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EFÍMEROS 70. Wilhelm Reich (1897-1957): "La plaga emocional" en el 129 aniversario de su nacimiento.

 


“Vive y deja vivir”, se podría titular este texto de Wilhelm Reich porque es precisamente esta regla la que diferencia al individuo sano del que está aquejado por lo que el gran psicoanalista austriaco denomina “la plaga emocional”. Sin embargo es algo más complicado que “laissez faire” vital e implica todo un carácter patológico del ser humano que le ha sido moldeado por la sociedad y que a la vez retroalimenta el ambiente neurótico de la sociedad. Se trata de una enfermedad vital que corrompe la médula de la sociedad e infecta por medio de sus instituciones a sus miembros. Una epidemia cuyo origen esta bien claro: la energía que la alimenta proviene siempre de la frustración genital y por tanto de la represión sexual. En tiempos de fascismos renovados como los actuales, el descubrimiento por parte de Reich de esta plaga vuelve a cobrar máxima vigencia y sus síntomas se hacen más claros en nuestras sociedades: en los métodos de educación y la censura, en el rumor, los bulos y la difamación de la época de la postverdad, en la burocracia autoritaria, la ideología bélica imperialista y el odio desatado en todos los órdenes, especialmente el racial.

Una biografía que ocupase un libro merecería este psicoanalista y sexólogo rebelde que murió en una cárcel de Pensilvania en extrañas circunstancias el 3 de noviembre de 1957, tras ser perseguido con saña por las autoridades norteamericanas por sus investigaciones sobre la energía sexual. Baste saber que nació en la Galitzia autriaca el 24 de marzo 1897, que durante unos fue discípulo aventajado de de Freud dirigiendo el movimiento psicoanalista en la década de los 20 hasta que fue apartado por sus tesis marxistas y revolucionarias, que preconizo la revolución sexual como el medio más rápido para mejorar la salud mental de las sociedades, postulo el orgón como una unidad de energía vital-sexual que podía ser medida y acumulada y pasó parte de sus últimos años creando artilugios para acumular esta energía vital que estaba en la base la salud de las personas, pudiendo ser el secreto para curar gran parte de las enfermedades físicas, incluido el cáncer. Entre sus libros destacan “La revolución sexual”, “La función del orgasmo” o “¡Escucha, pequeño hombrecito!”

 

LA PLAGA EMOCIONAL

La expresión “plaga emocional” no tiene connotación difamatoria alguna. No se refiere a malignidad consciente, a degeneración moral o biológica, a inmoralidad, etc. Un organismo que, desde el nacimiento, se ve constantemente impedido en su forma natural de locomoción desarrolla formas artificiales de locomoción: cojea o se mueve con muletas. Análogamente, un individuo se mueve en la vida con los medios de la plaga emocional si desde el nacimiento se suprimieron sus manifestaciones vitales naturales, autorregulatorias. En términos caracterológicos, el individuo afligido por la plaga emocional cojea. La plaga emocional es una biopatía crónica del organismo. Apareció con la primera supresión en masa de la vida amorosa genital. Se convirtió en una epidemia y atormentado a los pueblos de la tierra durante millares de años. No hay fundamento para el supuesto de que pasa de madre a hijo en forma hereditaria. Diríamos más bien que se la implanta en el niño desde el primer día de su vida. Es una enfermedad epidémica, como la esquizofrenia o el cáncer, con una importante diferencia: se manifiesta esencialmente en el vivir social. La esquizofrenia y el cáncer son biopatías resultantes de la plaga emocional en la vida social. Los efectos de la plaga emocional han de apreciarse tanto en el organismo como en el vivir social. Periódicamente, como cualquier otra plaga, la peste bubónica o el cólera, por ejemplo, la plaga emocional asume las dimensiones de una pandemia, en forma de una gigantesca irrupción de sadismo y criminalidad, tal como la Inquisición católica de la Edad Media o del fascismo internacional de nuestros días.

Si no consideramos la plaga emocional como una enfermedad en el estricto sentido de la palabra, correríamos el peligro de movilizar contra ella el bastón del policía en lugar de la medicina y la educación. Es característico de la plaga emocional necesitar el garrote del policía y así reproducirse. No obstante ello, a pesar de la amenaza a la vida que representa, nunca podrá dominársela mediante el garrote.

Nadie se siente ofendido cuando se le llama nervioso o cardíaco. Nadie puede sentirse ofendido cuando se le dice que sufre un “ataque agudo de la plaga emocional”. Un orgonterapeuta se dirá para sus adentros: “Hoy no estoy bien, tengo la plaga”. En nuestros círculos, cuando esos ataques de la plaga emocional son leves, se resuelven mediante el propio alejamiento durante cierto tiempo, hasta la desaparición del ataque de irracionalidad. En los casos serios, cuando el pensamiento racional y el consejo amistoso no bastan, aclaramos la situación en forma orgonterápica. Encontramos regularmente que esos ataques agudos son provocados por una perturbación en la vida amorosa y amenguan cuando se elimina esa perturbación. Para mí y para mis colaboradores más próximos, el ataque agudo de la plaga emocional es un fenómeno tan familiar que lo tomamos con calma y lo dominamos en forma objetiva. En el adiestramiento de orgonterapeutas, uno de los requisitos de mayor importancia es aprender a percibir en sí mismos, y con tiempo, los ataques agudos de la plaga emocional; aprender a no perder el ánimo ante ellos, a no dejarles ejercer efecto alguno sobre el ambiente social, y a dominarlos adoptando frente a ellos una actitud objetiva. En esta forma, puede reducirse a un mínimo el posible daño al trabajo común. Por supuesto, a veces no puede dominarse un ataque, a veces el individuo que lo sufre causa más o menos daño, o abandona su trabajo. Tomamos estos accidentes en la misma forma en que uno toma una seria enfermedad física o la muerte de un colaborador estimado.

La plaga emocional se vincula más de cerca con la neurosis caracterológica que con la enfermedad cardíaca orgánica, pero en última instancia puede llevar a una afección cardíaca o al cáncer. Tal como a la neurosis caracterológica, la mantienen impulsos secundarios. Difiere de los defectos físico por ser una función del carácter y, como tal, por ser firmemente defendida. A diferencia del ataque histérico, por ejemplo, la plaga emocional no se experimenta como algo patológico y ajeno al yo. Tal como sabemos, el comportamiento del carácter neurótico es por lo general altamente racionalizado. En la reacción debida a la plaga emocional, sucede lo mismo y aún en mayor grado: la falta de comprensión es mucho mayor. Podemos preguntar qué es lo que permite reconocer una reacción de plaga y distinguirla de una reacción racional. La respuesta es la misma que cuando se trata de diferenciar entre una reacción de carácter neurótico y una reacción racional: en cuanto tocamos los motivos de la reacción debida a la plaga, aparecen inevitablemente la angustia o la colera.

Un individuo orgásticamente potente, esencialmente libre de la plaga emocional, no desarrollará angustia; por el contrario, desarrollada un vívido interés cuando un médico discute, pongamos por caso, la dinámica de los procesos naturales de la vida. El individuo que sufre la plaga emocional, en cambio, se mostrará desasosegado o colérico cuando se discuten los mecanismos de esa plaga. No toda impotencia orgástica conduce a la plaga emocional, pero todo individuo afectado por ella es impotente desde el punto de vista orgástico, o bien se vuelve importante poca antes del ataque. Esto permite distinguir fácilmente entre reacciones debidas a la plaga y reacciones racionales.

Además, ninguna influencia de una terapia auténtica podrá perturbar o eliminar una conducta natural, sana. Así, por ejemplo, no existen medios racionales de “curar”, de perturbar, una relación amorosa feliz. En cambio, puede eliminarse  un síntoma neurótico; análogamente, una reacción de plaga es accesible a la auténtica terapia del análisis del carácter  y ésta puede eliminarla. Así pues, podemos curar la ambición de dinero, típico rasgo caracterológico de la plaga emocional, pero no podemos curar la generosidad en asuntos monetarios. Se puede curar el hábil disimulo, pero no la franqueza y la honestidad. La reacción debida a la plaga emocional puede equiparse a la impotencia, la cual puede ser eliminada, es decir, curada. La potencia genital, en cambio, es “incurable”.

Característica esencial de la plaga emocional es que la acción y la razón dada para ella nunca son congruentes. El verdadero motivo siempre se encubre y se lo reemplaza por motivo aparente. En la reacción natural del carácter sano, motivo, acción y objetivo forman una unidad orgánica. Aquí, nada se oculta; la reacción es comprensible en forma inmediata. Asi por ejemplo, el individuo sano no tiene otro motivo para su comportamiento sexual que su necesidad natural de amor y su objetivo de gratificarlo. El individuo ascético, en cambio, justifica su debilidad sexual en forma secundaria, con demandas éticas. Esta justificación nada tiene que ver con la forma de vivir. La actitud del ascetismo, negadora de la vida, se halla presente antes de la justificación. El individuo sano no impondrá a nadie su manera de vivir; pero brindará ayuda, terapéutica o no, si se le solicita y si tiene los medios para ayudar. En ningún caso un individuo decretará que todas las personas “deben ser sanas”. En primer lugar, tal decreto no sería racional, pues la salud no puede imponerse. Además, el individuo sano no siente impulso alguno por imponer a los demás su manera de vivir, pues los motivos de esa manera de vivir se relaciona con su propia forma de vida y non con la de los demás. El individuo aquejado de la plaga emocional difiere del individuo sano en que no sólo se plantea sus demandas vitales a sí mismo, sino primariamente y por sobre todo, al ambiente que lo rodea. Donde el individuo sano aconseja y ayuda, donde el individuo sano con sus experiencias, vive sencillamente frente a los demás, y deja a cargo de ellos si quieren o no seguir su ejemplo, el individuo que sufre la plaga impone a los demás, por la fuerza, su manera de vivir. Estos individuos no toleran opiniones que amenacen su coraza o que se pongan de manifiesto sus motivos irracionales. Cuando se discuten sus motivos el individuo sano experimenta sólo placer; el individuo sano lucha de manera racional para conservar su manera de vivir. El individuo aquejado de la plaga lucha contra otras formas de vida, aunque no lleguen a afectarle. El motivo de su lucha es la provocación que otras formas de vida representan por el mero hecho de su existencia.

La energía que alimenta a la plaga emocional proviene siempre de la frustración genital, independientemente de que nos ocupemos de la guerra sádica o de la difamación de los amigos. La estasis de energía sexual es lo que la plaga tiene en común con todas las demás biopatías. En cuanto a las diferencias, pronto nos ocuparemos de ellas. La naturaleza biopática de la plaga emocional se aprecia en el hecho de que, como cualquiera otra biopatía, puede curarse mediante el establecimiento de la capacidad natural de amar.

La disposición a la plaga es general. No existen individuos completamente libres de ella, y tampoco existen individuos totalmente afectados por ella. Así como todo individuo triene en alguna parte, en lo profundo, una tendencia al cáncer, a la esquizofrenia o al alcoholismo, también todo individuo, así sea el más sano y vivaz, lleva en sí una tendencia a reacciones del tipo de la plaga irracional.

Diferenciar la plaga emocional de la estructura caracterológica genital, es más fácil que diferenciarla de las simples neurosis caracterológicas. Es cierto, la plaga emocional es una neurosis caracterológica o una biopatía en el sentido estricto de la palabra; pero es más que eso, y este “más” es lo que la distingue de la biopatía y de la neurosis caracterológica: la plaga emocional es ese comportamiento humano que, sobre la base de una estructura caracerológica biopática, se hace sentir en las relaciones interpersonales -es decir, sociales- y que se organiza en las correspondientes instituciones. La esfera de acción de la plaga emocional es tan amplia como la de la biopatía caracterológica. Es decir, la posibilidad de un efecto crónico de un agudo estallido epidémico de la plaga emocional. Al definir algunos campos típicos en ls cuales esto tiene lugar, veremos de inmediato que los sectores en los cuales la plaga emocional es más activas son los más importantes de la vida; el misticismo en su forma más destructiva, el impulso activo y pasivo por la autoridad, el moralismo, las biopatías del sistema vital autónomo, la política partidaria, la plaga familiar que he denominado “familitis”, los métodos sádicos de educación, la tolerancia masoquista de tales métodos o la rebelión criminal contra ellos, el rumor y la difamación, la burocracia autoritaria, la ideología bélica imperialista, todo lo que se resume en la palabra “racquet” (“extorsión”), la antisocialidad criminal, la pornografía, la usura, y el odio racial.

Vemos pues que el ámbito de la plaga emocional es aproximadamente el mismo que el de todos los males sociales contra los cuales ha combatido desde tiempo inmemorial todo movimiento de libertad social. No sería del todo incorrecto equiparar el dominio de la plaga emocional con el de la “reacción política”, o incluso con el principio de la política en general. A fin de hacerlo de manera correcta, debemos aplicar el principio básico de toda la política, a saber, la codicia por el poder y la ventaja, a las diversas esferas de la vida en las cuales no hablamos de política en el sentido ordinario del término. Una madre, por ejemplo, que emplea este método de la política en un intento de apartar al hijo de su marido, caería dentro de este concepto de la plaga emocional política; también entraría el hombre de ciencia que logra una elevada posición social, no por sus conquistas científicas, sino por métodos de intriga, una posición que no corresponde en manera alguna a sus realizaciones.

Ya hemos mencionado la estasis sexual biológica, como núcleo biofísico común a todas las formas de la plaga emocional. Esto representa una gran desventaja en una vida social dominada en tal alto grado por las instituciones derivadas de la plaga emocional: La falta de capacidad para experimentar con regularidad la gratificación orgástica natural, conduce al desarrollo de impulsos secundarios, en particular de impulsos sádicos. Este es un hecho clínico establecido fuera de toda duda. No es de sorprender entonces que la energía biofísica que alimenta a la plaga emocional tenga siempre el carácter de la energía de impulsos secundarios. En casos plenamente desarrollados nunca falta el sadismo, este impulso específicamente humano.

Comprendemos ahora por qué la honestidad y la sinceridad son rasgos tan raros en el carácter humano; más aún, por qué tal conducta, cuando predomina ocasionalmente, despierta siempre sorpresa y admiración. Desde el punto de vista de nuestros ideales “culturales”, cabría esperar que la honestidad y la franqueza fuesen actitudes cotidianas y naturales. El hecho de que no lo son, sino que, por el contrario, provocan asombro; que las personas sinceras y francas se consideran como algo raro; que, además, ser honesto y sincero implica tan a menudo un peligro social a la vida; todo esto no puede comprenderse de manera alguna, sobre la base de la ideología cultural gobernante, sino sólo con un conocimiento de la plaga emocional organizada. Sólo este conocimiento permitirá comprender el hecho de que, siglo tras siglo, fuese imposible que prevalecieran las fuerzas de ningún movimiento de libertad, sinceridad y objetividad. Debemos suponer, entonces que ningún movimiento libertario tiene probabilidades de éxito a menos de oponerse con veracidad, claridad y vigor, a la plaga emocional organizada.

El hecho de que la índole de la plaga emocional no haya sido reconocida ha constituido hasta ahora su mejor salvaguardia. En consecuencia, la investigación exacta de su naturaleza y de las formas en que trabaja, abatirá esta protección. Los portadores de la plaga emocional interpretarán esto, acertadamente, como fatal amenaza a su existencia. La reacción de los portadores y divulgadores de la plaga ante las presentaciones de los hechos que han de seguir, demostrarán todo esto en forma inexorable. Las reacciones a producirse permitirán, en forma imperativa, separar claramente a quienes desean cooperar en la lucha contra la plaga emocional, de aquellos otros que desean conservar sus instituciones. Se ha demostrado una y otra vez que cuando uno indaga en ella, la plaga emocional -quiéralo o no- pone de manifiesto su índole irracional. No puede ser de otra manera, pues la plaga no puede reaccionar si no irracionalmente. Debe ceder cuando se la confronta, clara e irreductiblemente, con el pensamiento racional y con el sentimiento natural por la vida. No es necesario atacarla en forma directa o combatirla. Automática e inevitablemente reaccionará con furor ante la sola descripción objetiva y verídica de las funciones naturales del vivir. Nada odia más la plaga emocional que esto.

Las diferencias entre el carácter genital, el carácter neurótico y las reacciones debidas a la plaga emocional

a)    En el pensamiento

En el carácter genital, el pensamiento se orienta según los hechos y procesos objetivos; distingue entre lo esencial, lo no esencial y lo menos esencial; trata de sorprender y eliminar las perturbaciones irracionales, emocionales; es de índole funcional, no mecánico ni místico; el juicio es resultado de un proceso racional; el pensamiento racional es accesible a los argumentos fácticos, pues no trabaja bien sin argumentos fácticos contrarios a los suyos.

En el carácter neurótico, no lo negamos, el pensamiento también trata de orientarse a partir de procesos y hechos objetivos. Sin embargo, como en el fondo del pensamiento racional, y entrelazado con él, trabaja la estasis sexual, el pensamiento se orienta, la mismo tiempo, según el principio de evitar el displacer. Es decir, procesos cuya elaboración pensante provocaría displacer o que se oponen al sistema de ideas de -pongamos por caso- un neurótico de compulsión, se evitan en formas diversas, o bien se los elabora en forma tal que el objetivo racional resulte inalcanzable. Demos algunos ejemplos: todo el mundo anhela la paz. Sin embargo, como el pensar se desarrolla según estructuras caracterológicas en gran medida neuróticas, como en consecuencia existe al mismo tiempo temor a la libertad y miedo a la responsabilidad (angustia-placer), la paz y la libertad se discuten de manera formalista, no fáctica: los hechos más sencillos y más evidentes de la vida, que evidentemente representan los fundamentos naturales de la paz y la libertad, importantes; así por ejemplo, los conocidos hechos de que la política es ruinosa y que la humanidad está enferma en el sentido psiquiátrico, no se vinculan de manera alguna con la demanda consciente de un orden social utilizable y que se gobierne a sí mismo. Coexisten pues lado a lado y sin vinculación alguna, dos hechos más o menos conocidos y generalmente válidos. El motivo para esta coexistencia es el siguiente: vincular estos hechos requeriría de inmediato cambios prácticos en la vida cotidiana. El carácter neurótico está dispuesto a afirmar ideológicamente estos cambios, pero los teme en el plano práctico; su coraza caracterológica no permite una modificación de su forma de vivir, que ha llegado a ser rutina; por ello, se mostrará de acuerdo con la crítica a la irracionalidad de la sociedad y la ciencia, pero no se impondrá cambio alguno en función de esa crítica, ni lo impondrá a la sociedad; en consecuencia, no creará un centro social de reforma necesaria. Más aún, muy a menudo el mismo carácter que concuerda en el plano ideológico se convierte prácticamente un violento opositor si alguna otra persona produce un cambio real. En este punto se confunde y se esfuman los límites entre el carácter neurótico y el individuo aquejado de la plaga.

El individuo aquejado por la plaga emocional no se contenta con una actitud pasiva; se distingue del carácter neurótico por una actividad social más o menos destructora de la vida. Su pensamiento se ve completamente confundido por conceptos irracionales y esencialmente determinado por emociones irracionales. Cierto es, al igual que en el carácter genital, su pensar está en un todo de acuerdo con sus actos (a diferencia del carácter neurótico, en el cual pensamiento y acción se hallan disociados); pero en la plaga emocional, la conclusión está siempre hecha antes del proceso pensante; el pensamiento no sirve, como en el dominio racional, para llegar a la conclusión correcta; por el contrario, sirve para confirmar una conclusión irracional preexistente, así como para racionalizarla. Esto se denomina por lo general “prejuicio”, se pasa por alto que este prejuicio tiene consecuencias sociales de considerable magnitud, que está ampliamente difundido y es prácticamente sinónimo de lo que llamamos “inercia y tradición”; es intolerante, es decir, no admite al pensamiento racional que podría eliminarlo, por tanto, el pensamiento de la plaga emocional es inaccesible a los argumentos; tiene su propia técnica dentro de su propio dominio; su propia “lógica”, por así decirlo; por este motivo, da la impresión de racionalidad sin ser en realidad racional.

Un educador estricto y autoritario, por ejemplo, apunta con toda lógica y corrección a lo indominables que son los niños. Dentro de este estrecho marco, sus conclusiones parecen correctas. Si ahora el pensamiento racional explica que esta rebeldía señalada por el pensamiento irracional es un resultado social de este mismo pensamiento irracional en la educación, nos vemos frente a un bloqueo típico del pensar; es precisamente en este punto donde resulta evidente el carácter irracional del modo de pensar de la plaga.

Otro ejemplo: la represión sexual de índole moralista crea impulsos secundarios y éstos hacen de la supresión moralista algo necesario. Todas las conclusiones son aquí, en sí mismas, lógicas. Si ahora proponemos a algunos de los defensores de la represión, eliminar los impulsos secundarios liberando la gratificación natural, habremos abierto una brecha, es cierto, en el sistema de pensar del individuo aquejado por la plaga; pero a ello reaccionará de manera típica, no con penetración y corrección, sino con argumentos irracionales, con el silencio o incluso con odio. Para él, es emocionalmente importante que sigan existiendo tanto la represión como los impulsos secundarios. Por paradójico que esto pueda parecer, la razón es sencilla: tiene miedo a los impulsos naturales. Este miedo es la potencia motriz irracional subyacente en todo el sistema de pensamiento, por lógico que pueda ser en sí mismo; este miedo es el que le impulsa a hechos peligrosos si uno amenaza seriamente su sistema social.

b) en la acción:

En el carácter genital, motivo, objetivo y acción guardan armonía; los motivos y los objetivos tienen una meta racional, es decir, social. Sobre la base de su naturaleza biológica primaria, motivos y objetivos lucha por un mejoramiento de las condiciones de vida de uno mismo y de los demás; esto es lo que llamamos realización social”.

En el carácter neurótico, la capacidad para la acción está siempre disminuida, pues los motivos carecen de afecto o sus contradictorios. Como por lo general el carácter neurótico ha reprimido su irracionalidad, debe luchar de continuo contra ella. Esto constituye precisamente, la disminución de su capacidad de actuar. Teme abandonarse a cualquier actividad porque nunca puede estar seguro de que no irrumpirán también impulsos sádicos o patológicos de cualquiera que está inhibido en su funcionamiento vital, sin desarrollar sin embargo envidia por los individuos sanos. Su actitud es la de quien dice que: “he tenido mala suerte en la vida, y mis hijos debieran tener una vida mejor que la mía”. Esta actitud hace de él un espectador comprensivo, aunque estéril, del progreso. No impide el progreso.

En el individuo atacado por la plaga emocional, las cosas son distintas. Aquí, el motivo de una acción es siempre supuesto: el motivo expresado nunca es el real, ya sea éste consciente o inconsciente. Tampoco son idénticos el objetivo dado y el real. En el fascismo alemán, por ejemplo, el objetivo confesado era la “conservación de una nación alemana pacífica”; el objetivo real -basado en la estructura caracterológica- era la guerra imperialista, el sometimiento del mundo, y nada más. Una característica básica del individuo atacado por la plaga es que cree seria y honestamente en el objetivo y en el motivo confesados. Quisiera destacar el hecho de que no podemos comprender la estructura caracterológica del individuo atacado por la plaga si no tomamos en serio lo siguiente: el individuo atacado por la plaga actúa bajo el impulso de una compulsión estructural; por bien intencionado que sea, no puede obrar sino según la modalidad de la plaga emocional; obrar de esta manera es parte de su esencia tanto como la necesidad de amor o de verdad son esencia del carácter genital; pero el individuo atacado por la plaga, protegido por su convicción subjetiva, no sufre al adquirir noción de lo perjudicial de sus actos. Un hombre puede exigir la custodia de su hijo porque odia a su mujer quien, pongamos por caso, le fue infiel; al hacerlo, cree honestamente estar actuando “en interés de la criatura”; será incapaz de corregir esta actitud cuando el niño sufra por estar separado de la madre y quizá enferme. El padre atacado por la plaga elaborará en forma secundaria todo tipo de racionalizaciones para permitirse mantener su convicción de que obra “exclusivamente por el bien del niño” cuando le mantiene alejado de la madre; no puede convencerse de que el motivo real es el de infligir un castigo sádico a aquella. El individuo aquejado de la plaga -a diferencia del carácter neurótico- desarrolla en todos los casos una intensa envidia, juntamente con el odio mortal a todo lo sano. Una solterona neurótica vive resignada y no se entromete en la vida amorosa de las demás mujeres. Una solterona agobiada por la plaga, en cambio no tolera que las demás mujeres encuentren la felicidad en el amor; si es una educadora, hará todo lo que esté a su alcance para que las niñas a su cargo resulten incapaces de experimentar la felicidad en el amor. Esto se aplica a todas las situaciones de la vida. El carácter atacado por la plaga tratará, en todas las circunstancias y por todos los medios, de modificar su ambiente en forma tal que su manera de vivir y de pensar permanezcan intactas. Experimenta como provocación todo aquello que contradice sus opiniones, y en consecuencia lo odia y lo combate. Esto es especialmente evidente en los ascetas. La actitud ascética es en esencia la siguiente: “Nadie debe ser más feliz de lo que yo he sido, todos deben sufrir tal como yo he sufrido”. Esta actitud básica está tan bien cubierta en todos los casos por una ideología o teoría de la vida perfectamente lógicas en sí mismas, que se requiere una gran experiencia y reflexión para poder descubrirlas. Debe decirse que la educación europea, incluso a comienzos del siglo actual, obedecía todavía a este patrón.

 


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