EFÍMEROS 95. Paul Heyse (112 aniversario de su muerte): un fragmento de un cuento ("Nerina") evocando a Leopardi.
Se deja aquí una reseña biográfica
sucinta del escritor Paul Heise, premio nobel de literatura en 1910, así como
el final de un cuento suyo en que recrea la figura de Giacomo Leopardi, a quien
tradujo e introdujo en Alemania. En él se reproduce un poema del poeta italiano, el “Canto
XXII” (fragm.), y se ha preferido aquí la traducción más directa del italiano al español,
obra de Luis Martínez de Merlo.
Paul Heise fue un escritor alemán que
en su día fue considerado el nuevo Goethe, por la longitud de su obra y por su destreza
en multitud de géneros . En 1910 se le otorgó el premio nobel de
literatura “como tributo a la consumada maestría artística, impregnada de
idealismo, que ha demostrado durante su larga y productiva carrera como poeta
lírico, dramaturgo, novelista y autor de cuentos de renombre. Había nacido en
Berlín el 15 de Marzo de 1830 y estudiado Filología en esa ciudad y en Bonn; en 1852
hizo un viaje científico a Italia que
tuvo gran repercusión en su vida, pues de esa estancia sacó ideas, escenas y
personajes para un primer libro de cuentos, “L’Arrabbiata”, que le valió una fama
precoz y universal. Destacó como poeta y fue devoto traductor de la obra de
Giacomo Leopardi, en quien se inspira para uno de sus cuentos de su libro “L’Arrabbiata”,
el titulado Nerina, del que aquí se deja el párrafo final. En 1854 le llamó el rey Maximiliano de Baviera
para que se dedicase sin preocupación a las tareas literarias y le concedió para
ello una pensión, por lo que acabó residiendo en Munich hasta su muerte, que se
produjo a causa de una neumonía el 2 de abril de 2026. Antes su villa de Munich
se había convertido en lugar de encuentro de importantes intelectuales de la
época y había recibido numerosos premios, entre ellos el Schiller. De su
prolífica obra, cabe destacar su novela “Hijos del mundo”, donde se desgranan
narrativamente los principales conflictos de la burguesía alemana de la época.
FRAGMENTO DE "NERINA"
“Cuando llegó la noche, y la Osa
Mayor relució de nuevo sobre la villa dormida, se sentó Leopardi en el balcón,
teniendo sobre sus rodillas la carpeta, en la que hoy por vez primera (¡y con qué miedo de los recuerdos!) había
vuelto a encontrar aquella larga efusión de su corazón, testigo de aquella
noche feliz, en la que él creyó por una vez en su juventud. Allí estaba el
manojito de claveles: las flores estaban resecas y lacias; el mechón de negros
cabellos destelló aún a la luz de la lámpara, cuando lo alzó y lo contempló
largamente. Había dejado tras él todo esto cuando huyó, y ahora renovaba y se
agravaba sus dolores.
Cuando sonaron las campanadas de la
medianoche le invadió de pronto una tibia placidez, un silencioso sosiego. Tomó
la hoja y escribió debajo de la larga confesión de sus Recuerdos los
siguientes versos:
¡Oh Nerina! ¿y de ti no escucho acaso
hablar a estos lugares? ¿De mi mente
acaso te caíste? ¿Dónde has ido,
que aquí de ti tan sólo la memoria,
dulzura mía, encuentro? No te ve
esta tierra natal: esta ventana
en que hablarme solías, y que ahora
triste luce a la luz de las
estrellas,
está desierta. ¿Dónde estás? ¿No
escucho
sonar tu voz, igual que en aquel día
cuando me hacía algún lejano acento
de tu labio, al llegarme,
emblanquecer
el rostro? En otros tiempos. Ya se
fueron
tus días, dulce amor. Pasaste. A
otros
hoy les toca pasar por esta tierra
y habitar estas lomas perfumadas.
Mas rápida pasaste; y como un sueño
fue tu vida. Danzabas; en la frente
te lucía la dicha, y en los ojos
el confiado imaginar, el brillo
de juventud, cuando sopló el destino,
y yaciste. ¡Ay, Nerina! El viejo amor
reina en mi pecho. Si es que a una
tertulia
o a alguna fiesta voy, para mí mismo
digo: ¡oh Nerina!, ya no te aderezas,
ya no acudes a fiestas ni a
tertulias.
Si vuelve mayo, y ramos y cantares
los novios les van dando a las
muchachas,
digo: Nerina, para ti no vuelve
nunca la primavera, amor no vuelve.
Cada día sereno o florecido
prado que miro, o gozo que yo siento
digo: Nerina ya no goza; el aire
y los campos no ve. ¡Pasaste, eterno
mi suspirar! ¡Pasaste! Y compañera
será ya de mis sueños, de mi tierno
sentir, de las queridas y las tristes
emociones, la amarga remembranza."

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