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EFÍMEROS Y BREVES 5. Dámaso Alonso (36 años de su muerte)

 


Nace el 22 de octubre de 1898 en Madrid. Su padre es ingeniero de minas. Parte de su infancia transcurre en Ribadeo (Lugo), de donde es oriunda su familia. Estudia el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Chamartín. En 1916 quiere ingresar en la escuela de caminos, pero tiene que dejarlo por un grave problema de vista. Desde 1917 sigue por libre los cursos de derecho, que aprobará en sucesivas convocatorias. Reside durante dos años en la Universidad María Cristina de los agustinos de San Lorenzo del Escorial. Se matricula como alumno oficial de la facultad de Filosofía y Letras, donde es discípulo de Menéndez Pidal. En 1921 se licencia y publica su primer libro de versos: "Poemas puros. Poemillas de la ciudad". Al año siguiente ejerce como lector de español en la Universidad de Berlín, donde permanece dos años. De 1923 a 1925 es profesor en Cambridge y traba amistad con Pedro Salinas. Por estas fechas desarrolla una intensa actividad filológica. Colabora en el Centro de estudios históricos y en la "Revista de filología española".

 

Cuando vuelve a Madrid en 1925 entra en contacto con los jóvenes poetas de su generación. En 1927 participa en el homenaje a Góngora. Al año siguiente alcanza el grado de doctor y vuelve a Cambridge. En 1929 se casa con la novelista Eulalia galvarriato. Entre este año y 1933 da cursos de Literatura española en la Universidad de Stanford (California), en el Hunter College de Nueva York y en Oxford. A su regreso gana por oposición la cátedra de lengua y literatura españolas de la Universidad de Valencia. En 1935 imparte docencia en la Universidad de Leipzig.

 

Pasa la guerra en la capital valenciana. Colabora en la revista "Hora de España. En 1939 ocupa en Madrid la cátedra de filología románica que ha dejado vacante Menéndez Pidal al jubilarse. Ya siempre vivirá en su casa de Chamartín.

 

Se dedica intensamente a sus tareas académicas y a su producción ensayística y poética. La aparición de hijos de la ira en 1944 constituye un hito decisivo en su carrera. En 1945 es elegido miembro de la Real Academia Española en la que ingresará en 1948. Viaja como conferenciante por tierras hispanoamericanas. Desde 1949 dirige la Revista de Filología española y la "Biblioteca románica hispánica" de la editorial Gredos al año siguiente. Es profesor visitante de Yale, John Hopkins, Harvard... Su fama internacional lo vincula a numerosas instituciones; obtiene grados honoríficos en varias universidades.

 

En 1960 se le concede el premio March por el conjunto de su labor ensayística. En 1968, ya jubilado, se le nombra director de la Academia, cargo al que renunciará en 1982. En 1969 imparte cursos en la Universidad de Massachussets. Como colofón de su carrera es galardonado con el premio Cervantes en 1978. Muere el 25 de enero de 1990.

 

Dámaso Alonso comienza escribiendo sus primeros poemas bajo la impronta del modernismo de Ruben Darío. Pero en su primer libro publicado en 1921, "Poemas puros", ya se siente la influencia de Machado y Jiménez.  Las tendencias vanguardistas de estos años no se avenían con su personalidad creadora. No logró expresarse en libertad hasta lo que Dámaso Alonso definió como "la terrible sacudida de la guerra española". En "oscura noticia", en 1942, irrumpe el ansia de bucear en los misterios de la muerte y de la vida, y se introduce en el tema religioso, que será una constante en su obra.

 

La angustia ante la incertidumbre del destino del hombre estalla en una obra violentamente imprecatoria y apocalíptica: "Hijos de la ira", 1944. El tono de protesta que alienta en estas páginas no es sólo social o existencial. Se alza también literariamente contra el garcilasismo -cultiva el verso libre, contra la poesía pura. Se acumulan impureza y toda clase de léxico - y contra el irracionalismo surrealista. Más allá de la crítica social implícita en el libro, su protesta tiene acentos existenciales: se dirige contra el sufrimiento inherente a la condición humana. También contra la injusticia y la deshumanización de un mundo hostil, colocándose en el lugar de los desamparados.

 

Dámaso Alonso eligió para su libro el verso libre, con gran oscilación silábica bajo la que subyace una gran regularidad basada en el heptasílabo y el endecasílabo. Es un libro que oscila también entre el monólogo y el diálogo, a menudo interpretando a Dios. Se da a la vez un contraste entre las expresiones vulgares y el rico repertorio de imágenes que a veces se condensa en símbolos. Las constantes reiteraciones y estructuras paralelísticas dan a sus versos un aire de salmodia: resuenan, sin duda, los ecos de la biblia.

 

Loa años pasado en EEUU le deparan una serenidad en la que madura "Hombre y Dios", 1955. El poeta prosigue sus meditaciones existenciales, pero la criatura humana ya puede librarse de la indigencia amparado en la imagen de Dios. Su tono ahora es más optimista, pues la angustia humana es algo que no tiene solución, pero sí se puede intentar un acercamiento a Dios.

 

Pocos poemas son los que escribe a partir de esta fecha, ya volcado en su labor de filólogo. Hay que destacar "Duda y amor sobre el Ser supremo", 1985, donde continúa profundizando la temática religiosa. Como ensayista en el campo de la filología son célebres sus estudios sobre la poesía de San Juan de la Cruz y de Góngora. Como director de la academia de la lengua su mayor aportación fue su esfuerzo por implicar en una tarea común al resto de Academias americanas.




INSOMNIO

 

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres

(según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo

en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,

o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán,

ladrando como un perro enfurecido,

fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios,

preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad

de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,

las tristes azucenas letales de tus noches?

                                                   ("Hijos de la ira", 1944)

 

 

HOMBRE Y DIOS

 

Hombre es amor. Hombre es un haz, un centro

donde se anuda el mundo. Si Hombre falla

otra vez el vacío y la batalla

del primer caos y el Dios que grita «¡Entro!»

 

Hombre es amor, y Dios habita dentro

de ese pecho y profundo, en él se acalla;

con esos ojos fisga, tras la valla,

su creación, atónitos de encuentro.

 

Amor-Hombre, total rijo sistema

yo (mi Universo). ¡Oh Dios, no me aniquiles

tú, flor inmensa que en mi insomnio creces!

 

Yo soy tu centro para ti, tu tema

de hondo rumiar, tu estancia y tus pensiles.

Si me deshago, tú desapareces.

                                                  ("Hombre y Dios", 1955)


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