EFÍMEROS Y BREVES 125. Kavafis (1863-1933): Cinco poemas sobre el cuerpo en el 163 aniversario de su nacimiento.
Se dejan, además de una extensa
reseña biográfica basada en la biografía de Robert Liddell, cinco poemas de
Kavafis que tienen al cuerpo y a la memoria como motivo central. La memoria en
Kavafis obra como un bálsamo contra los males del tiempo. Sólo en los recuerdos
es posible recobrar la juventud, estar de nuevo junto al amado y librarse de la
transitoriedad de las cosas. El tiempo, que todo lo devora, no consigue devorar
los recuerdos. El tiempo, que afecta los cuerpos, no consigue alterar el
espíritu. No puede sepultar todos los días que se fueron. Kavafis, tan amante
de la historia, de las tumbas y de sus inscripciones, sabe que toda vida puede
tener su comentario y su epitafio. Siempre nos quedarán las cenizas de los días
esplendidos, que son los que brillaron con luz propia, dejando su huella.
Siempre nos quedan también las prendas del amor, que despiertan y modulan ese
recuerdo. Quedan en pie algunos documentos, algunas cartas de amor, algunos
bocetos, incluso algunos poemas con los que el propio artista salva a los seres
del olvido. Hay imágenes de sensual belleza que después de muchos años regresan
para perdurar en sus versos. En “Recuerda, cuerpo”, el primer poema
seleccionado aquí, el recuerdo es tan poderoso que acaba por conmover todas las
fibras del cuerpo, haciendo que éste se sienta orgulloso de cuánto hizo sentir
en otros cuerpos, temblando a la vez con ellos. Los recuerdos que selecciona
Kavafis, al ser recuerdos de amor, logran transmutar con su poder y su luz toda
la realidad circundante, logrando redimirse así de la grisura de los días y de
las mudanzas del tiempo.
RECUERDA CUERPO
(1918)
Recuerda, cuerpo, no sólo cuando fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y temblaron en otras voces -y que humilló
la suerte.
Ahora que todos ellos son cosa del pasado
casi parece como si hubieras satisfecho
aquellos deseos -cómo ardía,
recuerda, en los ojos que te contemplaban;
cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.
*****
VUELVE
(1913)
Vuelve otra vez y tómame,
amada sensación retorna y tómame
-cuando la memoria del cuerpo se despierta,
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún te tocan.
Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan…
*****
GRISES
(1917)
Mirando un ópalo casi gris
recordé dos hermosos ojos grises
que había visto. Hace quizás veinte años…
………………………………………………………
Nos amamos durante un mes.
Después él se marchó;
creo que a Smirna,
a trabajar allí, y no volvimos a vernos.
Los ojos grises -si aún vive- se habrán afeado;
marchito estará aquel bello rostro.
Consérvalos, oh memoria como eran.
Y alguna vez aquel amor
y aquella noche devuélveme.
*****
AL ATARDECER
(1917)
De cualquier forma aquellas cosas no hubieran durado mucho.
La experiencia
de los años así lo enseña. Mas qué bruscamente
todo cambió.
Corta fue la hermosa vida.
Pero qué poderosos los perfumes,
en qué lechos esplendidos caímos,
a qué placeres dimos nuestros cuerpos.
Un eco de aquellos días de placer
un eco de aquellos días volvió a mí,
las cenizas del fuego de nuestra juventud;
en mis manos cogí de nuevo una carta,
y leí y volví a leer hasta que se desvaneció la luz.
Y melancólicamente salí al balcón-
salí para distraer mis pensamientos mirando
un poco la ciudad que amo,
un poco del bullicio de sus calles y sus tiendas.
*****
LA MESA VECINA
(1918)
No puede tener más de veintidós años.
Y sin embargo estoy seguro, hace esos
años gocé este mismo cuerpo.
No me ciega el deseo.
Apenas he llegado a este local;
no he tenido ni tiempo de beber suficiente.
He gozado este cuerpo.
Y no recuerdo dónde -y qué más da.
Ah, pero mirándolo sentado en la mesa vecina
reconozco todos sus movimientos – y bajo su ropa
de nuevo veo los amados miembros desnudos.
****
AL PIE DE LA CASA
(1918)
Ayer cuando paseaba por mi barrio
alejado del centro, pasé bajo la casa
donde solía ir cuando era joven.
El amor había poseído allí mi cuerpo.
con su maravilloso poder.
Y ayer
mientras andaba por la vieja calle,
de repente se embellecieron por la magia del amor
las tiendas, las aceras, las piedras,
y muros, balcones y ventanas,
nada quedó allí como antes era.
Y mientras permanecía y miraba la puerta,
y en pie me demoraba ante la casa,
todo mi ser se abrió a la placentera
y sensual emoción entregándose.
RESEÑA BIOGRÁFICA
Konstantino Kavafis nació en
Alejandría el 29 de abril de 1963 en el seno de una familia de comerciantes de
clase elevada, siendo el menor de nueve hermanos. Kavafis contaba siete años
cuando murió su padre, quien había dejado una menguada fortuna después de
haberse convertido en uno de los comerciantes más ricos de la ciudad. En 1873
se traslada con su familia a Liverpool, donde su padre ya había fundado una
compañía comercial de exportación de algodón que también operaba en Londres. En esta última
ciudad residió durante seis años, llegando a hablar un perfecto inglés que más
tarde le sirvió para ascender dentro de la administración egipcia. Ante la
quiebra de la compañía familiar, tras una serie de desafortunadas operaciones
en bolsa, la familia regresó a Alejandría en 1877. Los tumultos ocurridos
en junio de 1882, atizados por los
nacionalistas árabes contra los cristianos y europeos, con la posterior
ocupación inglesa de la ciudad de Alejandría, obligaron a los Kavafis a
refugiarse en Constantinopla. Tras
residir en esa ciudad tres años, la familia regresó a Alejandría, donde Konstantino Kavafis comenzó a trabajar como
corredor de la bolsa de Algodón. Más tarde consiguió un trabajo sin remunerar
en la Oficina de Riegos con la esperanza de obtener un puesto fijo, lo que
acabó logrando en abril de 1892. En esa misma oficina, con algún que otro
ascenso, siguió trabajando hasta que en 1922 se acogió a una jubilación
anticipada que le era favorable y que le permitió vivir sus últimos años ya
dedicado a la poesía y a la escasa difusión de su obra. Se dice que Kavafis
escogió adrede un trabajo mal remunerado con mucho tiempo libre para poder
dedicarse por entero a su arte. Su propia familia había tratado de mantenerle
lejos del mundo laboral con el propósito de que pudiera explotar su talento
precoz a través de una carrera en el mundo de las letras. Aunque Kavafis no
llego a gozar del mismo lujo que rodeó a su familia en vida de su padre, llegó
a alcanzar una posición holgada que le permitió ciertos caprichos fuera del
alcance de la mayoría de sus conciudadanos. Sin embargo, no resultaba raro oír
a Kavafis maldecir de su trabajo precisamente porque le quitaba tiempo para su
arte “Cuantas veces –confesó Kavafis a un joven poeta-, durante mi trabajo, me
llega una bella idea, una rara imagen, con imprevistos versos del todo
resueltos, y me veo obligado a abandonarlos porque el trabajo no se puede dejar
pasar de largo”. Como oficinista disponía de un salario alto para la época y su periodo de vacaciones llegaba a durar
hasta 12 semanas anuales. Kavafis entró a trabajar en la oficina con la tarea
de copiar cartas a mano. Más tarde pasó a ser el corrector de las cartas que
copiaban otros y podía llegar a corregir la misma carta una y otra vez,
cargando las tintas en cada signo de puntuación. Según alguno de sus
subordinados, su disimulo en el trabajo llegaba hasta el extremo “de llenar su
mesa de carpetas que abría y llenaba de papeles para dar la impresión de que
estaba sobrecargado de trabajo. Luego, cuando llegaba la hora de salir, los
recogía y los volvía a poner en su sitio” A pesar de que Kavafis comenzó a
escribir a una edad temprana, él mismo fechó el inicio de su carrera poética a
partir de 1891. Cuenta su confidente Melanos que durante esos primeros años,
tras su vuelta a Alejandría, la pasión le dominaba de tal manera que pasaba
noches enteras lejos de su casa, en los barrios bajos, a escondidas,
relacionándose con jóvenes obreros en bares y colmados, y viéndose obligado a
sobornar a sus propios criados para que no le delatasen. Pero a comienzos de la
década de los noventa Kavafis comienza a volcarse en su obra y a publicar
poemas en algunas revistas de Alejandría y Atenas, o imprimiéndolos en hojas
sueltas, llegando, incluso, a
confeccionar panfletos e impresos para distribuirlos entre amigos y familiares
en ediciones no venales. Parece ser que Kavafis nunca se ponía a escribir
poemas de principio a fin. Los iba trabajando durante largos periodos, a menudo
dejándolos dormitar años enteros, hasta que se le despertaba la inspiración y
volvía sobre ellos. Su amigo Sarayannis escribió: “Kavafis no había nacido
poeta; se hizo poeta año tras año. Halló su forma definitiva en 1911. Después
él creía que sólo a partir de esta fecha había logrado ser poeta y a menudo renegaba
de sus poemas anteriores, llegando a hacer desaparecer los panfletos que emitió
en 1904 y 1911”. A partir de esa fecha Kavafis se hace consciente de la
singularidad de su obra e inicia un nuevo sistema de publicación para un
público escogido, en donde combina las hojas sueltas con los folletos, haciendo
engrosar un corpus canónico que al final alcanzaría 154 poemas. Con razón
afirma Seferis que “a partir de cierto momento que podría situarse hacia 1910,
la obra de Kavafis debería ser leída y juzgada no como una serie de poemas
separados sino como un poema único”. Un poliédrico poema donde convergen el
erotismo y la sensualidad, la vida de la historia y la memoria de su vida, o de
otras vidas, todo ello profundizado por una aguda conciencia de su tarea de
artista. También es a partir de 1911 cuando su vida amorosa y sexual comienza a
hacerse más discreta, a la vez que comienza a apartarse de la vida social.
Famosa fue la conferencia sobre la poesía de Kavafis que el 23 de febrero de
1918 dio en Alejandría su amigo Singópulos, y que otro grupo de amigos
disidentes intentó impedir a toda costa. Según palabras de su biógrafo, Robert
Liddell, en esta conferencia “se establece como una opinión de Kavafis la de que el artista no puede llevar en su
juventud una vida disciplinada, contrariamente a la que deben hacer el
estudioso, el político y el comerciante. Sus actividades no tienen necesidad de
altas horas en la noche ni de gasto de vitalidad y placer físico –necesitan
sólo una cabeza clara por la mañana y durante todo el día-. Para el artista esa vida disciplinada es
imposible y no sería correcta. Kavafis no quiere decir que el artista deba
disiparse, sino que debe liberarse”. A partir de 1921, en que decide no renovar su contrato de
trabajo –“por fin me veo libre de esta asquerosidad”, dijo al abandonar su
oficina-, Kavafis se recluye en su modesto piso donde pasa los últimos años
casi apartado de la vida literaria y rodeado de una cohorte de admiradores que
iban a visitarle a diario. Era habitual verle pasear despacio por las calles de
Alejandría, con las manos en los bolsillos, deteniéndose a mirar los
escaparates y siempre hablando consigo mismo o informándose sobre temas
históricos cuando encontraba a alguien que pudiera saciar su curiosidad.
Kavafis llegó a ser una figura muy popular en su ciudad, conocido por casi
todos los camareros de los cafés y restaurantes donde entraba ávido por
estudiar a los clientes y en donde
entablaba conversación con comerciantes, corredores de bolsa y gentes de todas
las condiciones y oficios. En su último año de vida perdió la voz y se vio obligado a comunicarse por medio de
notas manuscritas, tras ser sometido a una operación por un cáncer de garganta.
Murió el día en que cumplió setenta años, el 29 de abril de 1933.

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