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POETAS 5. Octavio Paz (VIII): "Ladera Este"

 


Se deja aquí una selección de poemas bastante extensa del libro de Octavio Paz "Ladera Este", perteneciente al segundo periodo que el poeta pasó en la India como diplomático en la embajada de Nueva Delhi entre 1962 y 1968, puesto al que iba a renunciar tras la criminal matanza en la plaza de Tlotelolco el 2 de octubre de 1968. En breve se glosará esta fértil etapa de su vida y de su obra.


EL OTRO

Se inventó una cara.

                                     Detrás de ella

Vivió, murió y resucitó

Muchas veces.

                          Su cara

Hoy tiene las arrugas de esa cara.

Sus arrugas no tienen cara.

 

 


EL BALCÓN

 

Quieta

En mitad de la noche

No a la deriva de los siglos

No tendida

                    Clavada

Como idea fija

En el centro de la incandescencia

Delhi

         Dos sílabas altas

Rodeadas de arena e insomnio

En voz baja las digo

 

                                    Nada se mueve

Pero la hora crece

                                 Se dilata

Es el verano

Marejada que se derrama

Oigo la vibración del cielo bajo

Sobre los llanos en letargo

Masas enormes cónclaves obscenos

Nubes llenas de insectos

Aplastan

                Indecisos bultos enanos

(Mañana tendrán nombre

Erguidos serán casas

Mañana serán árboles)

 

Nada se mueve

La hora es más grande

                                        Yo más solo

Clavado en el centro del torbellino

Si extiendo la mano

Un cuerpo fofo el aire

Un ser promiscuo sin cara

Acodado al balcón

                                 Veo

 

(No te apoyes,

Si está solo, contra la balaustrada,

Dice el poeta chino)

                                    

No es la altura ni la noche y su luna

No son los infinitos a la vista

Es la memoria y sus vértigos

Esto que veo

                        Esto que gira

Son las acechanzas las trampas

Detrás no hay nada

Son las fechas y sus remolinos

(Trono de hueso

                              Trono del mediodía

Aquella isla

                     En su cantil leonado

Por un instante vi la vida verdadera

Tenía la cara de la muerte

Eran el mismo rostro disuelto

En el mismo mar centelleante)

 

Lo que viviste hoy te desvive

No estás allá

                       Aquí

Estoy aquí

                   En mi comienzo

No me reniego

                           Me sustento

Acodado al balcón

                                  Veo

Nubarrones y un pedazo de luna

Lo que está aquí visible

Cosas gente

                      Lo real presente

Vencido por la hora

                                   Lo que está aquí

Invisible

               Mi horizonte

Si es un comienzo este comienzo

No principio conmigo

                                       Con el comienzo

En él me perpetúo

 

                                  Acodado al balcón

Veo

       Esta lejanía tan próxima

No sé cómo nombrarla

Aunque la toco con el pensamiento

La noche que se va a pique

La ciudad como un monte caído

Blancas luces azules amarillas

faros súbitos paredes de infamia

Y los racimos terribles

Las piñas de hombres y bestias por el suelo

Y la maraña de sus sueños enlazados

 

Vieja Delhi fétida Delhi

Callejas y plazuelas y mezquitas

Como un cuerpo acuchillado

Como un jardín enterrado

Desde hace siglos llueve polvo

Tu manto son las tolvaneras

Tu almohada un ladrillo roto

En una hoja de higuera

Comes las sobras de tus dioses

Tus templos son burdes de incurables

Estás cubierta de hormigas

Corral desamparado

                                     Mausoleo desmoronado

Estás desnuda

                          Como un cadáver profanado

Te arrancaron joyas y mortaja

Estabas cubierta de poemas

Todo tu cuerpo era escritura

Acuérdate

                    Recobra la palabra

Eres hermosa

                         Sabes hablar cantar bailar

 

Dehi

         Dos torres

Plantadas en el llano

                                      Dos sílabas altas

Yo las digo en voz baja

Acodado al balcón

                                  Clavado

No en el suelo

                          En su vértigo

En el centro de la incandescencia

Estuve allá

                    No sé adónde

Estoy aquí

                    No sé es dónde

No la tierra

                     El tiempo

En sus manos vacías me sostiene

Noche y luna

                        Movimientos de nubes

Temblor de árboles

                                    Estupor del espacio

Infinito y violencia en el aire

Polvo iracundo que despierta

Encienden luces en el puerto aéreo

Rumor de cantos por el Fuerte Rojo

Lejanías

               Pasos de un peregrino son errante

Sobre este frágil puente de palabras

La hora me levanta

Hambre de encarnación padece el tiempo

Más allá de mí mismo

En algún lado aguardo mi llegada.

 

 


LA HIGUERA RELIGIOSA

 

El viento,

                Los ladrones de frutos

(monos, pájaros, murciélagos)

Entre las ramas de un gran árbol

Esparcen las semillas.

                                       Verde y sonora,

La inmensa copa desbordante

Donde beben los soles

Es una entraña aérea.

                                        Las semillas

Se abren,

                 La planta se afinca

En el vacío,

                    Hila su vértigo

Y en él se erige y se mece y propaga.

Años y años cae

                             En línea recta.

Su caída

               Es el salto del agua

Congelada en el salto: tiempo petrificado.

 

Anda a tientas,

                           Lanza largas raíces,

Varas sinuosas,

                            Entrelazados

Chorros negros,

                                Clava

Pilares,

             Cava húmedas galerías

Donde el eco se enciende y apaga,

Cobriza vibración

                                Resuelta en la quietud

De un sol carbonizado cada día.

Brazos, cuerdas, anillos,

                                            Maraña

De mástiles y cables, encallado velero,

 

Trepan,

              Se enroscan las raíces

Errantes.

                 Es una maleza de manos.

No buscan tierra: busca un cuerpo,

Tejen un abrazo.

                              El árbol

Es un emparedado vivo.

                                            Su tronco

Tarda cien años en pudrirse.

                                                   Su copa:

El cráneo mondo, las astas rotas del venado.

 

Bajo un manto de hojas coriáceas,

Ondulación que canta

                                        Del rosa al ocrea al verde,

En sí misma anudada

                                      Dos mil años,

La higuera se arrastra, se levanta, se estrangula.

 

 

EN LOS JARDINES DE LOS LODI

 

En el azul unánime

Los domos de los mausoleos

-negros, reconcentrados, pensativos-

Emitieron de pronto

                                     Pájaros.

 

 

WHITE HUNTRESS

 

No lejos del dak bungalow,

Entre bambúes y yerbales,

Tropecé con Artemisa.

Iba armada de punta en blanco:

Un cooli cargaba el Holland and Holland

Con el vanity case y la maleta

Con los antibióticos y los preservativos.

 

 

GOLDEN LOTUSES (1)

 

I

No brasa

                Ni chorro de jerez:

La descarga del gimnoto

O, más bien, el chasquido

De la seda

                   Al rasgarse.

 

2

En su tocador,

Alveolo cristalino,

Duermen todos los objetos

Menos las tijeras.

 

3

A la mitad de la noche

Vierte,

            En el oído de sus amantes,

Tres gotas de luz fría.

 

4

Se desliza, amarilla y eléctrica,

Por la piscina del hall.

                                       Después, quieta,

Brilla,

          Estúpida como piedra preciosa.

 

 

 


 

GOLDEN LOTUSES (2)

 

Delgada y sinuosa

Como la cuerda mágica.

Rubia y rauda:

                          Dardo y milano.

Pero también inexorable rompehielos.

Senos de niña, ojos de esmalte.

Bailó en todas las terrazas y sótanos,

Contempló un atardecer en San José, Costa Rica,

Durmió en las rodillas de los Himalayas,

Fatigó los bares y las sabanas de África.

A los veinte dejó a su marido

Por una alemana;

A los veintiuno dejó a la alemana

Por un afgano;

A los cuarenta y cinco

Vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay.

Cada mes, en los días rituales,

Llueven sapos y culebras en la casa,

Los criados maldicen a la demonia

Y su amante parsi apaga el fuego.

Tempestad en seco.

                                    El buitre blanco

Picotea su sombra.

 

 

CAZA REAL

Apuro del taxidermista:

Su alteza le remite,

Para su galería de trofeos,

Las pieles, no muy bien curtidas,

De su padre y su hermano el primogénito.

 

 

GOLDEN LOTUSES (3)

 

Jardines despeinados,

Casa grande como una hacienda.

Hay muchos cuartos vacíos,

Muchos retratos de celebridades

Desconocidas.

                          Moradas y negras,

En paredes y sedas marchitas

Las huellas digitales

De los mozones giratorios.

Lujo y polvo. Calor, calor.

La casa está habitada por una mujer buida.

La mujer está habitada por el viento.

 

 

EPITAFIO DE UNA VIEJA

 

La enterraron en la tumba familiar

Y en las profundidades

Tembló el polvo del que fue su marido.

 

 

PERPETUA ENCARNADA

Tiemblan los intrincados jardines

Juntan los árboles las frentes

Cuchichean

                     El día

Arde aún en mis ojos

Hora a hora lo vi deslizarse

Ancho y feliz como un río

Sombra y luz enlazadas sus orillas

Y un amarillo remolino

Una sola intensidad monótona

El sol fijo en su centro

                                        Gravitaciones

Oscilaciones de materia impalpable

Blancas demoliciones

Congregaciones de la espuma nómada

Grandes montañas de allá arriba

Colgada de la luz

Gloria inmóvil que un parpadeo

Vuelve añicos

                         Y aquí abajo

Papayos mangos tamarindos laureles

Araucarias excelsas chirimoyos

El baniano

                   Más bosque que árbol

Verde algarabía de millones de hojas

Frutos negruzcos bolsas palpitantes

Murciélagos dormidos colgando de las ramas

 

Todo era irreal en su demasía

 

Sobre la pared encalada

Teatro escrito por el viento y la luz

Las sombras de la enredadera

Más verde que la palabra marzo

Máscara de la tarde

Abstraída en la caligrafía de sus pájaros

Entre las rejas trémulas de los reflejos

Iba y venía

                    Una lagartija transparente

Graciosa terrible diminuta

Cambiaba de lugar y no de tiempo

Subía y bajaba por un presente

Sin antes ni después

                                     Desde mi ahora

Como aquel que se asoma a precipicios

Yo la miraba

                       Mareo

                                   Pululación y vacío

La tarde la bestezuela mi conciencia

Una vibración idéntica indiferente

Y vi en la cal una explosión morada

Cuántos soles en un abrir y cerrar de ojos

Tanta blancura me hizo daño

Me refugié en los eucaliptos.

Pedí a su sombra

                               Llueva o truene

Ser siempre igual

                               Silencio de raíces

Y la conversación airosa de las hojas

Pedía templanza pedí perseverancia

Estoy atado al tiempo

                                       Prendido prendado

Estoy enamorado de este mundo

Ando a tientas en mí mismo extraviado

Pido entereza pido desprendimiento

Abrir los ojos

                         Evidencias ilesas

Entre las claridades que se anulan

No la abolición de las imágenes

La encarnación de los pronombres

El mundo que entre todos inventamos

Pueblo de signos

                              Y en su centro

La solitaria

                   Perpetua encarnada

Una mitad mujer

                              Peña manantial la otra

 

Palabra de todos con que hablamos a solas

Pido que siempre me acompañes

Razón del hombre

El animal de manos radiantes

El animal con ojos en las yemas

 

La noche se congrega y se ensancha

Nudo de tiempos y racimo de espacios

Veo oigo respiro

Pido ser obediente a este día y esta noche

 

 

 

EFECTOS DEL BAUTISMO

El joven Hassan,

Por casarse con una cristiana,

Se bautizó.

                    El cura,

Como a un vikingo,

Lo llamó Erik.

                        Ahora

Tiene dos nombres

Y una sola mujer.

 

 

 

FELICIDAD EN HERAT

                                       A Carlos Pellicer

Vine aquí

Como escribo estas líneas,

Sin idea fija:

Una mezquita azul y verde,

Seis minaretes truncos,

Dos o tres tumbas,

Memorias de un poeta santo

Los nombres de Timur y su linaje.

 

Encontré el viento de los cien días.

Todas las noches las cubrió de arena,

Acosó mi frente, me quemó los párpados.

La madrugada:

                           Dispersión de pájaros

Y ese rumor de agua entre piedras

Que son los pasos campesinos.

(Pero el agua sabía a polvo.)

Murmullos en el llano,

Apariciones

                      Desapariciones,

Ocres torbellinos

Insubstanciales como mis pensamientos.

Vueltas y vueltas

En un cuarto de hotel o en las colinas:

La tierra un cementerio de camellos

Y en mis cavilaciones siempre

Los mismos rostros que se desmoronan.

¿El viento, el señor de las ruinas,

Es mi único maestro?

Erosiones:

El menos crece más y más.

 

En la tumba del santo,

Hondo en el árbol seco,

Clavé un clavo,

                           No,

Como los otros, contra el mal de ojo:

Contra mí mismo.

                                (Algo dije:

Palabras que se lleva el viento.)

 

Una tarde pactaron las alturas.

Sin cambiar de lugar

                                     Caminaron los chopos.

Sol en los azulejos,

                                  Súbitas primaveras.

En el Jardín de las Señoras

Subí a la cúpula turquesa.

Minaretes tatuados de signos:

La escritura cúfica, más allá de la letra,

Se volvió transparente.

No tuve la visión sin imágenes,

No vi girar las formas hasta desvanecerse

En claridad inmóvil,

El ser ya sin substancia del sufí.

No bebí la plenitud en el vacío

Ni vi las treinta y dos señales

Del bodisatva cuerpo de diamante.

Vi un cielo azul y todos los azules,

Del blanco al verde

Todo el abanico de los álamos

Y sobre el pino, más aire que pájaro,

El mirlo blanquinegro,

Vi al mundo reposar en sí mismo.

Vi las apariencias.

Y llamé a esa media hora:

Perfección de lo Finito.

 

 

PRUEBA

 

Si el hombre es polvo

Esos que andan por el llano

Son hombres

 

 

PUEBLO

 

Las piedras son tiempo

                                          El viento

Siglos de viento

                            Los árboles son tiempo

Las gentes son piedras

                                         El viento

Vuelve sobre si mismo y se entierra

En el día de piedra

 

No hay agua pero brillan los ojos.



VRINDABAN

 

Rodeado de noche

Follaje inmenso de rumores

Grandes cortinas impalpables

Hálitos

             Escribo me detengo

Escribo

 

              (Todo está y no está

Todo calladamente se desmorona

Sobre la página)

 

                             Hace unos instantes

Corría en un coche

Entre las casas apagadas

                                           Corría

Entre mis pensamientos encendidos

Arriba las estrellas

                                 Jardines serenísimos

Yo era un árbol y hablaba

Estaba cubierto de hojas y ojos

Yo era el murmullo que avanza

El enjambre de imágenes

 

(Ahora trazo unos cuantos signos

Crispados

                  Negro sobre blanco

Diminuto jardín de letras

A la luz de una lámpara plantado)

 

Corría el coche

Por los barrios dormidos yo corría

Tras de mis pensamientos

                                               Míos y de los otros

Reminiscencias supervivencias figuraciones

Nombres

                  Los restos de las chispas

                  Y las risas de la velada

                  La danza de las horas

                  La marcha de las constelaciones

Y otros lugares comunes

¿Yo creo en los hombres

                                            O en los astros?

Yo creo

              (aquí intervienen los puntos

Suspensivos)

                       Yo veo

Pórtico de columnas carcomidas

Estatuas esculpidas por la peste

La doble fila de mendigos

                                              Y el hedor

Rey en su trono

                            Rodeado

Como si fuesen concubinas

Por un vaivén de aromas

Puros casi corpóreos ondulantes

Del sándalo al jazmín y sus fantasmas

Putrefacción

                       Fiebre de formas

                                                      Fiebre del tiempo

En sus combinaciones extasiado

Cola de pavo real el universo entero

Miríadas de ojos

                              En otros ojos reflejados

Modulaciones reverberaciones de un ojo único

Un solitario sol

                           Oculto

Tras su manto de transparencias

 Su marea de maravillas

 Toda llameaba

                            Piedras mujeres agua

Todo se esculpía

                              Del color a la forma

De la forma al incendio

                                          Todo se desvanecía

Música de metales y maderas

En la celda del dios

                                   Matriz del templo

Música

Como el agua y el viento en sus abrazos

Y sobre los sonidos enlazados

La voz humana

Luna en celo por el mediodía

Estela del alma que se desencarna

 

(Escribo sin conocer el desenlace

De lo que escribo

                               Busco entre líneas

Mi imagen es la lámpara

                                            Encendida

En mitad de la noche)

 

                                       Saltimbanqui

Mono de lo Absoluto

                                       Garabato

En cuclillas

                    Cubierto de cenizas pálidas

Un sadhu me miraba y se reía

Desde su orilla me miraba y se reía

                                                                Lejos lejos

Como los animales y los santos me miraba

Desnudo desgreñado embadurnado

Un rayo fijo los ojos minerales

Yo quise hablarle

Me respondió con borborigmos

                                                         Ido ido

¿Adónde

                A qué región del ser

A qué existencia a la intemperie de qué mundo

En que tiempo?

 

                             (Escribo

Cada letra es un germen

                                             La memoria

Insiste en su marea

Y repite su mismo mediodía)

 

Ido ido

             Santo pícaro santo

Arrobos del hambre o de la droga

Tal vez vio a Krishna

                                     Árbol azul y centelleante

Nocturno surtidor brotando en la sequía

Tal vez en una piedra hendida

Palpó la forma femenina

                                             Y su desgarradura

El vértigo sin forma

                                   Por esto o aquello

Vive en el muelle donde queman a los muertos

 

Las calles solas

Las casas y sus sombras

Todo era igual y todo era distinto

El coche corría

                          Yo estaba quieto

Entre mis pensamientos desbocados

 

(ido ido

Santo payaso santo mendigo rey maldito

Es lo mismo

                     Siempre lo mismo

                                                       En lo mismo

Es ser siempre en sí mismo

                                                 Encerrado

En lo mismo

                       En sí mismo cerrado

Ídolo podrido)

 

                          Ido ido

Desde su orilla me miraba

                                               Me mira

Desde su interminable mediodía

 

Yo estoy en la hora inestable

El coche corre entre las casas

Yo escribo a la luz de una lámpara

Los absolutos las eternidades

Y sus aledaños

                          No son mi tema

Tengo hambre de vida y también de morir

Sé lo que creo y lo escribo

Advenimiento del instante

                                                  El acto

El movimiento en que se esculpe

Y se deshace el ser entero

Conciencia y manos para asir el tiempo

Soy una historia

                             Una memoria que se inventa

Nunca estoy solo

Hablo siempre contigo

                                         Hablas siempre conmigo

A obscuras voy y planto signos

 

 

INTERMITENCIA DEL OESTE (1)

                 (Canción rusa)

 

Construimos el canal:

Nos reeducan por el trabajo.

 

El viento se quiebra en nuestros hombros,

Nosotros nos quebramos en las rocas.

 

Éramos cien mil, ahora somos mil,

No sé si mañana saldrá el sol para mí.

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (2)

              (Canción mexicana)

 

Mi abuelo, al tomar el café,

Me hablaba de Juárez y de Porfirio,

Los zuavos y los plateados.

Y el mantel olía a pólvora.

 

Mi padre, al tomar la copa,

Me hablaba de Zapata y de Villa,

Soto y Gama y los Flores Magón.

Y el mantel olía a pólvora.

 

Yo me quedo callado:

¿de quién podría hablar?

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (3)

        (México: Olimpiada de 1968)

La limpidez

                     (quizá valga la pena

Escribirlo sobre la limpieza

De esta hoja)

                        No es límpida:

Es una rabia

                      (amarilla y negra

Acumulación de bilis en español)

Extendida sobre la página.

¿Por qué?

                  La vergüenza es ira

Vuelta contra uno mismo:

                                               Si

Una nación entera se avergüenza

Es león que se agazapa

Para saltar.

                      (Los empleados

Municipales lavan la sangre

En la Plaza de los Sacrificios.)

Mira ahora,

                     Manchada

Antes de haber dicho algo

Que valga la pena,

                                 La limpidez.

 

 

INTERMITENCIAS DEL OESTE (4)

      (París: Les aveugles lucides)

 

Dans l’une des banlieues de l’absolu,

Les mots ayant perdu leur ombre,

Ils faisaiente commerce de reflets

Jusqu’a perte de vue.

                                       Ils se sont noyés

Dans une interjection.

 

 



TUMBA DEL POETA

 

El Libro

              El vaso

El verde obscuramente tallo

                                                   El disco

Lecho de la bella durmiente la música

Las cosas anegadas en sus nombres

Decirlas con los ojos

                                     En un allá no sé dónde

Clavarlas

                Lámpara lápiz retrato

Esto que veo

                       Clavarlo

Como un templo vivo

                                       Plantarlo

Como un árbol

                           Un dios

Coronarlo

                   Con un nombre

                                                Inmortal

Irrisoria corona de espinas

                                                ¡Lenguaje!

 

El tallo y su flor inminente

                                                Sol-sexo-sol

La flor sin sombra

                                    La palabra

Se abre

              En un allá sin dónde

Extensión inmaculada

Transparencia que sostiene a las cosas

Caídas

            Por la mirada

Levantadas

                     En un reflejo

                                             Suspendidas

 

Haz de mundos

                            Instantes

Racimos encendidos

Selvas andantes de astros

Sílabas errantes

                             Marea

Todos los tiempos del tiempo

                                                      SER

Una fracción de segundo

                                             Lámpara lápiz retrato

En un aquí no sé dónde

 

                                           Un nombre

Comienza

                  Asirlo plantarlo decirlo

Como un bosque pensante

                                                 Encarnarlo

Un linaje comienza

                                  En un nombre

Un adán

               Como un templo vivo

Nombre sin sombra

                                    Clavado

Como un dios

                          En este aquí sin dónde

¡Lenguaje!

                   Acabo en su comienzo

En esto que digo

                               Acabo

SER

       Sombra de un nombre instantáneo

 

NUNCA SABRÉ MI DESENLACE


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  Jorge Guillén nace en Valladolid en 1893, donde realiza sus primeros estudios hasta que se traslada a Madrid para comenzar la carrera de Filosofía y  letras. En esta ciudad comienza a la vez una estrecha relación con la residencia de Estudiantes, en donde más tarde conocerá a alguno de los miembros más destacados de la generación  del 27. Entre 1909 y 1911 viaja por Suiza e Italia. Desde 1917 a 1923 sucede a su amigo Pedro Salinas como lector de español en La Sorbogne. Es en uno de esos frecuentes viajes que hace por Europa conoce, en la localidad de Trégastel (Bretaña), a la que más tarde será su primera mujer, Germaine Cahen, con la que tendrá dos hijos. Al año siguiente de obtener en 1924 su doctorado en Madrid con una tesis sobre Góngora, ocupa la catedra de literatura en la Universidad de Murcia hasta el año 1929, y allí funda junto a unos amigos  la revista “Verso y Prosa”. Es también, durante este periodo, cuando comienza a mandar a  revistas sus p...

POETAS 121. Elvira Sastre (II): "Adiós al frío"

  Elvira Sastre nació en Segovia en 1992, estudió Filología en la Universidad Autónoma de Madrid y realizó un máster de traducción. Con poco más de veinte años publicó su primer libro "Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo" (2013), con gran repercusión y que la lanzó a una fama precoz como poeta.  El libro venía precedido por un prólogo de Benjamín Prado, quien supo adivinar la gran poeta en ciernes que planeaba por aquellos versos. Ya en ese momento Prado definió sus poemas como "desafiantes, jóvenes, afilados; llenos de imanes, de anzuelos y de bombillas rotas que, sin embargo, aún siguen encendidas en la oscuridad." Pero el caso es que Benjamín Prado supo olfatear el fenómeno desde sus inicios y ahora que se vuelve a reeditar ese primer libro nos lo recuerda: "A Elvira Sastre se la veía venir, desde su primer libro. Después ha llegado lejos porque ha seguido buscando, pero en estos versos iniciales ya era evidente que se trataba  de una escritora disti...

POETAS 86. Dante Alighieri (II). "Purgatorio"

  Italia (Florencia, 1265-Ravena, 1321). Dante nació en Florencia y pertenecía a una familia güelfa de la pequeña nobleza, estuvo casado y tuvo tres hijos. Se inició pronto en la actividad política y ostentó diversos cargos corporativos. Era un güelfo blanco: a diferencia de los güelfos negros -la otra facción política de Florencia-,   defendía la autonomía de las comunas y era hostil   a la injerencia del papa en la vida política de Florencia, abogando por una independencia del poder temporal -representado por el emperador- frente al poder espiritual -representado por el papa-. Su actividad y rivalidad política le granjeó una condena a dos años de cárcel y a una multa monetaria que, al no poder satisfacer, fue agravada por una sentencia a ser quemado vivo, lo que provocó que Dante viviese el resto de su vida exiliado en distintas ciudades fuera de Florencia. Además de escribir la “Divina Comedia”, escribió “Rimas”, un tratado político titulado “La monarquía universal” y ...

POETAS 57. Idea Vilariño III (Pobre mundo)

    Idea Vilariño, Uruguay (1920-2009), comentó en  entrevista a Elena Poniatowska: “Uno es más que su yo profundo, que su posición metafísica; hay otras cosas que cuenta: el dolor por la tremenda miseria del hombre, el imperativo moral de hacer todo lo posible por que se derrumbe la estructura clasista para dar paso a una sociedad justa. Aún cuando uno sea coherente con su actitud esencial -hay una sola coherencia posible- no puede evitar ver el dolor, no puede rehuir el deber moral.  Y entonces se pone a compartir la lucha, a ayudar la esperanza”. Idea Vilariño publicó “Pobre mundo” en 1966.     POBRE MUNDO Lo van a deshacer va a volar en pedazos al fin reventará como una pompa o estallará glorioso como una santabárbara o más sencillamente será borrado como si una esponja mojada borrara su lugar en el espacio. Tal vez no lo consigan tal vez van a limpiarlo. Se le caerá la vida como una cabellera y quedará rodando como una esfe...

PENSAMIENTOS 11. Marco Aurelio II. (MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE)

(Roma, 26 de abril de 121 – Vindobona, o actual Viena,17 de marzo de 180). Descendiente de una familia noble, de origen hispano por la rama paterna, el padre murió cuando Marco tenía 10 años, siendo criado por su abuelo Anio Vero, que fue prefecto de Roma y cónsul durante tres ocasiones. Su madre, Domicia Lucila, fue dama de gran cultura y en su palacio del monte Celio -donde se crió Marco- hospedó a las principales personalidades de la época. Su bisabuelo, Catilio Severo, también prefecto y cónsul, llegó a intimar con el emperador Adriano y se introdujo en el círculo de Plinio. El complejo nexo de parentescos y de relaciones que rodeaba la persona de Marco permitió finalmente que pudiera ascender al trono del imperio, para el que fue educado desde muy temprana edad. Una vez que Adriano adoptó a Antonino, y después de ser Marco adoptado a su vez por el segundo –cuando éste contaba 16 años-, no tuvo más que esperar a que llegara su turno en el orden sucesorio, lo que se produj...

POETAS 128. William Carlos Williams I ("La música del desierto")

Williams Carlos Williams fue un poeta y escritor polifacético nacido el 17 de septiembre de 1883, en Rutherford (Nueva Jersey), ciudad que no abandonaría hasta su muerte, exceptuando algunos viajes dispersos por Europa. Era hijo de un hombre de negocios de ascendencia inglesa y una madre nacida en Puerto Rico, de la que heredaría un perfecto conocimiento del idioma y de la cultura hispánica, además de su afición y talento para la pintura, que con el tiempo acabaría cultivando. A los catorce años es enviado a estudiar durante dos años a Suiza, recalando una temporada en París. Tras terminar el bachillerato en Nueva York, inició los estudios de medicina en la Universidad de Pennsylvania. Allí entabló una duradera amistad con Ezra Pound. Después de trabajar como interino en diversos hospitales, en 1906 se trasladó a Leipzig para cursar la especialidad de pediatría. Los tres años que vivió en Alemania le dieron ocasión de conocer, de primera mano, la cultura Europea. Viajó por los Pa...

POETAS 100. Rûmi (El alma es como un espejo)

    Yalal Ad-Din Muhammad Rûmi, también conocido como Mevalâna, que en árabe significa “nuestro señor”, fue un poeta místico musulman persa y erudito religioso que nació el 30 de septiembre de 1207 en Balj, actual Afganistán, y murió en Konia, en 1273. Hijo de un notable académico en Teología, fue educado en los valores islámicos tradicionales. Rûmi se casó a los 21 años, enviudó, se volvió a casar, y tuvo de ambos matrimonios cuatro hijos. Cuando con 24 años Rûmi sucedió a su padre en el cargo, ya era un afamado experto en jurisprudencia, ley islámica y teología. La inciación en los primeros misterios del sufismo se  debe al interés mostrado por uno de los amigos de su padre, Sayyid Burjanedín, que regresó a Konia  para tutelar su aprendizaje, que incluyó  una serie de peregrinajes a los centros sufís más conocidos. (A modo de aclaración, se podría sintetizar el sufismo  como una forma mística de espiritualidad dentro del islam que afirma...