EFÍMEROS 70. Wilhelm Reich (1897-1957): "La plaga emocional" en el 129 aniversario de su nacimiento.
“Vive y deja vivir”, se podría
titular este texto de Wilhelm Reich porque es precisamente esta regla la que diferencia
al individuo sano del que está aquejado por lo que el gran psicoanalista austriaco
denomina “la plaga emocional”. Sin embargo es algo más complicado que “laissez
faire” vital e implica todo un carácter patológico del ser humano que le ha
sido moldeado por la sociedad y que a la vez retroalimenta el ambiente
neurótico de la sociedad. Se trata de una enfermedad vital que corrompe la
médula de la sociedad e infecta por medio de sus instituciones a sus miembros.
Una epidemia cuyo origen esta bien claro: la energía que la alimenta proviene
siempre de la frustración genital y por tanto de la represión sexual. En
tiempos de fascismos renovados como los actuales, el descubrimiento por parte
de Reich de esta plaga vuelve a cobrar máxima vigencia y sus síntomas se hacen
más claros en nuestras sociedades: en los métodos de educación y la censura, en
el rumor, los bulos y la difamación de la época de la postverdad, en la
burocracia autoritaria, la ideología bélica imperialista y el odio desatado en
todos los órdenes, especialmente el racial.
Una biografía que ocupase un libro
merecería este psicoanalista y sexólogo rebelde que murió en una cárcel de
Pensilvania en extrañas circunstancias el 3 de noviembre de 1957, tras ser
perseguido con saña por las autoridades norteamericanas por sus investigaciones
sobre la energía sexual. Baste saber que nació en la Galitzia autriaca el 24 de
marzo 1897, que durante unos fue discípulo aventajado de de Freud dirigiendo el
movimiento psicoanalista en la década de los 20 hasta que fue apartado por sus
tesis marxistas y revolucionarias, que preconizo la revolución sexual como el
medio más rápido para mejorar la salud mental de las sociedades, postulo el
orgón como una unidad de energía vital-sexual que podía ser medida y acumulada
y pasó parte de sus últimos años creando artilugios para acumular esta energía vital
que estaba en la base la salud de las personas, pudiendo ser el secreto para
curar gran parte de las enfermedades físicas, incluido el cáncer. Entre sus
libros destacan “La revolución sexual”, “La función del orgasmo” o “¡Escucha,
pequeño hombrecito!”
LA PLAGA EMOCIONAL
La expresión “plaga emocional” no
tiene connotación difamatoria alguna. No se refiere a malignidad consciente, a
degeneración moral o biológica, a inmoralidad, etc. Un organismo que, desde el
nacimiento, se ve constantemente impedido en su forma natural de locomoción desarrolla
formas artificiales de locomoción: cojea o se mueve con muletas.
Análogamente, un individuo se mueve en la vida con los medios de la plaga
emocional si desde el nacimiento se suprimieron sus manifestaciones vitales
naturales, autorregulatorias. En términos caracterológicos, el individuo
afligido por la plaga emocional cojea. La plaga emocional es una biopatía crónica
del organismo. Apareció con la primera supresión en masa de la vida amorosa
genital. Se convirtió en una epidemia y atormentado a los pueblos de la
tierra durante millares de años. No hay fundamento para el supuesto de que pasa
de madre a hijo en forma hereditaria. Diríamos más bien que se la implanta en
el niño desde el primer día de su vida. Es una enfermedad epidémica, como la
esquizofrenia o el cáncer, con una importante diferencia: se manifiesta
esencialmente en el vivir social. La esquizofrenia y el cáncer son
biopatías resultantes de la plaga emocional en la vida social. Los efectos de
la plaga emocional han de apreciarse tanto en el organismo como en el vivir
social. Periódicamente, como cualquier otra plaga, la peste bubónica o el
cólera, por ejemplo, la plaga emocional asume las dimensiones de una pandemia,
en forma de una gigantesca irrupción de sadismo y criminalidad, tal como la
Inquisición católica de la Edad Media o del fascismo internacional de nuestros
días.
Si no consideramos la plaga emocional como una enfermedad en el estricto sentido de la palabra, correríamos el peligro de movilizar contra ella el bastón del policía en lugar de la medicina y la educación. Es característico de la plaga emocional necesitar el garrote del policía y así reproducirse. No obstante ello, a pesar de la amenaza a la vida que representa, nunca podrá dominársela mediante el garrote.
Nadie se siente ofendido cuando se le
llama nervioso o cardíaco. Nadie puede sentirse ofendido cuando se le dice que
sufre un “ataque agudo de la plaga emocional”. Un orgonterapeuta se dirá para
sus adentros: “Hoy no estoy bien, tengo la plaga”. En nuestros círculos, cuando
esos ataques de la plaga emocional son leves, se resuelven mediante el propio
alejamiento durante cierto tiempo, hasta la desaparición del ataque de
irracionalidad. En los casos serios, cuando el pensamiento racional y el consejo
amistoso no bastan, aclaramos la situación en forma orgonterápica. Encontramos
regularmente que esos ataques agudos son provocados por una perturbación en la
vida amorosa y amenguan cuando se elimina esa perturbación. Para mí y para mis
colaboradores más próximos, el ataque agudo de la plaga emocional es un
fenómeno tan familiar que lo tomamos con calma y lo dominamos en forma
objetiva. En el adiestramiento de orgonterapeutas, uno de los requisitos de
mayor importancia es aprender a percibir en sí mismos, y con tiempo, los
ataques agudos de la plaga emocional; aprender a no perder el ánimo ante ellos,
a no dejarles ejercer efecto alguno sobre el ambiente social, y a dominarlos
adoptando frente a ellos una actitud objetiva. En esta forma, puede reducirse a
un mínimo el posible daño al trabajo común. Por supuesto, a veces no puede
dominarse un ataque, a veces el individuo que lo sufre causa más o menos daño,
o abandona su trabajo. Tomamos estos accidentes en la misma forma en que uno toma
una seria enfermedad física o la muerte de un colaborador estimado.
La plaga emocional se vincula más de
cerca con la neurosis caracterológica que con la enfermedad cardíaca orgánica,
pero en última instancia puede llevar a una afección cardíaca o al cáncer. Tal
como a la neurosis caracterológica, la mantienen impulsos secundarios. Difiere de
los defectos físico por ser una función del carácter y, como tal, por ser
firmemente defendida. A diferencia del ataque histérico, por ejemplo, la
plaga emocional no se experimenta como algo patológico y ajeno al yo. Tal como
sabemos, el comportamiento del carácter neurótico es por lo general altamente
racionalizado. En la reacción debida a la plaga emocional, sucede lo mismo y
aún en mayor grado: la falta de comprensión es mucho mayor. Podemos preguntar
qué es lo que permite reconocer una reacción de plaga y distinguirla de una
reacción racional. La respuesta es la misma que cuando se trata de diferenciar
entre una reacción de carácter neurótico y una reacción racional: en cuanto
tocamos los motivos de la reacción debida a la plaga, aparecen inevitablemente
la angustia o la colera.
Un individuo orgásticamente potente,
esencialmente libre de la plaga emocional, no desarrollará angustia; por el
contrario, desarrollada un vívido interés cuando un médico discute, pongamos
por caso, la dinámica de los procesos naturales de la vida. El individuo que
sufre la plaga emocional, en cambio, se mostrará desasosegado o colérico cuando
se discuten los mecanismos de esa plaga. No toda impotencia orgástica conduce a
la plaga emocional, pero todo individuo afectado por ella es impotente desde el
punto de vista orgástico, o bien se vuelve importante poca antes del ataque. Esto
permite distinguir fácilmente entre reacciones debidas a la plaga y reacciones
racionales.
Además, ninguna influencia de una
terapia auténtica podrá perturbar o eliminar una conducta natural, sana. Así,
por ejemplo, no existen medios racionales de “curar”, de perturbar, una
relación amorosa feliz. En cambio, puede eliminarse un síntoma neurótico; análogamente, una
reacción de plaga es accesible a la auténtica terapia del análisis del carácter y ésta puede eliminarla. Así pues, podemos
curar la ambición de dinero, típico rasgo caracterológico de la plaga
emocional, pero no podemos curar la generosidad en asuntos monetarios. Se puede
curar el hábil disimulo, pero no la franqueza y la honestidad. La reacción
debida a la plaga emocional puede equiparse a la impotencia, la cual puede ser
eliminada, es decir, curada. La potencia genital, en cambio, es “incurable”.
Característica esencial de la plaga
emocional es que la acción y la razón dada para ella nunca son congruentes.
El verdadero motivo siempre se encubre y se lo reemplaza por motivo aparente.
En la reacción natural del carácter sano, motivo, acción y objetivo forman
una unidad orgánica. Aquí, nada se oculta; la reacción es comprensible en
forma inmediata. Asi por ejemplo, el individuo sano no tiene otro motivo para
su comportamiento sexual que su necesidad natural de amor y su objetivo de
gratificarlo. El individuo ascético, en cambio, justifica su debilidad sexual
en forma secundaria, con demandas éticas. Esta justificación nada tiene que ver
con la forma de vivir. La actitud del ascetismo, negadora de la vida, se
halla presente antes de la justificación. El individuo sano no impondrá a
nadie su manera de vivir; pero brindará ayuda, terapéutica o no, si se le
solicita y si tiene los medios para ayudar. En ningún caso un individuo decretará
que todas las personas “deben ser sanas”. En primer lugar, tal decreto
no sería racional, pues la salud no puede imponerse. Además, el individuo sano
no siente impulso alguno por imponer a los demás su manera de vivir, pues los motivos
de esa manera de vivir se relaciona con su propia forma de vida y non con la de
los demás. El individuo aquejado de la plaga emocional difiere del individuo
sano en que no sólo se plantea sus demandas vitales a sí mismo, sino primariamente
y por sobre todo, al ambiente que lo rodea. Donde el individuo sano
aconseja y ayuda, donde el individuo sano con sus experiencias, vive
sencillamente frente a los demás, y deja a cargo de ellos si quieren o no
seguir su ejemplo, el individuo que sufre la plaga impone a los demás, por
la fuerza, su manera de vivir. Estos individuos no toleran opiniones que
amenacen su coraza o que se pongan de manifiesto sus motivos irracionales.
Cuando se discuten sus motivos el individuo sano experimenta sólo placer; el
individuo sano lucha de manera racional para conservar su manera de vivir. El
individuo aquejado de la plaga lucha contra otras formas de vida, aunque
no lleguen a afectarle. El motivo de su lucha es la provocación que otras
formas de vida representan por el mero hecho de su existencia.
La energía que alimenta a la plaga
emocional proviene siempre de la frustración genital, independientemente de que nos
ocupemos de la guerra sádica o de la difamación de los amigos. La estasis de
energía sexual es lo que la plaga tiene en común con todas las demás biopatías.
En cuanto a las diferencias, pronto nos ocuparemos de ellas. La naturaleza
biopática de la plaga emocional se aprecia en el hecho de que, como cualquiera
otra biopatía, puede curarse mediante el establecimiento de la capacidad
natural de amar.
La disposición a la plaga es general.
No existen individuos completamente libres de ella, y tampoco existen
individuos totalmente afectados por ella. Así como todo individuo triene en
alguna parte, en lo profundo, una tendencia al cáncer, a la esquizofrenia o al
alcoholismo, también todo individuo, así sea el más sano y vivaz, lleva en sí
una tendencia a reacciones del tipo de la plaga irracional.
Diferenciar la plaga emocional de la
estructura caracterológica genital, es más fácil que diferenciarla de las simples
neurosis caracterológicas. Es cierto, la plaga emocional es una neurosis caracterológica
o una biopatía en el sentido estricto de la palabra; pero es más que eso, y
este “más” es lo que la distingue de la biopatía y de la neurosis caracterológica:
la plaga emocional es ese comportamiento humano que, sobre la base de una
estructura caracerológica biopática, se hace sentir en las relaciones
interpersonales -es decir, sociales- y que se organiza en las correspondientes
instituciones. La esfera de acción de la plaga emocional es tan amplia como
la de la biopatía caracterológica. Es decir, la posibilidad de un efecto
crónico de un agudo estallido epidémico de la plaga emocional. Al definir
algunos campos típicos en ls cuales esto tiene lugar, veremos de inmediato que
los sectores en los cuales la plaga emocional es más activas son los más
importantes de la vida; el misticismo en su forma más destructiva, el impulso
activo y pasivo por la autoridad, el moralismo, las biopatías del sistema vital
autónomo, la política partidaria, la plaga familiar que he denominado “familitis”,
los métodos sádicos de educación, la tolerancia masoquista de tales métodos o
la rebelión criminal contra ellos, el rumor y la difamación, la burocracia
autoritaria, la ideología bélica imperialista, todo lo que se resume en la
palabra “racquet” (“extorsión”), la antisocialidad criminal, la pornografía, la
usura, y el odio racial.
Vemos pues que el ámbito de la plaga
emocional es aproximadamente el mismo que el de todos los males sociales contra
los cuales ha combatido desde tiempo inmemorial todo movimiento de libertad
social. No sería del todo incorrecto equiparar el dominio de la plaga emocional
con el de la “reacción política”, o incluso con el principio de la política en
general. A fin de hacerlo de manera correcta, debemos aplicar el principio
básico de toda la política, a saber, la codicia por el poder y la ventaja, a
las diversas esferas de la vida en las cuales no hablamos de política en el
sentido ordinario del término. Una madre, por ejemplo, que emplea este método
de la política en un intento de apartar al hijo de su marido, caería dentro de
este concepto de la plaga emocional política; también entraría el hombre de
ciencia que logra una elevada posición social, no por sus conquistas
científicas, sino por métodos de intriga, una posición que no corresponde en
manera alguna a sus realizaciones.
Ya hemos mencionado la estasis
sexual biológica, como núcleo biofísico común a todas las formas de la
plaga emocional. Esto representa una gran desventaja en una vida social
dominada en tal alto grado por las instituciones derivadas de la plaga
emocional: La falta de capacidad para experimentar con regularidad la
gratificación orgástica natural, conduce al desarrollo de impulsos secundarios,
en particular de impulsos sádicos. Este es un hecho clínico establecido
fuera de toda duda. No es de sorprender entonces que la energía biofísica que
alimenta a la plaga emocional tenga siempre el carácter de la energía de
impulsos secundarios. En casos plenamente desarrollados nunca falta el sadismo,
este impulso específicamente humano.
Comprendemos ahora por qué la honestidad
y la sinceridad son rasgos tan raros en el carácter humano; más aún, por qué
tal conducta, cuando predomina ocasionalmente, despierta siempre sorpresa y
admiración. Desde el punto de vista de nuestros ideales “culturales”, cabría
esperar que la honestidad y la franqueza fuesen actitudes cotidianas y
naturales. El hecho de que no lo son, sino que, por el contrario, provocan
asombro; que las personas sinceras y francas se consideran como algo raro; que,
además, ser honesto y sincero implica tan a menudo un peligro social a la vida;
todo esto no puede comprenderse de manera alguna, sobre la base de la ideología
cultural gobernante, sino sólo con un conocimiento de la plaga emocional
organizada. Sólo este conocimiento permitirá comprender el hecho de que, siglo
tras siglo, fuese imposible que prevalecieran las fuerzas de ningún movimiento
de libertad, sinceridad y objetividad. Debemos suponer, entonces
que ningún movimiento libertario tiene probabilidades de éxito a menos de oponerse
con veracidad, claridad y vigor, a la plaga emocional organizada.
El hecho de que la índole de la plaga
emocional no haya sido reconocida ha constituido hasta ahora su mejor
salvaguardia. En consecuencia, la investigación exacta de su naturaleza y de
las formas en que trabaja, abatirá esta protección. Los portadores de la plaga
emocional interpretarán esto, acertadamente, como fatal amenaza a su
existencia. La reacción de los portadores y divulgadores de la plaga ante las
presentaciones de los hechos que han de seguir, demostrarán todo esto en forma
inexorable. Las reacciones a producirse permitirán, en forma imperativa,
separar claramente a quienes desean cooperar en la lucha contra la plaga
emocional, de aquellos otros que desean conservar sus instituciones. Se ha
demostrado una y otra vez que cuando uno indaga en ella, la plaga emocional
-quiéralo o no- pone de manifiesto su índole irracional. No puede ser de
otra manera, pues la plaga no puede reaccionar si no irracionalmente. Debe ceder
cuando se la confronta, clara e irreductiblemente, con el pensamiento racional
y con el sentimiento natural por la vida. No es necesario atacarla en forma
directa o combatirla. Automática e inevitablemente reaccionará con furor ante
la sola descripción objetiva y verídica de las funciones naturales del vivir.
Nada odia más la plaga emocional que esto.
Las diferencias entre el carácter
genital, el carácter neurótico y las reacciones debidas a la plaga emocional
a) En el pensamiento
En el carácter genital, el
pensamiento se orienta según los hechos y procesos objetivos; distingue
entre lo esencial, lo no esencial y lo menos esencial; trata de sorprender y
eliminar las perturbaciones irracionales, emocionales; es de índole funcional,
no mecánico ni místico; el juicio es resultado de un proceso racional; el
pensamiento racional es accesible a los argumentos fácticos, pues no trabaja
bien sin argumentos fácticos contrarios a los suyos.
En el carácter neurótico, no lo
negamos, el pensamiento también trata de orientarse a partir de procesos y
hechos objetivos. Sin embargo, como en el fondo del pensamiento racional, y
entrelazado con él, trabaja la estasis sexual, el pensamiento se orienta, la
mismo tiempo, según el principio de evitar el displacer. Es decir,
procesos cuya elaboración pensante provocaría displacer o que se oponen al
sistema de ideas de -pongamos por caso- un neurótico de compulsión, se evitan
en formas diversas, o bien se los elabora en forma tal que el objetivo racional
resulte inalcanzable. Demos algunos ejemplos: todo el mundo anhela la paz. Sin
embargo, como el pensar se desarrolla según estructuras caracterológicas en
gran medida neuróticas, como en consecuencia existe al mismo tiempo temor a
la libertad y miedo a la responsabilidad (angustia-placer), la paz y la
libertad se discuten de manera formalista, no fáctica: los hechos más sencillos
y más evidentes de la vida, que evidentemente representan los fundamentos
naturales de la paz y la libertad, importantes; así por ejemplo, los conocidos
hechos de que la política es ruinosa y que la humanidad está enferma en el
sentido psiquiátrico, no se vinculan de manera alguna con la demanda consciente
de un orden social utilizable y que se gobierne a sí mismo. Coexisten pues lado
a lado y sin vinculación alguna, dos hechos más o menos conocidos y
generalmente válidos. El motivo para esta coexistencia es el siguiente:
vincular estos hechos requeriría de inmediato cambios prácticos en la vida
cotidiana. El carácter neurótico está dispuesto a afirmar ideológicamente estos
cambios, pero los teme en el plano práctico; su coraza caracterológica no
permite una modificación de su forma de vivir, que ha llegado a ser rutina; por
ello, se mostrará de acuerdo con la crítica a la irracionalidad de la sociedad
y la ciencia, pero no se impondrá cambio alguno en función de esa crítica, ni
lo impondrá a la sociedad; en consecuencia, no creará un centro social de
reforma necesaria. Más aún, muy a menudo el mismo carácter que concuerda en el
plano ideológico se convierte prácticamente un violento opositor si alguna otra
persona produce un cambio real. En este punto se confunde y se esfuman los
límites entre el carácter neurótico y el individuo aquejado de la plaga.
El individuo aquejado por la plaga
emocional no se contenta con una actitud pasiva; se distingue del carácter
neurótico por una actividad social más o menos destructora de la vida. Su
pensamiento se ve completamente confundido por conceptos irracionales y
esencialmente determinado por emociones irracionales. Cierto es, al
igual que en el carácter genital, su pensar está en un todo de acuerdo con sus
actos (a diferencia del carácter neurótico, en el cual pensamiento y acción se
hallan disociados); pero en la plaga emocional, la conclusión está siempre
hecha antes del proceso pensante; el pensamiento no sirve, como en el
dominio racional, para llegar a la conclusión correcta; por el contrario, sirve
para confirmar una conclusión irracional preexistente, así como para
racionalizarla. Esto se denomina por lo general “prejuicio”, se pasa por alto
que este prejuicio tiene consecuencias sociales de considerable magnitud, que está
ampliamente difundido y es prácticamente sinónimo de lo que llamamos “inercia y
tradición”; es intolerante, es decir, no admite al pensamiento racional que
podría eliminarlo, por tanto, el pensamiento de la plaga emocional es
inaccesible a los argumentos; tiene su propia técnica dentro de su propio
dominio; su propia “lógica”, por así decirlo; por este motivo, da la
impresión de racionalidad sin ser en realidad racional.
Un educador estricto y autoritario,
por ejemplo, apunta con toda lógica y corrección a lo indominables que son los
niños. Dentro de este estrecho marco, sus conclusiones parecen
correctas. Si ahora el pensamiento racional explica que esta rebeldía señalada
por el pensamiento irracional es un resultado social de este mismo
pensamiento irracional en la educación, nos vemos frente a un bloqueo típico
del pensar; es precisamente en este punto donde resulta evidente el carácter
irracional del modo de pensar de la plaga.
Otro ejemplo: la represión sexual de
índole moralista crea impulsos secundarios y éstos hacen de la supresión
moralista algo necesario. Todas las conclusiones son aquí, en sí mismas,
lógicas. Si ahora proponemos a algunos de los defensores de la represión,
eliminar los impulsos secundarios liberando la gratificación natural,
habremos abierto una brecha, es cierto, en el sistema de pensar del individuo
aquejado por la plaga; pero a ello reaccionará de manera típica, no con penetración
y corrección, sino con argumentos irracionales, con el silencio o incluso con
odio. Para él, es emocionalmente importante que sigan existiendo tanto la
represión como los impulsos secundarios. Por paradójico que esto pueda
parecer, la razón es sencilla: tiene miedo a los impulsos naturales.
Este miedo es la potencia motriz irracional subyacente en todo el sistema de
pensamiento, por lógico que pueda ser en sí mismo; este miedo es el que le
impulsa a hechos peligrosos si uno amenaza seriamente su sistema social.
b) en la acción:
En el carácter genital, motivo,
objetivo y acción guardan armonía; los motivos y los objetivos tienen una meta
racional, es decir, social. Sobre la base de su naturaleza biológica primaria,
motivos y objetivos lucha por un mejoramiento de las condiciones de vida de uno
mismo y de los demás; esto es lo que llamamos realización social”.
En el carácter neurótico, la
capacidad para la acción está siempre disminuida, pues los motivos carecen de
afecto o sus contradictorios. Como por lo general el carácter neurótico ha
reprimido su irracionalidad, debe luchar de continuo contra ella. Esto
constituye precisamente, la disminución de su capacidad de actuar. Teme
abandonarse a cualquier actividad porque nunca puede estar seguro de que no
irrumpirán también impulsos sádicos o patológicos de cualquiera que está
inhibido en su funcionamiento vital, sin desarrollar sin embargo envidia por
los individuos sanos. Su actitud es la de quien dice que: “he tenido mala
suerte en la vida, y mis hijos debieran tener una vida mejor que la mía”. Esta
actitud hace de él un espectador comprensivo, aunque estéril, del progreso. No
impide el progreso.
En el individuo atacado por la plaga
emocional, las cosas son distintas. Aquí, el motivo de una acción es siempre
supuesto: el motivo expresado nunca es el real, ya sea éste consciente o
inconsciente. Tampoco son idénticos el objetivo dado y el real. En el fascismo
alemán, por ejemplo, el objetivo confesado era la “conservación de una nación
alemana pacífica”; el objetivo real -basado en la estructura caracterológica-
era la guerra imperialista, el sometimiento del mundo, y nada más. Una
característica básica del individuo atacado por la plaga es que cree seria y
honestamente en el objetivo y en el motivo confesados. Quisiera destacar el
hecho de que no podemos comprender la estructura caracterológica del individuo
atacado por la plaga si no tomamos en serio lo siguiente: el individuo atacado
por la plaga actúa bajo el impulso de una compulsión estructural; por bien
intencionado que sea, no puede obrar sino según la modalidad de la plaga
emocional; obrar de esta manera es parte de su esencia tanto como la
necesidad de amor o de verdad son esencia del carácter genital; pero el
individuo atacado por la plaga, protegido por su convicción subjetiva, no sufre
al adquirir noción de lo perjudicial de sus actos. Un hombre puede exigir la
custodia de su hijo porque odia a su mujer quien, pongamos por caso, le fue
infiel; al hacerlo, cree honestamente estar actuando “en interés de la criatura”;
será incapaz de corregir esta actitud cuando el niño sufra por estar separado
de la madre y quizá enferme. El padre atacado por la plaga elaborará en forma
secundaria todo tipo de racionalizaciones para permitirse mantener su
convicción de que obra “exclusivamente por el bien del niño” cuando le mantiene
alejado de la madre; no puede convencerse de que el motivo real
es el de infligir un castigo sádico a aquella. El individuo aquejado de la
plaga -a diferencia del carácter neurótico- desarrolla en todos los casos una
intensa envidia, juntamente con el odio mortal a todo lo sano. Una solterona
neurótica vive resignada y no se entromete en la vida amorosa de las demás
mujeres. Una solterona agobiada por la plaga, en cambio no tolera que las demás
mujeres encuentren la felicidad en el amor; si es una educadora, hará todo lo
que esté a su alcance para que las niñas a su cargo resulten incapaces de
experimentar la felicidad en el amor. Esto se aplica a todas las situaciones de
la vida. El carácter atacado por la plaga tratará, en todas las circunstancias
y por todos los medios, de modificar su ambiente en forma tal que su manera de
vivir y de pensar permanezcan intactas. Experimenta como provocación todo
aquello que contradice sus opiniones, y en consecuencia lo odia y lo combate.
Esto es especialmente evidente en los ascetas. La actitud ascética es en
esencia la siguiente: “Nadie debe ser más feliz de lo que yo he sido, todos
deben sufrir tal como yo he sufrido”. Esta actitud básica está tan bien cubierta
en todos los casos por una ideología o teoría de la vida perfectamente lógicas
en sí mismas, que se requiere una gran experiencia y reflexión para poder descubrirlas.
Debe decirse que la educación europea, incluso a comienzos del siglo actual,
obedecía todavía a este patrón.

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