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POETAS 5. Octavio Paz (VIII): "Ladera Este"

 


Se deja aquí una selección de poemas bastante extensa del libro de Octavio Paz "Ladera Este", perteneciente al segundo periodo que el poeta pasó en la India como diplomático en la embajada de Nueva Delhi entre 1962 y 1968, puesto al que iba a renunciar tras la criminal matanza en la plaza de Tlotelolco el 2 de octubre de 1968. En breve se glosará esta fértil etapa de su vida y de su obra.


EL OTRO

Se inventó una cara.

                                     Detrás de ella

Vivió, murió y resucitó

Muchas veces.

                          Su cara

Hoy tiene las arrugas de esa cara.

Sus arrugas no tienen cara.

 

 


EL BALCÓN

 

Quieta

En mitad de la noche

No a la deriva de los siglos

No tendida

                    Clavada

Como idea fija

En el centro de la incandescencia

Delhi

         Dos sílabas altas

Rodeadas de arena e insomnio

En voz baja las digo

 

                                    Nada se mueve

Pero la hora crece

                                 Se dilata

Es el verano

Marejada que se derrama

Oigo la vibración del cielo bajo

Sobre los llanos en letargo

Masas enormes cónclaves obscenos

Nubes llenas de insectos

Aplastan

                Indecisos bultos enanos

(Mañana tendrán nombre

Erguidos serán casas

Mañana serán árboles)

 

Nada se mueve

La hora es más grande

                                        Yo más solo

Clavado en el centro del torbellino

Si extiendo la mano

Un cuerpo fofo el aire

Un ser promiscuo sin cara

Acodado al balcón

                                 Veo

 

(No te apoyes,

Si está solo, contra la balaustrada,

Dice el poeta chino)

                                    

No es la altura ni la noche y su luna

No son los infinitos a la vista

Es la memoria y sus vértigos

Esto que veo

                        Esto que gira

Son las acechanzas las trampas

Detrás no hay nada

Son las fechas y sus remolinos

(Trono de hueso

                              Trono del mediodía

Aquella isla

                     En su cantil leonado

Por un instante vi la vida verdadera

Tenía la cara de la muerte

Eran el mismo rostro disuelto

En el mismo mar centelleante)

 

Lo que viviste hoy te desvive

No estás allá

                       Aquí

Estoy aquí

                   En mi comienzo

No me reniego

                           Me sustento

Acodado al balcón

                                  Veo

Nubarrones y un pedazo de luna

Lo que está aquí visible

Cosas gente

                      Lo real presente

Vencido por la hora

                                   Lo que está aquí

Invisible

               Mi horizonte

Si es un comienzo este comienzo

No principio conmigo

                                       Con el comienzo

En él me perpetúo

 

                                  Acodado al balcón

Veo

       Esta lejanía tan próxima

No sé cómo nombrarla

Aunque la toco con el pensamiento

La noche que se va a pique

La ciudad como un monte caído

Blancas luces azules amarillas

faros súbitos paredes de infamia

Y los racimos terribles

Las piñas de hombres y bestias por el suelo

Y la maraña de sus sueños enlazados

 

Vieja Delhi fétida Delhi

Callejas y plazuelas y mezquitas

Como un cuerpo acuchillado

Como un jardín enterrado

Desde hace siglos llueve polvo

Tu manto son las tolvaneras

Tu almohada un ladrillo roto

En una hoja de higuera

Comes las sobras de tus dioses

Tus templos son burdes de incurables

Estás cubierta de hormigas

Corral desamparado

                                     Mausoleo desmoronado

Estás desnuda

                          Como un cadáver profanado

Te arrancaron joyas y mortaja

Estabas cubierta de poemas

Todo tu cuerpo era escritura

Acuérdate

                    Recobra la palabra

Eres hermosa

                         Sabes hablar cantar bailar

 

Dehi

         Dos torres

Plantadas en el llano

                                      Dos sílabas altas

Yo las digo en voz baja

Acodado al balcón

                                  Clavado

No en el suelo

                          En su vértigo

En el centro de la incandescencia

Estuve allá

                    No sé adónde

Estoy aquí

                    No sé es dónde

No la tierra

                     El tiempo

En sus manos vacías me sostiene

Noche y luna

                        Movimientos de nubes

Temblor de árboles

                                    Estupor del espacio

Infinito y violencia en el aire

Polvo iracundo que despierta

Encienden luces en el puerto aéreo

Rumor de cantos por el Fuerte Rojo

Lejanías

               Pasos de un peregrino son errante

Sobre este frágil puente de palabras

La hora me levanta

Hambre de encarnación padece el tiempo

Más allá de mí mismo

En algún lado aguardo mi llegada.

 

 


LA HIGUERA RELIGIOSA

 

El viento,

                Los ladrones de frutos

(monos, pájaros, murciélagos)

Entre las ramas de un gran árbol

Esparcen las semillas.

                                       Verde y sonora,

La inmensa copa desbordante

Donde beben los soles

Es una entraña aérea.

                                        Las semillas

Se abren,

                 La planta se afinca

En el vacío,

                    Hila su vértigo

Y en él se erige y se mece y propaga.

Años y años cae

                             En línea recta.

Su caída

               Es el salto del agua

Congelada en el salto: tiempo petrificado.

 

Anda a tientas,

                           Lanza largas raíces,

Varas sinuosas,

                            Entrelazados

Chorros negros,

                                Clava

Pilares,

             Cava húmedas galerías

Donde el eco se enciende y apaga,

Cobriza vibración

                                Resuelta en la quietud

De un sol carbonizado cada día.

Brazos, cuerdas, anillos,

                                            Maraña

De mástiles y cables, encallado velero,

 

Trepan,

              Se enroscan las raíces

Errantes.

                 Es una maleza de manos.

No buscan tierra: busca un cuerpo,

Tejen un abrazo.

                              El árbol

Es un emparedado vivo.

                                            Su tronco

Tarda cien años en pudrirse.

                                                   Su copa:

El cráneo mondo, las astas rotas del venado.

 

Bajo un manto de hojas coriáceas,

Ondulación que canta

                                        Del rosa al ocrea al verde,

En sí misma anudada

                                      Dos mil años,

La higuera se arrastra, se levanta, se estrangula.

 

 

EN LOS JARDINES DE LOS LODI

 

En el azul unánime

Los domos de los mausoleos

-negros, reconcentrados, pensativos-

Emitieron de pronto

                                     Pájaros.

 

 

WHITE HUNTRESS

 

No lejos del dak bungalow,

Entre bambúes y yerbales,

Tropecé con Artemisa.

Iba armada de punta en blanco:

Un cooli cargaba el Holland and Holland

Con el vanity case y la maleta

Con los antibióticos y los preservativos.

 

 

GOLDEN LOTUSES (1)

 

I

No brasa

                Ni chorro de jerez:

La descarga del gimnoto

O, más bien, el chasquido

De la seda

                   Al rasgarse.

 

2

En su tocador,

Alveolo cristalino,

Duermen todos los objetos

Menos las tijeras.

 

3

A la mitad de la noche

Vierte,

            En el oído de sus amantes,

Tres gotas de luz fría.

 

4

Se desliza, amarilla y eléctrica,

Por la piscina del hall.

                                       Después, quieta,

Brilla,

          Estúpida como piedra preciosa.

 

 

 


 

GOLDEN LOTUSES (2)

 

Delgada y sinuosa

Como la cuerda mágica.

Rubia y rauda:

                          Dardo y milano.

Pero también inexorable rompehielos.

Senos de niña, ojos de esmalte.

Bailó en todas las terrazas y sótanos,

Contempló un atardecer en San José, Costa Rica,

Durmió en las rodillas de los Himalayas,

Fatigó los bares y las sabanas de África.

A los veinte dejó a su marido

Por una alemana;

A los veintiuno dejó a la alemana

Por un afgano;

A los cuarenta y cinco

Vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay.

Cada mes, en los días rituales,

Llueven sapos y culebras en la casa,

Los criados maldicen a la demonia

Y su amante parsi apaga el fuego.

Tempestad en seco.

                                    El buitre blanco

Picotea su sombra.

 

 

CAZA REAL

Apuro del taxidermista:

Su alteza le remite,

Para su galería de trofeos,

Las pieles, no muy bien curtidas,

De su padre y su hermano el primogénito.

 

 

GOLDEN LOTUSES (3)

 

Jardines despeinados,

Casa grande como una hacienda.

Hay muchos cuartos vacíos,

Muchos retratos de celebridades

Desconocidas.

                          Moradas y negras,

En paredes y sedas marchitas

Las huellas digitales

De los mozones giratorios.

Lujo y polvo. Calor, calor.

La casa está habitada por una mujer buida.

La mujer está habitada por el viento.

 

 

EPITAFIO DE UNA VIEJA

 

La enterraron en la tumba familiar

Y en las profundidades

Tembló el polvo del que fue su marido.

 

 

PERPETUA ENCARNADA

Tiemblan los intrincados jardines

Juntan los árboles las frentes

Cuchichean

                     El día

Arde aún en mis ojos

Hora a hora lo vi deslizarse

Ancho y feliz como un río

Sombra y luz enlazadas sus orillas

Y un amarillo remolino

Una sola intensidad monótona

El sol fijo en su centro

                                        Gravitaciones

Oscilaciones de materia impalpable

Blancas demoliciones

Congregaciones de la espuma nómada

Grandes montañas de allá arriba

Colgada de la luz

Gloria inmóvil que un parpadeo

Vuelve añicos

                         Y aquí abajo

Papayos mangos tamarindos laureles

Araucarias excelsas chirimoyos

El baniano

                   Más bosque que árbol

Verde algarabía de millones de hojas

Frutos negruzcos bolsas palpitantes

Murciélagos dormidos colgando de las ramas

 

Todo era irreal en su demasía

 

Sobre la pared encalada

Teatro escrito por el viento y la luz

Las sombras de la enredadera

Más verde que la palabra marzo

Máscara de la tarde

Abstraída en la caligrafía de sus pájaros

Entre las rejas trémulas de los reflejos

Iba y venía

                    Una lagartija transparente

Graciosa terrible diminuta

Cambiaba de lugar y no de tiempo

Subía y bajaba por un presente

Sin antes ni después

                                     Desde mi ahora

Como aquel que se asoma a precipicios

Yo la miraba

                       Mareo

                                   Pululación y vacío

La tarde la bestezuela mi conciencia

Una vibración idéntica indiferente

Y vi en la cal una explosión morada

Cuántos soles en un abrir y cerrar de ojos

Tanta blancura me hizo daño

Me refugié en los eucaliptos.

Pedí a su sombra

                               Llueva o truene

Ser siempre igual

                               Silencio de raíces

Y la conversación airosa de las hojas

Pedía templanza pedí perseverancia

Estoy atado al tiempo

                                       Prendido prendado

Estoy enamorado de este mundo

Ando a tientas en mí mismo extraviado

Pido entereza pido desprendimiento

Abrir los ojos

                         Evidencias ilesas

Entre las claridades que se anulan

No la abolición de las imágenes

La encarnación de los pronombres

El mundo que entre todos inventamos

Pueblo de signos

                              Y en su centro

La solitaria

                   Perpetua encarnada

Una mitad mujer

                              Peña manantial la otra

 

Palabra de todos con que hablamos a solas

Pido que siempre me acompañes

Razón del hombre

El animal de manos radiantes

El animal con ojos en las yemas

 

La noche se congrega y se ensancha

Nudo de tiempos y racimo de espacios

Veo oigo respiro

Pido ser obediente a este día y esta noche

 

 

 

EFECTOS DEL BAUTISMO

El joven Hassan,

Por casarse con una cristiana,

Se bautizó.

                    El cura,

Como a un vikingo,

Lo llamó Erik.

                        Ahora

Tiene dos nombres

Y una sola mujer.

 

 

 

FELICIDAD EN HERAT

                                       A Carlos Pellicer

Vine aquí

Como escribo estas líneas,

Sin idea fija:

Una mezquita azul y verde,

Seis minaretes truncos,

Dos o tres tumbas,

Memorias de un poeta santo

Los nombres de Timur y su linaje.

 

Encontré el viento de los cien días.

Todas las noches las cubrió de arena,

Acosó mi frente, me quemó los párpados.

La madrugada:

                           Dispersión de pájaros

Y ese rumor de agua entre piedras

Que son los pasos campesinos.

(Pero el agua sabía a polvo.)

Murmullos en el llano,

Apariciones

                      Desapariciones,

Ocres torbellinos

Insubstanciales como mis pensamientos.

Vueltas y vueltas

En un cuarto de hotel o en las colinas:

La tierra un cementerio de camellos

Y en mis cavilaciones siempre

Los mismos rostros que se desmoronan.

¿El viento, el señor de las ruinas,

Es mi único maestro?

Erosiones:

El menos crece más y más.

 

En la tumba del santo,

Hondo en el árbol seco,

Clavé un clavo,

                           No,

Como los otros, contra el mal de ojo:

Contra mí mismo.

                                (Algo dije:

Palabras que se lleva el viento.)

 

Una tarde pactaron las alturas.

Sin cambiar de lugar

                                     Caminaron los chopos.

Sol en los azulejos,

                                  Súbitas primaveras.

En el Jardín de las Señoras

Subí a la cúpula turquesa.

Minaretes tatuados de signos:

La escritura cúfica, más allá de la letra,

Se volvió transparente.

No tuve la visión sin imágenes,

No vi girar las formas hasta desvanecerse

En claridad inmóvil,

El ser ya sin substancia del sufí.

No bebí la plenitud en el vacío

Ni vi las treinta y dos señales

Del bodisatva cuerpo de diamante.

Vi un cielo azul y todos los azules,

Del blanco al verde

Todo el abanico de los álamos

Y sobre el pino, más aire que pájaro,

El mirlo blanquinegro,

Vi al mundo reposar en sí mismo.

Vi las apariencias.

Y llamé a esa media hora:

Perfección de lo Finito.

 

 

PRUEBA

 

Si el hombre es polvo

Esos que andan por el llano

Son hombres

 

 

PUEBLO

 

Las piedras son tiempo

                                          El viento

Siglos de viento

                            Los árboles son tiempo

Las gentes son piedras

                                         El viento

Vuelve sobre si mismo y se entierra

En el día de piedra

 

No hay agua pero brillan los ojos.



VRINDABAN

 

Rodeado de noche

Follaje inmenso de rumores

Grandes cortinas impalpables

Hálitos

             Escribo me detengo

Escribo

 

              (Todo está y no está

Todo calladamente se desmorona

Sobre la página)

 

                             Hace unos instantes

Corría en un coche

Entre las casas apagadas

                                           Corría

Entre mis pensamientos encendidos

Arriba las estrellas

                                 Jardines serenísimos

Yo era un árbol y hablaba

Estaba cubierto de hojas y ojos

Yo era el murmullo que avanza

El enjambre de imágenes

 

(Ahora trazo unos cuantos signos

Crispados

                  Negro sobre blanco

Diminuto jardín de letras

A la luz de una lámpara plantado)

 

Corría el coche

Por los barrios dormidos yo corría

Tras de mis pensamientos

                                               Míos y de los otros

Reminiscencias supervivencias figuraciones

Nombres

                  Los restos de las chispas

                  Y las risas de la velada

                  La danza de las horas

                  La marcha de las constelaciones

Y otros lugares comunes

¿Yo creo en los hombres

                                            O en los astros?

Yo creo

              (aquí intervienen los puntos

Suspensivos)

                       Yo veo

Pórtico de columnas carcomidas

Estatuas esculpidas por la peste

La doble fila de mendigos

                                              Y el hedor

Rey en su trono

                            Rodeado

Como si fuesen concubinas

Por un vaivén de aromas

Puros casi corpóreos ondulantes

Del sándalo al jazmín y sus fantasmas

Putrefacción

                       Fiebre de formas

                                                      Fiebre del tiempo

En sus combinaciones extasiado

Cola de pavo real el universo entero

Miríadas de ojos

                              En otros ojos reflejados

Modulaciones reverberaciones de un ojo único

Un solitario sol

                           Oculto

Tras su manto de transparencias

 Su marea de maravillas

 Toda llameaba

                            Piedras mujeres agua

Todo se esculpía

                              Del color a la forma

De la forma al incendio

                                          Todo se desvanecía

Música de metales y maderas

En la celda del dios

                                   Matriz del templo

Música

Como el agua y el viento en sus abrazos

Y sobre los sonidos enlazados

La voz humana

Luna en celo por el mediodía

Estela del alma que se desencarna

 

(Escribo sin conocer el desenlace

De lo que escribo

                               Busco entre líneas

Mi imagen es la lámpara

                                            Encendida

En mitad de la noche)

 

                                       Saltimbanqui

Mono de lo Absoluto

                                       Garabato

En cuclillas

                    Cubierto de cenizas pálidas

Un sadhu me miraba y se reía

Desde su orilla me miraba y se reía

                                                                Lejos lejos

Como los animales y los santos me miraba

Desnudo desgreñado embadurnado

Un rayo fijo los ojos minerales

Yo quise hablarle

Me respondió con borborigmos

                                                         Ido ido

¿Adónde

                A qué región del ser

A qué existencia a la intemperie de qué mundo

En que tiempo?

 

                             (Escribo

Cada letra es un germen

                                             La memoria

Insiste en su marea

Y repite su mismo mediodía)

 

Ido ido

             Santo pícaro santo

Arrobos del hambre o de la droga

Tal vez vio a Krishna

                                     Árbol azul y centelleante

Nocturno surtidor brotando en la sequía

Tal vez en una piedra hendida

Palpó la forma femenina

                                             Y su desgarradura

El vértigo sin forma

                                   Por esto o aquello

Vive en el muelle donde queman a los muertos

 

Las calles solas

Las casas y sus sombras

Todo era igual y todo era distinto

El coche corría

                          Yo estaba quieto

Entre mis pensamientos desbocados

 

(ido ido

Santo payaso santo mendigo rey maldito

Es lo mismo

                     Siempre lo mismo

                                                       En lo mismo

Es ser siempre en sí mismo

                                                 Encerrado

En lo mismo

                       En sí mismo cerrado

Ídolo podrido)

 

                          Ido ido

Desde su orilla me miraba

                                               Me mira

Desde su interminable mediodía

 

Yo estoy en la hora inestable

El coche corre entre las casas

Yo escribo a la luz de una lámpara

Los absolutos las eternidades

Y sus aledaños

                          No son mi tema

Tengo hambre de vida y también de morir

Sé lo que creo y lo escribo

Advenimiento del instante

                                                  El acto

El movimiento en que se esculpe

Y se deshace el ser entero

Conciencia y manos para asir el tiempo

Soy una historia

                             Una memoria que se inventa

Nunca estoy solo

Hablo siempre contigo

                                         Hablas siempre conmigo

A obscuras voy y planto signos

 

 

INTERMITENCIA DEL OESTE (1)

                 (Canción rusa)

 

Construimos el canal:

Nos reeducan por el trabajo.

 

El viento se quiebra en nuestros hombros,

Nosotros nos quebramos en las rocas.

 

Éramos cien mil, ahora somos mil,

No sé si mañana saldrá el sol para mí.

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (2)

              (Canción mexicana)

 

Mi abuelo, al tomar el café,

Me hablaba de Juárez y de Porfirio,

Los zuavos y los plateados.

Y el mantel olía a pólvora.

 

Mi padre, al tomar la copa,

Me hablaba de Zapata y de Villa,

Soto y Gama y los Flores Magón.

Y el mantel olía a pólvora.

 

Yo me quedo callado:

¿de quién podría hablar?

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (3)

        (México: Olimpiada de 1968)

La limpidez

                     (quizá valga la pena

Escribirlo sobre la limpieza

De esta hoja)

                        No es límpida:

Es una rabia

                      (amarilla y negra

Acumulación de bilis en español)

Extendida sobre la página.

¿Por qué?

                  La vergüenza es ira

Vuelta contra uno mismo:

                                               Si

Una nación entera se avergüenza

Es león que se agazapa

Para saltar.

                      (Los empleados

Municipales lavan la sangre

En la Plaza de los Sacrificios.)

Mira ahora,

                     Manchada

Antes de haber dicho algo

Que valga la pena,

                                 La limpidez.

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (4)

      (París: Les aveugles lucides)

 

Dans l’une des banlieues de l’absolu,

Les mots ayant perdu leur ombre,

Ils faisaiente commerce de reflets

Jusqu’a perte de vue.

                                       Ils se sont noyés

Dans une interjection.

 

 



TUMBA DEL POETA

 

El Libro

              El vaso

El verde obscuramente tallo

                                                   El disco

Lecho de la bella durmiente la música

Las cosas anegadas en sus nombres

Decirlas con los ojos

                                     En un allá no sé dónde

Clavarlas

                Lámpara lápiz retrato

Esto que veo

                       Clavarlo

Como un templo vivo

                                       Plantarlo

Como un árbol

                           Un dios

Coronarlo

                   Con un nombre

                                                Inmortal

Irrisoria corona de espinas

                                                ¡Lenguaje!

 

El tallo y su flor inminente

                                                Sol-sexo-sol

La flor sin sombra

                                    La palabra

Se abre

              En un allá sin dónde

Extensión inmaculada

Transparencia que sostiene a las cosas

Caídas

            Por la mirada

Levantadas

                     En un reflejo

                                             Suspendidas

 

Haz de mundos

                            Instantes

Racimos encendidos

Selvas andantes de astros

Sílabas errantes

                             Marea

Todos los tiempos del tiempo

                                                      SER

Una fracción de segundo

                                             Lámpara lápiz retrato

En un aquí no sé dónde

 

                                           Un nombre

Comienza

                  Asirlo plantarlo decirlo

Como un bosque pensante

                                                 Encarnarlo

Un linaje comienza

                                  En un nombre

Un adán

               Como un templo vivo

Nombre sin sombra

                                    Clavado

Como un dios

                          En este aquí sin dónde

¡Lenguaje!

                   Acabo en su comienzo

En esto que digo

                               Acabo

SER

       Sombra de un nombre instantáneo

 

NUNCA SABRÉ MI DESENLACE


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POETAS 141. Dulce María Loynaz

  Dulce María Loynaz fue una poeta cubana nacida en La Habana el 10 de diciembre de 1902. Perteneciente a una familia de la alta burguesía -su padre, Enrique Loynaz del Castillo fue un general célebre por haber compuesto un himno patriótico- pudo formarse en el refinado ambiente del hogar y, al igual que sus hermanos, también poetas de talento, tuvieron la oportunidad de recibir una esmerada educación impartida por selectos profesores que desfilaban a diario por su casa. Sus primeros años están marcados por las posibilidades de este ambiente selecto, lo que le da la ocasión de viajar junto con sus hermanos por gran parte de los países de Oriente próximo, además de poder recorrer extensamente Europa, Sudamérica y los Estados Unidos. En 1927 obtiene en la Universidad de la Habana el doctorado en Derecho Civil, carrera que ejercería durante un tiempo. Dulce María Loinaz comenzó a escribir bajo la influencia de los poetas simbolistas franceses: Rimbaud, Verlaine y Baudelaire fueron ado...

POETAS 140. Karmelo C. Iribarren (III). Serie B

  Antes de dedicarse a la poesía, Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), tuvo que ganarse la vida como fontanero, vendedor de enciclopedias incapaz de vender ninguna, camarero en residencias de ancianos y tabernero, entre otros oficios. Su poesía, que ha sido adscrita al realismo sucio –“una poesía de los días laborables”, según su propia expresión-, huye de la retórica, utiliza abundantemente el coloquio como recurso narrativo y apenas hay rastro de metáforas. Aunque parece que no haga literatura, no deja de pulir sus mínimos poemas podando y podando hasta llegar al hueso. Con un tono ligeramente pesimista, en alguna ocasión ha dicho que busca hacer real la emoción sin patetismo, que le importa más ésta que el ropaje en el que venga envuelta y se ha llegado a definir como un poeta que no deja de hablar de la vida. “Mi poesía -ha dicho en una entrevista- recoge todo tipo de personajes de la ciudad a la deriva, yo hablo de los mendigo, de esa mujer sola a la que se le ha torcid...

EL SILENCIO DE LOS POETAS (Glosa a la "Parábola del palacio", de Borges)

    De entre los muchos libros de Borges yo me quedo con el “hacedor” y dentro de este libro hay una parábola que a mí me gusta mucho y en la que suelo pensar a menudo cuando intento definir para mis adentros la verdadera esencia del arte. Esa parábola o cuento de Borges narra la historia de un emperador amarillo que invita a un poeta a su palacio. El palacio es tan espléndido y está tan abigarrado de innumerables objetos y adornos que casi se asimila al universo. Cuando el poeta ya casi está acabando de presenciar todas las interminables maravillas de las que está dotado el palacio, recita una composición y el palacio desaparece “como abolido o fulminado por la última silaba”. El emperador, ciego de ira por la desaparición de su palacio, ordena que corten la cabeza del poeta. El texto recitado por el poeta se ha perdido, concluye Borges, pero en él estaba entero y minucioso el palacio enorme, a pesar de que tal vez constase de un solo verso, ...

PENSAMIENTOS 19. Emil Cioran (III). ("Desgarraduras")

  Emil Cioran fue un pensador rumano nacido en 1911 en un pueblo de Transilvania, que estudió la carrera de Filosofía y Letras en Bucarest y que antes de salir de su país para vivir en París se dejó tentar por los cantos de sirena del movimiento nazi y llegó a militar en un círculo fascista. Antes de demostrar que dominaba por escrito la lengua francesa como pocos, ya había publicado en su propia lengua rumana algunos libros, más bien de índole mística, con ese misticismo herético que sería peculiar de Cioran y que acabaría enemistándolo con su padre, un pope ortodoxo. Salió de su país con la idea de instalarse en España, país que le fascinaba, especialmente por sus cimas místicas -Teresa, Juan de Yepes-, pero al final se quedó en Paris malviviendo sin ejercer nunca una profesión conocida: se dedicaba a deambular por las calles mientras platicaba con vagabundos y prostitutas y malcomía en comedores universitarios a los que accedía con las becas que ganaba. A partir de 1957, en que ...

PENSAMIENTOS 37. Carlos Castaneda (I). "Las enseñanzas de Don Juan"

  Poco se debe decir sobre la vida de Carlos Castaneda, pues su propia filosofía de vida transmitida por los chamanes de México le aconsejaba el mantenerse a cubierto tras el anonimato: una de sus divisas es que "hay que borrar la propia historia personal", no dejar huella de los propios pasos. Es mejor no hurgar, si esa era su voluntad. Lo poco o mucho que se sabe -pues muchos libros acerca del autor se escribieron rastreando las pocas huellas que quedaron de ese deliberado borrado- cabe en un sucinto apunte biográfico. Nació, tal vez, en Cajamarca, Perú, el 25 de diciembre de 1925 y murió en Los Ángeles el 27 de abril de 1998, a consecuencia de un cáncer de hígado. También se va a dejar esta semblanza biográfica sin el encabezado de un retrato fotográfico, no porque no se pueda encontrar alguno en el fotomareante espacio de internet y las redes sociales, sino porque el autor se mostraba excesivamente reacio a las cámaras y a cualquier tipo de grabación de su voz, y también ...

CUENTOS CÉLEBRES Y BREVES 4. "El eclipse" de Augusto Monterroso

  No voy a destripar aquí el final sorprendente e irónico de este cuento de Monterroso (se trata de su primer cuento, publicado en una revista en 1952), a fin de que su efecto se conserve íntegramente en el lector que se asoma a él por primera vez. Añadiré que no sólo es sorprendente e irónico su final; es ambas cosas desde el principio hasta el final y en un espacio muy breve ocurren muchas cosas, muchas alternativas, muchos cambios de situación y de estados de ánimo. Tal como debió ocurrir en la colonización y en el intercambio entre culturas en la conquista y la catequización de América. Pero en este cuento aparece de alguna manera la venganza de Moctezuma y es lo que le da su sabor irónico. El cuento rezuma esa ironía administrada en la sucesión de situaciones elegidas por Monterroso. El protagonista -un fraile catequizador en la conquista de América- se encuentra perdido, y nada simboliza más la situación de estar perdido que el hacerlo en medio de una selva. Perdido y sin e...