Se deja aquí una reseña biográfica
sucinta de Lord Byron, nacido el 22 de enero de 1788 y muerto el 19 de abril de 1824; en su momento ya se completará con más detalle. Y es que Lord Byron representa
ese tipo de escritor cuya vida llega a alcanzar mayor tamaño que su obra. Nacido
en Escocia, de alta alcurnia por las dos ramas, su padre, que fue un famoso
marino y explorador dejó huérfano a Byron cuando éste tenía tan sólo tres años,
después de haber dilapidado la fortuna de la madre -rica heredera de
ascendencia real- en lances de juego y en una vida disipada. Su madre,
irascible y alcohólica, se tuvo que contentar con un renta modesta y se llevó al
niño a Aberdeen para educarlo a su gusto. Byron, que de niño era enfermizo y de
complexión débil, fue enviado a las montañas de Escocia a fin de que se
robusteciera. A Los 10 años, en 1798, tuvo la fortuna de heredar el título de Lord
tras la muerte de su tío y un pariente conde los acogió en su casa, mejorando
su educación y su fortuna. Cuando ya en su mayoría de edad tomó posesión de su
puesto en el parlamento adquirió pronto protagonismo en las filas del partido
liberal. Escribió un primer libro de poesías, “Horas de ocio, que obtuvo
algunas malas críticas, lo que le llevó a tomar venganza más tarde escribiendo
otro libro satírico en el que ajustaba cuentas con los quienes le censuraron. Comenzó
entonces una carrera por sorber lo más rápidamente posible los tragos de la
vida y adquirió pronto fama de conquistador de mujeres, famoso por sus
fanfarronerías de tono sexual que comenzaron a escandalizar a la sociedad de su
época. En torno a 1810 emprendió con un amigo un viaje por Europa y parte de
Asia menor y de ahí data el primer contacto con Grecia, además de pasearse por
España y Portugal. A su regreso a Londres publicó en 1812 los Cantos de Childe
Harold, en los que describe parte de sus experiencias en Grecia, en un tono en
que se mezcla a Werther con Walter Scott. Fruto de lo que vivió en ese primer
viaje son los poemarios publicados en los años siguientes, entre los que
destacan “El Corsario” (1814). En 1815, un poco ya harto de sus francachelas y de
la vida libertina, con escándalos que levantaron ecos de sociedad, decide
contraer matrimonio con la hija de un baronet, pero la incompatibilidad de caracteres
lo hace fracasar en menos de un año y acaba en divorcio. Una publicación sobre
su matrimonio y su divorcio titulada “Adiós a su mujer” en la que confiesa sus
faltas y sus vicios acaban escandalizando aún más a la opinión publica, que lo
obliga a abandonar su patria para siempre el 23 de abril de 1816. Mientras pone
rumbo a Suiza para residir a orillas del lago Lemán, se organiza en la prensa
una campaña de libelos en su contra aireando vicios y comparándolo con Nerón,
Heliogábalo o Calígula. En Ginebra frecuentó el trato de Shelley y de su
esposa, y juntos surcaron a menudo el famoso lago, dispensando en su recuerdo
gran parte de sus mejores momentos. Parte de estas impresiones serán volcadas
en los nuevos cantos de Childe Harold. Viaja por Berna y luego se desplaza a
Italia para establecerse en Venecia hasta 1919. Allí le dedica algunas odas a
la ciudad e inicia el primer canto de Don Juan, la obra que más fama acabaría
dándole. También conoció en Venecia al gran amor de su vida, Teresa Guiccioli,
joven de diez y seis años que estaba casada con un anciano conde. La siguió
hasta Ravena, la asedió, se complicó en episodios novelescos hasta que el conde
se hartó y tramitó el divorcio. En Ravena, además de componer algunos cantos
más de su Don Juan, compuso “Caín”, que a juicio de José María Valverde es su
obra más lograda y que sirvió de modelo para Unamuno en la composición de su
novela “Abel Sánchez”. En Italia participó en intrigas revolucionarias junto a
los carbonarios y la familia de los Gamba, teniendo el poeta que refugiarse en
Pisa por las persecuciones y más tarde, hostigado por la policía austriaca se
vio obligado a huir a Génova en el verano de 1822. Allí permaneció un año y
siguió componiendo nuevas piezas y libros de poemas, y nuevos cantos para su
Don Juan, que no acababa de concluir. Cansado de su vida errante decide acudir
en socorro de los griegos y de su lucha por la independencia y se embarca junto
con otros amigos hacia Grecia a finales de julio de 1823. Iba además con un
cargamento de oro y armas que había ido acumulando con las contribuciones de
los filohelenos de una buena parte de Europa. Su fama le había precedido y a su
llegada fue recibido como un auténtico libertador. Se dirigió pronto a
Missolonghi, amenazada por los turcos y llegó en enero de 1824. Trató de
humanizar la guerra entre turcos y griegos, quiso acabar con las rivalidades
entre los propios griegos haciendo labores de mediación, e incluso levantó a sus expensas un batallón de 500 suliotas
-utilizó parte de su fortuna personal para pagarles-, a cuyo frente se proponía
tomar el castillo de Lepanto, la única fortaleza de la Grecia occidental en
poder de los turcos. Para ello contaba con la ayuda de un cuerpo de 2.500 griegos
y una batería de voluntarios ingleses, pero la empresa se atascó por las
discordias intestinas entre los propios griegos. En medio de las preocupaciones
por el devenir de la guerra, se le volvió a despertar una fiebre que había contraído
durante su viaje de 1811, en parte debido al aire malsano que rodeaba a los
pantanos de la región. Ya bastante enfermo, el 10 de abril de 1824 hizo una
salida a caballo, le sorprendió una fuerte lluvia y ya no se recuperó hasta su
muerte, acaecida diez días después a causa de una inflamación cerebral.
ESTROFAS PARA PONERLE MÚSICA
I
Dicen que la esperanza es felicidad;
Pero el amor genuino debe apreciar el
pasado,
Y la memoria despierta los
pensamientos que bendicen:
Fueron los primeros en surgir y los
últimos en desaparecer;
II
Y todo lo que la memoria más quiere
Una vez fue nuestra única esperanza
de ser,
Y todo lo que la esperanza adoró y
perdió
Ya se ha convertido en memoria.
III
¡Ay! Todo es delusorio:
El porvenir nos defrauda desde lejos,
No podemos ser lo que recordamos,
Ni nos atrevemos a pensar en lo que
somos.
ENTONCES YA NO VAGAREMOS MÁS
I
Entonces ya no vagaremos más
Tan tarde por la noche,
Aunque el corazón siga tan amante,
Y siga tan clara la luna.
II
Pues la espada dura más que la vaina,
Y el alma agota el pecho,
Y el corazón tiene que detenerse y
respirar
El mismo amor tener descanso.
III
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y el día regresa demasiado pronto,
Aún así, ya no vagaremos más
Bajo la luz de la luna.
Venecia, 1817
EN ESTE DÍA COMPLETO MI TRIGÉISIMO
SEXTO AÑO
Missolonghi,
22 de enero de 1824
Hora es que este corazón ya no se
conmueva,
Como otros, ha dejado de moverse:
Aún así, aunque no pueda ser amado,
¡dejadme al menos que ame!
Mis días tienen ya hojas amarillas;
Idas las flores y los frutos;
El gusano, el cancro, y el dolor
¡son solo míos!
El fuego que de mi pecho hace presa,
Es solitario como volcánica isla;
Ninguna antorcha se enciende con su
llama:
Una pira mortuoria.
La esperanza, el miedo, el celoso
afecto,
La exaltada parte del dolor
Y la fuerza del amor, no puedo
compartir
Aunque desgastan la cadena.
Pero no es así y no es aquí,
Tales pensamientos estremeceríanme el
alma,
Ni ahora, cuando la gloria
engalana el féretro
Del héroe o ciñe su frente.
¡La espada, el estandarte y el campo,
La gloria y Grecia a mi alrededor
veo!
El espartano, caído sobre su escudo,
No fue más libre.
¡Despierta! (No Grecia: ¡ella está
despierta!
¡Despierta, espíritu mío! Piensa
mediante quién
La sangre de tu vida rastrea su lago
paterno
¡y luego vuelve a casa!
Sigue a esas pasiones que reviven,
¡indigna humanidad!, para ti
¡indiferente debiera ser la sonrisa
O el ceño de la belleza.
Si tu lamentas tu juventud. ¿por qué
vives?
La tierra de la muerte honorable
Es ésta: ¡ve hacia el campo y entrega
Allí tu aliento!
Busca la tumba del soldado, menos
Buscada a menudo que hallada, para ti
la mejor;
Luego mira alrededor y escoge el
sitio,
Y toma tu descanso.

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