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POETAS 145. Hermann Hesse

 


Hermann Hesse fue un poeta, novelista y ensayista nacido en Calw, Alemania, el 2 de julio de 1877 y muerto en Montagnola, Suiza, el 9 de agosto de 1962. De su padre, misionero nacido en Estonia, heredó el deseo de lo absoluto y la tendencia a la crítica y a la autocrítica. También por parte de sus abuelos por rama materna, suabos y suizo-franceses, se puede rastrear el mismo origen religioso en sus oficios. Su abuelo, el doctor Gundert, fue un misionero famoso y gran filólogo conocedor del sánscrito y capaz de hablar varias lenguas indias. Todo este origen mixto de su ascendencia iba a impedirle al escritor el respeto por los nacionalismos y las fronteras. En 1880 Hermann se convierte con tres años en súbdito suizo, al ser su padre destinado en una misión a Basilea. Allí permanece hasta el verano de 1886, cuando su padre es de nuevo destinado a Calw. Esta piedad religiosa que nutre a su familia sólo la mantiene el futuro escritor hasta los catorce años. A partir de su adolescencia se rebela contra la estrecha religiosidad pietista de sus padres. Tanto en Basilea como en Calw, Hermann Hesse pasó por ser un buen estudiante, hasta que en 1891 tuvo que elegir carrera, decantándose por cursar estudios de Teología en el seminario de Württember; allí comienzan sus calamidades, ante su deseo de ser escritor y su pugna por evitar una profesión que se plegaba al deseo de sus padres. Varias fugas del seminario y un grave episodio de neurosis culminan esta época que describe en su novela "Bajo las ruedas". El periodo siguiente, después de ingresar en 1892 en el instituto de segunda enseñanza de Consstatt (cerca de Stuttgard), está marcado por su amistad con  los golfos y con los estudiantes mayores de mala fama y su vida disoluta emborrachándose en las tabernas, y que aparecerá descrito en su novela "Demián". Su siguiente ocupación, la de aprendiz de librero en una pequeña ciudad, le iba a durar todavía menos, ya que a los tres días de haber empezado, se fuga asqueado por la vida insustancial que le aguardaba y permanece varios días en la calle hasta que sus padres lo acaban encontrando. De regreso a la ciudad de Calw, se pasa en la casa familiar dos años sin hacer nada productivo, para desesperación de sus padres. Data de estos años, sin embargo, su afición por el estudio, devorando la biblioteca de su abuelo y de su padre, hasta que se le declara una dolencia en la vista. De 1893 a 1895 convive íntimamente con el pueblo trabajador por primera y única vez en su vida, cuando por motivos románticos toma el blusón azul de mecánico e ingresa a hacer prácticas en un taller y fábrica de relojes de torre de Calw. En el otoño de 1895 se reaviva su interés por el trabajo de librero y pasa un aprendizaje de tres años en una antigua y sólida librería de Tubinga, donde la mayoría de la clientela estaba compuesta por teólogos y filólogos. Lee sin parar y se inicia en sus primeros escritos. Su obsesivo interés por la vida y los escritos de Goethe dejan paso al culto por Nietzsche. En 1899 pasa de Tubinga a Basilea, como ayudante de librería y todas estas experiencias las narra en "Lauscher", que publicaría con seudónimo en 1901, lo que le abre las puertas al año siguiente para la publicación de sus poemas. Animado por la editorial que había publicado Lauscher, publica seguidamente "Comenzind", que recibiría críticas favorables de algunas personalidades literarias. El éxito cosechado le permite casarse en el verano de 1904 y se instala en Gaienhoffen, un pequeño pueblo a orillas del lago de Constanza. Vive modestamente los siguientes tres años en una casa de labradores, hasta que se construye su propia casa y lleva una vida natural en contacto con la tierra. Más tarde se referirá a  este periodo como "la época burguesa de su vida", durante la cual nacerían sus tres primeros hijos. Sin embargo, una angustia existencial que se iba larvando le lleva a poner fin a este periodo con un viaje a la India en 1911. En el otoño de 1912 se muda a Berna para vivir en una casa rústica antigua. Sus problemas existenciales se agravan cuando estalla la primera guerra mundial y sus ideales pacifistas entran en colisión con el fervor guerrero del ambiente; sus artículos periodísticos acaban disonando en medio del coro belicista de la opinión pública. En 1915 se incorpora a la legación alemana de Berna como voluntario y trabaja hasta 1919 ayudando a los prisioneros alemanes en territorio enemigo, llegando a trabajar como funcionario del Ministerio de la Guerra, destacado en Berna. Sus artículos pacifistas publicados en periódicos le hacen entrar en conflicto con su condición de funcionario al servicio del aparato oficial y acaba rompiendo -como escribirá más tarde en un esbozo de autobiografía- con el mundo burgués, con la patria y la vida familiar. Y es que al final de la guerra, su matrimonio estaba ya tan perturbado -agudizado por la enfermedad mental que aquejaba a su mujer- que acaba divorciándose y parte solo hacia Tesino. Poco antes de la guerra, y a través de unas lecturas, Hesse traba conocimiento con el psicoanálisis, y a partir de 1916 se deja psicoanalizar periódicamente por un discípulo de Jung, que le presentará más tarde al maestro, quien le iba a introducir en el dominio de su mundo simbólico. Como consecuencia de todo este interés por los símbolos y la teoría del psicoanálisis nace su novela "Demián", publicada en 1919. Es ahí, según sus propias palabras, donde el literato burgués, idílico y con éxito se iba a convertir en el escritor problemático y marginado que persistirá hasta su muerte. También nace a partir de esta época su vocación por la pintura, a la que se dedica en sus ratos libre por la alegría y la tolerancia que le reportan. En 1924 se casa con Ruth Wenger y obtiene la nacionalidad suiza. Poco antes, en 1922 había publicado su novela "Sidhartha", fruto de su interés por las filosofías hinduísta y budista. Utilizando un lenguaje sencillo y con estilo poético, la novela relata el esfuerzo del protagonista -inspirado en la figura de Budha- por acceder a la sabiduría y encontrar el sentido de la existencia en medio de una humanidad desorientada  y en  un mundo que se aleja de la sensatez. También late en la obra el tema de la búsqueda de la esencia de las cosas más allá de las apariencias. Si bien esta novela iba a pasar algo desapercibida en el momento de su publicación, cobrará nueva vida cuando en la década de los 60 sea adoptada como guía por aquellos jóvenes americanos que en su rebeldía buscaban una pauta que les orientase de acuerdo con su inconformismo vital. En 1927, después del éxito de su novela "El lobo estepario", se casa con su tercera esposa Ninon Dolbin. En esta novela afronta un tema que será central en su obra: el de la enajenación. Este problema lo recrea a través de la personalidad escindida de su protagonista entre la naturaleza humana y la animal.  Hesse reduce el problema de la enajenación a una estrechez psíquica y a un dualismo metafísico entre espiritualidad e instinto, hasta perder de vista las causas y estructuras sociales. El lobo estepario, Harry Haller,  sufre una fuerte perturbación de la identidad. Pero las causas de su desgarramiento y de su melancolía, resultan, como Hesse hace suponer al editor ficticio de que "sus padres cariñosos, pero muy estrictos y piadosos, así como sus maestros, le educaron en esa línea que tiene como base toda educación: el doblegar la voluntad. Pero en vez de aniquilar su personalidad, sólo habían logrado enseñarle a odiarse a sí mismo. Siendo su vida entera un buen ejemplo de que, sin estimarse a sí mismo, tampoco es posible amar al prójimo. Los intentos de Harry Haller de escapar del mundo burgués llevando una existencia lobuna no son más que una aparente alternativa -que el autor critica- al odiado mundo burgués, al que sin embargo está apegado y marca su carácter. En 1931 comienza a gestar su última gran obra, "El juego de abalorios", que va a ir preludiada por el relato publicado al año siguiente, "El viaje a Oriente". Ante la deriva del pueblo alemán, comienza a abogar activamente en prensa por los autores judíos y las personas perseguidas por los nazis. Durante la guerra se convierte en un autor censurado y se recluye para trabajar en su "juego de abalorios", que finalmente publica en Suiza en 1943. Es posiblemente esta novela utópica ambientada en una sociedad futura, y en la que se da preminencia a los valores del conocimiento, lo que le vale la concesión del premio nobel en 1946. En uno de sus últimos escritos autobiográficos precisa cuál es el tono y el ideario que anima "el Juego de Abalorios" y casi todos sus escritos: "Que la vida vale la pena ser vivida, es el último contenido y consuelo de todo arte, aunque hayan tenido que morir todos los que glorifican la vida. Que el amor es superior al odio, la comprensión superior a la ira, la paz más noble que la guerra." Hesse pasó sus últimos años recluido en su casa de Montagnola, al margen de todo movimiento literario, grupo o asociación, sin conceder entrevistas ni dejar entrar en su casa la radio o la televisión. Aceptó hacia el final de su vida los varios premios que se le concedieron, pero sin ir a recogerlos. El 8 de agosto de 1962, poco después de acabar su último poema empezado unos días antes, falleció mientras dormía a causa de una hemorragia cerebral.

 

 

PORQUE TE QUIERO

 

Porque te quiero, voy todas las noches

Y para que no puedas olvidarme

Con ardientes susurros a tu lado,

Tu alma entera conmigo me he llevado.

 

Ahora está junto a mí y me pertenece.

¿Para bien?, ¿para mal? ¡Cualquiera sabe…!

Mas de mi amor violento y ardoroso

No podrá liberarte ningún ángel.

 

 

YO HE PUESTO EL PIE

Yo he puesto el pie en ese punto de la vida del que nadie puede salir aunque lo intente, para volver atrás.

                    DANTE

 

¡Vuelve la vista, Inquisidor, desvía

Tu mirada de mí!

Llegar hasta ese término

Donde la vida acaba en luz y arcano,

Idolatrar allí

El buen Dios del amor me ha permitido.

 

¡Vuelve la vista! Está buscando a tientas

Mi corazón la senda que ha perdido.

No hay camino de vuelta

Para aquel que se escurre vida abajo,

Para aquel al que todos

Los puentes del sentir le han destruido.

 

 

LA MUERTE VINO DE NOCHE

 

La muerte vino a la ciudad de noche.

Aún se veía luz en la buhardilla,

Y en la ventana del poeta enfermo

Sentóse a ver nacer su última rima.

 

La ventana rompió luego, sin ruido,

Y soplando apagó la turbia lámpara.

Un soplo. Una mirada. Una sonrisa,

Y a oscuras la ciudad quedó, y la casa.

 

 

A LA BELLEZA

 

Tenías las alas desplegadas sobre mis años pueriles.

¡Verdes cercanías! ¡Lejanías de oro!

Y allá, a orillas del último cielo

Fundaste el país de mi anhelo.

 

Me llevabas de la mano en mis años mozos…

-demás de rizo pelo, peligros, audaces danzas,

Y noches de pensar y más pensar

En los días pasajeros y en la muerte-.

Y allá, fronteriza del cielo,

Se encandecía la tierra de mi anhelo.

 

Bailes y peligros se hundieron para siempre

En la oscura corriente de los tiempos.

¡Ay, mi soledad se ha ido abovedando

Sin cercanías ya, sin fronteras!

El verde y el oro y el cielo se han ido. Y el país de mi anhelo

Queda allá, en la otra orilla de mi espíritu enfermo.

 

Los brazos se me alargan ansiosos hacia aquella orilla.

¡Qué anhelos me dilatan la mirada

En torno de la vida y de la muerte!

 

Mis canciones te esperan de rodillas…

¿Volverás? De Rodillas espera mi destino.

 

Allá en el país de mis anhelos,

Un templo se alza firme. Columbro sus altas torres,

Puedo percibir sus efluvios.

 

Y cuando mis ojos ya no puedan ver, ¡Oh dueña y señora!,

Dile, por favor, al misterioso guía

Que me lleve a casa.

 

 

EL PRÍNCIPE

 

Queríamos edificar juntos una hermosa morada,

Que fuera de veras nuestra: alta como un alcázar

Que dominara el río y las praderas

Y que tuviera por jardín los bosques silenciosos.

 

Queríamos desaprender todas las cosas mezquinas y odiosas,

Y constelar lo cercano y lo lejano

De canciones dichosas

Y llevar en nuestras frentes coronas y guirnaldas de ventura.

 

Mas ¡qué he hecho? En la paz de las alturas remotas

He levantado un castillo. Allí mis ansias

Siguen en pie y se miran, se miran cansadas.

La tarde se ennegrece. ¿En dónde te has quedado, princesa mía?

 

Mis coplas ardientes

Las comparto tan solo con los vientos.

Ay, si ellos te buscaran y te hallarán…

Ojalá sepan contarte mis cuitas

Y todo lo que mi corazón sufre por ti.

Sí, te hablarán de una dicha inmensa, te besarán,

Te acosarán hasta el tormento, te robarán el sueño…

 

Princesa, ¿cuándo volverás?

 

 

I

ENFERMEDAD

 

Ya que tantas veces te he contado las raras leyendas de mi mundo,

Llévame ahora de tu cálida mano a través de mi propia tierra:

¡mis alas están tan fatigadas!

 

Guíame por las espesuras de mi selva,

Donde vagan -coronada de guirnaldas la frente-

Aquellas criaturas proteicas, prodigiosas:

¡los dioses todos de mi fe de antaño!

 

Condúceme hasta las lejanas colinas

Donde callados rezan los cipreses.

Allí en lo profundo descansan y escuchan el rumor del céfiro

Los amigos que me han sido fieles.

 

Por entre los verdores de aquel parque

Llévame a donde florecen los oscuros árboles milagrosos.

¡Mira, más allá del verde y de la magia florida

Se divisa el Castillo del Amor, que edifiqué para ti!

 

Entre destellos rojos resalta misteriosa la corona

Que te destino. Si tu corazón cree todavía en mis poderes,

¡exorna tu cabeza con su oro grave!

 

Mi vida halla en lo alto un nuevo curso:

Revive el hermoso tropel de mis alegres dioses

Y se levantan los fieles difuntos.

¡Al fin, puedo ser el que fui!

 

 

II

El día se acaba. Pon tu mano querida

En mi frente, en mis cabellos, y… ¡canta!

Y sécame este tropel de lágrimas sonoras.

 

Me dan miedo las largas, sigilosas

Horas de la noche; me dan miedo los sueños,

Cuando tú te has dormido y solo vela

El doliente latir de mi corazón.

 

El y sus penosos latidos, a través de oscuras veredas,

Salen al encuentro de la noche inquieta,

De la noche inquieta que apaga mis canciones.

 

Entonces, con suave paso,

Con tímido aire de súplica infantil

Se acerca mi felicidad, y viendo cuánto sufro,

Me pregunta: “Amigo querido, ¿qué ha sido de ti?

 

Y así, vuelven a mí los días perdidos,

Las espumosas copas derrochadas,

Y todas las dichas malogradas, y los sueños

De amores y amoríos frustrados.

 

Anda, pon tu mano querida

Sobre mis cabellos y mi frente,

Concédeme de nuevo favores y ternuras.

Ya se me acaba el día, ¿y sé lo que he perdido!

 

 

CONFESIÓN

 

¿Quiénes son mis amigos? Aves de paso

Que cruzando el océano se han descaminado:

Náufragos, ovejas perdidas, la Noche, el Ensueño,

Los vientos sin patria.

 

He dejado atrás, en mi caminar, derruidos templos,

Jardines de amor que acabaron en brutales selvas,

Bochornosas, estivales,

Y mujeres de marchito ademán amoroso,

Y también los mares y las travesías de ayer.

 

Todos yacen mudos; no han dejado huella.

Nadie sabe en qué región del pasado se han hundido

Las coronas regias, las horas de soberanía,

Aquellas frentes amigas orladas de hiedra…

 

Todas yacen mudas. Mas mi canto las mece

En mis noches, y su palidez oscura parece

Amanecer de nuevo cuando, atropelladamente, hurgo en mi propia vida

Con esta mano enjuta, con esta pluma nerviosa.

 

Y en suma: no he alcanzado meta alguna,

Mi puño no ha conocido ni vencido a enemigo ningunos,

Mi corazón nunca ha sentido dicha plena.

 

 

SOY UNA ESTRELLA

 

Soy una estrella que desde el firmamento

Contempla el mundo, desprecia el mundo, y se consume

En sus propios ardores. Soy el mar que de noche desata su ira,

El mar querulante, el que habiendo caído se levanta otra vez,

En penitencia por los pecados de ayer.

 

Vosotros me habéis desterrado de vuestro mundo.

El orgullo me crió. El orgullo me engañó. Soy el soberano

Sin tierra. Soy la pasión sin palabra.

En mi casa no hay rebaños. En mi guerra no hay espadas.

Estoy enfermo a causa de mi propia energía.

 

 

NUESTRO PALACIO

 

Fulgores de sol y sombras incoloras de hayas rojas

Juegan al escondite en el cercado azul y en el estanque

Y a lo largo de la corriente.

 

En la muda columnata

Se detienen oscuras mariposas nocturnas

Y acá y allá se posa un hálito de regia canción nonnata.

 

Los siglos pasan

Por la ancha escalinata

De mármol, y se alejan;

Las alfombras rumorean

Mil mitos nebulosos.

 

El pretérito vuelve a pasar por mi alma.

Torneos de nobles, palabras de reyes,

Fiestas sonoras y crímenes mudos.

 

Muy pronto nuestro parque se vestirá de luto

Y contra su cercado conspirarán los musgos.

Luego, un misterioso vagabundo gris

Se parará a escrutar nuestras ventanas negras.

 

Y un día los cronistas contarán maravillas

Ocurridas en aquellos años legendarios

En que nosotros vivíamos todavía.

 

 

GRIETAS

 

Poco común era un violín que tuve,

Con su cuerpo bruñido, oscuro y firme

Y sus costados de verdad antiguos,

Armoniosos y leves.

 

Mas tenía en su fondo oblicua grieta

Que podía advertir solo un experto

Y le daba un sonido noble y tierno

Plañidero y doliente.

 

Hasta el cuervo es capaz de dar graznidos;

Mas quien quiera emitir sones armónicos

Y convertir su aliento en melodía

No debe tener grietas…

 

 

LA ESFINGE

 

He aquí el saber más útil de la vida:

Conocer el lugar de cada senda

Donde su esfinge encuéntrase escondida.

 

Yo no encontré en mi vida ni una hora

En cuyo fondo, echada, no estuviera

Esa esfinge dimórfica y burlona.

 

Tuve a menudo que pasar ante ella,

Y su verde mirada codiciosa

Vi adherirse a mis pies, febril y hambrienta.

 

Y a veces, al pasar, llegué a decirle

Con mundana expresión, amable e irónico:

-¡Tú siempre tan contenta, bella esfinge…!

 

Ha tiempo que conoce bien mi cara

Y me sigue con ojos de tigresa,

Pero no me enseñó nunca las garras.

 

 

EL REINO DE LA MUERTE

 

Se apagan ya las luces.

La noche entra en la casa;

Los fantasmas del día, luminosos,

Se esfuman o se apagan.

 

Ante mí está la copa

Que me busca el olvido;

Mi cabeza está cana, y muertos todos

Los seres que he querido.

 

Me cubro con la púrpura

Y contemplo mi reino;

La nieve cubre calles y jardines

Y está lívido el cielo.

 

Mi cabeza está cana;

Su plata agita el viento.

Un centinela llama a cada hora

Que ha pasado, que ha muerto.

 

 

Y MAÑANA HABRÉ MUERTO

 

Singular pensamiento

Este de que mis ojos, hoy tan claros,

Se han de apagar, y que mi boca olvide

Los millares de besos que ha gozado.

 

El mundo en que viví y me ha conocido

Rasgará luego con su mano impúdica,

Ávidamente, el velo de mi vida

Y pondrá en claro a cada ser viviente

Que yo fui un mal sujeto, un mal amigo,

Un poeta, un falsario, un simple loco.

Y, ya olvidado yo, a los pocos años

Se medirá a algún otro de igual modo.

 

En tanto, en otro mundo

Una estrella dorada cae del cielo

Y hay lágrimas y hay luto

Por la unidad perdida, por la estrella

Que se apagó tan pronto...

Y esa estrella era yo.

 

También me llorará mi compañera;

Luego irán a su casa sus amigas

Cantando por la calle

Y le hablarán de mí.

Y ante un vaso de vino, todas juntas

Se reirán de mí.

¡Y sus labios son cálidos y rojos!

 

Mañana estaré muerto.

 

 

POBRE GENTE

 

Hojas secas y un ventarrón arisco

Y mi paso, agitándose, se oponen:

No sé, pobre, hijo mío,

Dónde dormir podremos esta noche.

 

También tú contra el viento irás un día,

Transido de fatiga y desazones,

Y yo, pobre hijo mío,

No sé si estaré vivo para entonces.

 

 

CONSEJO

 

¡Muchacho, no: busca el camino solo

Y déjame que siga por el mío!

Mi senda es fatigosa, larga y dura

Y va al dolor, la noche y el espino.

 

¡Es mejor que te vayas con aquellos!:

Su camino es trillado, llano y cómodo,

Y yo, en mi soledad, solo deseo

Seguir estando solo y rezar solo.

 

Y si me ves en lo alto de la cumbre

No has de sentir envidia de mis alas

¡aunque creas que estoy cerca del cielo,

No es más que una colina esa montaña!

 

 

¡VEN CONMIGO!

 

¡Vente conmigo!

Pero de prisa,

Que son mis pasos

De siete millas.

Tras el bosque y la colina

Mi alazán está esperando,

¡ven, que he de coger las riendas!

¡ven a mi rojo palacio!

Hay allí árboles azules

Con frutos de oro colgando.

Soñaremos allí sueños de plata

Que nadie todavía haya soñado;

Gozaremos allí goces insólitos

Que nadie todavía haya gozado,

Bajo el beso purpúreo del laurel,

Tras bosques y colina, en mi palacio.

¡Sujétate, que ya cogí las riendas

Y mi alazán te lleva allí temblando!

 

 

DE BROMA

 

Mis canciones golpean,

Niña, a tu puerta:

-¿quieres abrirme?- dicen

Con reverencia.

 

Mis canciones esconden

Rumor de sedas,

Como el de tu vestido

Por la escalera.

 

Mis canciones exhalan

Perfume suave,

Igual que los jacintos

De tu arriate.

 

Mis canciones se visten

De rojo vivo,

Como la seda en llamas

De tu vestido.

 

Mis canciones más lindas

Se te asemejan,

Y, corteses, suplican:

-¿Me abres la puerta?

 

 

RETRATO

 

Bellísima, soberbia y enigmática,

Los ojos llenos de un dolor que quema,

La frente, de altivez; de burla, el gesto…

Y encima de los hombros, derramado,

Un torrente de rizos de oro viejo.

 

Yo te he visto feliz y enamorada;

Te he visto levantarte por las noches,

Con el pelo revuelto, de la cama;

Te he visto de mil modos, pero siempre

Bellísima, soberbia y enigmática.

 

 

AGOSTO

 

Fue el día más hermoso del verano:

Irrecobrable ya, mueren sus ecos

Delante de la casa silenciosa

Con dulzura de aromas y aleteos.

 

En la fuente dorada de esta hora

Vierte, pródigo, en rojos esplendores

El verano su cuerno de abundancias,

Dispuesto a celebrar su última noche.

 

 

MI ALEGRE AMADA

 

Me  ha abandonado ya mi alegre amada.

Intento recobrarla por las calles

pero lejos de mí se encuentra echada

en un abierto bosque de abedules

y estira con fruición sus miembros tibios,

contenta de saberse tan hermosa.

 

Allí juegan con ella elfos y gnomos,

Flotan los suaves rizos de su pelo

Sobre el albor de nieve de su nuca,

Coge gencianas por pasar el rato,

Y por las noches deja que  la luna

Bañe de luz su cuerpo de alabastro.

 

Pero, sin inquietud, sigo esperando,

Cierro puerta y postigos, cuidadoso,

Y en las frías almohadas me recuesto.

Si ella cansada de la verde orgía,

Sabe hallar el camino de regreso,

Tendrá que golpear antes la puerta.

 

 

AZUL TARDÍO

 

Visión maravillosa y delicada

Cuando del oro y púrpura te evades,

Lleno de paz, belleza y equilibrio,

¡oh último azul del cielo de la tarde!

 

A un mar azul y quieto te asemejas

En el que la ventura ha echado el ancla

Para un feliz reposo. De los remos

La última gota cae de la desgracia.

 

 

EN EL HUERTO DE MI MADRE

 

En el huerto de mi madre

Un abedul ha crecido;

El viento juega en sus frondas

tan quedo, que no hace ruido.

 

Mi madre, triste, camina

Sin rumbo por el sendero;

Como ignora dónde estoy

Me busca su pensamiento.

 

Me empuja una culpa oscura

Al oprobio y la miseria;

Madre mía, sé paciente:

¡piensa si muerto estuviera.

 

 

¿POR QUÉ, ENTONCES?

 

Ni conquisté un trofeo,

Ni me he dado una larga caminata.

¿Por qué, entonces, la noche que ahora empieza

Se me muestra dormida y fatigada?

 

Unas cuantas canciones

Tengo ante mí: mi obra y mi herencia todas;

Esbeltas y armoniosas, como efebos,

Con sangre roja escritas sus estrofas.

 

Ni conquisté un trofeo,

Ni he dado una larga caminata.

¿Por qué, entonces, la noche que ahora empieza

Se me muestra dormida y fatigada?

 

 

 

LA NUBE TENUE

 

Una nube tenue,

Suave, blanca, leve,

Navega en el cielo azul.

Baja los ojos, y siente

Su blanco frescor celeste

Meterse en tu sueño azul.

 

 

LA HORA TEMPRANA

 

Inundado de plata,

Calla el campo y descansa.

Un cazador levanta su ballesta.

Murmura el bosque y vuela una calandria.

 

Murmura el bosque; otra calandria vuela

Y cae, inerte, al suelo:

El cazador se va a cobrar su pieza

Y ha nacido en el mundo un día nuevo.

 

 

A LA BELLEZA

 

¡Ofrécenos tu mano bienhechora!

Soltados de las manos maternales

Caminamos perdidos, en tinieblas,

Como niños por tierras ignoradas.

 

A veces, cuando todo se oscurece,

Un eco familiar de tu palabra

Da a nuestro errar medroso el don preciado

De una luz y un consuelo en el camino.

 

Caminantes sin rumbo ni sendero,

Vagamos por oscuras soledades;

¡dígnate tú guiar nuestra andadura

Hasta que un alba inmensa nos alumbre!

 

 

HOY NO

 

Ya sé lo que quisieras

Decirme en esta hora.

¿No me lo digas! Mira en el estanque

De oscuro fondo cómo se refleja

La huida de las negras nubes túrgidas.

¿No me lo digas hoy!: la noche es mala.

 

Yo sé que en esta hora

Muy dentro de tu pecho,

Hierve todo lo que has de preguntarme.

¡No me preguntes! En tu boca aún tiembla

la palabra que puede hacerme daño…

¡No me preguntes hoy!: la noche es mala.

 

Me lo dirás mañana;

No sabemos si, acaso,

Se hará mágicamente llevadero

Mañana lo que hoy hace tanto daño

Que ningún corazón puede sufrirlo…

¡No me preguntes hoy!: la noche es mala.

 

 

 A UN AMIGO

 

¿Cómo es que tú me entiendes

Cuando yo hablo el idioma de mi patria,

Con lo lejos que está, allende los mares?

Y cuando a mi Dios rezo, sin palabras,

¿cómo estás a mi lado, aunque invisible,

Con tu mano amigable entre las mías?

 

También siento a tu mano acariciarme,

Mientras toco el violín, suavemente,

Y cuando estoy enfermo y tengo miedo

Tú sentirás, de cierto, mis angustias.

 

 

LA HOJA ARRASTRADA

 

Delante de mí arrastra

Una hoja seca el viento,

Ser joven, caminar y enamorarse

Tienen su hora y su término.

 

La hoja vaga sin rumbo

Hacia donde la llevan,

Pero pudo morir, quieta, en el bosque…

¿adónde va mi senda?

 

 

RECUERDO

 

Yo ya no sé cómo sucedió todo;

Solo sé que partí sin decir nada,

Que así salí, a caballo, de tu parque,

Que sufro, desde entonces las torturas

De los celos y el arrepentimiento.

 

Quye sobre nuestro amor, desconsolado

Me esforcé en arrojar sarcasmo y odio

Pensando en asfixiarlo y, sin embargo,

Fue mi dolor secretamente, a solas,

A ahogarse en la embriaguez del vaso amigo.

 

El tiempo corrió luego apresurado;

Nuestro sueño estival duerme, escondido

Tras el velo brumoso de los años,

Y no se encuentran ya puerta ni puentes

Para hacer el camino de regreso.

 

 

DE NOCHE

 

A veces me despierta de pronto el pensamiento

De que, en ese momento, la noche fría horada,

Mar adentro, un navío, proa a lejanas costas

Por las que me consume una ardiente nostalgia;

De que hay alguna aurora boreal jamás vista

Ardiendo ahora en un punto que no está en ningún mapa;

De que en abrazo amante, tibio y vital se aprieta

Ahora mismo los brazos de una bella ignorada;

De que, en este momento, quien iba a ser mi amigo,

Muerte oscura, muy lejos, entre las olas halla;

O de que ahora mi madre, que nunc ame entendiera,

Tal vez desde su sueño por mi nombre me llama.

 

 

EL MAL DÍA

 

Remolino ocre y rojo de hojas secas,

Arboledas dobladas por el viento,

Y, urgidos por su látigo implacable

Yo y mi corcel, cansados, en el centro.

 

En ti cabalgaré hasta reventarte

Por la mustia extensión, hacia lo lejos,

E iremos al galope a nuestra tumba,

Juntos los dos, caballo y caballero.

 

Quieres parar, temblando y sin resuello,

Pero yo no te dejo: sigo urgiéndote

A que en la extensión mustia halles conmigo

El freno del demonio y de la muerte.

 

 

TE PARECERÁ EXTRAÑO…

 

Te parecerá extraño

Que, de tanto llorar, no pueda, a veces,

Dormir, como un chiquillo,

Y una amarga nostalgia me atormente.

 

Y que, día tras día,

Vague en sueños, con íntima amargura,

Recordando mi infancia,

Por la orilla del parque, extraña y muda.

 

 

AMO A LAS MUJERES

 

Amo yo a las mujeres que, hace tal vez milenios,

Amaron los poetas e inspiraron sus versos.

 

Amo yo a las ciudades cuyos muros vacíos

Aún lloran a los reyes de los tiempos antiguos.

 

Amo ya a las ciudades que serán construidas

Cuando nadie hoy nacido sobre la tierra viva.

 

Amo ya a las mujeres de increíble belleza

Que, en el seno del tiempo, aún por nacer esperan.

 

Su astral belleza pálida copiará en su momento

La espectral hermosura de mis líricos sueños.

 

 

MI CORAZÓN ESPERA, SIN EMBARGO

 

Mucho mal en la vida he escrito y hecho;

Empero, a veces, en sus horas buenas,

Mi corazón se atreves

A creer que haya aún hombres que me quieran.

 

Me quieren porque llevo en mis entrañas

La imagen viva de mis años mozos

Y ellos también recuerdan

Junto a un lejano ayer, pecados próximos.

 

 

“MON REVE FAMILIER”

                    (Sobre los versos franceses de Paul Verlaine.)

 

Vuelvo a soñar con la desconocida

Que he visto tantas veces en mis sueños.

 

Nos amamos; su mano prodigiosa

Pone orden en mi frente y mi cabello.

 

Puede entender mi ser indescifrable

Y leer mis oscuros pensamientos.

 

-¿Es rubia?- me dirás; no sé decirlo:

Sólo se que su rostro es como un sueño.

 

-¿Su nombre? No lo sé; más con él llega

El eco dulce de un lejano arpegio.

 

Es como el nombre de alguien muy querido

Que se sabe perdido y que está lejos.

 

Y el tono de su voz, cálido y grave,

Es el de un ser amado que ya ha muerto.

 

 

POR FAVOR

 

Cuando me tiendes tu mano breve,

Que tantas cosa no dichas dice,

¿crees que, acaso, te he preguntado

Si tú me quieres?

 

Yo no pretendo que tú me quieras;

Solo deseo saberte cerca,

Y que, en silencio, de vez en cuando,

Me des tu mano.

 

REPROCHE

 

La noche va muriendo;

La fiesta se termina;

Dan las teas del parque

Su última luz rojiza.

 

Me das las “buenas noches”

Con gesto desmayado.

¡En esta noche alegre

Reíste tanto y tanto!

 

¡Y has dicho tantas cosas

En esta noche alegre,

Que hasta te has liberado

De un voto inexistente!

 

 

MI AMADA

 

Ella enmudece, y piensa, compungida,

En sus muertos lejanos.

Yo le he ofrecido muchos,

Mas los ha rechazado.

 

Los traje por las calles, a montones:

No se sabe reír!, y no los quiso;

¿qué hare yo con mi amada,

Si es legarla mis muertos lo que ansío?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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