Se dejan aquí tres poemas del último
periodo de la breve vida de Novalis, el comprendido entre 1798 y el año de su
muerte, 1801. La traducción de los poemas se le debe a Antonio Pau. Se deja también
a continuación de los poemas una amplia reseña biográfica del poeta.
CUANDO CIFRAS Y FIGURAS
Cuando cifras y figuras dejen de ser
las claves de toda criatura,
cuando aquellos que al cantar o besarse
sepan más que los sabios más profundos,
cuando vuelva al mundo la libertad de nuevo,
vuelva el mundo a ser mundo otra vez,
cuando al fin las luces y las sombras se fundan
y juntas se conviertan en claridad perfecta,
cuando en versos y en cuentos
estén los verdaderos relatos del mundo,
entonces una sola palabra secreta
desterrará las discordancias de la tierra entera.
(De “Poemas del Regreso”)
A LOS HOMBRES VEO VIVIR
A los hombres veo vivir,
muchos van como flotando
pocos luchan con denuedo,
y a uno sólo se concede
leve esfuerzo y vida fácil.
El placer gusta a los necios
que en el tiempo están vagando,
como los seres fugaces.
En lucha con viento y olas
sólo el sabio sobrevive,
y en la lucha no descansa
y logra engañar al tiempo.
Y al fin sometido a yugo,
el poder del sabio aumenta.
De los dioses es la paz,
de ellos sólo la abundancia.
Nuestra vida está en la acción,
y el poder sólo placer.
YA ESTÁ FUNDADO EL REINO DE LA ETERNIDAD
Ya está fundado el reino de la eternidad,
la discordia termina con amor y con paz,
ha pasado el sueño de tantos dolores,
Sofía será para siempre la sacerdotisa de los corazones.
RESEÑA BIOGRÁFICA
Friedrich von Hardenber nació el 2 de
mayo de 1772 en Oberwiedertedt (Turingia) y murió de tisis a la edad de 29
años, el 25 de marzo de 1801 en Weissenfels. “Novalis”, el apelativo con el que
es conocido literariamente, lo comenzó a usar a partir de 1798, tomándolo del
nombre de una posesión familiar que significa: el que construye el nuevo país.
Su familia pertenecía a una antigua estirpe nobiliaria y fue educado por su
padre – director de las minas de sal de Sajonia- en la tradición pietista,
asesorándole también para que se formase como administrador de las minas de
sal. En 1790 se matriculó en las facultades de Filosofía y de Leyes de la
Universidad de Jena, donde asistió a las lecciones de Schiller, con quien
llegaría a intimar hasta el punto de seguir su consejo de trasladarse a Leipzig
para continuar sus clases de derecho. Allí acaba llevando una vida desordenada,
contrae deudas, se enreda en lances amorosos y se rezaga en sus estudios.
En 1794 supera al fin los exámenes de Derecho
y se emplea como pasante en Tennstedt. Justo en esta época va a conocer a una
mujer que cambiará su vida y que provocará uno de los gestos más estridentes
del romanticismo. Se trata de Sophie Von Kühn, una adolescente de 12 años a la
que pronto se promete, pero que al morir tres años después provocará en Novalis
una honda desesperación. Atraído por la nostalgia de la mujer amada, va a
visitar a diario el sepulcro donde yace y se encierra durante días en su antigua
habitación sólo para tener más vivo su recuerdo. Novalis creía que la muerte de
Sophie podría ser revocada mediante una aproximación mágica al invisible mundo
de ultratumba. Esta experiencia le conduce a escribir en 1997 “los himnos de la
noche”, publicados en la revista “Athenaum” en 1800, alternando la prosa con el
verso. La noche es identificada con el misterio de la muerte y elevada a
símbolo de la verdadera vida, en sintonía con la concepción cristiana que hace
de la superación de la muerte un símbolo primordial de redención. En contraste
con el reino de la luz que representa lo diurno, la noche es símbolo del amor
creador, de la libertad –al romper las ataduras de la existencia diurna- y de
lo infinito. Pero también representa una nueva fase de la humanidad, una edad
de oro que supera la edad de hierro en que cohabitaban los dioses y los
hombres. Una edad áurea marcada por la aparición de Cristo, que se convierte en
símbolo victorioso de la muerte y es garantía del tránsito hacia la otra vida,
donde al fin puede ser saciada la sed de amor infinito y puede ser sofocado el
sufrimiento.
“Los himnos a la noche”, al igual que
los fragmentos filosóficos que publicaría más tarde en la revista Atenaum,
llevan la influencia de la filosofía de Fichte, al que había comenzado a
estudiar el mismo año que conoce a Sophie. Fichte había proclamado como primer
principio creador el yo trascendental, con una actividad ilimitada. Para la
toma de conciencia de un yo que obra contra lo que se le resiste, tenía una
importancia extrema la imaginación productiva. Pero este poder de la
imaginación que en Fichte aparece contrapesado por la realidad de todo aquello
que no es yo, en Novalis puede ser modificado a voluntad y usado con fines
taumatúrgicos: es lo que llamó “idealismo mágico”. No hay nada más allá del
absolutismo del yo que actúa y que conoce; para Novalis todo conduce hacia su
interior: “el camino misterioso va hacia dentro”. Las fuerzas de la naturaleza
ya operan en nuestro interior y quien conoce las leyes del mundo del espíritu
puede domeñar la materia. Pero para adentrarse en los secretos del espíritu hay
que conocer los arcanos de las ciencias naturales.
A principios de 1798 comienza a
enfrascarse en sus estudios en la Academia de Minas de Freiberg, a la vez que
comienza a olvidarse de Sophie, prometiéndose con la hija de su mentor, Julie
Von Charpentier. Comienza entonces a fraguar un ambicioso proyecto novelístico
del que al final sólo nos ha quedado su inacabado Enrique de Ofterdingen”. “Me
gustaría dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una
biblioteca entera, y que quizá habría de contener los años de aprendizaje de
una nación.”
“Enrique de Ofterdingen” es su libro
más autobiográfico. Contrapuesto al Wilhelm Meister de Goethe, su protagonista
encarna al verdadero poeta romántico que sale en peregrinaje tras una flor azul
que vislumbra en un sueño y que representa la imagen ideal de la poesía, lo
único capaz de tender un puente entre el mundo visible y el invisible.
Por la misma época en que escribe
Enrique de Ofterdingen, Novalis comienza a publicar en la revista Ateneum unos
fragmentos que son apuntes de pensamientos y que pretendía constituir con el
tiempo “una biblia científica que fuera ejemplo y germen reales e ideales para
todos los libros”. Se deja aquí una selección de estos pensamientos que
representan su idealismo mágico.
A menudo Novalis contemplaba la vida
no desde el plano material, sino desde el espiritual. Buscaba la
espiritualización de la vida entera, o por lo menos trataba que lo espiritual
no estuviera soterrado por lo material. El sentido de la vida del hombre estaba
para Novalis en expandirse hacia el infinito, y ese infinito sólo podría ser
ahondado por el camino interior, estableciendo un vínculo entre el microcosmos
que representa el hombre y el macroanthropos que postula el universo. Ser
hombre para Novalis es tanto como ser universo; sólo si el hombre se concibe
como microcosmos puede elevarse a una condición sobrehumana. El mundo no es más que “un índice
enciclopédico y sistemático de nuestro espíritu, una metáfora universal, una
imagen simbólica de éste”, y por lo tanto es posible transforma el mundo por
medio del sentimiento moral y una libertad creadora que nos podría asemejar a
Dios.
Este arte infinitamente creador que
puede convertir al hombre en mago, Novalis lo ve en la poesía, un grado por
encima de la filosofía, porque el poeta puede traducir en sentimientos lo que
el filósofo piensa y con este sentir moral puede obrar milagros, porque conoce
mejor que el sabio la correspondencia entre su espíritu y la naturaleza, y
puede restablecer así la salud que ha ido perdiendo al romperse la armonía
entre ambos mundos. El verdadero poeta -nos dirá en uno de sus aforismos- es
omnisciente; es un mundo verdadero en pequeño.

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