Alda Merini fue una poeta y aforista
italiana nacida en Milán el 31 de marzo de 1931. Pronto inició su andadura
poética y publicó un libro siendo apenas una adolescente, pero también pronto
fue internada en manicomios por trastorno bipolar y, pese a su gran talento poético
y sus ganas de vivir, tuvo que pasar años apartada de sus tres hijos y de la posibilidad
de una vida genuina como escritora. Finalmente en 1977, después de la reforma psiquiátrica
realizada en Italia, pudo por fin abandonar su reclusión y dedicarse a la
poesía, que fue su verdadero don y por el que se le llegó a pedir el premio
nobel. Fue desde los primeros años de su juventud amiga de Pasolini, Quasimodo y Montale y estuvo incluida en muchas antologías de poesía de los años 50. “La presencia
de Orfeo” y “Tú eres Pedro”, fueron alguno de los títulos de obras que fue
publicando antes de su larga reclusión en sanatorios a partir de mediados de los años 60. Tras enviudar se vuelve a
casar con un joven poeta a principios de los 80 y da a la imprenta nuevos libros de poesía y de
memorias sobre sus experiencias psiquiátricas. En su país se convierte en todo
un fenómeno, es agasajada y su nombre suena para el nobel. La última
Merini se vuelve más mística y sentenciosa: publica libros de aforismos. Muere
de cáncer en Milán el 1 de noviembre de 2009.
AMÉ TIERNAMIENTE A LOS MÁS DULCES
AMANTES…
Amé tiernamente a los más dulces
amantes
sin que ellos jamás supieran nada.
Y sobre ellos tejí telas de araña
y fui presa de mi propia materia.
En mí había el alma de la meretriz,
de la santa, de la sanguinaria y de
la hipócrita.
Muchos dieron un nombre a mi modo de
vivir
y solo fui una histérica.
EL PÁJARO DE FUEGO
El pájaro de fuego
de mi mente enferma,
este gorrión gris
que vive en lo profundo
y me hace temblar
con su continuo pío
pues parece inerme,
necesitado de amor,
a veces tiene una voz
tan tierna y nueva
que bajo su triunfo
dicto el poema.
ESPACIO ESPACIO, YO QUIERO MUCHO
ESPACIO
Espacio espacio, yo quiero, mucho
espacio
para dulcísima moverme herida:
quiero espacio para cantar crecer
errar y saltar el foso
de la divina sabiduría.
Espacio denme espacio
para que yo lance un aullido inhumano
aquel grito de silencio en los años
que he tocado con la mano.
HORAS EN VANO PERDIDAS…
Horas en vano perdidas
en los jardines del manicomio,
subiendo y bajando las rejas
envenenadas por las flores,
perdidos todos en un sueño
de realidad que huía
arrojada a nuestras espaldas
por no sé cuál quimera.
Y después de un encuentro
algún enfermo sonríe
ante las fatuas fiestas.
Tiempo perdido en atropellados
pensamientos,
amontonados tras los barrotes
como golondrinas desnudas.
Entonces escuchamos sermones,
multiplicamos los peces,
allá junto al Jordán,
pero Cristo no estaba:
nos había arrancado del mundo
como una abominable maleza.
LOS POETAS TRABAJAN DE NOCHE…
Los poetas trabajan de noche
cuando el tiempo no apremia sobre
ellos,
cuando calla el ruido de la multitud
y finaliza la tortura de las horas.
Los poetas trabajan en la oscuridad
como los halcones nocturnos o los
ruiseñores
del dulcísimo canto
que temen ofender a Dios.
Pero los poetas —en su silencio—
hacen más ruido
que una dorada cúpula de estrellas.

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