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EFÍMEROS Y BREVES 67. Alda Merini (1931-2009): cinco poemas en el 95 aniversario de su nacimiento.

 


Alda Merini fue una poeta y aforista italiana nacida en Milán el 31 de marzo de 1931. Pronto inició su andadura poética y publicó un libro siendo apenas una adolescente, pero también pronto fue internada en manicomios por trastorno bipolar y, pese a su gran talento poético y sus ganas de vivir, tuvo que pasar años apartada de sus tres hijos y de la posibilidad de una vida genuina como escritora. Finalmente en 1977, después de la reforma psiquiátrica realizada en Italia, pudo por fin abandonar su reclusión y dedicarse a la poesía, que fue su verdadero don y por el que se le llegó a pedir el premio nobel. Fue desde los primeros años de su juventud amiga de Pasolini, Quasimodo y Montale y estuvo incluida en muchas antologías de poesía de los años 50. “La presencia de Orfeo” y “Tú eres Pedro”, fueron alguno de los títulos de obras que fue publicando antes de su larga reclusión en sanatorios a partir de mediados de los años 60. Tras enviudar se vuelve a casar con un joven poeta a principios de los 80 y da a la imprenta nuevos libros de poesía y de memorias sobre sus experiencias psiquiátricas. En su país se convierte en todo un fenómeno, es agasajada y su nombre suena para el nobel. La última Merini se vuelve más mística y sentenciosa: publica libros de aforismos. Muere de cáncer en Milán el 1 de noviembre de 2009.

 

AMÉ TIERNAMENTE A LOS MÁS DULCES AMANTES…

 

Amé tiernamente a los más dulces amantes

sin que ellos jamás supieran nada.

Y sobre ellos tejí telas de araña

y fui presa de mi propia materia.

En mí había el alma de la meretriz,

de la santa, de la sanguinaria y de la hipócrita.

Muchos dieron un nombre a mi modo de vivir

y solo fui una histérica.

 

 

EL PÁJARO DE FUEGO

 

El pájaro de fuego

de mi mente enferma,

este gorrión gris

que vive en lo profundo

y me hace temblar

con su continuo pío

pues parece inerme,

necesitado de amor,

a veces tiene una voz

tan tierna y nueva

que bajo su triunfo

dicto el poema.

 

 

ESPACIO ESPACIO, YO QUIERO MUCHO ESPACIO

 

Espacio espacio, yo quiero, mucho espacio

para dulcísima moverme herida:

quiero espacio para cantar crecer

errar y saltar el foso

de la divina sabiduría.

Espacio denme espacio

para que yo lance un aullido inhumano

aquel grito de silencio en los años

que he tocado con la mano.

 

 

HORAS EN VANO PERDIDAS…

 

Horas en vano perdidas

en los jardines del manicomio,

subiendo y bajando las rejas

envenenadas por las flores,

perdidos todos en un sueño

de realidad que huía

arrojada a nuestras espaldas

por no sé cuál quimera.

Y después de un encuentro

algún enfermo sonríe

ante las fatuas fiestas.

Tiempo perdido en atropellados pensamientos,

amontonados tras los barrotes

como golondrinas desnudas.

Entonces escuchamos sermones,

multiplicamos los peces,

allá junto al Jordán,

pero Cristo no estaba:

nos había arrancado del mundo

como una abominable maleza.

 

 

LOS POETAS TRABAJAN DE NOCHE…

 

Los poetas trabajan de noche

cuando el tiempo no apremia sobre ellos,

cuando calla el ruido de la multitud

y finaliza la tortura de las horas.

Los poetas trabajan en la oscuridad

como los halcones nocturnos o los ruiseñores

del dulcísimo canto

que temen ofender a Dios.

Pero los poetas —en su silencio—

hacen más ruido

que una dorada cúpula de estrellas.


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