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EFÍMEROS Y BREVES 34. Quince aforismos de Arthur Schopenhauer (1788-1860) en el 238 aniversario de su nacimiento.


 

Arthur Schopenhauer nace el 22 de febrero 1788 en Danzig, hijo del comerciante Heinrich Schopenhauer y de su mujer Johanna, pero por motivos de trabajo del padre enseguida se traslada con su familia a Hamburgo. A la edad de quince años Arthur comienza a iniciarse en el oficio de comerciante, tal como deseaba su padre, que desconfiaba de la mente poco práctica de su hijo. A cambio de renunciar a una carrera universitaria poco lucrativa se le compensa a cambio con un viaje por Europa en compañía de sus padres. Ese viaje de más de un año de duración por Holanda, Inglaterra, Francia, Suiza, Austria le va a convertir en un gentleman con un enorme bagaje cultural, lleno de experiencias y ya versado en el idioma inglés. En 1805, un año después de finalizar el viaje, su padre se suicida. Mientras Schopenhauer sigue su aprendizaje con un mercader en Hamburgo, Johanna disuelve el negocio y se traslada a Weimar junto con su hija Adele. Organiza unas veladas de té en su salón que se hacen célebres y comienza en 1806 su amistad con Goethe, de la que más tarde se beneficiará el hijo. En 1807 interrumpe la carrera de comercio, abandona Hamburgo y acude al instituto de Gotha con el fin de prepararse para su ingreso. Pero a consecuencia de un poema satírico va a ser expulsado y decide hospedarse en Weimar aunque sin residir domicilio materno. En 1809 inicia sus estudios universitarios en Gotinga donde permanece dos años enfrascado en las Ciencias de la naturaleza, en Platón y en Kant. En esta época comienza a interesarse por la cultura oriental; en la filosofía india y en el budismo encontrará una visión del mundo que sintonizará con la que le va a proporcionar su marcado carácter pesimista. En 1811 visita Weimar y le confiesa a Christoph Wieland que “la vida es un asunto deplorable” y que se propone pasar la suya reflexionando sobre ese tema. Ese mismo año ingresa en la Universidad de Berlín y asiste a las clases de Fichte, pero sus enseñanzas le parecen superficiales y frívolas. Allí permanece dos años hasta que la amenaza de la guerra le lleva a refugiarse en Weimar hasta que uno de los muchos altercados que mantiene con su madre le hace retirarse a la vecina ciudad de Rudolstadt. Allí concluye en cuatro meses su tesis doctoral “Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente”. Este mismo año, 1813, inicia las primeras conversaciones con Goethe acerca de doctrina de los colores, de importancia para Schopenhauer que también publicará su libro sobre el tema, estimulado por él. Al año siguiente una fuerte desavenencia con su madre hace que por fin rompa con ella para siempre y decide mudarse a la ciudad de Dresde, donde pasará cuatro años. En 1815 comienza a bosquejar lo que será su gran libro “El mundo como voluntad y representación”, que al fin conseguirá publicar en 1819, coincidiendo con un viaje por Italia (Florencia, Venecia, Napoles Venecia) que ha de abortar como consecuencia de una crisis financiera en la familia a raíz de la quiebra de la banca donde tenía invertido su dinero. La constatación de que su libro había pasado desapercibido y era un fracaso le produjo una gran decepción, lo que unido a su falta de solvencia económica le obliga a solicitar una plaza de docente en la Universidad de Berlín, donde es admitido. Es conocida la perplejidad expresada por el filósofo al darse cuenta de que mientras su aula permanecía casi desierta la de Hegel, que en ese momento estaba en su apogeo y a quien no tenía en gran consideración, permanecía siempre rebosando de estudiantes que se agolpaban para escucharlo. Comienza entonces un periodo de diez años en que se hace itinerante. En 1822-25 visita de nuevo Italia; desde 1826 a 1827 reside en Munich, posteriormente en Dresde y en 1831, después de nuevas tentativas de enseñar en la Universidad -saldada con el mismo fracaso previo-, abandona definitivamente Berlín, huyendo de una epidemia de cólera, y se instala en Frankfurt, donde pasará el resto de su vida. En 1835 publica “Sobre la voluntad en la naturaleza, y en 1839, un año después de fallecer su madre, recibe el premio de la academia noruega con su obra “Sobre la libertad de la voluntad humana”. En 1844 publica un tomo complementario de su obra “El mundo como voluntad y como representación” y una segunda edición del primero. Finalmente, con sus “Parerga y paralipomena” logra que el gran público se fije en su labor filosófica y obtiene el éxito y la acogida que había perseguido desde joven. El libro es un conjunto de escritos redactados en forma amena y accesible al estilo de los moralistas de siglos anteriores y, tanto por su forma como por su fondo, ha sido la obra que más a contribuido a difundir su concepción del mundo. En 1860, un año después de que apareciese la tercera edición de “El mundo como voluntad y representación, fallece de manera repentina mientras se encontraba desayunando en su mesa de trabajo en Frankfurt. Era el 21 de septiembre y tenía 72 años.

 

AFORISMOS

 

Toda nuestra vida es una continua lucha contra obstáculos que al final obtienen el triunfo.

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¿Por qué huye un animal, temblando y temeroso? ¡Porque es pura voluntad de vivir, sabe que está entregado a la muerte y quiere ganar tiempo!

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Todos buscan el porqué en vez de considerar el qué; aspiran a lo lejano en vez de tomar lo cercano; se dirigen hacia fuera en todas direcciones en vez de ir hacia sí mismos, donde todo enigma se resuelve.

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Lo que repugna al corazón tampoco agrada a la cabeza.

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Toda exaltación de espíritu se cura con buen juicio; toda alegría y todo dolor desmesurados tienen siempre como base una ilusión, un engaño.

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Un deseo cumplido es como una limosna que recibe el mendigo: hoy le sirve, pero mañana se sentirá de nuevo hambriento. Sin embargo, la resignación es como una generosa herencia, pues libra para siempre a su propietario de toda preocupación.

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Los hombres que luchan por una vida feliz, brillante y larga en vez de por una vida virtuosa son como insensatos actores que siempre desean representar deslumbrantes, largos y victoriosos papeles, porque no comprenden que el asunto no consiste en qué o cuánto interpretan, sino en cómo lo hacen.

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Sólo es auténticamente feliz quien, en la vida no quiere la vida, es decir, quien no ambiciona sus bienes. Así la carga se vuelve ligera. Imagínese un peso que descansa sobre apoyos, y a un hombre agazapado en cuclillas bajo él. Si se levanta e intenta sostenerlo, el peso se le vendrá encima: si se aparta de él y se recoge en sí mismo, no sostendrá nada y se sentirá ligero.

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Así como no sentimos el peso de nuestro propio cuerpo, sino sólo el de los cuerpos extraños que deseamos mover, tampoco notamos nuestros propios vicios y faltas, aunque sí los ajenos.

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Que uno tenga más o menos razones para buscar o rehuir la compañía depende de si teme más el aburrimiento o la amargura.

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Para reconocer y admitir valor en los otros, uno debe tener algún en sí mismo.

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El gran público cree que con los libros sucede como con los huevos: hay que disfrutarlos cuando están aún frescos; de ahí que siempre se busque lo nuevo.

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No hay mayor felicidad que la de tener buena relación consigo mismo y poder prescindir de la sociedad, pues todo mal surge de la sociedad. “Es un insociable”, dirán, “Es un hombre de grandes cualidades”.

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El mundo no es más que el infierno, y los hombres son, por un lado, las almas atormentadas, y por otro, los demonios.

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El mundo mismo es el juicio final y todo lo que tiene vida debe expiar su existencia, primero en la vida y luego en la muerte.


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