Ir al contenido principal

POETAS 142. Vicente Aleixandre (II): "Pasión de la Tierra".

 


Vicente Aleixandre nace en Sevilla el 26 de abril de 1898. A los dos años su padre, que es ingeniero, tiene que trasladarse a Málaga. En el colegio conoce a Emilio Prados. Transcurren nueve años hasta que la familia se instala definitivamente en Madrid. Cuando termina el bachillerato, empieza a estudiar derecho e intendencia mercantil. En el verano de 1917, en las Navas del Marqués (Avila), se produce un suceso trascendente: descubre la poesía de la mano de Dámaso Alonso, ese “amigo de todas las horas, seguro en toda la vicisitud”. Le acaba de prestar una antología de Rubén Darío y con su lectura se le abre todo un mundo. Hasta entonces sus lecturas se inclinaban exclusivamente hacia la novela. Comienza en Navas del Marqués a escribir sus primeros versos.

Terminadas las dos carreras, entra de profesor ayudante en la escuela de intendentes mercantiles y consigue empleo en una compañía ferroviaria. En 1925 una grave enfermedad -tuberculosis renal- cambia el curso de su vida. El obligado retiro en Miraflores de la Sierra favorece su dedicación a la literatura, con una convalecencia que exige un reposo absoluto y un estricto régimen alimentario. En una entrevista en 1964 confesaba: “Cuando ya recuperado pude haber retornado al servicio se había operado en mí la metamorfosis de la poesía, y entonces me dediqué a ella plenamente”.

En 1927 está ya en Madrid, en la calle Valentonia, que a partir de 1977 cambiará su nombre por el del poeta. Va conociendo a otros compañeros de generación y empieza a colaborar en revistas del grupo como Litoral, Carmen, Lola… Se entrega de lleno a la tarea creativa. Una fuerte recaída obliga a extraerle un riñón en 1932. Su carrera sigue una trayectoria ascendente. En 1933 obtiene el premio nacional de literatura “La destrucción o el amor”. Durante la guerra, nuevamente enfermo, pasa gran parte del tiempo en Miraflores. Al terminar, regresa a su casa de Valentonia, que a lo largo de muchos años se convertirá en refugio y centro de peregrinación de los jóvenes poetas. Muertos ya sus padres, vive allí en compañía de conche, su única hermana.

Ante la imposibilidad de buscar nuevos horizontes, como tantos otros compañeros, se sumerge en las profundidades del exilio interior. Luego van aquedan atrás los años en que se ve condenado por el régimen y en 1949 es elegido miembro de la Real Academia. Desaparece el veto que pesaba sobre él y su obra. Su precaria salud no le impide emprende algunos viajes, dentro y fuera de España para dar conferencias. En 1969 recibe el Premio de la Crítica y en 1977 la concesión del Nobel supone el reconocimiento definitivo. En los últimos años se ve fuertemente aquejado por su dolencia crónica, a la que viene a sumarse afecciones de la vista. Muere en diciembre de 1984 a causa de una hemorragia intestinal.

Vicente Aleixandre, obligado por su dolencia crónica, al reposo físico es hombre de extraordinaria vitalidad, que acompasa su existir al ritmo del universo y se vuelca en el amor a la Naturaleza, a la vida, dentro de una concepción panteísta del mundo que trasciende la conciencia de la propia individualidad.

Dedicó buena parte de su vida al cultivo de la amistad y de la charla cordial. Todos cuantos se acercaron a él han subrayado la generosa hospitalidad con que abría las puertas de su cas, el estímulo que supo dar a los jóvenes poetas hispanos, ya en amables pláticas, y en su cartas. Cariño y gratitud son sentimientos unánimes en quienes pudieron gozar de su afectuosa acogida. Su magisterio sobre las nuevas generaciones fue decisivo, sobre todo a partir de la publicación de “Sombra del paraíso” (1944).

Subraya José Luis Cano, uno de sus mejores amigos, “el humanismo de Aleixandre, que se refleja en su solidaridad y defensa de los valores humanos, y en su actitud frente a la sociedad de su tiempo y los problemas de su país. De formación liberal, estuvo al lado de la causa republicana, circunstancia que le acarreó muchas sinsabores durante la inmediata posguerra.

Es habitual distinguir dos ciclos dentro de su poesía, que fue de lenta germinación. El primero empieza con "Ambito" (1928) y está dominado por el panteísmo, con el anhelo de fundirse con el universo, de integrarse en la naturaleza. son poemas de dimensiones cósmicas, telúricas, preñados de angustia y desasosiego. El poeta se identifica con todo lo creado, tanto la materia inorgánica como el reino vegetal y animal. Parte de la idea de jla unidad sustancial del mundo. Su universo vital está presidido por el amor y la muerte, fundisos, confundidos. Dentro de una concepción neoromántica, se entrega a la pasión amorosa, a sabiendas de que amar es destruirse, y destruirse es renacer.

El primer libro se situa en la línea de la poesía pura, con un marcado influjo de Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén. La preocupación formal cristaliza en versos geométricamente cincelados. En el mismo año en que aparece ámbito la obra de Aleixandre da un vuelco hacia la irracionalidad y la exploración del subconsciente. Empieza a escribir los poemas en prosa de "Pasión de la tierra" -libro que no sepublicará hasta 1935 -y, poco después, "Espadas como labios" (1932), para culminar en "La destrucción o el amor" (1935). Aleixandre ha pasado de la estética pura a una poesía visionaria, anclada en las zonas oscuras del ser. Ha sabido forjar un lenguaje propio, brillante, caudaloso, extraordinariamente rico en imágenes, que será vehículo indispensable de su cosmovisión en esos años.

Después de "La destrucción o el amor" en sus versos sólo quedan reminiscencias del surrealismo, cada vez más tenues, si bien mantendrá una libertad expresiva y el uso de procedimiento visionarios, aunque menos frecuentes. En el límite se encuentra "Mundo a solas" (escrito en 1934-1936 y publicaco en 1950), un libro oscuro, pesmista, que nos muestra al hombre en absoluto estado de enejenación. Han desaparecido prácticamente en "Sombra del paraíso" (1944), obra de plenitud. Tras el paréntesis de la guerra civil, marcada por la enfermedad y de muy escasa producción, en un momento aciago de su vida, Aleixandre se evade de la realidad mediante la evocación de un mundo primigenio y puro, anterior al pecado, en el que la naturaleza libera al hombre de la angustia. Es una huida hacia la luz, hacia un cosmos ordenado y luminoso que, por irrecuperable, despierta un sentimiento de tristeza y melancolía. Asistimos al trágico destino del hombre en un universo que fue armmónico en otro tiempo y dejó de serlo. "Nacimiento último" (1953) pone fin a su primera fase.

"Historia del corazón (1954) es la obra que marca el paso a un nuevo ciclo dentro de un entorno literario en el que triunfa el realimo social y la lírica se colectiviza. La lengua poética de Aleixandre se vuelve más diáfana y adquiere un tono reflexivo. La naturaleza queda en un segundo plano, como mero escenario, para ceder protagonismo al hombre. El gran tema de su poesía es el transcurrir de la vida humana; en definitiva, el ser humano. La vida ahora es tiempo y circunstancia. Hasta el momento ha prevalecido la fusión con el medio físico. Ahora va a ser la comunión con los semejantes la que alivia al poeta de su angustia última.

"Un vasto dominio" (1962) viene a ser la síntesis de las visiones del mundo que prevalecen en una y otra etapa. La serie inaugurada con "Historia del corazón" tiene su remate en "Retratos con nombres" (1965). Con "Poemas de la consumación" (1968) y "Diálogos del conocimiento" (1974) el poeta se sumerge en indagaciones metafísica sobre el enigma de la propia conciencia y el sentido último de la vida y el mundo.

La poesía de Aleixandre revela una visión de la vida humana en que ésta se rige por los esquemas de la naturaleza. En un proceso de espiritualización de la materia, los seres elementales del mundo natural (viento, fuego, piedras, mares, ríos, montañas) se convierten auténticos portadores de los valores vitales y símbolo de lo auténticos. el hombre es tanto más perfecto cuanto más se asimila a ellos; sólo puede vivir en plenitud en la medida en que sigue la llamada de la tierra. La desnudez se presenta como imprescindible forma de aproximación a ese mundo natural sin artificio. Pieza nuclear en ese universo mítico es el amor. Se nos muestra el amor pasión que consiste en relacionar al amante con lo absoluto telúrico. El amor es lo que permite la fusión con el todo. El ansia de romper las fronteras que nos separan del otro. El amor como fuerza violenta se convierte también en sinónimo de muerte.

Se puede definir la poesía de Aleixandre como una aventura en busca del conocimiento. La primera vía de acceso fue al comienzo de su obra la comunión con el cosmos: "poesía es clarividente sufión del hombre con lo creado". Más tarde se volcará en el conocimiento solidario de la vida de otros seres, inmersos como él en la Historia. Comunicación con la otredad humana. En una última etapa está dominado por la aspiración a una sabiduria totalizadora, de signo gnoseológico y metafísico. Conocer es lo mismo que saber. Uno es la actividad y el otro es el resultado.

Se ha considerado a Aleixandre el poeta español más próximo al movimiento europeo del surrealismo. Parece claro que emprendió esta ruta impulsado por la lectura de "Los cantos de Maldoror", de Lautremont y de "Iluminaciones", de Rimbaud. Si bien se trata, como afirmó Cernuda, de una corriente que se adapta perfectamente a la visión de Aleixandre. Pero se trataría, más bien, de una escritura automática controlada. Aleixandre no da rienda suelta al dictado de lo inconsciente. Estuvo, sin embargo, en posesión de actitudes vitales y poéticas, que lo aproximaron al surrealimo francés y que potenciaron un lenguaje surreal como perfecto vehículo de esta actitudes.

“Pasión de la Tierra” fue el segundo libro de Vicente Aleixandre, compuesto en 1928-1929. Su título primitivo había sido “La evasión hacia el fondo”, y así había sido anunciado por la editorial que inmediatamente quebró, dejando inédita esta obra. Por este motivo, su tercera obra “Espadas como labios” apareció publicada antes que “Pasión de la Tierra”. En 1934 cruzó en cuartillas el Atlántico en manos de unos amigos, que lo editaron en Méjico en 1935, pero de forma limitada e incompleta. El poemario íntegro vería la luz por primera vez en Madrid en 1946. La poca fortuna de que gozó esta edición no sólo debió obedecer a la oscuridad de sus textos; apareció en un momento en que el surrealismo ya estaba superado.

La prosa de este libro está estrechamente ligada a la experiencia surrealista y al mundo del subconsciente que Aleixandre había explorado en sus lecturas de Freud. Por su técnica empleada, nos informará más tarde el propio autor, es “el libro mío de lección más difícil. He creído siempre ver en sus zonas abisales el arranque de la evolución de mi poesía, que desde su origen ha sido -lo he dicho- una aspiración a la luz.” Elige la prosa poética como instrumento más flexible, algo que ya habían ensayado sus inspiradores: Lautremont y Rimbaud.

Domina la exaltación de lo elemental e instintivo. Hay una continua referencia a los elementos del mundo natural, a las fuerzas vitales. El impulso erótico y el amor -pasión, junto con la muerte, se hacen presentes en todo momento. El gran protagonista es el cuerpo humano. Es un libro cuajado de imágenes delirantes, distorsionadas, en que vemos a menudo cuerpos mutilados en torno a los cuales rondan siempre el espectro de la muerte y la angustia existencial.  También es apreciable una buena dosis de rebeldía atávica: es la rebelión del ser en sí mismo contra la inutilidad y la maldad del mundo, que no excluyen la belleza.

 

VIDA

 

Esa sombra de tristeza masticada que pasa doliendo no oculta las palabras, por más que los ojos no miren lastimados.

 

Doledme.

 

No puedo perdonarte, no, por más que un lento vals levante esas olas de polvo fino, esos puntos dorados que son propiamente una invitación al sueño de la cabellera, a ese abandono largo que flamea luego débilmente ante el aliento de las lenguas cansadas.

 

Pero el mar está lejos.

 

Me acuerdo que un día una sirena verde del color de la Luna sacó su pecho herido, partido en dos como la boca, y me quiso besar sobre la sombra muerta, sobre las aguas quietas seguidoras. Le faltaba otro seno. No volaban abismos. No. Una rosa sentida, un pétalo de carne, colgaba de su cuello y se ahogaba en el agua morada, mientras la frente arriba, ensombrecida de alas palpitantes, se cargaba de sueño, de muerte joven, de esperanza sin hierba, bajo el aire sin aire. Los ojos no morían. Yo podría haberlos tenido en esta mano, acaso para besarlos, acaso para sorberlos, mientras reía precisamente por el hombro, contemplando una esquina de duelo, un pez brutal que derribaba el cantil contra su lomo.

 

Esos ojos de frío no me mojan la espera de tu llama, de las escamas pálidas de ansia. Aguárdame. Eres la virgen ola de ti misma, la materia sin tino que alienta entre lo negro, buscando el hormigueo que no grite cuando le hayan hurtado su secreto, sus sangrientas entrañas que salpiquen. (Ah, la voz: “Te quedarás ciego”.) Esa carne en lingotes flagela la castidad valiente y secciona la frente despejando la idea, permitiendo a tres pájaros su aparición o su forma, su desencanto ante el cielo rendido.

 

¿Nada más?

 

Yo no soy ese tibio decapitado que pregunta la hora, en el segundo entre dos oleadas. No soy el desnivel suavísimo por el que rueda el aire encerrado, esperando su pozo, donde morir sobre una rosa sepultada. No soy el color rojo, ni el rosa, ni el amarillo que nace lentamente, hasta gritar de pronto notando la falta de destino, la meta de clamores confusos.

 

Más bien soy el columpio redivivo que matasteis anteayer.

 

Soy lo que soy. Mi nombre escondido.

 

 

 

EL SILENCIO

 

Esa luz amarilla que la luna me envía es una historia larga que me acongoja más que un brazo desnudo. ¿Por qué me tocas si sabes que no puedo responderte? ¿Por qué insistes nuevamente, si sabes que contra tu azul profundo, casi líquido, no puedo más que cerrar los ojos, ignorar las aguas muertas, no oír las músicas sordas de los peces de arriba, olvidar la forma de su cuadrado estanque? ¿Por qué abres tu boca reciente, para que yo sienta sobre mi cabeza que la noche no ama más que mi esperanza, porque espera verla convertida en deseo? ¿Por qué el negror de los brazos quiere tocarme el pecho y me pregunta por la nota de mi bella caja escondida, por esa cristalina palidez que se sucede siempre cuando un piano se ahoga, o cuando se escucha la extinguida nota del beso? Algo que es como un arpa que se hunde.

 

Pero tú, hermosísima, no quieres conocer esta azul frío de que estoy revestido y besas la helada contracción de mi esfuerzo. Estoy quieto como el arco tirante, y todo para ignorarte, oh noche de los espacios cardinales, de los torrentes de silencio y de lava. ¿Si tú vieras qué esfuerzo me cuesta guardar el equilibrio contra la opresión de tu seno, contra ese martillo de hierro que mee está golpeando aquí, en el séptimo espacio intercostal, preguntándome por el contacto de dos epidermis! Lo ignoro todo. No quiero saber si el color rojo es antes o es después, si Dios lo sacó de su frente o si nació del pecho del primer hombre herido. No quiero saber si los labios son una larga línea blanca.

 

De nada me servirá ignorar la hora que es, no tener noción de la lucha cruel, de la aurora que me está naciendo entre mi sangre. Acabaré pronunciando unas palabras relucientes. Acabaré destellando entre los dientes tu muerte prometida, tu marmórea memoria, tu torso derribado, mientras me elvo con mi sueño hasta el amanecer radiante, hasta la certidumbre germinante que me cosquillea en los ojos, entre los párpados, prometiéndoos a todos un mundo iluminado en cuanto yo me despierte.

 

Te beso, oh, pretérita, mientras miro el río en que te vas copiando, por último, el color azul de mi frente.

 

 

 

LA IRA CUANDO NO EXISTE

 

No busquéis esa historia que comprendía la sinrazón de la Luna, el color de su brillo cuando ha ganado su descanso. La consistencia del espíritu consiste solo en olvidarse los límites y buscar a destiempo la forma de las núbiles, el nacimiento de la luz cuando anochece. Porque yo me soporto. Habéis oído el cerrar de una puerta, ese latido súbito que ha quedado sobrecogido en vuestros cabellos. No pretendáis verlo convertido en madera, no pretendáis siquiera verlo separado de vuestro cuerpo en forma de mariposa negra; ni aspiréis tan siquiera al relámpago cárdeno que como ensalmo venga a despejar la atmósfera, a poner claros vuestros ojos. Vuestra frente es de nieve. La he paseado muchas veces cuando murmurabais mi nombre, pero siempre a traición, porque nunca he conseguido ver la forma de vuestros labios. Pero en vano me han dicho que pájaros y peces me entrecruzaban en silencio, y que su comprobación era fácil. Una mano de goma, tan ligera que el viento no la sentía entre sus venas, he deslizado cautamente. Pero no lo he conseguido. En vano un poco de yesca hacía presumir, con su brillo de fósforo, un poco de sensibilidad en las uñas. Su redondez nativa, la ceguedad ronquísima, se arrastraba entre lana en busca del frío, o acaso de l a pluma, o acaso de esa catarata de estertores que, envueltos en materia, me había de anegar hasta el codo. No lo he sentido. Mil bocas de heno fresco, mil palabras de mañana he tropezado en mi camino. Mi brazo es una expedición en silencio. Mi brazo es un corazón estirado que arrastra su lamentación como un vicio. Porque no posee el cuchillo, el ala afiladísima que después de partirme la frente se hundió bajo la tierra. Por eso me arrastraré como nardo, como flor que crece en busca de las entrañas del suelo, porque ha olvidado que el día está en lo alto.

 

No me olvidéis cuando os llamo. Sois vosotros los silencios de humo que se anillan entre los dedos. La difícil quietud en cruz de vientos. Ese equilibrio misterioso que consiste en olvidarse del sueño, mientras los anhelos brillan como gargantas.

 

 

 

EL MAR NO ES UNA HOJA DE PAPEL

                                                                                 Déchirante infortune!

                                                                                                            ARTHUR RIMBAUD

 

Lo que yo siento no es el mar. Lo que yo siento no es esta lanza sin sangre que escribe sobre la arena. Humedeciendo los labios, en los ojos las letras azules duran más rato. Las mareas escuchan, saben que su reinado es un beso y esperan vencer tu castidad sin luna a fuerza de terciopelos. Una caracola, una luminaria marina, un alma oculta danzaría sin acompañamiento. No te duermas sobre el cristal, que las arpas te bajarán al abismo. Los ojos de los peces son sordos y golpean opacamente sobre tu corazón. Desde arriba me llaman arpegios naranjas que destiñen el verde las canciones. Una afirmación azul, una afirmación encarnada, otra morada, y el casco del mundo desiste de su conciencia. Si yo me acostará sobre el mar, en mi frente responderían todos los corales. Para un fondo insondable, una mano es un alivio blanquísimo. Esas bocas redondas buscan anillos en que teñirse al instante. Pero bajo las aguas el verde los ojos es luto. El cabello de las sirenas en mis tobillos me cosquillea como una fábula. Sí, esperad que me quite estos grabados antiguos. Aguardad que mi nombre escurra las indiferencias. Estoy esperando un chasquido, un roce en el talón, un humo sobre la superficie. La señal de todos los tactos. Acaricio una melodía: qué hermosísimo muslo. Basta, señores: el baño no es una cosa pública. El cielo emite su protesta como un ectoplasma. Cierra los ojos, fealdad, y laméntate de tu desgracia. Yo soy aquel que inventa las afirmaciones de espaldas, el que acusa al subsuelo de su culpas abiertas. El que sabe que el mar se levantaría como una lápida. La sequedad de mi latrocinio es este vil abismo en que se revuelven los gusanos. Los peces podridos no son una naturaleza muerta. El mar vertical deja ver el horizonte de piedra. Asómate y te convencerás de todo tu horror. Apoya en tus manos tus ojos y cuenta tus pensamientos con los dedos. Si quieres saber el destino del hombre, olvídate que el acero no es un elemento simple.

 

 

 

SOBRE TU PECHO UNAS LETRAS

 

Sobre tu pecho unas letras de sangre fresca dicen que el tiempo de los besos no ha llegado. Qué extendida estás esperando la caricia dudosa, la del mar que navega persiguiéndote, el que acabará rescatando tu largo cuerpo, dejando mis dos labios insensibles.

 

Una tarde de otoño, un núbil corazón que chorrea la luz cuando no hay ojos se va pidiendo oscuridad sin roces, almas que no conozcan los sentidos. Para aguardar la hora, la celestial renuncia que borra las miradas, esa seguridad patente que consiste en perder súbitamente todas las bocas que se asoman. La lisura, esta reserva del espíritu, ya no podrá convocar un damasco callado, esa sutil oreja blanda en pulpa sobre la que reposar para el sueño, sobre la que musitar la forma de los besos cuando no hablan.

 

Escúchame, corazón despertado. Aprende a recordar uno a uno el color del cabello, aquella sed de sequedades vivas, aquel sentir entre los dientes la forma del agua que no rompe. Escúchame. Yo soy la razón muerta que ha amanecido esta mañana por Oriente, despidiéndose de unos brazos de nieve que representaban la noche resplandeciente, la llamarada incauta que surge de la boca partida de una vena cuando me abro, cuando tapo mis ojos para no ver todas las suplicantes. Fuentes del día, acabad ya vuestra historia. Tendeos una a una si es que queréis que una voz repercuta en la entraña, en la oquedad donde dedos crispados van pronunciando el nombre de la vida, buscando el tierno caramelo perdido. Buscad dónde los ojos puedan estar. Dónde podré yo estrecharos sin que el mundo lo ignore.

 

Amadme. Este pedal oculto repite siempre la nota do, do mío. Hermoso cuerpo, látigo descansado, ceñido ciego que no buscas por qué el cielo es azul y por qué el color de tus ojos permanece entreabierto aun cuando llueva dulcemente sobre mis velos. Las formas permanecen a pesar de este sol que seca las gargantas y hace de plata los propósitos que esta mañana nacieron fresco, a la ternura de las opresiones. “¿Me amas?”, preguntaban, estrechando, los cinco corazones no mudos. “¿Me amas?” Y se habían olvidado de sí mismos, hasta `perder su forma, hasta quedar como una sábana la virgen duda de sí misma, la que amanece todas las mañanas con sus labios azules recién creados por la dicha.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

POETAS 21. Elvira Sastre II ("Adiós al frío)

  Los poemas que se seleccionan aquí están extraídos del libro de Elvira Sastre (Segovia, 1992) titulado "Adios al frío".  EL GRITO QUE SERÁ SUSURRO Y que abras los ojos, Y que no me veas, Y que una parte de ti suspire aliviada Para que después vuelva la culpa Y piense en ello, Y te des cuenta de que fuiste tú: Tú seguiste caminando, Tú dejaste de mirarme El día que quise dibujarte la espalda, Tú me tiraste al suelo, Tú te reíste de mi herida, Tú cerraste las puertas en cada paso adelante, Tú bailaste con otra Mientras seguía sonando nuestra canción.   Y que abras los ojos. Y me veas ahí, contigo, libre de marcas. Y suspires de alivio.   Y que te mire. Y que no seas tú. Y suspire de alivio.  

POETAS 97. Jorge Guillén II (Clamor)

  Jorge Guillén nace en Valladolid en 1893, donde realiza sus primeros estudios hasta que se traslada a Madrid para comenzar la carrera de Filosofía y  letras. En esta ciudad comienza a la vez una estrecha relación con la residencia de Estudiantes, en donde más tarde conocerá a alguno de los miembros más destacados de la generación  del 27. Entre 1909 y 1911 viaja por Suiza e Italia. Desde 1917 a 1923 sucede a su amigo Pedro Salinas como lector de español en La Sorbogne. Es en uno de esos frecuentes viajes que hace por Europa conoce, en la localidad de Trégastel (Bretaña), a la que más tarde será su primera mujer, Germaine Cahen, con la que tendrá dos hijos. Al año siguiente de obtener en 1924 su doctorado en Madrid con una tesis sobre Góngora, ocupa la catedra de literatura en la Universidad de Murcia hasta el año 1929, y allí funda junto a unos amigos  la revista “Verso y Prosa”. Es también, durante este periodo, cuando comienza a mandar a  revistas sus p...

POETAS 86. Dante Alighieri (II). "Purgatorio"

  Italia (Florencia, 1265-Ravena, 1321). Dante nació en Florencia y pertenecía a una familia güelfa de la pequeña nobleza, estuvo casado y tuvo tres hijos. Se inició pronto en la actividad política y ostentó diversos cargos corporativos. Era un güelfo blanco: a diferencia de los güelfos negros -la otra facción política de Florencia-,   defendía la autonomía de las comunas y era hostil   a la injerencia del papa en la vida política de Florencia, abogando por una independencia del poder temporal -representado por el emperador- frente al poder espiritual -representado por el papa-. Su actividad y rivalidad política le granjeó una condena a dos años de cárcel y a una multa monetaria que, al no poder satisfacer, fue agravada por una sentencia a ser quemado vivo, lo que provocó que Dante viviese el resto de su vida exiliado en distintas ciudades fuera de Florencia. Además de escribir la “Divina Comedia”, escribió “Rimas”, un tratado político titulado “La monarquía universal” y ...

POETAS 57. Idea Vilariño III (Pobre mundo)

    Idea Vilariño, Uruguay (1920-2009), comentó en  entrevista a Elena Poniatowska: “Uno es más que su yo profundo, que su posición metafísica; hay otras cosas que cuenta: el dolor por la tremenda miseria del hombre, el imperativo moral de hacer todo lo posible por que se derrumbe la estructura clasista para dar paso a una sociedad justa. Aún cuando uno sea coherente con su actitud esencial -hay una sola coherencia posible- no puede evitar ver el dolor, no puede rehuir el deber moral.  Y entonces se pone a compartir la lucha, a ayudar la esperanza”. Idea Vilariño publicó “Pobre mundo” en 1966.     POBRE MUNDO Lo van a deshacer va a volar en pedazos al fin reventará como una pompa o estallará glorioso como una santabárbara o más sencillamente será borrado como si una esponja mojada borrara su lugar en el espacio. Tal vez no lo consigan tal vez van a limpiarlo. Se le caerá la vida como una cabellera y quedará rodando como una esfe...

PENSAMIENTOS 11. Marco Aurelio II. (MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE)

(Roma, 26 de abril de 121 – Vindobona, o actual Viena,17 de marzo de 180). Descendiente de una familia noble, de origen hispano por la rama paterna, el padre murió cuando Marco tenía 10 años, siendo criado por su abuelo Anio Vero, que fue prefecto de Roma y cónsul durante tres ocasiones. Su madre, Domicia Lucila, fue dama de gran cultura y en su palacio del monte Celio -donde se crió Marco- hospedó a las principales personalidades de la época. Su bisabuelo, Catilio Severo, también prefecto y cónsul, llegó a intimar con el emperador Adriano y se introdujo en el círculo de Plinio. El complejo nexo de parentescos y de relaciones que rodeaba la persona de Marco permitió finalmente que pudiera ascender al trono del imperio, para el que fue educado desde muy temprana edad. Una vez que Adriano adoptó a Antonino, y después de ser Marco adoptado a su vez por el segundo –cuando éste contaba 16 años-, no tuvo más que esperar a que llegara su turno en el orden sucesorio, lo que se produj...

POETAS 128. William Carlos Williams I ("La música del desierto")

Williams Carlos Williams fue un poeta y escritor polifacético nacido el 17 de septiembre de 1883, en Rutherford (Nueva Jersey), ciudad que no abandonaría hasta su muerte, exceptuando algunos viajes dispersos por Europa. Era hijo de un hombre de negocios de ascendencia inglesa y una madre nacida en Puerto Rico, de la que heredaría un perfecto conocimiento del idioma y de la cultura hispánica, además de su afición y talento para la pintura, que con el tiempo acabaría cultivando. A los catorce años es enviado a estudiar durante dos años a Suiza, recalando una temporada en París. Tras terminar el bachillerato en Nueva York, inició los estudios de medicina en la Universidad de Pennsylvania. Allí entabló una duradera amistad con Ezra Pound. Después de trabajar como interino en diversos hospitales, en 1906 se trasladó a Leipzig para cursar la especialidad de pediatría. Los tres años que vivió en Alemania le dieron ocasión de conocer, de primera mano, la cultura Europea. Viajó por los Pa...

POETAS 100. Rûmi (El alma es como un espejo)

    Yalal Ad-Din Muhammad Rûmi, también conocido como Mevalâna, que en árabe significa “nuestro señor”, fue un poeta místico musulman persa y erudito religioso que nació el 30 de septiembre de 1207 en Balj, actual Afganistán, y murió en Konia, en 1273. Hijo de un notable académico en Teología, fue educado en los valores islámicos tradicionales. Rûmi se casó a los 21 años, enviudó, se volvió a casar, y tuvo de ambos matrimonios cuatro hijos. Cuando con 24 años Rûmi sucedió a su padre en el cargo, ya era un afamado experto en jurisprudencia, ley islámica y teología. La inciación en los primeros misterios del sufismo se  debe al interés mostrado por uno de los amigos de su padre, Sayyid Burjanedín, que regresó a Konia  para tutelar su aprendizaje, que incluyó  una serie de peregrinajes a los centros sufís más conocidos. (A modo de aclaración, se podría sintetizar el sufismo  como una forma mística de espiritualidad dentro del islam que afirma...