EFÍMEROS 52. Un texto del filósofo George Berkeley (1685- 1753) en el 341 aniversario de su nacimiento: "La mente es un conjunto de percepciones"
Aunque siguió escribiendo muchos años
después de abandonar el Trinity College de Dublín, fue durante su permanencia
allí cuando escribió las obras por las que hoy es famoso. Su primer trabajo,
“Ensayo de una nueva teoría de la visión” apareció en 1709, cuando contaba
veinticuatro años; es un tratado tanto de psicología experimental como de
filosofía y en él trata principalmente acerca de cómo percibimos con la vista
la distancia, tamaño y posición de los objetos. Al año siguiente, en 1710,
publicó “Tratado sobre los principios del conocimiento humano”, el más
importante de los escritos de Berkeley y que contiene la exposición más
completa de la posición filosófica que siempre sostendría. En 1713 publicó
“Tres diálogos entre Hylas y Philonous”, exposición más popular de su punto de
vista en la que Philonous (cuyo nombre significa ‘Amante de la mente’) vence en
el debate y convence a Hylas (‘materia”), el materialista. En 1720 publicó en
latín su ensayo “De Motu” (Sobre el movimiento), el planteamiento más
detallado, con mucho, que poseemos sobre el punto de vista de Berkeley sobre el
carácter de las ciencias naturales. Después de escribir los tres diálogos pidió
permiso para abandonar Dublín y se dirigió a Londres donde se ganó la vida como
profesor. Allí conoció a las principales figuras literarias de la época, a Pope,
a Addison y a Swift. Sin embargo, desde el punto de vista filosófico fue
ridiculizado y sus argumentos en contra de la existencia de la materia no
recibieron la acogida que él esperaba. En 1713 aprovechó la oportunidad de
convertirse en el capellán de Lord Peterborough y viajó a Francia e Italia con
él ese año. Después de otros dos años en Londres volvió a Italia en 1716 en un
largo viaje que duraría hasta 1720. En 1721 volvió a Dublín y recibió el título
de doctor en Teología. En 1725 se
embarcó en un proyecto de fundar una escuela en las islas Bermudas para los
misioneros de las colonias y en 1728, habiéndose casado, tomó un barco con destino a América. Tomó tierra en Newport y allí construyó una casa que aún se conserva.
En 1732 Berkeley, que veía sus proyectos filantrópicos frustrarse, se vio
obligado a volver a Inglaterra sin poner los pies en las Bermudas. En 1734 fue
elegido obispo de Cloyne en el sur de Irlanda. En esa diócesis vivió con fama
de obispo concienzudo hasta su muerte en 1753.
Como filósofo, Berkeley es un
empirista radical: la materia le resulta ininteligible y carece de sentido. Los
objetos del conocimiento sólo pueden ser las ideas impresas en los sentidos (o
las pasiones o las ideas formadas por la memoria y la imaginación) pero nunca
un presunto mundo exterior fundado en un sustrato material. La experiencia nos
proporciona todos los objetos del pensamiento y sólo podemos conocer lo que
hayamos experimentado. Su crítica empirista se dirige especialmente contra las
cualidades primarias de las cosas señaladas por Locke (extensión, forma, movimiento). Uno no puede ni percibir
ni imaginar algo que solo tenga cualidades primarias, pero así es como era
pintada la materia por Locke. La materia no puede ser objeto de nuestra mente,
es impensable. Únicamente le podemos adjudicar un significado a la palabra que
la nombra. Berkeley cree que es posible dar una explicación satisfactoria del
mundo sin que nada sustituya a la hipótesis de la materia. La materia no la
podemos ni imaginar ni observar y afirmó que invocar ideas abstractas como medio de
pensar en lo inimaginable es absurdo.
En una conocida exposición de su
doctrina, Berkeley decía que existir es o bien percibir (percipere), lo que da
lugar a la existencia de los espíritus o bien ser percibido (percipi) lo que da
lugar a la existencia de lo inanimado, las ideas. Estas ideas percibidas son
objetos de la mente que no tienen existencia independiente de ella; de manera
que el mundo es, en última instancia, espiritual, nada hay aparte de las mentes
y sus contenidos.
En un breve ensayo sobre Berkeley,
Borges escribió: “La perceptibilidad es el ser de las cosas: sólo existen las
cosas en cuanto son advertidas: sobre esa perogrullada genial estriba y se
encumbra la ilustre fábrica del sistema de Berkeley, con esa escasa fórmula
conjura los embustes del dualismo y nos descubre que la realidad no es un
acertijo lejano, huraño y trabajosamente descifrable, sino una cercanía íntima,
fácil y de todos lados abierta.”
“La propia existencia de las ideas da
lugar al alma. La conciencia, la percepción, la existencia de las ideas,
parecen ser un fenómeno único…
Consultad, escudriñad vuestro
entendimiento. ¿Qué encontráis allí aparte de distintas percepciones o
pensamientos? ¿Qué queréis decir con la palabra mente? Debéis querer decir algo
que percibís o algo que no percibís. Algo no percibido es una contradicción.
Querer decir (también) algo que no percibís es una contradicción. En esta
cuestión nos vemos extrañamente rebasados por las palabras. La mente es un
conjunto de percepciones. Eliminad las percepciones y eliminaréis la mente.
Tomad las percepciones y tendréis la mente.”
(George Berkeley. “Comentarios
filosóficos”)

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