Hermann Hesse fue un poeta, novelista
y ensayista nacido en Calw, Alemania, el 2 de julio de 1877 y muerto en
Montagnola, Suiza, el 9 de agosto de 1962. De su padre, misionero nacido en
Estonia, heredó el deseo de lo absoluto y la tendencia a la crítica y a la
autocrítica. También por parte de sus abuelos por rama materna, suabos y
suizo-franceses, se puede rastrear el mismo origen religioso en sus oficios. Su
abuelo, el doctor Gundert, fue un misionero famoso y gran filólogo conocedor
del sánscrito y capaz de hablar varias lenguas indias. Todo este origen mixto
de su ascendencia iba a impedirle al escritor el respeto por los nacionalismos
y las fronteras. En 1880 Hermann se convierte con tres años en súbdito suizo,
al ser su padre destinado en una misión a Basilea. Allí permanece hasta el
verano de 1886, cuando su padre es de nuevo destinado a Calw. Esta piedad
religiosa que nutre a su familia sólo la mantiene el futuro escritor hasta los
catorce años. A partir de su adolescencia se rebela contra la estrecha
religiosidad pietista de sus padres. Tanto en Basilea como en Calw, Hermann
Hesse pasó por ser un buen estudiante, hasta que en 1891 tuvo que elegir
carrera, decantándose por cursar estudios de Teología en el seminario de
Württember; allí comienzan sus calamidades, ante su deseo de ser escritor y su
pugna por evitar una profesión que se plegaba al deseo de sus padres. Varias
fugas del seminario y un grave episodio de neurosis culminan esta época que
describe en su novela "Bajo las ruedas". El periodo siguiente,
después de ingresar en 1892 en el instituto de segunda enseñanza de Consstatt
(cerca de Stuttgard), está marcado por su amistad con los golfos y con los estudiantes mayores de
mala fama y su vida disoluta emborrachándose en las tabernas, y que aparecerá
descrito en su novela "Demián". Su siguiente ocupación, la de
aprendiz de librero en una pequeña ciudad, le iba a durar todavía menos, ya que
a los tres días de haber empezado, se fuga asqueado por la vida insustancial
que le aguardaba y permanece varios días en la calle hasta que sus padres lo
acaban encontrando. De regreso a la ciudad de Calw, se pasa en la casa familiar
dos años sin hacer nada productivo, para desesperación de sus padres. Data de
estos años, sin embargo, su afición por el estudio, devorando la biblioteca de
su abuelo y de su padre, hasta que se le declara una dolencia en la vista. De
1893 a 1895 convive íntimamente con el pueblo trabajador por primera y única
vez en su vida, cuando por motivos románticos toma el blusón azul de mecánico e
ingresa a hacer prácticas en un taller y fábrica de relojes de torre de Calw.
En el otoño de 1895 se reaviva su interés por el trabajo de librero y pasa un
aprendizaje de tres años en una antigua y sólida librería de Tubinga, donde la
mayoría de la clientela estaba compuesta por teólogos y filólogos. Lee sin
parar y se inicia en sus primeros escritos. Su obsesivo interés por la vida y
los escritos de Goethe dejan paso al culto por Nietzsche. En 1899 pasa de
Tubinga a Basilea, como ayudante de librería y todas estas experiencias las
narra en "Lauscher", que publicaría con seudónimo en 1901, lo que le
abre las puertas al año siguiente para la publicación de sus poemas. Animado
por la editorial que había publicado Lauscher, publica seguidamente
"Comenzind", que recibiría críticas favorables de algunas
personalidades literarias. El éxito cosechado le permite casarse en el verano
de 1904 y se instala en Gaienhoffen, un pequeño pueblo a orillas del lago de
Constanza. Vive modestamente los siguientes tres años en una casa de
labradores, hasta que se construye su propia casa y lleva una vida natural en
contacto con la tierra. Más tarde se referirá a
este periodo como "la época burguesa de su vida", durante la
cual nacerían sus tres primeros hijos. Sin embargo, una angustia existencial
que se iba larvando le lleva a poner fin a este periodo con un viaje a la India
en 1911. En el otoño de 1912 se muda a Berna para vivir en una casa rústica
antigua. Sus problemas existenciales se agravan cuando estalla la primera
guerra mundial y sus ideales pacifistas entran en colisión con el fervor
guerrero del ambiente; sus artículos periodísticos acaban disonando en medio
del coro belicista de la opinión pública. En 1915 se incorpora a la legación
alemana de Berna como voluntario y trabaja hasta 1919 ayudando a los
prisioneros alemanes en territorio enemigo, llegando a trabajar como
funcionario del Ministerio de la Guerra, destacado en Berna. Sus artículos
pacifistas publicados en periódicos le hacen entrar en conflicto con su
condición de funcionario al servicio del aparato oficial y acaba rompiendo
-como escribirá más tarde en un esbozo de autobiografía- con el mundo burgués,
con la patria y la vida familiar. Y es que al final de la guerra, su matrimonio
estaba ya tan perturbado -agudizado por la enfermedad mental que aquejaba a su
mujer- que acaba divorciándose y parte solo hacia Tesino. Poco antes de la
guerra, y a través de unas lecturas, Hesse traba conocimiento con el
psicoanálisis, y a partir de 1916 se deja psicoanalizar periódicamente por un
discípulo de Jung, que le presentará más tarde al maestro, quien le iba a
introducir en el dominio de su mundo simbólico. Como consecuencia de todo este
interés por los símbolos y la teoría del psicoanálisis nace su novela
"Demián", publicada en 1919. Es ahí, según sus propias palabras, donde
el literato burgués, idílico y con éxito se iba a convertir en el escritor
problemático y marginado que persistirá hasta su muerte. También nace a partir
de esta época su vocación por la pintura, a la que se dedica en sus ratos libre
por la alegría y la tolerancia que le reportan. En 1924 se casa con Ruth Wenger
y obtiene la nacionalidad suiza. Poco antes, en 1922 había publicado su novela
"Sidhartha", fruto de su interés por las filosofías hinduísta y
budista. Utilizando un lenguaje sencillo y con estilo poético, la novela relata
el esfuerzo del protagonista -inspirado en la figura de Budha- por acceder a la
sabiduría y encontrar el sentido de la existencia en medio de una humanidad
desorientada y en un mundo que se aleja de la sensatez. También
late en la obra el tema de la búsqueda de la esencia de las cosas más allá de
las apariencias. Si bien esta novela iba a pasar algo desapercibida en el
momento de su publicación, cobrará nueva vida cuando en la década de los 60 sea
adoptada como guía por aquellos jóvenes americanos que en su rebeldía buscaban
una pauta que les orientase de acuerdo con su inconformismo vital. En 1927,
después del éxito de su novela "El lobo estepario", se casa con su
tercera esposa Ninon Dolbin. En esta novela afronta un tema que será central en
su obra: el de la enajenación. Este problema lo recrea a través de la
personalidad escindida de su protagonista entre la naturaleza humana y la
animal. Hesse reduce el problema de la
enajenación a una estrechez psíquica y a un dualismo metafísico entre
espiritualidad e instinto, hasta perder de vista las causas y estructuras
sociales. El lobo estepario, Harry Haller,
sufre una fuerte perturbación de la identidad. Pero las causas de su
desgarramiento y de su melancolía, resultan, como Hesse hace suponer al editor
ficticio de que "sus padres cariñosos, pero muy estrictos y piadosos, así
como sus maestros, le educaron en esa línea que tiene como base toda educación:
el doblegar la voluntad. Pero en vez de aniquilar su personalidad, sólo habían
logrado enseñarle a odiarse a sí mismo. Siendo su vida entera un buen ejemplo
de que, sin estimarse a sí mismo, tampoco es posible amar al prójimo. Los
intentos de Harry Haller de escapar del mundo burgués llevando una existencia
lobuna no son más que una aparente alternativa -que el autor critica- al odiado
mundo burgués, al que sin embargo está apegado y marca su carácter. En 1931
comienza a gestar su última gran obra, "El juego de abalorios", que
va a ir preludiada por el relato publicado al año siguiente, "El viaje a
Oriente". Ante la deriva del pueblo alemán, comienza a abogar activamente
en prensa por los autores judíos y las personas perseguidas por los nazis.
Durante la guerra se convierte en un autor censurado y se recluye para trabajar
en su "juego de abalorios", que finalmente publica en Suiza en 1943.
Es posiblemente esta novela utópica ambientada en una sociedad futura, y en la
que se da preminencia a los valores del conocimiento, lo que le vale la
concesión del premio nobel en 1946. En uno de sus últimos escritos
autobiográficos precisa cuál es el tono y el ideario que anima "el Juego
de Abalorios" y casi todos sus escritos: "Que la vida vale la pena
ser vivida, es el último contenido y consuelo de todo arte, aunque hayan tenido
que morir todos los que glorifican la vida. Que el amor es superior al odio, la
comprensión superior a la ira, la paz más noble que la guerra." Hesse pasó
sus últimos años recluido en su casa de Montagnola, al margen de todo
movimiento literario, grupo o asociación, sin conceder entrevistas ni dejar
entrar en su casa la radio o la televisión. Aceptó hacia el final de su vida
los varios premios que se le concedieron, pero sin ir a recogerlos. El 8 de
agosto de 1962, poco después de acabar su último poema empezado unos días
antes, falleció mientras dormía a causa de una hemorragia cerebral.
PORQUE TE
QUIERO
Porque te
quiero, voy todas las noches
Y para que
no puedas olvidarme
Con
ardientes susurros a tu lado,
Tu alma
entera conmigo me he llevado.
Ahora está
junto a mí y me pertenece.
¿Para bien?,
¿para mal? ¡Cualquiera sabe…!
Mas de mi
amor violento y ardoroso
No podrá
liberarte ningún ángel.
YO HE PUESTO
EL PIE
Yo he puesto el pie en ese punto de la vida del que nadie
puede salir aunque lo intente, para volver atrás.
DANTE
¡Vuelve la
vista, Inquisidor, desvía
Tu mirada de
mí!
Llegar hasta
ese término
Donde la
vida acaba en luz y arcano,
Idolatrar
allí
El buen Dios
del amor me ha permitido.
¡Vuelve la
vista! Está buscando a tientas
Mi corazón
la senda que ha perdido.
No hay
camino de vuelta
Para aquel
que se escurre vida abajo,
Para aquel
al que todos
Los puentes
del sentir le han destruido.
LA MUERTE
VINO DE NOCHE
La muerte
vino a la ciudad de noche.
Aún se veía
luz en la buhardilla,
Y en la
ventana del poeta enfermo
Sentóse a
ver nacer su última rima.
La ventana
rompió luego, sin ruido,
Y soplando
apagó la turbia lámpara.
Un soplo.
Una mirada. Una sonrisa,
Y a oscuras
la ciudad quedó, y la casa.
A LA BELLEZA
Tenías las
alas desplegadas sobre mis años pueriles.
¡Verdes
cercanías! ¡Lejanías de oro!
Y allá, a
orillas del último cielo
Fundaste el
país de mi anhelo.
Me llevabas
de la mano en mis años mozos…
-demás de
rizo pelo, peligros, audaces danzas,
Y noches de
pensar y más pensar
En los días
pasajeros y en la muerte-.
Y allá,
fronteriza del cielo,
Se
encandecía la tierra de mi anhelo.
Bailes y
peligros se hundieron para siempre
En la oscura
corriente de los tiempos.
¡Ay, mi
soledad se ha ido abovedando
Sin
cercanías ya, sin fronteras!
El verde y
el oro y el cielo se han ido. Y el país de mi anhelo
Queda allá,
en la otra orilla de mi espíritu enfermo.
Los brazos
se me alargan ansiosos hacia aquella orilla.
¡Qué anhelos
me dilatan la mirada
En torno de
la vida y de la muerte!
Mis
canciones te esperan de rodillas…
¿Volverás?
De Rodillas espera mi destino.
Allá en el
país de mis anhelos,
Un templo se
alza firme. Columbro sus altas torres,
Puedo
percibir sus efluvios.
Y cuando mis
ojos ya no puedan ver, ¡Oh dueña y señora!,
Dile, por
favor, al misterioso guía
Que me lleve
a casa.
EL PRÍNCIPE
Queríamos
edificar juntos una hermosa morada,
Que fuera de
veras nuestra: alta como un alcázar
Que dominara
el río y las praderas
Y que
tuviera por jardín los bosques silenciosos.
Queríamos
desaprender todas las cosas mezquinas y odiosas,
Y constelar
lo cercano y lo lejano
De canciones
dichosas
Y llevar en
nuestras frentes coronas y guirnaldas de ventura.
Mas ¡qué he
hecho? En la paz de las alturas remotas
He levantado
un castillo. Allí mis ansias
Siguen en
pie y se miran, se miran cansadas.
La tarde se
ennegrece. ¿En dónde te has quedado, princesa mía?
Mis coplas
ardientes
Las comparto
tan solo con los vientos.
Ay, si ellos
te buscaran y te hallarán…
Ojalá sepan
contarte mis cuitas
Y todo lo
que mi corazón sufre por ti.
Sí, te
hablarán de una dicha inmensa, te besarán,
Te acosarán
hasta el tormento, te robarán el sueño…
Princesa,
¿cuándo volverás?
I
ENFERMEDAD
Ya que
tantas veces te he contado las raras leyendas de mi mundo,
Llévame
ahora de tu cálida mano a través de mi propia tierra:
¡mis alas
están tan fatigadas!
Guíame por
las espesuras de mi selva,
Donde vagan
-coronada de guirnaldas la frente-
Aquellas
criaturas proteicas, prodigiosas:
¡los dioses
todos de mi fe de antaño!
Condúceme
hasta las lejanas colinas
Donde
callados rezan los cipreses.
Allí en lo
profundo descansan y escuchan el rumor del céfiro
Los amigos
que me han sido fieles.
Por entre
los verdores de aquel parque
Llévame a
donde florecen los oscuros árboles milagrosos.
¡Mira, más
allá del verde y de la magia florida
Se divisa el
Castillo del Amor, que edifiqué para ti!
Entre
destellos rojos resalta misteriosa la corona
Que te
destino. Si tu corazón cree todavía en mis poderes,
¡exorna tu
cabeza con su oro grave!
Mi vida
halla en lo alto un nuevo curso:
Revive el
hermoso tropel de mis alegres dioses
Y se
levantan los fieles difuntos.
¡Al fin,
puedo ser el que fui!
II
El día se
acaba. Pon tu mano querida
En mi
frente, en mis cabellos, y… ¡canta!
Y sécame
este tropel de lágrimas sonoras.
Me dan miedo
las largas, sigilosas
Horas de la
noche; me dan miedo los sueños,
Cuando tú te
has dormido y solo vela
El doliente
latir de mi corazón.
El y sus
penosos latidos, a través de oscuras veredas,
Salen al
encuentro de la noche inquieta,
De la noche
inquieta que apaga mis canciones.
Entonces,
con suave paso,
Con tímido
aire de súplica infantil
Se acerca mi
felicidad, y viendo cuánto sufro,
Me pregunta:
“Amigo querido, ¿qué ha sido de ti?
Y así,
vuelven a mí los días perdidos,
Las
espumosas copas derrochadas,
Y todas las
dichas malogradas, y los sueños
De amores y
amoríos frustrados.
Anda, pon tu
mano querida
Sobre mis
cabellos y mi frente,
Concédeme de
nuevo favores y ternuras.
Ya se me
acaba el día, ¿y sé lo que he perdido!
CONFESIÓN
¿Quiénes son
mis amigos? Aves de paso
Que cruzando
el océano se han descaminado:
Náufragos,
ovejas perdidas, la Noche, el Ensueño,
Los vientos
sin patria.
He dejado
atrás, en mi caminar, derruidos templos,
Jardines de
amor que acabaron en brutales selvas,
Bochornosas,
estivales,
Y mujeres de
marchito ademán amoroso,
Y también
los mares y las travesías de ayer.
Todos yacen
mudos; no han dejado huella.
Nadie sabe
en qué región del pasado se han hundido
Las coronas
regias, las horas de soberanía,
Aquellas
frentes amigas orladas de hiedra…
Todas yacen
mudas. Mas mi canto las mece
En mis
noches, y su palidez oscura parece
Amanecer de
nuevo cuando, atropelladamente, hurgo en mi propia vida
Con esta
mano enjuta, con esta pluma nerviosa.
Y en suma:
no he alcanzado meta alguna,
Mi puño no
ha conocido ni vencido a enemigo ningunos,
Mi corazón
nunca ha sentido dicha plena.
SOY UNA
ESTRELLA
Soy una
estrella que desde el firmamento
Contempla el
mundo, desprecia el mundo, y se consume
En sus
propios ardores. Soy el mar que de noche desata su ira,
El mar
querulante, el que habiendo caído se levanta otra vez,
En
penitencia por los pecados de ayer.
Vosotros me
habéis desterrado de vuestro mundo.
El orgullo
me crió. El orgullo me engañó. Soy el soberano
Sin tierra.
Soy la pasión sin palabra.
En mi casa
no hay rebaños. En mi guerra no hay espadas.
Estoy
enfermo a causa de mi propia energía.
NUESTRO
PALACIO
Fulgores de
sol y sombras incoloras de hayas rojas
Juegan al
escondite en el cercado azul y en el estanque
Y a lo largo
de la corriente.
En la muda
columnata
Se detienen
oscuras mariposas nocturnas
Y acá y allá
se posa un hálito de regia canción nonnata.
Los siglos
pasan
Por la ancha
escalinata
De mármol, y
se alejan;
Las
alfombras rumorean
Mil mitos
nebulosos.
El pretérito
vuelve a pasar por mi alma.
Torneos de
nobles, palabras de reyes,
Fiestas
sonoras y crímenes mudos.
Muy pronto
nuestro parque se vestirá de luto
Y contra su
cercado conspirarán los musgos.
Luego, un
misterioso vagabundo gris
Se parará a
escrutar nuestras ventanas negras.
Y un día los
cronistas contarán maravillas
Ocurridas en
aquellos años legendarios
En que
nosotros vivíamos todavía.
GRIETAS
Poco común
era un violín que tuve,
Con su
cuerpo bruñido, oscuro y firme
Y sus
costados de verdad antiguos,
Armoniosos y
leves.
Mas tenía en
su fondo oblicua grieta
Que podía
advertir solo un experto
Y le daba un
sonido noble y tierno
Plañidero y
doliente.
Hasta el
cuervo es capaz de dar graznidos;
Mas quien
quiera emitir sones armónicos
Y convertir
su aliento en melodía
No debe
tener grietas…
LA ESFINGE
He aquí el
saber más útil de la vida:
Conocer el
lugar de cada senda
Donde su
esfinge encuéntrase escondida.
Yo no
encontré en mi vida ni una hora
En cuyo
fondo, echada, no estuviera
Esa esfinge
dimórfica y burlona.
Tuve a
menudo que pasar ante ella,
Y su verde
mirada codiciosa
Vi adherirse
a mis pies, febril y hambrienta.
Y a veces,
al pasar, llegué a decirle
Con mundana
expresión, amable e irónico:
-¡Tú siempre
tan contenta, bella esfinge…!
Ha tiempo
que conoce bien mi cara
Y me sigue
con ojos de tigresa,
Pero no me
enseñó nunca las garras.
EL REINO DE
LA MUERTE
Se apagan ya
las luces.
La noche
entra en la casa;
Los
fantasmas del día, luminosos,
Se esfuman o
se apagan.
Ante mí está
la copa
Que me busca
el olvido;
Mi cabeza
está cana, y muertos todos
Los seres
que he querido.
Me cubro con
la púrpura
Y contemplo
mi reino;
La nieve
cubre calles y jardines
Y está
lívido el cielo.
Mi cabeza
está cana;
Su plata
agita el viento.
Un centinela
llama a cada hora
Que ha
pasado, que ha muerto.
Y MAÑANA
HABRÉ MUERTO
Singular
pensamiento
Este de que
mis ojos, hoy tan claros,
Se han de
apagar, y que mi boca olvide
Los millares
de besos que ha gozado.
El mundo en
que viví y me ha conocido
Rasgará
luego con su mano impúdica,
Ávidamente,
el velo de mi vida
Y pondrá en
claro a cada ser viviente
Que yo fui
un mal sujeto, un mal amigo,
Un poeta, un
falsario, un simple loco.
Y, ya
olvidado yo, a los pocos años
Se medirá a
algún otro de igual modo.
En tanto, en
otro mundo
Una estrella
dorada cae del cielo
Y hay
lágrimas y hay luto
Por la
unidad perdida, por la estrella
Que se apagó
tan pronto...
Y esa
estrella era yo.
También me
llorará mi compañera;
Luego irán a
su casa sus amigas
Cantando por
la calle
Y le
hablarán de mí.
Y ante un
vaso de vino, todas juntas
Se reirán de
mí.
¡Y sus
labios son cálidos y rojos!
Mañana
estaré muerto.
POBRE GENTE
Hojas secas
y un ventarrón arisco
Y mi paso,
agitándose, se oponen:
No sé,
pobre, hijo mío,
Dónde dormir
podremos esta noche.
También tú
contra el viento irás un día,
Transido de
fatiga y desazones,
Y yo, pobre
hijo mío,
No sé si
estaré vivo para entonces.
CONSEJO
¡Muchacho,
no: busca el camino solo
Y déjame que
siga por el mío!
Mi senda es
fatigosa, larga y dura
Y va al
dolor, la noche y el espino.
¡Es mejor
que te vayas con aquellos!:
Su camino es
trillado, llano y cómodo,
Y yo, en mi
soledad, solo deseo
Seguir
estando solo y rezar solo.
Y si me ves
en lo alto de la cumbre
No has de
sentir envidia de mis alas
¡aunque
creas que estoy cerca del cielo,
No es más
que una colina esa montaña!
¡VEN
CONMIGO!
¡Vente
conmigo!
Pero de
prisa,
Que son mis
pasos
De siete
millas.
Tras el
bosque y la colina
Mi alazán
está esperando,
¡ven, que he
de coger las riendas!
¡ven a mi
rojo palacio!
Hay allí
árboles azules
Con frutos
de oro colgando.
Soñaremos
allí sueños de plata
Que nadie
todavía haya soñado;
Gozaremos
allí goces insólitos
Que nadie
todavía haya gozado,
Bajo el beso
purpúreo del laurel,
Tras bosques
y colina, en mi palacio.
¡Sujétate,
que ya cogí las riendas
Y mi alazán
te lleva allí temblando!
DE BROMA
Mis
canciones golpean,
Niña, a tu
puerta:
-¿quieres
abrirme?- dicen
Con
reverencia.
Mis
canciones esconden
Rumor de
sedas,
Como el de
tu vestido
Por la
escalera.
Mis
canciones exhalan
Perfume
suave,
Igual que
los jacintos
De tu
arriate.
Mis
canciones se visten
De rojo
vivo,
Como la seda
en llamas
De tu
vestido.
Mis
canciones más lindas
Se te
asemejan,
Y, corteses,
suplican:
-¿Me abres
la puerta?
RETRATO
Bellísima,
soberbia y enigmática,
Los ojos
llenos de un dolor que quema,
La frente,
de altivez; de burla, el gesto…
Y encima de
los hombros, derramado,
Un torrente
de rizos de oro viejo.
Yo te he
visto feliz y enamorada;
Te he visto
levantarte por las noches,
Con el pelo
revuelto, de la cama;
Te he visto
de mil modos, pero siempre
Bellísima,
soberbia y enigmática.
AGOSTO
Fue el día
más hermoso del verano:
Irrecobrable
ya, mueren sus ecos
Delante de
la casa silenciosa
Con dulzura
de aromas y aleteos.
En la fuente
dorada de esta hora
Vierte,
pródigo, en rojos esplendores
El verano su
cuerno de abundancias,
Dispuesto a
celebrar su última noche.
MI ALEGRE
AMADA
Me ha abandonado ya mi alegre amada.
Intento
recobrarla por las calles
pero lejos
de mí se encuentra echada
en un
abierto bosque de abedules
y estira con
fruición sus miembros tibios,
contenta de
saberse tan hermosa.
Allí juegan
con ella elfos y gnomos,
Flotan los
suaves rizos de su pelo
Sobre el
albor de nieve de su nuca,
Coge gencianas
por pasar el rato,
Y por las
noches deja que la luna
Bañe de luz
su cuerpo de alabastro.
Pero, sin
inquietud, sigo esperando,
Cierro puerta
y postigos, cuidadoso,
Y en las
frías almohadas me recuesto.
Si ella
cansada de la verde orgía,
Sabe hallar
el camino de regreso,
Tendrá que
golpear antes la puerta.
AZUL TARDÍO
Visión maravillosa
y delicada
Cuando del
oro y púrpura te evades,
Lleno de
paz, belleza y equilibrio,
¡oh último
azul del cielo de la tarde!
A un mar
azul y quieto te asemejas
En el que la
ventura ha echado el ancla
Para un
feliz reposo. De los remos
La última
gota cae de la desgracia.
EN EL HUERTO
DE MI MADRE
En el huerto
de mi madre
Un abedul ha
crecido;
El viento
juega en sus frondas
tan quedo,
que no hace ruido.
Mi madre,
triste, camina
Sin rumbo
por el sendero;
Como ignora
dónde estoy
Me busca su
pensamiento.
Me empuja
una culpa oscura
Al oprobio y
la miseria;
Madre mía,
sé paciente:
¡piensa si
muerto estuviera.
¿POR QUÉ,
ENTONCES?
Ni conquisté
un trofeo,
Ni me he
dado una larga caminata.
¿Por qué,
entonces, la noche que ahora empieza
Se me
muestra dormida y fatigada?
Unas cuantas
canciones
Tengo ante
mí: mi obra y mi herencia todas;
Esbeltas y
armoniosas, como efebos,
Con sangre
roja escritas sus estrofas.
Ni conquisté
un trofeo,
Ni he dado
una larga caminata.
¿Por qué,
entonces, la noche que ahora empieza
Se me
muestra dormida y fatigada?
LA NUBE
TENUE
Una nube
tenue,
Suave,
blanca, leve,
Navega en el
cielo azul.
Baja los
ojos, y siente
Su blanco
frescor celeste
Meterse en
tu sueño azul.
LA HORA
TEMPRANA
Inundado de
plata,
Calla el
campo y descansa.
Un cazador
levanta su ballesta.
Murmura el
bosque y vuela una calandria.
Murmura el
bosque; otra calandria vuela
Y cae,
inerte, al suelo:
El cazador
se va a cobrar su pieza
Y ha nacido
en el mundo un día nuevo.
A LA BELLEZA
¡Ofrécenos
tu mano bienhechora!
Soltados de
las manos maternales
Caminamos perdidos,
en tinieblas,
Como niños
por tierras ignoradas.
A veces,
cuando todo se oscurece,
Un eco
familiar de tu palabra
Da a nuestro
errar medroso el don preciado
De una luz y
un consuelo en el camino.
Caminantes
sin rumbo ni sendero,
Vagamos por
oscuras soledades;
¡dígnate tú
guiar nuestra andadura
Hasta que un
alba inmensa nos alumbre!
HOY NO
Ya sé lo que
quisieras
Decirme en
esta hora.
¿No me lo
digas! Mira en el estanque
De oscuro
fondo cómo se refleja
La huida de
las negras nubes túrgidas.
¿No me lo
digas hoy!: la noche es mala.
Yo sé que en
esta hora
Muy dentro
de tu pecho,
Hierve todo
lo que has de preguntarme.
¡No me
preguntes! En tu boca aún tiembla
la palabra
que puede hacerme daño…
¡No me
preguntes hoy!: la noche es mala.
Me lo dirás
mañana;
No sabemos
si, acaso,
Se hará
mágicamente llevadero
Mañana lo
que hoy hace tanto daño
Que ningún
corazón puede sufrirlo…
¡No me
preguntes hoy!: la noche es mala.
A UN AMIGO
¿Cómo es que
tú me entiendes
Cuando yo
hablo el idioma de mi patria,
Con lo lejos
que está, allende los mares?
Y cuando a
mi Dios rezo, sin palabras,
¿cómo estás
a mi lado, aunque invisible,
Con tu mano
amigable entre las mías?
También
siento a tu mano acariciarme,
Mientras toco
el violín, suavemente,
Y cuando
estoy enfermo y tengo miedo
Tú sentirás,
de cierto, mis angustias.
LA HOJA
ARRASTRADA
Delante de
mí arrastra
Una hoja
seca el viento,
Ser joven,
caminar y enamorarse
Tienen su
hora y su término.
La hoja vaga
sin rumbo
Hacia donde
la llevan,
Pero pudo
morir, quieta, en el bosque…
¿adónde va
mi senda?
RECUERDO
Yo ya no sé
cómo sucedió todo;
Solo sé que
partí sin decir nada,
Que así
salí, a caballo, de tu parque,
Que sufro,
desde entonces las torturas
De los celos
y el arrepentimiento.
Quye sobre
nuestro amor, desconsolado
Me esforcé
en arrojar sarcasmo y odio
Pensando en
asfixiarlo y, sin embargo,
Fue mi dolor
secretamente, a solas,
A ahogarse
en la embriaguez del vaso amigo.
El tiempo
corrió luego apresurado;
Nuestro sueño
estival duerme, escondido
Tras el velo
brumoso de los años,
Y no se
encuentran ya puerta ni puentes
Para hacer
el camino de regreso.
DE NOCHE
A veces me
despierta de pronto el pensamiento
De que, en
ese momento, la noche fría horada,
Mar adentro,
un navío, proa a lejanas costas
Por las que
me consume una ardiente nostalgia;
De que hay
alguna aurora boreal jamás vista
Ardiendo ahora
en un punto que no está en ningún mapa;
De que en
abrazo amante, tibio y vital se aprieta
Ahora mismo
los brazos de una bella ignorada;
De que, en
este momento, quien iba a ser mi amigo,
Muerte oscura,
muy lejos, entre las olas halla;
O de que
ahora mi madre, que nunc ame entendiera,
Tal vez
desde su sueño por mi nombre me llama.
EL MAL DÍA
Remolino
ocre y rojo de hojas secas,
Arboledas dobladas
por el viento,
Y, urgidos
por su látigo implacable
Yo y mi corcel,
cansados, en el centro.
En ti cabalgaré
hasta reventarte
Por la
mustia extensión, hacia lo lejos,
E iremos al
galope a nuestra tumba,
Juntos los
dos, caballo y caballero.
Quieres
parar, temblando y sin resuello,
Pero yo no
te dejo: sigo urgiéndote
A que en la
extensión mustia halles conmigo
El freno del
demonio y de la muerte.
TE PARECERÁ
EXTRAÑO…
Te parecerá
extraño
Que, de
tanto llorar, no pueda, a veces,
Dormir, como
un chiquillo,
Y una amarga
nostalgia me atormente.
Y que, día
tras día,
Vague en
sueños, con íntima amargura,
Recordando mi
infancia,
Por la
orilla del parque, extraña y muda.
AMO A LAS
MUJERES
Amo yo a las
mujeres que, hace tal vez milenios,
Amaron los
poetas e inspiraron sus versos.
Amo yo a las
ciudades cuyos muros vacíos
Aún lloran a
los reyes de los tiempos antiguos.
Amo ya a las
ciudades que serán construidas
Cuando nadie
hoy nacido sobre la tierra viva.
Amo ya a las
mujeres de increíble belleza
Que, en el
seno del tiempo, aún por nacer esperan.
Su astral
belleza pálida copiará en su momento
La espectral
hermosura de mis líricos sueños.
MI CORAZÓN ESPERA,
SIN EMBARGO
Mucho mal en
la vida he escrito y hecho;
Empero, a
veces, en sus horas buenas,
Mi corazón
se atreves
A creer que
haya aún hombres que me quieran.
Me quieren
porque llevo en mis entrañas
La imagen
viva de mis años mozos
Y ellos
también recuerdan
Junto a un
lejano ayer, pecados próximos.
“MON REVE
FAMILIER”
(Sobre
los versos franceses de Paul Verlaine.)
Vuelvo a soñar
con la desconocida
Que he visto
tantas veces en mis sueños.
Nos amamos;
su mano prodigiosa
Pone orden
en mi frente y mi cabello.
Puede
entender mi ser indescifrable
Y leer mis
oscuros pensamientos.
-¿Es rubia?-
me dirás; no sé decirlo:
Sólo se que
su rostro es como un sueño.
-¿Su nombre?
No lo sé; más con él llega
El eco dulce
de un lejano arpegio.
Es como el
nombre de alguien muy querido
Que se sabe
perdido y que está lejos.
Y el tono de
su voz, cálido y grave,
Es el de un
ser amado que ya ha muerto.
POR FAVOR
Cuando me
tiendes tu mano breve,
Que tantas
cosa no dichas dice,
¿crees que,
acaso, te he preguntado
Si tú me
quieres?
Yo no
pretendo que tú me quieras;
Solo deseo
saberte cerca,
Y que, en
silencio, de vez en cuando,
Me des tu
mano.
REPROCHE
La noche va
muriendo;
La fiesta se
termina;
Dan las teas
del parque
Su última
luz rojiza.
Me das las “buenas
noches”
Con gesto
desmayado.
¡En esta
noche alegre
Reíste tanto
y tanto!
¡Y has dicho
tantas cosas
En esta
noche alegre,
Que hasta te
has liberado
De un voto
inexistente!
MI AMADA
Ella enmudece,
y piensa, compungida,
En sus
muertos lejanos.
Yo le he
ofrecido muchos,
Mas los ha
rechazado.
Los traje
por las calles, a montones:
No se sabe
reír!, y no los quiso;
¿qué hare yo
con mi amada,
Si es
legarla mis muertos lo que ansío?

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