EFÍMEROS 81. René Descartes (1596-1650): "La hipótesis de un genio maligno" en el 430 aniversario de su nacimiento.
El texto va acompañado al final de un
breve reseña biográfica de Descartes.
“Supondré, pues, que no un Dios
óptimo, fuente de la verdad, sino algún genio maligno de extremado poder e
inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar; creeré que el cielo, el
aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todo lo externo no son
más que engaños de sueños con los que ha puesto una celada a mi credulidad;
consideraré que no tengo manos, ni ojos, ni carne, ni sangre, sino que lo debo todo
a una falsa opinión mía; permaneceré, pues, asido a esta meditación y de este
modo, aunque no me sea permitido conocer algo verdadero, procuraré al menos con
resuelta decisión, puesto que está en mi mano, no dar fe a cosas falsas y
evitar que este engañador, por fuerte y listo que sea, puede inculcarme nada.
Pero este intento está lleno de trabajo, y cierta pereza me lleva a mi vida
ordinaria; como el prisionero que disfrutaba en sueños de una libertad
imaginaria, cuando empieza a sospechar que estaba durmiendo, teme que se le
despierte y sigue cerrando los ojos con estas dulces ilusiones, así me deslizo
voluntariamente a mis antiguas creencias y me aterra el despertar, no sea que
tras el plácido descanso haya de transcurrir la laboriosa velada no en alguna
luz, sino entre las tinieblas inextricables de los problemas suscitados.”
RESEÑA BIOGRÁFICA DE DESCARTES
René Descartes nació en la Haya,
pequeño lugar de la Touraine, Francia, y fue hijo de una familia noble, recibiendo
el título de Señor de Perron. Fue de constitución delicada lo que le obligó a esmerarse
en la salud durante toda su vida, poniendo especial cuidado en que las tareas
de su mente no pusieran en peligro la salud de su cuerpo. Entre 1606 y 1614 se
educó en el Colegio de Jesuitas de la Flèche. Hizo allí los estudios clásicos y
luego los cursos de lógica, física y metafísica escolástica, junto con los de
matemáticas. Al salir del colegio su familia hizo que se dedicase al ejercicio
de las armas, primero en Rennes y luego en París. Entre 1615 y 1616 decidió
apartarse del círculo de sus amigos para
para poder dedicarse a sus estudios favoritos El gusto por la aventura y
la curiosidad de ver mundo le llevaron a alistarse en 1618 en el ejército del
príncipe Mauricio de Nassau. En el
invierno de 1618 a 1619 se consagró a sus meditaciones, componiendo varios
escritos. Después de haber servido
contra España en los Países Bajos, pasó al servicio del Duque de Baviera contra
los protestantes al mismo tiempo que ocupaba, sobre todo el invierno, en
meditar su nueva filosofía. Cuenta que al entrar en Praga con el ejército
victorioso, sólo pensó en visitar la morada de Ticho Brahé para honrar su
memoria.
A continuación entró a formar filas a
las órdenes del conde Bucquoy en su campaña por Hungría, y a la muerte de éste
emprendió una serie de viajes, volviendo a Holanda por el Norte de Alemania,
pasando de aquí a Bruselas en 1622. Al retornar a Francia fue cuando dudó un
momento acerca de la orientación general de su vida.
Resuelto a consagrar su existencia a la meditación
filosófica y al estudio del mundo, vende sus bienes y parte para Italia en
1623. En su paso por los Alpes medita su tratado sobre los meteoros. A su
vuelta se detiene tres años en París tomando parte de las diversiones que le
ofrecía la ciudad, creyendo que de esta manera se aproximaba más al
conocimiento de la verdad que si se hubiera recluido acompañado de libros.
En 1628 acudió como voluntario al
sitio de La Rochela, y en el mes de marzo de 1629 se retiró definitivamente a
Holanda por haberle parecido el país más propicio para la consagración a la ciencia.
Para gozar de su soledad tuvo que mudarse varias veces de domicilio. Su último
domicilio en la abadía de Egmond fue su más larga residencia.
Este retiro, que iba a durar hasta
1649, fue interrumpido por viajes a Inglaterra, Dinamarca y Francia. Su divisa
de vida y que hacía ostentar en sus cartas era "Bene vixit qui bene
latuit" (vive bien quien bien se oculta). Huía tanto de la publicidad como
de dar a luz sus escritos. Durante toda su vida Descartes aspiró a una verdad
integral, algo que le era dado alcanzar al espíritu con sólo emplear todas sus
fuerzas. Como verdadero creyente, procuró acomodar todas sus opiniones con los
juicios de la iglesia. Descartes pasó los últimos años de su vida en Suecia,
donde había sido llamado para que fundara allí una academia y ejerciese de tutor.
Murió en Estocolmo, se dice que de una neumonía debido a que sus pulmones no
resistieron el duro régimen de levantarse muy temprano por las mañanas para dar
clases a la reina en medio de un invierno helado.

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