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EFÍMEROS Y BREVES 93. Gabriela Mistral (1889-1957): cinco poemas, cinco libros en el 137 aniversario de su nacimiento.

 



Se dejan aquí, acompañados de una reseña biográfica final, cinco poemas que pertenecen a otros tantos libros que van recorriendo su trayectoria. El último poema, titulado “Garzas” pertenece a su libro póstumo “Poema de chile”, que fue recopilado por su compañera y albacea Doris Dana. Los otros pertenecen cronológicamente a “Desolación”, 1922; “Ternura”, 1924; “Tala”, 1938 y “Lagar”, 1954.

 


EL PENSADOR DE RODIN

 

Con el mentón caído sobre la mano ruda,

El Pensador se acuerda que es carne de la huesa,

Carne fatal, delante del destino desnuda,

Carne que odia la muerte, y tembló de belleza.

 

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,

Y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.

El “de morir tenemos”, pasa sobre su frente,

En todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

 

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.

Los surcos de su carne se llenan de terrores.

Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

 

Que le llama en los bronces… Y no hay árbol torcido

De sol en la llanura, ni león de flanco herido,

Crispados como este hombre que medita en la muerte.

(“Desolación”, 1922)

 

 


EL ARCO IRIS

 

El puente del Arco Iris

Se endereza y te hace señas,

El carro de siete colores

Que las almas acarrea

Y que las sube, una a una,

Por las astas de la sierra…

 

Estaba sumido el puente

Y asoma para que vuelvas.

Te da el lomo, te da la mano,

Como los puentes de cuerda,

 

En tanto azul, apenas ven

Naranjas y piñas las mozas,

Y se abandonan, mareadas,

Al columpio de mariposas.

Las yuntas pasan aventando

Cojn el yu8go, llamas redondas,

Y las gentes al encontrarse

Se ven ligeras y azulosas

Y se abrazan alborotadas

De ser bellas y de ser otras…

 

El agrio sol, quémalo-todo,

Quema suelos, no mariposas.

Salen los hombres a cazarlas,

Cogen en redes la luz rota,

Y de las redes azogadas

Van sacando manos gloriosas.

 

Parece fábula que cuento

Y que de ella arda mi boca;

Pero el milagro se repite

Donde al aire llaman Colombia.

Cuéntalo y cuéntalo, me embriago.

Veo azules, hijo, tus ropas,

Azul mi aliento, azul mi falda,

Y ya no veo más otra cosa…

(“Ternura”, 1924)

 

 


LA ROSA

 

La riqueza del centro de la rosa

Es la riqueza de tu corazón.

Desátala como ella:

Su ceñidura es toda su aflicción.

 

Desátala en un canto

O en un tremendo amor.

No defiendas la rosa:

¡te quemaría con el resplandor

(“Tala”, 1938)

 

 


LA OTRA

 

Una en mí maté:

yo no la amaba.

 

Era la flor llameando

del cactus de montaña;

era aridez y fuego;

nunca se refrescaba.

 

Piedra y cielo tenía

a pies y a espadas

y no bajaba nunca

a buscar «ojos de agua».

 

Donde hacía su siesta,

las hierbas se enroscaban

de aliento de su boca

y brasa de su cara.

 

En rápidas resinas

se endurecía su habla,

por no caer en linda

presa soltada.

 

Doblarse no sabía

la planta de montaña,

y al costado de ella,

yo me doblaba...

 

La dejé que muriese,

robándole mi entraña.

Se acabó como el águila

que no es alimentada.

 

Sosegó el aletazo,

se dobló, lacia,

y me cayó a la mano

su pavesa acabada...

 

Por ella todavía

me gimen sus hermanas,

y las gredas de fuego

al pasar me desgarran.

 

Cruzando yo les digo:

Buscad por las quebradas

y haced con las arcillas

otra águila abrasada.

 

Si no podéis, entonces,

¡ay!, olvidadla.

Yo la maté. ¡Vosotras

también matadla!

(“Lagar”, 1957)

 

 


GARZAS

 

Quiere la gana de algunas

Que en mi conflicto de garzas

Yo me olvide de la gris

Y me quede con la blanca,

Pero tengo tentación

De quedar con la agrisada.

Tanto, tanto, tanto vi.

Vendrá mi hastío del blanco

De mis nieves apuradas,

Vendrá de que en palomares

Mimo siempre a la azulada;

Vendrá de que el gris-azul

Me acaricia la mirada.

Pero la blanca se tiene

Tanta leyenda dorada

Tanto la han cantado que

La van volviendo sagrada.

Y ya me cansa de fría,

De perfecta y de alabada.

(“Poema de chile”, 1967)



BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA


Gabriela Mistral, cuyo verdadero nombre era Lucila Godoy Alcayaga, fue una poeta chilena que en 1945 recibió el premio nobel de literatura. Pasó su infancia en el campo y comenzó a enseñar, como maestra rural, a los quince años, pasando tres años más tarde a la enseñanza secundaria, donde, como profesora primero y como directora después, trabajo otros quince años, recorriendo todo el escalafón del magisterio. En 1922 recibió una comisión del gobierno de su país para estudiar en México la organización y fundación de bibliotecas. Era profesora del liceo de los andes cuando comenzó a sonar su nombre en los círculos literarios, a partir la publicación de sus “sonetos de la muerte”, premiados en un concurso de la Sociedad de Escritores y Artistas de Santiago. Desde ese momento (1914) fue afirmándose su fama. En 1922 el Instituto de las Españas de Nueva York, publicó por primera vez una recopilación de sus poesías, dispersas en diarios y revistas, con el titulo de "Desolación", libro que reeditado luego en Santiago con la adición de varias composiciones, obtuvo un sonoro éxito. En México llevó a cabo el encargo del Ministerio de Instrucción pública de escribir un libro de poesías infantiles. Después de un viaje por los Estados Unidos y Europa regresó a Chile, donde reemprendió su labor educativa hasta su jubilación en 1925. A principios de 1926 recibió el nombramiento de representante del pensamiento de América en la Sociedad de las Naciones.  Fue secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual de esta Liga, en el Palacio Royal de París. Desde su retiro de Francia, colaboró en varios diarios y revistas, incluido ABC, a menudo llevando a cabo una labor de apoyo a la educación, ya en colaboración con Vasconcelos, para la reforma de la enseñanza en México. En 1924, había publicado en Madrid “Ternura", libro con el renovó la poesía infantil a través de un lenguaje austero y puro. En 1929 murió su madre y a ella le dedicó la primera parte de su libro “Tala”, publicado más tarde. A partir de esta época, tras dar una serie de conferencias por Estados Unidos y Europa, alternó su condición de cónsul en diversos países durante más de veinte años. En 1945 recibió el Premio Nobel “por su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo iberoamericano”. En 1953 Gabriela Mistral fue nombrada cónsul en Nueva York, lo que le permitió ahondar más en la relación mantenida con la poeta estadounidense Doris Dana, quien al cabo se convertiría en su portavoz y albacea. Falleció en Nueva York el 10 de enero de 1957 a causa de un cáncer de páncreas.

Pablo Neruda, que la conoció en su pueblo de Temuco cuando ella llegó como directora para dar clases en el Liceo de Niñas, la retrata en sus memorias, “Confieso que he vivido”, con su larga ropa talar y sus zapatos sin tacón, hermética y casi monacal, pero siempre alabando su cálido carácter humano. La admiraba por ser una poeta del pueblo que escribió en pro de la gente humilde y de la paz. José María Valverde valoraba especialmente sus libros de vejez, sobre todo “Tala”, por haber adquirido ahí una distancia serena y hasta irónica, lo que le permitió “palpar poéticamente las cosas de la realidad diaria y tener voz directa, casi conversacional, pero también capaz del gran canto continental. Fue uno de los primeros poetas que presagió que Hispanoamérica tenía una palabra nueva que lanzar al mundo y encontró en su voz un modo de darle cauce universal.


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