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EFÍMEROS Y BREVES 92. William Wordsworth (1770-1850): "Esplendor en la hierba" (Oda a la inmortalidad") en el 252 aniversario de su nacimiento.

 

Se deja aquí (junto con una reseña biográfica) el fragmento más célebre de su larga Oda a la Inmortalidad, que se hizo célebre al ser recitado por Natalie Wood en la película de Elia Kazan, “Esplendor en la hierba” (1961). Su traductor, José María Valverde, señala esta larga composición como la cumbre wordsworthiana, si bien puede, en su opinión, parecer a ratos discursiva y prosaica. Wordsworth considera en este poema la vida entera como una celebración, especialmente la valoración de los años pasados, que a su parecer “engendran perpetua bendición”. Se ven en este poema los recuerdos como una fuente de luz para la vida entera, funcionando como un sostén y abrigo para la existencia. A través de nuestros recuerdos podemos hallar un vislumbre de eternidad, y entrever así la visiones que nuestra alma tiene de ese mar inmortal que nos trajo hasta aquí. No importa que el tiempo sea irrevocable y se lleve todo cuanto amó, junto con los días idos, pues es precisamente en el impulso del recuerdo y lo que se dejó atrás donde se halla parte de la fuerza y el valor de la vida, en la “Simpatía primigenia” y en la “emersoniana” fe en la inmortalidad y en el poder de nuestro propio pensamiento.

 

ODA A LA INMORTALIDAD

 

X

Así, pues, cantad, Pájaros, ¡cantad un canto alegre!

¡Y salten los borregos

como al son del tambor!

En nuestros pensamientos iremos agolpados

con vosotros, flautistas, vosotros que jugáis,

los que sentís en vuestro corazón

la alegría de mayo.

Aunque el fulgor que fue tan claro en otro tiempo

se quite para siempre de mi vista,

aunque nada me pueda devolver esas horas

de esplendor en la hierba, de gloria entre flores,

no me voy a afligir, sino más bien a hallar

fuerza en lo que atrás queda:

en esa simpatía primigenia

que, habiendo sido, debe siempre ser;

en los suavizadores pensamientos que brotan

del sufrimiento humano;

en la fe que contempla a través de la muerte,

en los años que traen la mente filosófica.

 

 

Then sing, ye Birds, sing, sing a joyous song!

And let the young Lambs bound

As to the tabor's sound!

We in thought will join your throng,

Ye that pipe and ye that play,

Ye that through your hearts to-day

Feel the gladness of the May!

What though the radiance which was once so bright

Be now for ever taken from my sight,

Though nothing can bring back the hour

Of splendour in the grass, of glory in the flower;

We will grieve not, rather find

Strength in what remains behind;

In the primal sympathy

Which having been must ever be;

In the soothing thoughts that spring

Out of human suffering;

In the faith that looks through death,

In years that bring the philosophic mind.

 

 

RESEÑA BIOGRÁFICA

William Wordsworth fue un poeta inglés, máximo exponente del romanticismo en su país. Nació en Cockermouth (Cumberland) el 7 de abril de 1770. Perteneciente a una modesta familia, quedó huérfano siendo aún niño. Entre 1787 y 1781 estudió en la Universidad de Cambridge y durante una de las vacaciones recorrió los Alpes, deteniéndose a su regreso en Francia, donde empezaba la revolución, por la cuál sintió profundo entusiasmo. Allí se enamoró de una joven llamada Annette Vallón, de la cuál tuvo una hija reconocida. El espectáculo de terror, el estado de guerra entre Francia e Inglaterra, la confusión que dejó en su espíritu el amor que sentía por Annette Vallon provocaron en el poeta una crisis de pesimismo que su adhesión a las teorías intelectualistas de Godwin no llegó a aliviar. Publicó entonces sus primeras poesías (“Un paseo por la tarde” y “Bocetos descriptivos”) y escribió una tragedia (“Los hombres de la frontera”). La convivencia con su hermana Dorothy y la amistad de otros dos poetas, Samuel Taylor Coleridge y Robert Southey, así como su permanencia en el campo, aseguraron su restablecimiento moral y fortificaron su vocación poética. Coleridge influyó en él con su idealismo místico, al que Wordsworth dio un acento más bien moral y humano. Los dos amigos elaboraron la doctrina literaria que se halla, como un manifiesto anónimo, en las Baladas Líricas (1798). En este libro compuesto de poesías de Coleridge y de Wordworth, cada poeta, dentro de su género, trata de demostrar la posibilidad de romper los moldes poéticos consagrados por la tradición. En la parte que le tocaba, que es la más abundante, destaca como poeta naturalista y sentimental, con el paisaje como espejo y clave del alma humana, a decir de José María Valverde. Después de un viaje por Alemania, donde escribió sus mejores poesías, se estableció en la región de los lagos, en Gramere, y luego en Rydal Mount. Su inspiración, menos fértil, creó entonces poesías de acento más moralizador y de espíritu más resignado. En 1815 publicó “La cierva blanca de Rylstone; en 1819; Peter Bell; en 1820, El río Duddon; en 1822, Bosquejos eclesiásticos; en 1838, un volumen de sus sonetos, etc. Desde 1813 disfrutó de una pingüe sinecura y con el tiempo adquirió popularidad y honores, hasta que en 1842, ocho años antes de su muerte, le nombraron poeta laureado, lo que comportó su consagración oficial.  Murió en su casa de Rydal Mountel el 23 de abril de 1850 a causa de una pleuresía.

Además de la inspiración y del entusiasmo espontáneos del poeta, la lírica de Wordsworth emana del esfuerzo que realizó su espíritu para producir, con los elementos más sencillos, la impresión de la intensidad. Pero el empleo de las palabras corrientes no fue suficiente para crear esta impresión. Era necesario dar al verso ese tono penetrante que revelase la tensión escondida de las palabras y pusiera en juego su fuerza virtual de sugestión.  En consonancia con el parecer de otros poetas románticos ingleses (Shelley, Keats, Byron), Wordsworth sentía y deseaba, como escribe Luis Cazaniam en su “Historia de la Literatura inglesa”, el retorno de la poesía de su país a sus características nacionales. El verdadero genio Poético no elige un material previamente ennoblecido, sino que demuestra su genialidad en la acuñación poemática del habla común. De ahí que buscara preferentemente temas rústicos, pues en ese ambiente, como él mismo señalara, se podía encontrar en estado naciente y directo las pasiones del hombre, sus modos y sus palabras. José María Valverde, en su “Historia de la Literatura Universal”, ha situado en su alto estrato moral la hondura de la poesía de Wordsworth y es precisamente “la honda unidad humana de Wordsworth es la que otorga valor decisivo -aunque también sus peligros y sus frecuentes fracasos- a su obra poética.



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