Dejo aquí, como homenaje a Edgar
Allan Poe en el 217 aniversario de su nacimiento, uno de sus poemas más
conocidos, Annabel Lee. Versión bilingüe y traducido por Arturo Sánchez. El vídeo que encabeza esta entrada corresponde a una canción de "Radio Futura", inspirada en el poema de Poe y con el mismo título.
En su "Filosofía de la
composición" Poe aseveró que el tema melancólico más universal es el de la
muerte, algo tan obvio, una vez pensado, que es imposible no estar de acuerdo.
Poe, que pensaba más deprisa y más profundo que la mayoría y le gustaba ir más
lejos y ser más osado que nadie, avanzo en su razonamiento y llegó a la
conclusión de que el momento en que este tema gana en melancolía y en lirismo
es cuando se alía con la belleza. Incluso Rilke coincide con Poe y se atreve a
ir más lejos cuando define, en Elegía de Duino, a la misma belleza como el
comienzo de lo terrible -que apenas podemos soportar-. Poe concreta lo que
afirma y concluye que la muerte de una bella mujer es el tema más poético del
mundo. Cuando quien expresa esta pérdida es el mismo amante, el lirismo llega a
su culmen, la forma se adecúa con el fondo y es como si una gran idea platónica
que aglomerase la muerte y la belleza se pusiera a revelarnos su esencia. Lo
bello es terrible porque expresando el más alto valor de la vida está amenazado
por la caducidad y la muerte y sólo se es capaz de expresar eficientemente la
belleza cuando se la sitúa en esta precariedad.
Poe, que conocía bien todos los tópicos,
por ser gran poeta y genio, más que por ser dado a ellos, utiliza en este poema
todo el arsenal de tópicos relacionados con la idea de la belleza, de la muerte
y de la pérdida del objeto amado por parte del amante. Para ser breve, diré
sólo que se sitúa el tema del poema "in illo tempore" y en un reino
junto al mar; el mar, que viene a expresar lo infinito de ese amor; en un
reino, por tanto, aislado, un lugar idílico, una especie de paraíso perdido. Un
amor tan infinito, que era un amor más allá del amor. Todo parece ser pues
ideal en este poema. Tan ideal es el amor que ni siquiera los seres más
perfectos, los ángeles, pueden igualarlo. Es más, al ser superior a la
naturaleza angelical, lo envidian. No voy a incidir en los elementos
estratégicamente elegidos en este poema para causar el efecto requerido: en Poe
todo es genial y la elección siempre acertada. La muerte viene con envidia,
inopinadamente, como un viento súbito desde una nube y hiela, es decir,
petrifica la vida, la embalsama. Para un amor que es más fuerte que el amor,
que va más allá del amor y que, por tanto, es inexpresable en términos
mundanos, se requiere la mayor hipérbole posible y el tópico más desmesurado:
amor constante más allá de la muerte. Para expresar un alma que no se separa de
otra alma, hay que figurarlo por medio de un cuerpo que no se separa de otro
cuerpo. En este caso de un cuerpo que no se separa del cadáver o de su
sepulcro, que es fiel al cuerpo abandonado velándolo en su recinto, en su
tumba, en el cementerio. Si hay un cliché romántico en la poesía, desde Novalis
a Cadalso, es esta imagen del poeta que transido de dolor no logra apartarse de
su desgracia y permanece fiel a su memoria al lado de la tumba de la amada.
Todo en la noche del alma le recuerda al amante su pérdida. Las estrellas y la
luna cuando brillan en la noche, brillan con la misma conmovedora fuerza con
que brilla la imagen de la amada en el alma del amante. El amante permanece así
fiel al recuerdo de la amada con las evocaciones que le trae la noche, permanece
fiel y amarrado al monumento funerario que ha levantado en su memoria, en
permanente diálogo con la amada, evocado esto en el poema por medio de la
imagen del mar sonoro. En este poema, que no tiene desperdicio, el más mínimo
elemento está colocado proverbialmente en este poema para causar un efecto de
adecuación poética que da una idea de armonía y hace que comprendamos mejor el
tamaño de la pérdida y el dolor que se quiere expresar.
ANNABEL LEE
Sucedió hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar.
Allí vivía una doncella conocida
por el nombre Annabel Lee;
y esa doncella no vivía con otro pensamiento
que el de amarme y que yo la amara.
Yo era un chiquillo y ella una chiquilla,
en aquel reino junto al mar:
Pero nos amábamos con un amor que era más que amor-
mi Annabel Lee y yo-.
Con un amor que los alados serafines del cielo
nos tenían envidia.
Y éste fue el motivo por el que, hace mucho tiempo,
en aquel reino junto al mar,
un viento llegó desde una nube, helando
a mi hermosa Annabel Lee;
entonces vino aquel hidalgo pariente suyo
y la apartó de mi lado,
para encerrarla en un sepulcro
en aquel reino junto al mar.
Los ángeles que no eran tan felices en el cielo,
nos tenían envidia
- ¡Sí! -éste fue el motivo (como toda la gente sabe,
en aquel reino junto al mar)
para que el viento viniera por la noche desde la nube,
helando y matando mi Annabel Lee.
Pero el amor era mucho más fuerte que el amor
de aquellos que eran más viejos que nosotros
-de muchos que sabían más que nosotros-
y ni siquiera los ángeles allá arriba en el cielo,
ni los demonios en las profundidades del mar,
podrán nunca separar mi alma del alma
de la hermosa Annabel Lee.
Jamás brilla la luna, sin que yo sueñe
con la hermosa Annabel Lee;
jamás salen las estrellas, sin que yo sienta los
brillantes ojos
de la hermosa Annabel Lee;
y así, durante toda la noche, permanezco tendido al
lado
de mi querida, mi querida, mi vida y mi esposa,
allá en el sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar sonoro.
ANNABEL LEE
It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of ANNABEL LEE;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.
I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea;
But we loved with a love that was more than love-
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.
And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsman came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.
The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me-
Yes!- that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.
But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we-
Of many far wiser than we-
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee.
For the moon never beams without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling- my darling- my life and my bride,
In the sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.
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