Se deja aquí una selección de poemas bastante extensa del libro de Octavio Paz "Ladera Este", perteneciente al segundo periodo que el poeta pasó en la India como diplomático en la embajada de Nueva Delhi entre 1962 y 1968, puesto al que iba a renunciar tras la criminal matanza en la plaza de Tlotelolco el 2 de octubre de 1968. En breve se glosará esta fértil etapa de su vida y de su obra.
EL OTRO
Se inventó una cara.
Detrás de
ella
Vivió, murió y resucitó
Muchas veces.
Su cara
Hoy tiene las arrugas de esa cara.
Sus arrugas no tienen cara.
EL BALCÓN
Quieta
En mitad de la noche
No a la deriva de los siglos
No tendida
Clavada
Como idea fija
En el centro de la incandescencia
Delhi
Dos sílabas
altas
Rodeadas de arena e insomnio
En voz baja las digo
Nada se
mueve
Pero la hora crece
Se dilata
Es el verano
Marejada que se derrama
Oigo la vibración del cielo bajo
Sobre los llanos en letargo
Masas enormes cónclaves obscenos
Nubes llenas de insectos
Aplastan
Indecisos bultos enanos
(Mañana tendrán nombre
Erguidos serán casas
Mañana serán árboles)
Nada se mueve
La hora es más grande
Yo más
solo
Clavado en el centro del torbellino
Si extiendo la mano
Un cuerpo fofo el aire
Un ser promiscuo sin cara
Acodado al balcón
Veo
(No te apoyes,
Si está solo, contra la balaustrada,
Dice el poeta chino)
No es la altura ni la noche y su luna
No son los infinitos a la vista
Es la memoria y sus vértigos
Esto que veo
Esto que gira
Son las acechanzas las trampas
Detrás no hay nada
Son las fechas y sus remolinos
(Trono de hueso
Trono del mediodía
Aquella isla
En
su cantil leonado
Por un instante vi la vida verdadera
Tenía la cara de la muerte
Eran el mismo rostro disuelto
En el mismo mar centelleante)
Lo que viviste hoy te desvive
No estás allá
Aquí
Estoy aquí
En mi
comienzo
No me reniego
Me sustento
Acodado al balcón
Veo
Nubarrones y un pedazo de luna
Lo que está aquí visible
Cosas gente
Lo real presente
Vencido por la hora
Lo que está
aquí
Invisible
Mi horizonte
Si es un comienzo este comienzo
No principio conmigo
Con el
comienzo
En él me perpetúo
Acodado al
balcón
Veo
Esta lejanía tan
próxima
No sé cómo nombrarla
Aunque la toco con el pensamiento
La noche que se va a pique
La ciudad como un monte caído
Blancas luces azules amarillas
faros súbitos paredes de infamia
Y los racimos terribles
Las piñas de hombres y bestias por el suelo
Y la maraña de sus sueños enlazados
Vieja Delhi fétida Delhi
Callejas y plazuelas y mezquitas
Como un cuerpo acuchillado
Como un jardín enterrado
Desde hace siglos llueve polvo
Tu manto son las tolvaneras
Tu almohada un ladrillo roto
En una hoja de higuera
Comes las sobras de tus dioses
Tus templos son burdes de incurables
Estás cubierta de hormigas
Corral desamparado
Mausoleo desmoronado
Estás desnuda
Como un cadáver profanado
Te arrancaron joyas y mortaja
Estabas cubierta de poemas
Todo tu cuerpo era escritura
Acuérdate
Recobra
la palabra
Eres hermosa
Sabes hablar cantar bailar
Dehi
Dos torres
Plantadas en el llano
Dos sílabas
altas
Yo las digo en voz baja
Acodado al balcón
Clavado
No en el suelo
En su vértigo
En el centro de la incandescencia
Estuve allá
No sé
adónde
Estoy aquí
No
sé es dónde
No la tierra
El
tiempo
En sus manos vacías me sostiene
Noche y luna
Movimientos de nubes
Temblor de árboles
Estupor del
espacio
Infinito y violencia en el aire
Polvo iracundo que despierta
Encienden luces en el puerto aéreo
Rumor de cantos por el Fuerte Rojo
Lejanías
Pasos
de un peregrino son errante
Sobre este frágil puente de palabras
La hora me levanta
Hambre de encarnación padece el tiempo
Más allá de mí mismo
En algún lado aguardo mi llegada.
LA HIGUERA RELIGIOSA
El viento,
Los ladrones
de frutos
(monos, pájaros, murciélagos)
Entre las ramas de un gran árbol
Esparcen las semillas.
Verde y
sonora,
La inmensa copa desbordante
Donde beben los soles
Es una entraña aérea.
Las
semillas
Se abren,
La planta
se afinca
En el vacío,
Hila
su vértigo
Y en él se erige y se mece y propaga.
Años y años cae
En línea recta.
Su caída
Es el
salto del agua
Congelada en el salto: tiempo petrificado.
Anda a tientas,
Lanza largas raíces,
Varas sinuosas,
Entrelazados
Chorros negros,
Clava
Pilares,
Cava húmedas
galerías
Donde el eco se enciende y apaga,
Cobriza vibración
Resuelta en la
quietud
De un sol carbonizado cada día.
Brazos, cuerdas, anillos,
Maraña
De mástiles y cables, encallado velero,
Trepan,
Se enroscan
las raíces
Errantes.
Es una
maleza de manos.
No buscan tierra: busca un cuerpo,
Tejen un abrazo.
El árbol
Es un emparedado vivo.
Su
tronco
Tarda cien años en pudrirse.
Su copa:
El cráneo mondo, las astas rotas del venado.
Bajo un manto de hojas coriáceas,
Ondulación que canta
Del rosa
al ocrea al verde,
En sí misma anudada
Dos mil
años,
La higuera se arrastra, se levanta, se estrangula.
EN LOS JARDINES DE LOS LODI
En el azul unánime
Los domos de los mausoleos
-negros, reconcentrados, pensativos-
Emitieron de pronto
Pájaros.
WHITE HUNTRESS
No lejos del dak bungalow,
Entre bambúes y yerbales,
Tropecé con Artemisa.
Iba armada de punta en blanco:
Un cooli cargaba el Holland and Holland
Con el vanity case y la maleta
Con los antibióticos y los preservativos.
GOLDEN LOTUSES (1)
I
No brasa
Ni chorro
de jerez:
La descarga del gimnoto
O, más bien, el chasquido
De la seda
Al rasgarse.
2
En su tocador,
Alveolo cristalino,
Duermen todos los objetos
Menos las tijeras.
3
A la mitad de la noche
Vierte,
En el oído
de sus amantes,
Tres gotas de luz fría.
4
Se desliza, amarilla y eléctrica,
Por la piscina del hall.
Después, quieta,
Brilla,
Estúpida como
piedra preciosa.
GOLDEN LOTUSES (2)
Delgada y sinuosa
Como la cuerda mágica.
Rubia y rauda:
Dardo y milano.
Pero también inexorable rompehielos.
Senos de niña, ojos de esmalte.
Bailó en todas las terrazas y sótanos,
Contempló un atardecer en San José, Costa Rica,
Durmió en las rodillas de los Himalayas,
Fatigó los bares y las sabanas de África.
A los veinte dejó a su marido
Por una alemana;
A los veintiuno dejó a la alemana
Por un afgano;
A los cuarenta y cinco
Vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay.
Cada mes, en los días rituales,
Llueven sapos y culebras en la casa,
Los criados maldicen a la demonia
Y su amante parsi apaga el fuego.
Tempestad en seco.
El buitre
blanco
Picotea su sombra.
CAZA REAL
Apuro del taxidermista:
Su alteza le remite,
Para su galería de trofeos,
Las pieles, no muy bien curtidas,
De su padre y su hermano el primogénito.
GOLDEN LOTUSES (3)
Jardines despeinados,
Casa grande como una hacienda.
Hay muchos cuartos vacíos,
Muchos retratos de celebridades
Desconocidas.
Moradas y negras,
En paredes y sedas marchitas
Las huellas digitales
De los mozones giratorios.
Lujo y polvo. Calor, calor.
La casa está habitada por una mujer buida.
La mujer está habitada por el viento.
EPITAFIO DE UNA VIEJA
La enterraron en la tumba familiar
Y en las profundidades
Tembló el polvo del que fue su marido.
PERPETUA ENCARNADA
Tiemblan los intrincados jardines
Juntan los árboles las frentes
Cuchichean
El
día
Arde aún en mis ojos
Hora a hora lo vi deslizarse
Ancho y feliz como un río
Sombra y luz enlazadas sus orillas
Y un amarillo remolino
Una sola intensidad monótona
El sol fijo en su centro
Gravitaciones
Oscilaciones de materia impalpable
Blancas demoliciones
Congregaciones de la espuma nómada
Grandes montañas de allá arriba
Colgada de la luz
Gloria inmóvil que un parpadeo
Vuelve añicos
Y aquí abajo
Papayos mangos tamarindos laureles
Araucarias excelsas chirimoyos
El baniano
Más
bosque que árbol
Verde algarabía de millones de hojas
Frutos negruzcos bolsas palpitantes
Murciélagos dormidos colgando de las ramas
Todo era irreal en su demasía
Sobre la pared encalada
Teatro escrito por el viento y la luz
Las sombras de la enredadera
Más verde que la palabra marzo
Máscara de la tarde
Abstraída en la caligrafía de sus pájaros
Entre las rejas trémulas de los reflejos
Iba y venía
Una
lagartija transparente
Graciosa terrible diminuta
Cambiaba de lugar y no de tiempo
Subía y bajaba por un presente
Sin antes ni después
Desde mi
ahora
Como aquel que se asoma a precipicios
Yo la miraba
Mareo
Pululación y
vacío
La tarde la bestezuela mi conciencia
Una vibración idéntica indiferente
Y vi en la cal una explosión morada
Cuántos soles en un abrir y cerrar de ojos
Tanta blancura me hizo daño
Me refugié en los eucaliptos.
Pedí a su sombra
Llueva o truene
Ser siempre igual
Silencio de raíces
Y la conversación airosa de las hojas
Pedía templanza pedí perseverancia
Estoy atado al tiempo
Prendido
prendado
Estoy enamorado de este mundo
Ando a tientas en mí mismo extraviado
Pido entereza pido desprendimiento
Abrir los ojos
Evidencias ilesas
Entre las claridades que se anulan
No la abolición de las imágenes
La encarnación de los pronombres
El mundo que entre todos inventamos
Pueblo de signos
Y en su centro
La solitaria
Perpetua encarnada
Una mitad mujer
Peña manantial la otra
Palabra de todos con que hablamos a solas
Pido que siempre me acompañes
Razón del hombre
El animal de manos radiantes
El animal con ojos en las yemas
La noche se congrega y se ensancha
Nudo de tiempos y racimo de espacios
Veo oigo respiro
Pido ser obediente a este día y esta noche
EFECTOS DEL BAUTISMO
El joven Hassan,
Por casarse con una cristiana,
Se bautizó.
El
cura,
Como a un vikingo,
Lo llamó Erik.
Ahora
Tiene dos nombres
Y una sola mujer.
FELICIDAD EN HERAT
A Carlos Pellicer
Vine aquí
Como escribo estas líneas,
Sin idea fija:
Una mezquita azul y verde,
Seis minaretes truncos,
Dos o tres tumbas,
Memorias de un poeta santo
Los nombres de Timur y su linaje.
Encontré el viento de los cien días.
Todas las noches las cubrió de arena,
Acosó mi frente, me quemó los párpados.
La madrugada:
Dispersión de pájaros
Y ese rumor de agua entre piedras
Que son los pasos campesinos.
(Pero el agua sabía a polvo.)
Murmullos en el llano,
Apariciones
Desapariciones,
Ocres torbellinos
Insubstanciales como mis pensamientos.
Vueltas y vueltas
En un cuarto de hotel o en las colinas:
La tierra un cementerio de camellos
Y en mis cavilaciones siempre
Los mismos rostros que se desmoronan.
¿El viento, el señor de las ruinas,
Es mi único maestro?
Erosiones:
El menos crece más y más.
En la tumba del santo,
Hondo en el árbol seco,
Clavé un clavo,
No,
Como los otros, contra el mal de ojo:
Contra mí mismo.
(Algo dije:
Palabras que se lleva el viento.)
Una tarde pactaron las alturas.
Sin cambiar de lugar
Caminaron
los chopos.
Sol en los azulejos,
Súbitas
primaveras.
En el Jardín de las Señoras
Subí a la cúpula turquesa.
Minaretes tatuados de signos:
La escritura cúfica, más allá de la letra,
Se volvió transparente.
No tuve la visión sin imágenes,
No vi girar las formas hasta desvanecerse
En claridad inmóvil,
El ser ya sin substancia del sufí.
No bebí la plenitud en el vacío
Ni vi las treinta y dos señales
Del bodisatva cuerpo de diamante.
Vi un cielo azul y todos los azules,
Del blanco al verde
Todo el abanico de los álamos
Y sobre el pino, más aire que pájaro,
El mirlo blanquinegro,
Vi al mundo reposar en sí mismo.
Vi las apariencias.
Y llamé a esa media hora:
Perfección de lo Finito.
PRUEBA
Si el hombre es polvo
Esos que andan por el llano
Son hombres
PUEBLO
Las piedras son tiempo
El viento
Siglos de viento
Los árboles son tiempo
Las gentes son piedras
El viento
Vuelve sobre si mismo y se entierra
En el día de piedra
No hay agua pero brillan los ojos.

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