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EFÍMEROS Y BREVES 72. Novalis (1778-1801): 3 poemas en el 225 aniversario de su muerte.

 


Se dejan aquí tres poemas del último periodo de la breve vida de Novalis, el comprendido entre 1798 y el año de su muerte, 1801. La traducción de los poemas se le debe a Antonio Pau. Se deja también a continuación de los poemas una amplia reseña biográfica del poeta.



CUANDO CIFRAS Y FIGURAS

Cuando cifras y figuras dejen de ser

las claves de toda criatura,

cuando aquellos que al cantar o besarse

sepan más que los sabios más profundos,

cuando vuelva al mundo la libertad de nuevo,

vuelva el mundo a ser mundo otra vez,

cuando al fin las luces y las sombras se fundan

y juntas se conviertan en claridad perfecta,

cuando en versos y en cuentos

estén los verdaderos relatos del mundo,

entonces una sola palabra secreta

desterrará las discordancias de la tierra entera.

                              (De “Poemas del Regreso”)





A LOS HOMBRES VEO VIVIR

A los hombres veo vivir,

muchos van como flotando

pocos luchan con denuedo,

y a uno sólo se concede

leve esfuerzo y vida fácil.

 

El placer gusta a los necios

que en el tiempo están vagando,

como los seres fugaces.

En lucha con viento y olas

sólo el sabio sobrevive,

y en la lucha no descansa

y logra engañar al tiempo.

Y al fin sometido a yugo,

el poder del sabio aumenta.

 

De los dioses es la paz,

de ellos sólo la abundancia.

Nuestra vida está en la acción,

y el poder sólo placer.




YA ESTÁ FUNDADO EL REINO DE LA ETERNIDAD

Ya está fundado el reino de la eternidad,

la discordia termina con amor y con paz,

ha pasado el sueño de tantos dolores,

Sofía será para siempre la sacerdotisa de los corazones.




RESEÑA BIOGRÁFICA


Friedrich von Hardenber nació el 2 de mayo de 1772 en Oberwiedertedt (Turingia) y murió de tisis a la edad de 29 años, el 25 de marzo de 1801 en Weissenfels. “Novalis”, el apelativo con el que es conocido literariamente, lo comenzó a usar a partir de 1798, tomándolo del nombre de una posesión familiar que significa: el que construye el nuevo país. Su familia pertenecía a una antigua estirpe nobiliaria y fue educado por su padre – director de las minas de sal de Sajonia- en la tradición pietista, asesorándole también para que se formase como administrador de las minas de sal. En 1790 se matriculó en las facultades de Filosofía y de Leyes de la Universidad de Jena, donde asistió a las lecciones de Schiller, con quien llegaría a intimar hasta el punto de seguir su consejo de trasladarse a Leipzig para continuar sus clases de derecho. Allí acaba llevando una vida desordenada, contrae deudas, se enreda en lances amorosos y se rezaga en sus estudios.

 En 1794 supera al fin los exámenes de Derecho y se emplea como pasante en Tennstedt. Justo en esta época va a conocer a una mujer que cambiará su vida y que provocará uno de los gestos más estridentes del romanticismo. Se trata de Sophie Von Kühn, una adolescente de 12 años a la que pronto se promete, pero que al morir tres años después provocará en Novalis una honda desesperación. Atraído por la nostalgia de la mujer amada, va a visitar a diario el sepulcro donde yace y se encierra durante días en su antigua habitación sólo para tener más vivo su recuerdo. Novalis creía que la muerte de Sophie podría ser revocada mediante una aproximación mágica al invisible mundo de ultratumba. Esta experiencia le conduce a escribir en 1997 “los himnos de la noche”, publicados en la revista “Athenaum” en 1800, alternando la prosa con el verso. La noche es identificada con el misterio de la muerte y elevada a símbolo de la verdadera vida, en sintonía con la concepción cristiana que hace de la superación de la muerte un símbolo primordial de redención. En contraste con el reino de la luz que representa lo diurno, la noche es símbolo del amor creador, de la libertad –al romper las ataduras de la existencia diurna- y de lo infinito. Pero también representa una nueva fase de la humanidad, una edad de oro que supera la edad de hierro en que cohabitaban los dioses y los hombres. Una edad áurea marcada por la aparición de Cristo, que se convierte en símbolo victorioso de la muerte y es garantía del tránsito hacia la otra vida, donde al fin puede ser saciada la sed de amor infinito y puede ser sofocado el sufrimiento.

“Los himnos a la noche”, al igual que los fragmentos filosóficos que publicaría más tarde en la revista Atenaum, llevan la influencia de la filosofía de Fichte, al que había comenzado a estudiar el mismo año que conoce a Sophie. Fichte había proclamado como primer principio creador el yo trascendental, con una actividad ilimitada. Para la toma de conciencia de un yo que obra contra lo que se le resiste, tenía una importancia extrema la imaginación productiva. Pero este poder de la imaginación que en Fichte aparece contrapesado por la realidad de todo aquello que no es yo, en Novalis puede ser modificado a voluntad y usado con fines taumatúrgicos: es lo que llamó “idealismo mágico”. No hay nada más allá del absolutismo del yo que actúa y que conoce; para Novalis todo conduce hacia su interior: “el camino misterioso va hacia dentro”. Las fuerzas de la naturaleza ya operan en nuestro interior y quien conoce las leyes del mundo del espíritu puede domeñar la materia. Pero para adentrarse en los secretos del espíritu hay que conocer los arcanos de las ciencias naturales.

A principios de 1798 comienza a enfrascarse en sus estudios en la Academia de Minas de Freiberg, a la vez que comienza a olvidarse de Sophie, prometiéndose con la hija de su mentor, Julie Von Charpentier. Comienza entonces a fraguar un ambicioso proyecto novelístico del que al final sólo nos ha quedado su inacabado Enrique de Ofterdingen”. “Me gustaría dedicar toda mi vida a una novela, que llenaría por sí sola una biblioteca entera, y que quizá habría de contener los años de aprendizaje de una nación.”

“Enrique de Ofterdingen” es su libro más autobiográfico. Contrapuesto al Wilhelm Meister de Goethe, su protagonista encarna al verdadero poeta romántico que sale en peregrinaje tras una flor azul que vislumbra en un sueño y que representa la imagen ideal de la poesía, lo único capaz de tender un puente entre el mundo visible y el invisible.

Por la misma época en que escribe Enrique de Ofterdingen, Novalis comienza a publicar en la revista Ateneum unos fragmentos que son apuntes de pensamientos y que pretendía constituir con el tiempo “una biblia científica que fuera ejemplo y germen reales e ideales para todos los libros”. Se deja aquí una selección de estos pensamientos que representan su idealismo mágico.

A menudo Novalis contemplaba la vida no desde el plano material, sino desde el espiritual. Buscaba la espiritualización de la vida entera, o por lo menos trataba que lo espiritual no estuviera soterrado por lo material. El sentido de la vida del hombre estaba para Novalis en expandirse hacia el infinito, y ese infinito sólo podría ser ahondado por el camino interior, estableciendo un vínculo entre el microcosmos que representa el hombre y el macroanthropos que postula el universo. Ser hombre para Novalis es tanto como ser universo; sólo si el hombre se concibe como microcosmos puede elevarse a una condición sobrehumana.  El mundo no es más que “un índice enciclopédico y sistemático de nuestro espíritu, una metáfora universal, una imagen simbólica de éste”, y por lo tanto es posible transforma el mundo por medio del sentimiento moral y una libertad creadora que nos podría asemejar a Dios.

Este arte infinitamente creador que puede convertir al hombre en mago, Novalis lo ve en la poesía, un grado por encima de la filosofía, porque el poeta puede traducir en sentimientos lo que el filósofo piensa y con este sentir moral puede obrar milagros, porque conoce mejor que el sabio la correspondencia entre su espíritu y la naturaleza, y puede restablecer así la salud que ha ido perdiendo al romperse la armonía entre ambos mundos. El verdadero poeta -nos dirá en uno de sus aforismos- es omnisciente; es un mundo verdadero en pequeño.


 

 

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