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EFÍMEROS Y BREVES 100. León Felipe (1884-1968): Cinco poemas, cinco libros en el 142 aniversario de su nacimiento.

 


Casi medio siglo de la poesía de León Felipe se abarca aquí, entre estos cinco poemas que se dejan y que son representativos de la trayectoria del poeta, desde su primer libro “Versos y oraciones del caminante”, (1920), hasta uno de sus últimos, ya poco antes de morir, y que es uno de los mejores,“¡Oh, este viejo y roto violín!, (1966). Entre estos libros caben muchos versos; también se puede decir que en un poeta tan vitalista como León Felipe -no hay que olvidar que su referencia es Walt Whitman- cabe más vida todavía, y es posible que entre todas las biografías de los poetas españoles del siglo XX la de León Felipe sea la más novelesca de todas. Se deja también al final, como muestra, una reseña biográfica que a duras penas consigue seguirle los pasos a un poeta trashumante -como se le ha llamado- que estuvo saltando entre tres continentes -Europa, Africa y América-, que recorrió España de cabo a rabo como cómico de la legua, y que luego, ya como poeta trasterrado, fue dando botes por el continente americano. Poeta que, tal vez por su vida agitada de lances y aventuras, comenzó su vocación tardía y publicó sus primeros versos pasados ya los treinta y cinco años, pero que seguramente también por eso irrumpió con una voz genuina que ya no perdería nunca, más bien la afinó hasta ser el que más desafinaba, siempre con versos rebeldes e inconformistas, versos a menudo de denuncia, sin miedo a señalar con el dedo, entre parabólico y profético, y hasta anticipándose a la poesía social que vendría después. La mejor definición sobre León Felipe la dio un escritor que lo conocía bien y que acaso explique dos de los rasgos de su poesía: el existencialismo y el surrealismo; de León Felipe dijo Máx Aub que era “rebeldía desesperada contra la falta de sentido del universo; grito desgarrado del hombre que no sabe para qué ni por qué ha nacido”. En su brevísimo poema “Hombre”, León Felipe nos lo deja claro: “No esperes más a nadie…/Nadie te aguarda ni te busca…/Fuiste… el aborto de un sueño…/La semilla podrida de un sueño, que nunca germinó.”

 


COMO TU...

 

Así es mi vida,

piedra,

como tú. Como tú,

piedra pequeña;

como tú,

piedra ligera;

como tú,

canto que ruedas

por las calzadas

y por las veredas;

como tú,

guijarro humilde de las carreteras;

como tú,

que en días de tormenta

te hundes

en el cieno de la tierra

y luego

centelleas

bajo los cascos

y bajo las ruedas;

como tú, que no has servido para ser ni piedra

de una lonja,

ni piedra de una audiencia,

ni piedra de un palacio,

ni piedra de una iglesia,

como tú,

piedra aventurera;

como tú

 que tal vez estás hecha

sólo para una honda,

piedra pequeña

y

ligera...

(“Versos y oraciones del caminante”, 1920)

 

 

X. ESPAÑOL

 

Español del éxodo de ayer

y español del éxodo de hoy:

te salvarás como hombre,

pero no como español.

No tienes patria ni tribu. Si puedes,

hunde tus raíces y tus sueños

en la lluvia ecuménica del sol.

Y yérguete... !Yérguete!

Que tal vez el hombre de este tiempo...

es el hombre movible de la luz,

del éxodo y del viento.

(“Español del éxodo y del llanto”, 1939)

 

 


SÉ TODOS LOS CUENTOS

 

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos…

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…

Y que el miedo del hombre…

Ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

(“Parábola y poesía”, 1944)

 

 


QUE VENGA EL POETA

 

Que venga el poeta.

Y me trajisteis aquí para contar las estrellas,

Para bañarme en el río y para hacer dibujos en la arena.

 

Éste era el contrato.

Y ahora me habéis puesto a construir cepos y candados,

A cargar un fusil y a escribir en la oficina de un juzgado.

 

Me trajisteis aquí para cantar en unas bodas

Y me habéis puesto a llorar junto a una fosa.

(“El viento y yo”, 1946)

 

 


AUSCHWITZ

 

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)

 

Esos poetas infernales,

Dante, Blake, Rimbaud...

Que hablen más bajo...

¡Que se callen!

Hoy

cualquier habitante de la tierra

sabe mucho más del infierno

que esos tres poetas juntos.

Ya sé que Dante toca muy bien el violín...

¡Oh, el gran virtuoso!...

Pero que no pretenda ahora

con sus tercetos maravillosos

y sus endecasílabos perfectos

asustar a ese niño judío

que está ahí, desgajado de sus padres...

Y solo.

¡Solo!

Aguardando su turno

en los hornos crematorios de Auschwitz.

Dante... tú bajaste a los infiernos

con Virgilio de la mano

(Virgilio, "gran cicerone")

y aquello vuestro de la Divina Comedia

fue un aventura divertida

de música y turismo.

Esto es otra cosa... otra cosa...

¿Cómo te explicaré?

¡Si no tienes imaginación!

Tú... no tienes imaginación,

acuérdate que en tu "Infierno"

no hay un niño siquiera...

Y ese que ves ahí...

Está solo

¡Solo! Sin cicerone...

Esperando que se abran las puertas del infierno

que tú ¡pobre florentino!

No pudiste siquiera imaginar.

Esto es otra cosa... ¿cómo te diré?

¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín.

Aquí se rompen las cuerdas de todos

los violines del mundo.

¿Me habéis entendido, poetas infernales?

Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud...

¡Hablad más bajo!

¡Tocad más bajo!...¡Chist!...

¡¡Callaos!!

Yo también soy un gran violinista...

Y he tocado en el infierno muchas veces...

Pero ahora aquí...

Rompo mi violín... y me callo.

(“¡Oh, este roto y viejo violín!”, 1966)



RESEÑA BIOGRÁFICA DE LEÓN FELIPE


León Felipe Camino Galicia nace en Tábara (Zamora) el 11 de abril de 1884. Los diversos destinos del padre, que trabajaba de notario, llevan a la familia a trasladarse a Sequeros (Salamanca) y más tarde a Santander, cuando el poeta cuenta con nueve años de edad. Estudió el Bachiller en los Escolapios de Villacarriedo y más tarde, para cumplir con los deseos de su padre, se traslada a Madrid para matricularse en la Facultad de Farmacia. Su afición al teatro en la capital le lleva a descuidar una carrera hacia la que no tenía vocación y asiste irregularmente a las clases. Después de licenciarse, sigue residiendo en Madrid hasta que la muerte del padre en 1907 le hace regresar a Santander; allí abre una farmacia. Su vida de farmacéutico, alejado de las actividades literarias, no le satisface y decide vender fraudulentamente un negocio que ya estaba casi hipotecado a prestamistas. Entonces va a Barcelona y se enrola como actor secundario en la compañía  de Tallaví y en la de cómicos de la legua, lo que le lleva a trotar por numerosos pueblos de España. Dos años más tarde, en un alto que hace en Madrid, es apresado por el fraude cometido con la venta de la farmacia y pasa un año y medio en la cárcel. Esta reclusión le vale para iniciarse en la escritura de sus primeros versos, en forma de sonetos, que manda a Juan Ramón Jiménez, quien se los devuelve sin ninguna contestación. Durante un breve tiempo vuelve a regentar una farmacia en Valmaseda (Vizcaya), pero el amor por una peruana lo devuelve de nuevo a Barcelona. Durante dos años se le ve pasar penalidades en Madrid, donde lleva una vida bohemia y a veces de indigencia, sólo paliada por precarios trabajos de farmacéutico en diversos pueblos de castilla. Uno de estos es Almonacid de Zorita (Guadalajara). Allí escribe los versos de su primer poemario “Versos y oraciones del caminante” y adopta el nombre con el que se le conocerá ya como poeta: León Felipe. El poeta y crítico Enrique Díez Canedo va a ser providencial para dar a conocer al nuevo poeta. “Un día –cuenta León Felipe- me recogió Enrique Díez Canedo como se recoge a un mendigo y me llevó de la mano a la revista “España, donde me presentó a sus amigos y, más tarde, a los amantes de la poesía de la Península y de Hispanoamérica. Su voz tenía ya crédito y autoridad entre los mejores. Por esa puerta entré”. Imprime este primer libro y hace una lectura en el Ateneo, pero cuando ya está adquiriendo notoriedad se va a Guinea como administrador de hospitales. Después de regresar a España en 1923 para pasar unos días de vacaciones, decide no volver a trabajar y parte para México, viaje que le va a permitir conocer a Berta Gamboa, con quien contrae matrimonio en Brooklyn. Desde 1925 da clases de lengua y literatura españolas en la Universidad de Cornell. Durante su estancia en Estados Unidos lee a Walt Whitman; su influencia le ayudará a encontrar su voz propia, que se manifestará en la segunda parte de “Versos y oraciones del caminante”. Regresa a España, cuando en 1931 se proclama la República. Después de alternar estancias entre México y España, se instala por fin en Panamá, donde compagina sus actividades profesorales con el cargo de agregado cultural que le ha dispensado la naciente República española. Al producirse el alzamiento nacional el 18 de julio, se reproduce también, entre el personal de la embajada, el mismo enfrentamiento ideológico que dividía la República. León Felipe proclama polémicamente su adhesión a la República, se despide con un violento artículo en la prensa –“Good bye, Panamá”- y embarca rumbo a su país. Durante el asedio a Madrid, León Felipe servirá a la causa de la República y participará activamente en las reuniones de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. También ejercerá una intensa labor, junto a Alberti, Neruda y María Teresa León, en el traslado de escritores, artistas y científicos a Valencia, donde quedan a salvo de los bombardeos. Después de pasar temporadas en Francia y Valencia, donde asiste al Congreso de Escritores por la defensa de la Cultura, en 1938 se traslada definitivamente a México, país del que hará una segunda patria. En México interviene en la Casa de España y en el Ateneo y colabora habitualmente en las revistas fundadas por españoles. El exilio va a hacer más hondo el desarraigo de un poeta trashumante que ya en su primer libro se queja de no tener una patria. Entre 1946 y 1948 hace una gira por diversos países hispanoamericanos dando recitales y conferencias. La muerte de su mujer en 1957 le provocará una profunda crisis emocional que va a agostar su escritura. Aún así, no deja de escribir versos y en 1965, tres años  antes de morir, rompe su silencio con uno de sus libros más personales: “Oh, este viejo y roto violín!”. Libro de síntesis y de apuntes personales, donde hace las últimas reflexiones sobre los temas que siempre le preocuparon: Dios, España, el hombre y el sentido de la existencia. Otro libros suyos: “Drop a Star (1933), con toques surrealistas y ecos de Walt Whitman. “Español del éxodo y del llanto” (1939), donde queda patente la desesperación hacia un país que ha quedado vacío de poetas y lleno  de mercaderes que vendieron la patria. En “Llamadme publicano” (1950) desarrolla un motivo del evangelio de San Lucas: “soy el publicano que no sabe rezar”, parafrasea en uno de sus poemas más celebres. En el “Ciervo”, 1958, el poeta, que acaba de perder a su mujer, muestra su dolor abjurando de un mundo absurdo del que hace responsable a Dios. Max Aub comentó que sus poemas eran “rebeldía desesperada contra la falta de sentido del universo; grito desgarrado del hombre que no sabe para qué ni por qué ha nacido”. Sin embargo, no se puede olvidar que el León Felipe más brillante se halla seguramente en sus poemas de compromiso político, donde esta rebeldía adquiere sentido al  transformarse en inconformismo, en sed de justicia y acerada denuncia social.

 

Casi medio siglo de la poesía de León Felipe se abarcan aquí, entre estos cinco poemas que se dejan y que son representativos de la trayectoria del poeta, desde su primer libro “Versos y oraciones del caminantes”, (1920), hasta uno de sus últimos libros, ya poco antes de morir, “¡Oh, este viejo y roto violín!, (1966). Entre estos libros caben muchos versos; también se puede decir que en un poeta tan vitalista como León Felipe -no hay que olvidar que su referencia es Walt Whitman- cabe más vida todavía y es posible que entre todos los poetas españoles del siglo XX, la de León Felipe sea la más novelesca de todas. Se acompaña, como muestra, una reseña biográfica que a duras penas consigue seguirle los pasos a un poeta trashumante -como se le ha llamado- que estuvo saltando entre tres continentes -Europa, Africa y América-, que recorrió como cómico de la legua España de cabo a rabo y luego ya el continente americano dando botes como poeta trasterrado. Poeta que tal vez por tener una vida aventurera comenzó su vocación tardía, y que seguramente por eso también comenzó con una voz genuina que ya perdería nunca, más bien la afinó hasta ser el que más desafinaba, siempre con versos rebeldes e inconformistas, anticipándose a la poesía social que vendría después. La mejor definición sobre León Felipe la dio un escritor que lo conocía bien y que acaso explique dos de los rasgos de su poesía: el existencialismo y el surrealismo; de León Felipe dijo Máx Aub que era “rebeldía desesperada contra la falta de sentido del universo; grito desgarrado del hombre que no sabe para qué ni por qué ha nacido”. En su brevísimo poema “Hombre”, León Felipe nos lo deja claro: “No esperes más a nadie…/Nadie te aguarda ni te busca…/Fuiste… el aborto de un sueño…/La semilla podrida de un sueño, que nunca germinó.”

 


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