“Puedo cambiar de opinión en segundos”
no sólo es la divisa de los hombres tontos; también de los hombres malos. Es mejor tener una mala opinión, que no tener ninguna, pues lo primero es signo de mala cabeza, pero lo segundo es ya tenerla vacía. Que el
presidente del mayor imperio del mundo tenga esta divisa por bandera es para esperar de
sus guerras el mayor apocalipsis. En cuanto se le permitió decir que podría
disparar en la quinta avenida a gente y no perder votos, se le han permitido
todas las tropelías que le siguieron, incluso la de asaltar el capitolio cuando
perdió por fin los votos. Podría cambiar de opinión en segundos y decidir esta
vez disparar en la quinta avenida. Como es tonto y además es malo y, lo peor de
todo, un auténtico loco creyéndose el ser más cuerdo del mundo, ha cambiado
la quinta avenida por el golfo pérsico, quizás porque en su ignorancia geográfica crea que ambos puntos no andan muy lejos, o quizás porque el dinero de su bolsillo cada vez anda más cerca de ese golfo. Cambiar de opinión en segundos no es un
poder; es el signo mayor de impotencia, la de alguien que no se puede contener y
no tiene ni siquiera una opinión. De modo que tenemos en EE. UU. un Calígula que
podría coronar emperador a un palo de golf, confundir una de sus pelotas con
una bomba atómica y apretar el botón en cuestión de segundos, que es lo que
tarda en cambiar de opinión. Pero en lo que tarda Trump en cambiar de opinión
se va destrozando el mundo. Un hombre impotente en el puesto de mayor poder del
mundo es la mayor catástrofe para el planeta. Nadie se atreve a decirle al
emperador que está desnudo. Nadie que es un delincuente que tiene que estar en
la cárcel, nadie que es un loco que ha de volver al manicomio. Pero sobre todo nadie se ha atrevido nunca a decirle lo tonto que es. Es lo más normal tener idiotas en el poder, pero es una anomalía tener un tonto de calibre tan grueso en un puesto tan alto. El mundo nunca
ha sido tan cobarde: la prueba es que el más valiente es un hombre poderoso capaz de cambiar
de opinión en cuestión de segundos. El mundo nunca ha sido tan tonto: la prueba es que Donald Trump es quien lo está gobernando.

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