Se dejan aquí cinco poemas de Xavier Villaurrutia acompañados de una reseña biográfica.
PALABRA
Palabra que no sabes lo que nombras
Palabra, ¡reina altiva!
Llamas nube a la sombra fugitiva
De un mundo en que las nubes son las
sombras.
SONETO DE LA GRANADA
Es mi amor como el oscuro
Panal de sombra encarnada,
Que la hermética granada
Labra en su cóncavo muro.
Silenciosamente apuro
Mi sed, mi sed no saciada,
Y la guardo congelada
Para un alivio futuro.
Acaso una boca ajena
A mi secreto dolor
Encuentre mi sangre, plena,
Y mi carne, dura y fría,
Y en mi acre y dulce sabor
Sacie su sed con la mía.
CINEMATÓGRAFO
En la calle, la plancha gris del
cielo,
Más baja cada vez,
Nos empareda vivos…
El corazón, sin frío de invierno,
Quiere llorar su juventud
A oscuras.
En este túnel el hollín
Unta las caras,
Y sólo así mi corazón se atreve.
En este túnel sopla
La música delgada,
Y es tan largo que tardaré en salir
Por aquella puerta con luz
Donde lloran dos hombres
Que quisieran estar a oscuras.
¿Por qué no pagarán la entrada?
NOCTURNA ROSA
Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría
Ni la de piel de niño,
Ni la rosa que gira
Tan lentamente que su movimiento
Es una misteriosa forma de la
quietud.
No es la rosa sedienta,
Ni la sangrante llaga,
Ni la rosa coronada de espinas,
Ni la rosa de la resurrección.
No es la rosa de pétalos desnudos,
Ni la rosa encerada, ni la llama de
seda,
Ni tampoco la rosa llamarada.
No es la rosa veleta,
Ni la úlcera secreta,
Ni la rosa puntual que da la hora,
Ni la brújula rosa marinera.
No, no es la rosa rosa
Sino la rosa increada,
La sumergida rosa,
La nocturna,
La rosa inmaterial,
La rosa hueca.
Es la rosa del tacto en las
tinieblas,
Es la rosa que avanza enardecida,
La rosa de rosadas uñas,
La rosa yema de los dedos ávidos,
La rosa digital,
La rosa ciega.
Es la rosa moldura del oído,
La rosa oreja,
La espiral del ruido
La rosa concha siempre abandonada
en la más alta espuma de la almohada.
Es la rosa encarnada de la boca,
La rosa que habla despierta
Como si estuviera dormida.
Es la rosa entreabierta
De la que mana sombra,
La rosa entraña
Que se pliega y expande
Evocada, invocada, abocada,
Es la rosa labial,
La rosa herida.
Es la rosa que abre los párpados,
La rosa vigilante, desvelada,
La rosa del insomnio desojada.
Es la rosa del humo,
La rosa de ceniza,
La negra rosa de carbón diamante
Que silenciosa horada las tinieblas
Y no ocupa lugar en el espacio.
EPITAFIOS
I
Agucé la razón
Tanto, que oscura
Fue para los demás
Mi vida, mi pasión
Y mi locura.
Dicen que he muerto.
No moriré jamás: ¡estoy despierto!
2
Duerme aquí, silencioso e ignorado,
El que en vida vivió mil y una
muertes.
Nada quieras saber de mi pasado.
Despertar es morir. ¡No me
despiertes!

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