No me gusta hablar de mí y he tenido que hacerlo. Hasta este verano no había ninguna foto mía por ninguna parte, nunca había hablado de mí salvo ficticiamente y me gustaba así. Sólo habría que hablar en publico de uno mismo cuando ese yo nos representa a todos. No me gusta hablar de mí y he tenido que hacerlo. Quizás un libro lo justifica. Tampoco estaba hablando de mí, estaba hablando del libro. Y el libro le pertenece a los lectores que quieran entrar en él. Ya es menos mío que antes de publicarlo. Así deberían ocurrir con todas las cosas. Que las cosas tuvieran algo de todos y que no pertenecieran a nadie.
Que Borges es un magnífico urdidor de sonetos creo que ya se conoce de sobra, pero, para quien no lo sepa, aquí le queda una buena muestra. Dejo aquí cinco sonetos que representan, por este orden, a las personas, los animales, las cosas, al universo y a sí mismo: es decir, a Borges y al otro, al otro Borges o al auténtico Borges, eso será algo que habrá que descifrar. Los poemas van acompañados al final de una escueta reseña biográfica que elaboré en su día a partir de declaraciones en entrevistas. CAMDEN, 1892 El olor del café y de los periódicos. El domingo y su tedio. La mañana y en la entrevista página esa vana publicación de versos alegóricos de un colega feliz. El hombre viejo está postrado y blanco en su decente habitación de pobre. Ociosamente mira su cara en el cansado espejo. Piensa, ya sin asombro, que esa cara es él. La distraída mano toca la turbia barba y la saqueada boca. No está lejos el ...

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