Vicente Aleixandre nace en Sevilla el
26 de abril de 1898. A los dos años su padre, que es ingeniero, tiene que
trasladarse a Málaga. En el colegio conoce a Emilio Prados. Transcurren nueve
años hasta que la familia se instala definitivamente en Madrid. Cuando termina
el bachillerato, empieza a estudiar derecho e intendencia mercantil. En el
verano de 1917, en las Navas del Marqués (Avila), se produce un suceso
trascendente: descubre la poesía de la mano de Dámaso Alonso, ese “amigo de
todas las horas, seguro en toda la vicisitud”. Le acaba de prestar una
antología de Rubén Darío y con su lectura se le abre todo un mundo. Hasta
entonces sus lecturas se inclinaban exclusivamente hacia la novela. Comienza en
Navas del Marqués a escribir sus primeros versos.
Terminadas las dos carreras, entra de
profesor ayudante en la escuela de intendentes mercantiles y consigue empleo en
una compañía ferroviaria. En 1925 una grave enfermedad -tuberculosis renal-
cambia el curso de su vida. El obligado retiro en Miraflores de la Sierra
favorece su dedicación a la literatura, con una convalecencia que exige un
reposo absoluto y un estricto régimen alimentario. En una entrevista en 1964
confesaba: “Cuando ya recuperado pude haber retornado al servicio se había
operado en mí la metamorfosis de la poesía, y entonces me dediqué a ella
plenamente”.
En 1927 está ya en Madrid, en la
calle Valentonia, que a partir de 1977 cambiará su nombre por el del poeta. Va
conociendo a otros compañeros de generación y empieza a colaborar en revistas
del grupo como Litoral, Carmen, Lola… Se entrega de lleno a la tarea
creativa. Una fuerte recaída obliga a extraerle un riñón en 1932. Su carrera
sigue una trayectoria ascendente. En 1933 obtiene el premio nacional de
literatura “La destrucción o el amor”. Durante la guerra, nuevamente enfermo,
pasa gran parte del tiempo en Miraflores. Al terminar, regresa a su casa de
Valentonia, que a lo largo de muchos años se convertirá en refugio y centro de
peregrinación de los jóvenes poetas. Muertos ya sus padres, vive allí en
compañía de conche, su única hermana.
Ante la imposibilidad de buscar
nuevos horizontes, como tantos otros compañeros, se sumerge en las
profundidades del exilio interior. Luego van aquedan atrás los años en que se
ve condenado por el régimen y en 1949 es elegido miembro de la Real Academia.
Desaparece el veto que pesaba sobre él y su obra. Su precaria salud no le
impide emprende algunos viajes, dentro y fuera de España para dar conferencias.
En 1969 recibe el Premio de la Crítica y en 1977 la concesión del Nobel supone
el reconocimiento definitivo. En los últimos años se ve fuertemente aquejado
por su dolencia crónica, a la que viene a sumarse afecciones de la vista. Muere
en diciembre de 1984 a causa de una hemorragia intestinal.
Vicente Aleixandre, obligado por su
dolencia crónica, al reposo físico es hombre de extraordinaria vitalidad, que
acompasa su existir al ritmo del universo y se vuelca en el amor a la
Naturaleza, a la vida, dentro de una concepción panteísta del mundo que
trasciende la conciencia de la propia individualidad.
Dedicó buena parte de su vida al
cultivo de la amistad y de la charla cordial. Todos cuantos se acercaron a él
han subrayado la generosa hospitalidad con que abría las puertas de su cas, el
estímulo que supo dar a los jóvenes poetas hispanos, ya en amables pláticas, y
en su cartas. Cariño y gratitud son sentimientos unánimes en quienes pudieron
gozar de su afectuosa acogida. Su magisterio sobre las nuevas generaciones fue
decisivo, sobre todo a partir de la publicación de “Sombra del paraíso” (1944).
Subraya José Luis Cano, uno de sus
mejores amigos, “el humanismo de Aleixandre, que se refleja en su solidaridad y
defensa de los valores humanos, y en su actitud frente a la sociedad de su
tiempo y los problemas de su país. De formación liberal, estuvo al lado de la
causa republicana, circunstancia que le acarreó muchas sinsabores durante la
inmediata posguerra.
Se deja aquí una selección de poemas de su tercer libro, "Espadas como labios", que salió a la luz en 1932 y es representativo, junto con su libro anterior, escrito en prosa, "Pasión de la tierra", de la primera época del poeta. Cuenta Aleixandre que cuando en 1929 estaba acabando "Pasión de la tierra", sentía un gran deseo por volver a escribir otra vez en verso, entre otras cosas porque un poeta, pensaba, se define por sus versos.. Comenzó este libro en los inicios de 1930 y se acabó al año siguiente. También hace una observación Vicente Aleixandre sobre los cambios del gusto. Cuando el libro apareció, fueron los poemas más largos los que merecieron mayor atención de la crítica. Y pensaba el poeta que tal vez ya fuera superados o rebasados por los de libros posteriores.y sin embargo los breves estaban ahí, "diferentes de lo intentado después, matizados, operantes tal vez aún desde su punzante economía."
MI VOZ
He nacido una noche de verano
Entre dos pausas. Háblame: te
escucho.
He nacido. Si vieras qué agonía
Representa la luna sin esfuerzo.
He nacido. Tu nombre era la dicha;
Bajo un fulgor una esperanza, un ave.
Llegar, llegar. El mar era un latido,
El hueco de una mano, una medalla
tibia.
Entonces son posibles ya las luces,
las caricias, la piel, el horizonte,
Ese decir palabras sin sentido
Que ruedan como oídos, caracoles,
Como un lóbulo abierto que amanece
(escucha, escucha) entre la luz
pisada.
MUERTE
He acudido. Dos clavos están solos
Punta a punta. Caricia, yo te amo.
Bajo tierra los besos no esperados,
Ese silencio que es carbón, no llama.
Arder como una gruta entre las manos,
Morir sin horizonte por palabras,
Oyendo que nos llaman con los pelos.
YA ES TARDE
Viniera yo como el silencio cauto.
(No sé quién era aquel que lo decía.)
Bajo luna de nácares o fuego,
Bajo la inmensa llama o en el fondo
del frío,
En ese ojo profundo que vigila
Para evitar los labios cuando queman.
Quiero acertar, quiero decir que
siempre,
Que sobre el monte en cruz vendo la
vida,
Vendo ese azar que suple las miradas
Ignorando que el rosa ha muerto
siempre.
MEMORIA
Un bosque de veleros.
Te he preguntado si vivías.
El viaje, si vieras qué lisura
Sobre el brazo lejísimos al frente…
Horizonte, horizonte.
Te
he mentido,
Porque hay curvas. Muchas.
Escúchame. Mi nombre es azucena.
No humedezco los dientes que
pronuncian
Aunque un viento de luz cierre los
ojos,
Roce la delgadez que los defiende.
Escucha, escucha. Soy la luz perdida
Que lapidan las aguas en el fondo.
Soy tu memoria muerta por los
trópicos,
Donde peces de acero sólido te
imitan.
SILENCIO
Bajo el sollozo un jardín no mojado.
Oh pájaros, los cantos, los plumajes.
Esta lírica mano azul sin sueño.
Del tamaño de un ave, unos labios. No
escucho.
El paisaje es la risa. Dos cinturas
amándose.
Los árboles en sombra segregan voz.
Silencio.
Así repaso niebla o plata dura,
Beso en la frente lírica agua sola,
Agua de nieve, corazón o urna,
vaticinio de besos, ¡oh cabida!,
Donde ya mis oídos no escucharon
Los pasos en la arena, o luz o
sombra.
POEMA DE AMOR
Te amo sueño del viento:
Confluyes en mis dedos olvidado del
norte
En las dulces mañanas del mundo
cabeza abajo
Cuando es fácil sonreír porque la
lluvia es blanda.
En el seno de un río viajar es
delicia;
Oh peces amigos, decidme el secreto
de los ojos abiertos,
De las miradas mías que van a dar en
la mar,
Sosteniendo las quillas de los barcos lejanos.
Yo os amo, viajadores del mundo, los
que dormís sobre el agua,
Hombres que van a América en busca de
sus vestidos,
Los que dejan en la playa su desnudez
dolida
Y sobre las cubiertas del barco
atraen el rayo de la luna.
Caminar esperando es risueño, es
hermoso,
La plata y el oro no han cambiado de
fondo,
Botan sobre las ondas, sobre el lomo
escamado
Y hacen música o sueño para los pelos
más rubios.
Por el fondo de un río mi deseo se
marcha
De los pueblos innúmeros que he
tenido en las yemas,
Esas oscuridades que vestido de negro
He dejado ya lejos dibujadas en espalda.
La esperanza es la tierra, es la
mejilla,
Es un inmenso párpado donde yo sé que
existo.
¿Te acuerdas? Para el mundo he nacido
una noche
En que era suma y resta la clave de
los sueños.
Peces, árboles, piedras, corazones,
medallas,
Sobre vuestras concéntricas ondas, sí,
detenidas,
Yo me muevo y, si giro, me busco, oh
centro, oh centro,
Camino, viajadores del mundo, del
futuro existente
Más allá de los mares, en mis pulsos
que laten.
SIEMPRE
Estoy solo. Las ondas; playa,
escúchame.
De frente los delfines o la espada.
La certeza de siempre, los
no-límites.
Esta tierna cabeza no amarilla,
Esta piedra de carne que solloza.
Arena, arena, tu clamor es mío.
Por mi sombra no existes como seno.
No finjas que las velas, que la
brisa,
Que un aquilón, un viento furibundo
Va a empujar tu sonrisa hasta la
espuma,
Robándole a la sangre sus navíos.
Amor, amor, detén tu planta impura.
MADRE, MADRE
La tristeza u hoyo en la tierra,
Dulcemente cavado a fuerza de
palabra,
A fuerza de pensar en el mar,
Donde a merced de las ondas bogan
lanchas ligeras.
Ligeras como pájaros núbiles,
Amorosas como guarismos,
Como ese afán postrero de besar a la orilla,
O estampa dolorida de uno solo, o pie
errado.
La tristeza como un pozo en el agua,
Pozo seco que ahonda el respiro de
arena,
Pozo. -Madre, ¿me escuchas?: eres un
dulce espejo
Donde una gaviota siente calor o
pluma.
Madre, madre, te llamo;
Espejo mío silente,
Dulce sonrisa abierta como un vidrio
cortado.
Madre, madre, esta herida, esta mano
tocada,
Madre, en un pozo abierto en el pecho
o extravío.
La tristeza no siempre acaba en una
flor,
Ni esta puede crecer hasta alcanzar
el aire,
Surtir. -Madre, ¿me escuchas? Soy yo
que como alambre
Tengo mi corazón amoroso aquí fuera.
DESIERTO
Lumen, lumen. Me llega cuando nacen
Luces o sombras, revelación. Viva.
Ese camino, esa ilusión es neta.
Pasión que sueña que la muerte
miente.
Muerte, oh vida, te adoro por
espanto,
Porque existes en forma de culata.
Donde no se respira. El frío sueña
Con estampido eternidad. La vida
Es un instante
Justo para decir María. Silencio.
Una blancura, un rojo que no nace,
Ese roce de besos bajo el agua.
Una orilla impasible donde rompen
Cuerpos u ondas, mares, o la frente.
REPOSO
Una tristeza del t amaño de un
pájaro.
Un año limpio, una oquedad, un siglo.
Este pasar despacio sin sonido,
Esperando el gemido de lo oscuro.
Oh tú, mármol de carne soberana.
Resplandor que traspasas los
encantos,
Partiendo en dos la piedra derribada.
Oh sangre, oh sangre, oh ese reloj
que pulsa
Los cardos cuando crecen, cuando
arañan
Las gargantas partidas por el beso.
Oh esa luz sin espinas que acaricia
La postrer ignorancia que es la
muerte.
SIN RUIDO
Yo no sé si me has comprendido.
Es mucho más triste de lo que tú
supones.
Esta música, sapiencia del oído;
No me interrumpas sin amor, que
muero.
Voy a vivir, no cantes, voy, estaba.
Una lámina fina de quietud.
Así se sabe que la idea es carne,
Una gota de sangre sobre el césped.
No respiréis, no mancho con mi
sombra.
Un navío, me voy, adiós, el cielo.
Hielo de sangre, sangre que soporta.
Nave de albura. Adiós. Viaje.
Extinguido.
INSTANTE
Mira mis ojos. Vencen el sonido.
Escucha mi dolor como una luna.
Así rondando plata en tu garganta
Duerme o duele.
O se ignora.
O se disuelve.
Forma. Clamor. Oh, cállate. Soy eso.
Soy pensamiento o noche contenida.
Bajo tu piel un sueño no se marcha,
un paisaje de corzas suspendido.
TEMPESTAD ARRIBA
Remota sensación de tempestades;
Sedosa exploración la ternura
Rompe telillas de arañas mientras el
rayo
Busca cabellos lúcidos por los que
descargar de sí mismo.
Pero aquí abajo la seda es reposo,
Suavidad, entretiempo, palabra entre
dos labios;
Puede el rayo ser acaso esqueleto,
Pero la carne mórbida es una lancha
amable.
Abajo, aquí, ¿adónde?, bogando entre
dos ruidos,
Sin reparar en el granillo de arena,
En ese dolor de la vista que mira a
poniente
Escocido y presintiendo el mar que
aspira.
La luz fría;
He dicho un reloj o majestad pausada,
He dicho un ramo de violetas o de
trenzas,
He dicho lo que vengo diciendo, he
dicho un filo
Sobre el que dormir con riesgo.
Mantas con alas se van: desnudo frío;
Se van y tiran de las flores;
Arriba ya nubes sin aroma desfilan ya
cristal,
Flores de piso huidas, pies desnudos.
PLAYA IGNORANTE
Entrar sin música en el mar; vengo
del mundo,
Del mundo o del agotamiento.
No pido espinas ni firmeza; arenas,
ignoradme.
Vengo soltando música por los talones
verdes;
Algas del mar, no agitéis vuestros
odios,
No adormezcáis la onda hecha un lecho
de luna
Donde yo me distienda olvidando mi
peso.
Combatido por la más pura batalla de
las uñas,
Entre un remolino de pelos que me
quiere alzar hasta un ojo divino,
No busco cielos ni turquesas, ni esa
rotundidad inviolable
Contra la que nada puede el alto
grito.
Estoy sentado y humedecido mecido por
mis calores
Y las aguas traspasan mis oídos traslúcidos.
No aprenderé las palabras que me
están rozando,
No desliaré mi lengua de debajo de
mis pisadas.
Pienso seguir así hasta que el agua
se alce,
Hasta que mi piel desprendida deje
sueltos los ríos.
Oh mares que se suceden contra mi
cuerpo inmovible,
Peces espadas y ojos que queman bajo
las aguas,
Si canto pareceré la marea esperada
Y asomaré a la playa con la timidez
de la espuma.
BLANCURA
Espina tú, oído blanco.
Mundo, mundo,
Inmensidad del cielo, calor, remotas
tempestades.
Universo tocado con la yema
Donde una herida abierta
Ayer fue abeja, hoy rosa, ayer lo
inseparable.
Soy tú rodando entre otros velos,
Silencio o claridad, tierra o los
astros;
Soy tú yo mismo, yo, soy tú, yo mío,
Entre vuelo de mundo bajo el frío,
Tiritando en lo blanco que no habla,
Separado de mí como un cuchillo
Que separa dos rosas cuando nieva.
DONDE NI UNA GOTA DE TRISTEZA ES
PECADO
Allá En los montes otros,
Cuerpo perdido, mares retirados;
Allá en los montes otros,
Donde ni una pena pequeña o engendrada
Se lamenta como un hilo blanco,
Como la brisa o barco derivando.
Allá por las serenas
Luces de más allá, más todavía,
Por donde los navíos como rostros
Dulcemente contraídos no llevan su
pasaje,
Pero resbalan mudos
Hasta dar en lo opaco como lienzos.
Todos dormidos,
Mares, túneles, vientres y cadenas,
Todos respirando despacio
Una tinta emitida por una boca
triste,
Todos echando luz o pena como lana,
Todos aquí besando el cristal mágico.
Como leche extendida,
Como zozobra que se aplaca,
Como empañado espejo que no es ojo
Porque como está gris el humo es
suyo,
Todos piedras redondas como cielo
Descansan su destino tibiamente.
Adiós. Ruedan las dichas,
Ruedan penas de hierba sosegada,
Ese rumor blandura o esperanza,
Crepitan ya los ayes amarillos
Que bajo el pie son aguas como
espejos.
Inauguran festejos las espinas
Que en silencio desfilan sin herirse,
Estallan los contactos al pasaje
Bajo nubes rizadas como adioses.
Adiós.
Bajo las sombras,
Por entre las ruinas y los pechos,
Tropezando en esquinas o en latidos,
Sombra, luna, pavor velando pasan,
Mundo
(adiós)
Trasladado
(amor)
Remoto.

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