viven como si fueran a hacerlo eternamente […], pues de lo contrario casi nos sentiríamos como un criminal condenado al patíbulo.
*****
Cada día es una pequeña vida, cada
despertar y levantarse un pequeño nacimiento, cada fresca mañana una pequeña
juventud y cada acudir a la cama y dormirse una pequeña muerte. Para llevar la
analogía hasta el final, podríamos comparar la incomodidad y dificultad para
levantarnos con los dolores del parto.
*****
La vida de cualquier hombre, abarcada
desde una perspectiva global, es una tragedia; pero observada en sus detalles
es una comedia. La vida cotidiana, el peso del momento, los anhelos y temores
de cada semana, los accidentes de cada hora son puras escenas de comedia. Pero
los vanos afanes, las esperanzas aplastadas, los desdichados errores de toda la
vida y la muerte, al fin, construyen siempre una tragedia.
*****
Cada vez que tomamos aire rechazamos
la insistente y violenta muerte, y por eso luchamos cada segundo contra ella:
en intervalos más amplios la combatimos a través de la comida, del sueño, del
calor, etc. Pues ya caímos presa de ella inmediatamente en el nacimiento:
nuestra vida no es más que un aplazamiento de la muerte.
*****
El cadáver es un simple excremento de
la idea humana, que permanece constante.
*****
La vida real y los sueños
son páginas de un mismo libro.
*****
La conciencia es del todo
fragmentaria […] Sólo la más pequeña parte de nuestro propio ser recae en
nuestra conciencia.; el resto permanece en oscuras profundidades del
inconsciente, lo cual, quizá, sea lo más propio de nuestras esencia.
*****
Podríamos pensar que la mitad de todo
nuestro pensamiento se desarrolla de manera inconsciente. […] Nuestros mejores
pensamientos, incluso los más ingeniosos y profundos, llegan repentinamente a
la conciencia como una inspiración y frecuentemente bajo la forma de una grave
sentencia.
*****
¿Quién echa aún de menos la justicia
retributiva? Lo que más teme el malvado lo tiene garantizado: la muerte.
También el mejor tiene tal certeza, pero él no la teme, pues no quiere
la vida. Ser el más malvado no es más que querer vivir la vida al
máximo.
*****
Si se me pregunta dónde puede
obtenerse el más íntimo conocimiento de la esencia íntima del mundo, de la cosa
en sí, a la que he llamado voluntad de vivir, o en qué parte de la
conciencia se asoma esa esencia de la forma más clara, o dónde se alcanza la
más pura revelación de su ser, entonces habré de responder que en la
voluptuosidad del acto de la copulación. ¡Eso es! Tal es la auténtica esencia y
el núcleo de todas las cosas, el fin y la meta de todo ser existente. De ahí
que sea también, para los seres vivos, subjetivamente, el objeto de toda su
acción, su más alta ganancia; y es, objetivamente lo que conserva el mundo […].
¿Y qué significa esto para nosotros? Lo dice el soneto 129 de Shakespeare.
Sobre la entrada del burdel de Pompeya podía leerse debajo de la imagen del
falo hic hábitat felicitas [aquí mora la felicidad].
*****
El instinto es el sentido de la
sexualidad; y los cinco sentidos son los suplentes del instintos para el
individuo.
*****
Toda nuestra vida es una continua
lucha contra obstáculos que al final obtienen el triunfo.
*****
A lo largo de la vida la voluntad
comunica su carácter infatigable al corazón, ese primer motor del
organismo, que se convierte así en símbolo y sinónimo suyo.
*****
El mundo como cosa en sí es
una enorme voluntad que no sabe lo que quiere, pues sabe sin más que
quiere, en tanto que es voluntad y no otra cosa.
*****
La vida es un juego en el que el cuerpo,
en tanto que muere y ha de ser deshabitado, es la apuesta. Depende de nosotros
si arriesgamos por ella, es decir, si queremos costear las alegrías y los
sufrimientos de la vida, o abandonar la apuesta y tan sólo esperar a que nos
despidan de la mesa de juego.
*****
¿Por qué huye un animal, temblando y
temeroso? ¡Porque es pura voluntad de vivir, sabe que está entregado a la
muerte y quiere ganar tiempo!
*****
Una experiencia en la que se hace
patente la duplicidad de nuestra conciencia es la variada disposición de
ánimo con que nos enfrentamos a la muerte en distintos momentos. Hay instantes
en lo que, cuando pensamos intensamente en la muerte y aparece bajo la forma de
una terrible figura, no comprendemos cómo, con tal perspectiva, podemos tener
siquiera un minuto de tranquilidad, ni cómo cada cual no pasa toda su vida
sumido en lamentos por la inexorabilidad de la muerte. Otras veces pensamos en
la muerte con alegría e incluso con nostalgia. En ambos casos acertamos. En el
primer estado de ánimo estamos llenos de conciencia temporal, no somos más que
un fenómenos inmerso en el tiempo; como tales, la muerte es para nosotros la
destrucción, y la tememos con motivo como el mayor de los males. En el otro
estado emerge la conciencia mejor y se regocija con razón de la disolución del
misterioso lazo que la une con la conciencia empírica en la identidad de un yo.
*****
Quien considere que su existencia se
limita a su vida actual, se considera también una nada viviente: pues hace
treinta años no era nada, y dentro de otros treinta volverá a no ser nada.
*****
Se nos puede ocurrir pensar que el
cese de la vida suponga la supresión del principio vital y que por tanto la
muerte sea el ocaso total del hombre. Por el hecho de que ya no existe el
poderoso brazo que hace tres mil años tensó el arco de Ulises, ningún
entendimiento reflexivo y cabal considerará como totalmente desaparecida la
fuerza que tan enérgicamente actuó en él; pero, por lo mismo, tampoco admitirá
en una reflexión posterior que la fuerza que hoy tensa el arco haya comenzado a
existir con ese brazo. Mucho más familiar resulta la idea de que la fuerza que
antes actuó en una vida extinguida es la misma que actúa en la que ahora
aflora: esto es casi irrefutable. Sabemos con certeza que […] sólo es
perecedero lo que está incluido en la cadena causal: pero eso son meros estados
y formas.
*****
Por lo general, con las rachas de
suerte ocurre lo mismo que con ciertos grupos de árboles, tan agradables a la
vista desde la lejanía: cuando uno se adentra en la espesura, la belleza
desaparece y uno no sabe dónde se encuentra. Es por esta razón por lo que con
frecuencia preferimos la situación del otro a la nuestra.


Comentarios
Publicar un comentario