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5 poemas de Kavafis (Efímeros y breves 125)

 



Se dejan, además de una extensa reseña biográfica basada en la biografía de Robert Liddell, cinco poemas de Kavafis que tienen al cuerpo y a la memoria como motivo central. La memoria en Kavafis obra como un bálsamo contra los males del tiempo. Sólo en los recuerdos es posible recobrar la juventud, estar de nuevo junto al amado y librarse de la transitoriedad de las cosas. El tiempo, que todo lo devora, no consigue devorar los recuerdos. El tiempo, que afecta los cuerpos, no consigue alterar el espíritu. No puede sepultar todos los días que se fueron. Kavafis, tan amante de la historia, de las tumbas y de sus inscripciones, sabe que toda vida puede tener su comentario y su epitafio. Siempre nos quedarán las cenizas de los días esplendidos, que son los que brillaron con luz propia, dejando su huella. Siempre nos quedan también las prendas del amor, que despiertan y modulan ese recuerdo. Quedan en pie algunos documentos, algunas cartas de amor, algunos bocetos, incluso algunos poemas con los que el propio artista salva a los seres del olvido. Hay imágenes de sensual belleza que después de muchos años regresan para perdurar en sus versos. En “Recuerda, cuerpo”, el primer poema seleccionado aquí, el recuerdo es tan poderoso que acaba por conmover todas las fibras del cuerpo, haciendo que éste se sienta orgulloso de cuánto hizo sentir en otros cuerpos, temblando a la vez con ellos. Los recuerdos que selecciona Kavafis, al ser recuerdos de amor, logran transmutar con su poder y su luz toda la realidad circundante, logrando redimirse así de la grisura de los días y de las mudanzas del tiempo.

RECUERDA CUERPO

 (1918)

 

Recuerda, cuerpo, no sólo cuando fuiste amado,

no solamente en qué lechos estuviste,

sino también aquellos deseos de ti

que en otros ojos viste brillar

y temblaron en otras voces -y que humilló

la suerte.

Ahora que todos ellos son cosa del pasado

casi parece como si hubieras satisfecho

aquellos deseos -cómo ardía,

recuerda, en los ojos que te contemplaban;

cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.

 

 

 

*****

 

 

VUELVE

(1913)

 

Vuelve otra vez y tómame,

amada sensación retorna y tómame

-cuando la memoria del cuerpo se despierta,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan,

cuando las manos sienten que aún te tocan.

Vuelve otra vez y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan…

 

 

*****

 

 

GRISES

(1917)

 

Mirando un ópalo casi gris

recordé dos hermosos ojos grises

que había visto. Hace quizás veinte años…

 

………………………………………………………

 

Nos amamos durante un mes.

 Después él se marchó; creo que a Smirna,

a trabajar allí, y no volvimos a vernos.

 

Los ojos grises -si aún vive- se habrán afeado;

marchito estará aquel bello rostro.

 

Consérvalos, oh memoria como eran.

Y alguna vez aquel amor

y aquella noche devuélveme.

 

 

*****

 

 

AL ATARDECER

(1917)

 

De cualquier forma aquellas cosas no hubieran durado mucho.

La experiencia

de los años así lo enseña. Mas qué bruscamente

todo cambió.

Corta fue la hermosa vida.

Pero qué poderosos los perfumes,

en qué lechos esplendidos caímos,

a qué placeres dimos nuestros cuerpos.

 

Un eco de aquellos días de placer

un eco de aquellos días volvió a mí,

las cenizas del fuego de nuestra juventud;

en mis manos cogí de nuevo una carta,

y leí y volví a leer hasta que se desvaneció la luz.

 

Y melancólicamente salí al balcón-

salí para distraer mis pensamientos mirando

un poco la ciudad que amo,

un poco del bullicio de sus calles y sus tiendas.

 

 

*****

 

 

LA MESA VECINA

(1918)

 

No puede tener más de veintidós años.

Y sin embargo estoy seguro, hace esos

años gocé este mismo cuerpo.

 

No me ciega el deseo.

Apenas he llegado a este local;

no he tenido ni tiempo de beber suficiente.

He gozado este cuerpo.

 

Y no recuerdo dónde -y qué más da.

 

Ah, pero mirándolo sentado en la mesa vecina

reconozco todos sus movimientos – y bajo su ropa

de nuevo veo los amados miembros desnudos.

 

 

****

 

 

AL PIE DE LA CASA

(1918)

 

Ayer cuando paseaba por mi barrio

alejado del centro, pasé bajo la casa

donde solía ir cuando era joven.

El amor había poseído allí mi cuerpo.

con su maravilloso poder.

 

Y ayer

mientras andaba por la vieja calle,

de repente se embellecieron por la magia del amor

las tiendas, las aceras, las piedras,

y muros, balcones y ventanas,

nada quedó allí como antes era.

 

Y mientras permanecía y miraba la puerta,

y en pie me demoraba ante la casa,

todo mi ser se abrió a la placentera

y sensual emoción entregándose.



RESEÑA BIOGRÁFICA

 

Konstantino Kavafis nació en Alejandría el 29 de abril de 1963 en el seno de una familia de comerciantes de clase elevada, siendo el menor de nueve hermanos. Kavafis contaba siete años cuando murió su padre, quien había dejado una menguada fortuna después de haberse convertido en uno de los comerciantes más ricos de la ciudad. En 1873 se traslada con su familia a Liverpool, donde su padre ya había fundado una compañía comercial de exportación de algodón que  también operaba en Londres. En esta última ciudad residió durante seis años, llegando a hablar un perfecto inglés que más tarde le sirvió para ascender dentro de la administración egipcia. Ante la quiebra de la compañía familiar, tras una serie de desafortunadas operaciones en bolsa, la familia regresó a Alejandría en 1877. Los tumultos ocurridos en  junio de 1882, atizados por los nacionalistas árabes contra los cristianos y europeos, con la posterior ocupación inglesa de la ciudad de Alejandría, obligaron a los Kavafis a refugiarse en Constantinopla.  Tras residir en esa ciudad tres años, la familia regresó a  Alejandría, donde  Konstantino Kavafis comenzó a trabajar como corredor de la bolsa de Algodón. Más tarde consiguió un trabajo sin remunerar en la Oficina de Riegos con la esperanza de obtener un puesto fijo, lo que acabó logrando en abril de 1892. En esa misma oficina, con algún que otro ascenso, siguió trabajando hasta que en 1922 se acogió a una jubilación anticipada que le era favorable y que le permitió vivir sus últimos años ya dedicado a la poesía y a la escasa difusión de su obra. Se dice que Kavafis escogió adrede un trabajo mal remunerado con mucho tiempo libre para poder dedicarse por entero a su arte. Su propia familia había tratado de mantenerle lejos del mundo laboral con el propósito de que pudiera explotar su talento precoz a través de una carrera en el mundo de las letras. Aunque Kavafis no llego a gozar del mismo lujo que rodeó a su familia en vida de su padre, llegó a alcanzar una posición holgada que le permitió ciertos caprichos fuera del alcance de la mayoría de sus conciudadanos. Sin embargo, no resultaba raro oír a Kavafis maldecir de su trabajo precisamente porque le quitaba tiempo para su arte “Cuantas veces –confesó Kavafis a un joven poeta-, durante mi trabajo, me llega una bella idea, una rara imagen, con imprevistos versos del todo resueltos, y me veo obligado a abandonarlos porque el trabajo no se puede dejar pasar de largo”. Como oficinista disponía de un salario alto para la época  y su periodo de vacaciones llegaba a durar hasta 12 semanas anuales. Kavafis entró a trabajar en la oficina con la tarea de copiar cartas a mano. Más tarde pasó a ser el corrector de las cartas que copiaban otros y podía llegar a corregir la misma carta una y otra vez, cargando las tintas en cada signo de puntuación. Según alguno de sus subordinados, su disimulo en el trabajo llegaba hasta el extremo “de llenar su mesa de carpetas que abría y llenaba de papeles para dar la impresión de que estaba sobrecargado de trabajo. Luego, cuando llegaba la hora de salir, los recogía y los volvía a poner en su sitio” A pesar de que Kavafis comenzó a escribir a una edad temprana, él mismo fechó el inicio de su carrera poética a partir de 1891. Cuenta su confidente Melanos que durante esos primeros años, tras su vuelta a Alejandría, la pasión le dominaba de tal manera que pasaba noches enteras lejos de su casa, en los barrios bajos, a escondidas, relacionándose con jóvenes obreros en bares y colmados, y viéndose obligado a sobornar a sus propios criados para que no le delatasen. Pero a comienzos de la década de los noventa Kavafis comienza a volcarse en su obra y a publicar poemas en algunas revistas de Alejandría y Atenas, o imprimiéndolos en hojas sueltas, llegando, incluso,  a confeccionar panfletos e impresos para distribuirlos entre amigos y familiares en ediciones no venales. Parece ser que Kavafis nunca se ponía a escribir poemas de principio a fin. Los iba trabajando durante largos periodos, a menudo dejándolos dormitar años enteros, hasta que se le despertaba la inspiración y volvía sobre ellos. Su amigo Sarayannis escribió: “Kavafis no había nacido poeta; se hizo poeta año tras año. Halló su forma definitiva en 1911. Después él creía que sólo a partir de esta fecha había logrado ser poeta y a menudo renegaba de sus poemas anteriores, llegando a hacer desaparecer los panfletos que emitió en 1904 y 1911”. A partir de esa fecha Kavafis se hace consciente de la singularidad de su obra e inicia un nuevo sistema de publicación para un público escogido, en donde combina las hojas sueltas con los folletos, haciendo engrosar un corpus canónico que al final alcanzaría 154 poemas. Con razón afirma Seferis que “a partir de cierto momento que podría situarse hacia 1910, la obra de Kavafis debería ser leída y juzgada no como una serie de poemas separados sino como un poema único”. Un poliédrico poema donde convergen el erotismo y la sensualidad, la vida de la historia y la memoria de su vida, o de otras vidas, todo ello profundizado por una aguda conciencia de su tarea de artista. También es a partir de 1911 cuando su vida amorosa y sexual comienza a hacerse más discreta, a la vez que comienza a apartarse de la vida social. Famosa fue la conferencia sobre la poesía de Kavafis que el 23 de febrero de 1918 dio en Alejandría su amigo Singópulos, y que otro grupo de amigos disidentes intentó impedir a toda costa. Según palabras de su biógrafo, Robert Liddell, en esta conferencia “se establece como una opinión de Kavafis  la de que el artista no puede llevar en su juventud una vida disciplinada, contrariamente a la que deben hacer el estudioso, el político y el comerciante. Sus actividades no tienen necesidad de altas horas en la noche ni de gasto de vitalidad y placer físico –necesitan sólo una cabeza clara por la mañana y durante todo el día-.  Para el artista esa vida disciplinada es imposible y no sería correcta. Kavafis no quiere decir que el artista deba disiparse, sino que debe liberarse”. A partir de 1921,  en que decide no renovar su contrato de trabajo –“por fin me veo libre de esta asquerosidad”, dijo al abandonar su oficina-, Kavafis se recluye en su modesto piso donde pasa los últimos años casi apartado de la vida literaria y rodeado de una cohorte de admiradores que iban a visitarle a diario. Era habitual verle pasear despacio por las calles de Alejandría, con las manos en los bolsillos, deteniéndose a mirar los escaparates y siempre hablando consigo mismo o informándose sobre temas históricos cuando encontraba a alguien que pudiera saciar su curiosidad. Kavafis llegó a ser una figura muy popular en su ciudad, conocido por casi todos los camareros de los cafés y restaurantes donde entraba ávido por estudiar  a los clientes y en donde entablaba conversación con comerciantes, corredores de bolsa y gentes de todas las condiciones y oficios. En su último año de vida perdió la voz y  se vio obligado a comunicarse por medio de notas manuscritas, tras ser sometido a una operación por un cáncer de garganta. Murió el día en que cumplió setenta años, el 29 de abril de 1933.


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