Se deja aquí otra selección de pensamientos de Goethe, en traducción de
Rafael Cansinos Assens. Alguno de ellos sacados de sus cuadernos para la
Morfología, 1822. Quien desee escarbar en su vida, hay, en una anterior entrada
de este blog, una larga reseña biográfica apoyada en libro de Rüdiger
Safranski, "Goethe. La vida como obra de arte". Se deja enlace.
https://umbralygozne.blogspot.com/2023/04/pensamientos-32-goethe-literatura-y-vida.html
Lo más grande que de Dios y la Naturaleza hemos recibido es la vida, el
movimiento rotatorio de la mónada alrededor de sí misma, que no conoce tregua
ni descanso; el impulso para mover y mantener la vida es un impulso
indestructible congénito a todos los mortales; pero la peculiaridad del mismo
sigue siendo un secreto para nosotros y para los demás.
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El segundo favor de esa entidad que obra desde arriba es lo experimentado,
lo percibido, la penetración de la mónada viva y móvil en el contorno del mundo
exterior, merced a lo cual se percate por primera vez de sí mismo como algo
ilimitado interior y exteriormente limitado. De ese experimentado podemos
darnos cuenta nosotros mismo, aunque para ello se requieran disposición,
atención y suerte, porque para los demás sigue siendo siempre un misterio.
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Como un tercer favor se desarrolla luego lo que como acto y obra, palabra
o escrito, proyectamos hacia el mundo exterior; todo ello pertenece más a aquél
que a nosotros mismos, así como también puede dicho mundo exterior comprenderlo
antes que nosotros; aunque sintiendo, sin embargo, que para explicárselo bien
tiene que pasar hasta donde es posible por nuestra experiencia. De ahí que
seamos tan codiciosos respecto a conocer comienzos juveniles, grados de
cultura, pormenores biográficos, anécdotas y demás cosas a ese tenor.
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A esta acción hacia fuera sigue inmediatamente una reacción, ya sea que
el amor trate de secundarnos o el odio de cohibirnos. Este conflicto se mantiene
en la vida en forma bastante uniforme, en cuanto también el hombre se mantiene él
mismo y debe sentir también todo aquello que supone inclinación o desvío a su
modo de ser.
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Lo que con nosotros y para nosotros hacen los amigos es también una experiencia, puesto que corrobora y hace que progrese nuestra personalidad. Lo que contra nosotros emprenden nuestros enemigos no lo experimentamos, limitándonos a saberlo, a conjurarlo y guardarnos de ello como nos guardamos de la helada, la tormenta, la lluvia y el granizo o cualquier otra calamidad exterior que fuere de temer.
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No se puede vivir con todo el mundo ni tampoco se puede, por tanto,
vivir para todo el mundo. Quien vea esto claro sabrá estimar altamente a sus
amigos y no odiar ni perseguir a sus enemigos.; lejos de eso, no es fácil
pudiera pedir el hombre favor más grande que el poder darse cuenta de los
méritos de sus adversarios, lo cual le confiere una decisiva superioridad sobre
ellos.
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Si volvemos los ojos a la historia antigua, encontraremos dondequiera
personalidades con las que habríamos podido entendernos y otras con las que
seguramente habríamos estado en pugna.
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Lo más principal es siempre, sin embargo, lo contemporáneo, por ser lo
que más claramente se refleja en nosotros y aquello en que nosotros más
claramente nos reflejamos.
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Todo el mundo sabe estimar la experiencia, y más que nadie las personas
pensadoras y reflexivas cuando llegan a viejas, sienten entonces con toda
confianza y holgura que nadie podrá quitarles eso.
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Así que mis estudios de Historia natural se basan sobre el puro
fundamento de lo experimentado: ¿quién podrá quitarme el que naciera en 1749;
que (pasando por alto muchas cosas) me impusiera fielmente en la Teoría de
la Naturaleza, de Erzleben (primera edición): que no aguardara a ver
impresas las demás ediciones, donde, merced a la atención de Lichtenberg, se
acumulan los aditamentos, sino que inmediatamente que se producía algo nuevo ya
tuviera noticia y razón de ello; que, siguiendo paso a paso los grandes
descubrimientos de la segunda mitad del siglo XVIII hasta el día de hoy, los
viera despuntar sobre mi cabeza, como sucesivos prodigiosos luceros?
Quién podría quitarme la íntima alegría de saber que, mediante un
progresivo, atento esfuerzo, hube de rondarle tan cerca a más de un gran
descubrimiento que causara universal asombro, que su aparición casi pareciera
haberme brotado de mi propio interior y que ahora vea claramente ante mi los
pocos pasos que dejara de aventurarme a dar en la oscura investigación?
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Quien ha vivido el descubrimiento del globo aerostático podrá atestiguar
qué universal conmoción produjo, qué interés no despertaron los aeronautas, qué
ansia no inspiró a miles de personas por tomar parte en esas peligrosas
excursiones de antiguo descontadas y admitidas, siempre creídas y siempre
increíbles; qué relación tan detallada y briosa hacían las gacetas de cualquier
feliz ensayo aislado en ese sentido, que también daba pie para diarios y
viñetas, y qué tierna simpatía no se les tributaba a las infelices víctimas de tales
ensayos. Imposible es representarse de nuevo todo eso ni aun apelando a la
memoria, tan imposible como volver a sentir interés por una guerra de hace
treinta años, por más importante que haya sido.
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La más bella metempsicosis es aquella en que nos vemos aparecer de nuevo
en otros.
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Rara vez nos satisfacemos a nosotros mismos, por lo que resulta todavía
más difícil satisfacer a los demás.
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Sin embargo, sólo vemos nuestra vida pasada como un mosaico, porque lo
preterido, lo fallido es lo primero que se nos viene a los ojos, predominando
en la imaginación sobre lo producido y logrado.
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Resulta muy cohibida la ciencia efecto de entregarnos a aquello que no
vale la pena saber y a aquello también que no puede saberse.
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Ante los fenómenos primordiales, cuando se nos muestran patentes a
nuestros sentidos, nos entra algo así como miedo y hasta angustia. Los hombres
sensible se libran de ello con el asombro; pero en seguida tercia ese activo
alcahuete, el intelecto, y trata a su manera de mediar entre lo más noble y lo
más vulgar.
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Pero el verdadero mediador es el arte. Hablar sobre el arte equivale a
querer servir de medianero al mediador, y, sin embargo, de ahí se derivan para
nosotros muchas cosas valiosas.
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La verdad es una antorcha, pero enorme; de ahí que todos pasemos a su
lado parpadeando, por temor de quemarnos en ella.
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Lo verdaderamente insensato de hombres por lo demás discretos consiste
en que no aciertan a aprobar lo que otro dijo; pero tampoco atinan con el modo
como habría debido decirlo.
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Todo el mundo, por el hecho de hablar, se cree también autorizado a
opinar en materia lingüística.
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No se necesita más que avanzar en años para volverse más suave; no veo
que nadie cometa faltas que yo no hubiera cometido.
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El que obra no tiene nunca conciencia; sólo la tiene el que contempla.
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Es el odio un enojo activo, la envidia lo es pasivo; de ahí que no debe
maravillar a nadie el que la envidia se trueque tan fácilmente en odio.
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Sólo el maestro puede hacer progresar el arte. Los mecenas hacen
progresar a los artistas, lo cual está muy en su punto; pero con ello no
siempre se fomenta el arte.
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Suelen resultar odiosos la más de las veces los eruditos cuando
contradicen al que yerra, pues suelen mirarlo poco menos que como a su mortal
enemigo.
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Suelen resultar odiosos las más de las veces los eruditos cuando
contradicen al que yerra, pues suelen mirarlo poco menos que como a su mortal
enemigo.
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Nunca podrá la belleza lograr clara idea de sí misma.
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Solemos decirnos con bastante frecuencia en nuestra vida que debe
evitarse la ocupación múltiple, la polipragmasine: sobre todo, huir, a
medida que nos vamos haciendo viejos, de meternos en nuevas empresas. Pero en
vano es que nos lo digamos y nos lo aconsejemos a nosotros mismos y a los
demás. Pues lo de hacerse viejo es ya de por sí meterse en un nuevo negocio; cambian
todas las relaciones y no nos quedan más recursos que suspender toda actividad
o aceptar con buena voluntad y conciencia nuestro nuevo papel.
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De lo absoluto en sentido teórico no me atrevo a hablar; pero si considero
lícito afirmar que quien lo reconozca en el fenómeno y no lo pierda nunca de
vista sacará de ello provecho grande.
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Vivir en la idea quiere decir tratar lo imposible cual si fuere posible.
Lo mismo puede decirse del carácter; cuando ambos coinciden, se producen
acontecimientos que dejan pasmado al mundo por espacio de siglos.
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¡Qué poco se ha escrito de lo pasado y qué poco se ha salvado de lo que
se ha escrito! La literatura es de suyo fragmentaria; sólo contiene monumentos
del humano espíritu en cuanto se les pone por escrito y logran finalmente
perdurar.
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Y, sin embargo, pese a todo lo incompleto de la literatura, encontramos
miles de repeticiones, de donde se infiere cuán limitados son el espíritu y el
sino del hombre.
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Realmente sólo sabemos que sabemos poco; con el saber crece la duda.
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Los yerros del hombre son los que verdaderamente le hacen amable.
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Aquel a quien le hubiera sido dado ver antes lo malo que es el mundo,
según nos lo pintan los contradictores, habría tenido que volverse un
miserable.
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Antipatía y odio limitarían el horizonte del observador, aunque tuvieran
por compañero la sagacidad; en cambio, cuando ésta se hermana con la
benevolencia y el amor, llega a calar en el mundo y los hombres, mejor dicho,
puede esperar llegar a lo más supremo.
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Lo material está al alcance de cualquiera, pero el contenido sólo lo
encuentra aquel que tiene algo que hacer, y la forma es un misterio para los
más.
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El error se repite siempre de hecho, por lo que debemos repetir sin
cansarnos la verdad de palabra.
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Así como en Roma, además de los romanos, hay un pueblo de estatuas, así
también, además de este mundo real, hay otro mundo de fantasía, casi mucho más
poderoso en el que viven los más.
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Sólo escribe una crónica aquel para quien tiene importancia lo presente.
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Los pensamientos vuelven, las convicciones retoñan; los estados pasan
irrevocablemente.
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Concedemos de buen grado que la antigüedad sea superior a nosotros, pero
no la posteridad. Sólo un padre no envidia el talento de su hijo.
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Todo cuanto emprendemos y llevamos a cabo es un cansarse; ¡feliz aquél
que no se canse!
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En todo tiempo son únicamente los individuos los que laboran por la
ciencia y no su generación. Fue su generación la que dio muerte a Socrátes por
medio de la cicuta, su generación la que quemó a Huss en la hoguera; la
generación sigue siendo la misma.
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La verdadera simbólica es aquella en que lo particular representa a lo
más general, no como sueño y sombra, no como sueño y sombra, sino cual viva y
actual revelación de lo inescrutable.
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Todo lo ideal, en cuanto se lo abstrae de lo real, acaba por devorar a
éste y devorarse a sí mismo. Tal hace el crédito (el papel moneda) con la plata
y consigo mismo.
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Los lemas indican aquello que no se tiene, aquello por lo cual nos
afanamos. Nos ponemos como es debido, eso que nos falta, ante los ojos.
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Llevo en la masa de la sangre la sociabilidad; por eso en múltiples
empresas pude granjearme colaboradores y capacitarme para colaborador de ellos,
logrando así la dicha de verme a mí seguir viviendo en ellos y verlos a ellos
continuar viviendo en mí.
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Toda mi actividad íntima se muestra en forma de una vital heurística,
que acatando una regla incógnita presentida, trata de hallarla en el mundo
exterior e introducirla en él.
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El error viene a ser para la verdad lo que el sueño para la vigilia. He
observado que del error salimos como restaurados para volvernos de nuevo a la
verdad.
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Todo aquel que no obra para él, padece. Se obra para los demás con el
fin de gozar con ellos.
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Toda mística es un trascender y un deshacerse de algún objeto que
creemos dejar a nuestra espalda. Cuanto más grande y principal aquello que
renunciamos, tanto más ricas serán las producciones del místico.
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Todos los hombres, luego que logran libertad, imponen sus defectos; los
fuertes, su exageración; los débiles su indolencia.
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El humano intelecto nace enteramente puro en los hombres sanos; se
desarrolla de por sí y se manifiesta mediante un enérgico percibir y acatar lo
necesario y útil. Los hombres y mujeres prácticos se sirven de su inteligencia
con seguridad. Donde aquella falta, ambos sexo reputan necesario aquello que
ambicionan y útil lo que les agrada.
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¿Qué forma de gobierno es la mejor? Aquella que nos enseña a gobernarnos
nosotros mismos.
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Las excelentes obras teatrales de Shakespeare carecen acá y allá de
facilidad; son algo más de lo que deberían ser, y precisamente por ello están
delatando al gran poeta.
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La mayor probabilidad de cumplirse una cosa está siempre sujeta a dudas,
De ahí que lo esperado, cuando llega a ser realidad, siempre resulta
sorprendente.
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A todas las demás artes tenemos que prestarles algo; sólo con el arte
griego estamos siempre en deuda.
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Lo absurdo, representado con buen gusto, suscita repugnancia y
admiración.
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De la mejor sociedad se dice que su conversación es instructiva, y su
silencio, educativo.
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De la belleza y el ingenio hay que huir, si no queremos convertirnos en
sus esclavos.
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El misticismo es la escolástica del corazón, la dialéctica del sentimiento.
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Somos benévolos con los viejos como lo somos con los niños.
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Pierde el viejo uno de los más grandes privilegios del hombre: deja de
tener por jueces a sus pariguales.
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