EFÍMEROS Y BREVES 96. Charles Baudelaire (1821-1867): los seis poemas prohibidos de "Las flores del mal", en el 205 aniversario de su nacimiento.
Se dejan aquí, en versión bilingüe, los seis poemas prohibidos de la primera edición de “Las flores del mal”, del célebre y proscrito libro de Baudelaire, que salió publicado en Paris el 25 de junio de 1857, con una tirada de 1.300 ejemplares. Tras la publicación, un periodista firma un artículo incendiario alertando al fiscal para llevarlo a juicio: “Lo odioso aparece al lado de lo más bajo, lo más repugnante al lado de lo infecto”, escribirá este periodista. La vista tuvo lugar el 20 de agosto y Baudelaire fue condenado a pagar una multa, cuantiosa para la época, de 300 francos, que le fueron rebajados a 50 francos tras una solicitud de indulto. Más onerosa fue la multa para el editor, condenado a pagar 100 francos, además de la confiscación de la edición. Para Baudelaire el dolor fue sobre todo moral: la reprimenda publica, en la que se le acusa de excitar al público mediante un realismo grosero, le había herido en su orgullo. Un siglo después del proceso, el Tribunal Supremo, a instancias del Gobierno francés, revisó el proceso y se anuló la totalidad de la sentencia, autorizándose de forma oficial la publicación de la obra completa.
No es que durante casi un siglo estos poemas
estuvieran proscritos; aún hoy se le siguen señalando, colocándoselos en lugar
aparte y estigmatizados. Toda censura es una prohibición que se prolonga a
través de los siglos. Aunque una obra ya deje de estar prohibida se sigue observándola con
los ojos con que vemos los proscrito. Ni el genio de un escritor puede conjurar con su inmortalidad la maldición de los poderes públicos.
I
LAS JOYAS
Desnuda estaba ella, y conociendo mi
alma,
Dejó sólo la amada sus joyas
resonantes,
Cuya riqueza el aire triunfante le
otorgaba
De las esclavas moras en sus días
felices.
Cuando al bailar proclama su ruido
bullicioso
Y burlón, este mundo radiante de
metal
Y piedra, me extasío, y adoro con
furor
Las cosas en que luz y sonido se
mezclan.
Ella estaba acostada dejándose
querer,
Y sobre su diván de placer sonreía
A mi amor tan profundo y dulce como
el mar,
Que ascendía hacia ella como a su
acantilado.
Fija en mí su mirada, como un domado
tigre,
Con aire soñador ensayaba sus poses,
Y la lubricidad, con el candor unida,
A su metamorfosis daba nuevos
encantos;
Y su brazo y su pierna, sus caderas y
sus muslos,
Pulidos cual aceite, cual un cisne
ondulantes,
Pasaban ante mí, perspicaces,
serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de
mi viña,
Avanzaban, más cálidos que los
Ángeles malos,
Para turbar la calma en que mi alma
vivía,
Y para derrocarla del monte
cristalino
Donde, en reposo y sola, se había
aposentado.
Creía ver unidos por un nuevo dibujo
Las caderas de Antíope y el busto de
un imberbe,
De tal forma su talle resaltaba su
pelvis,
¡Qué soberbios afeites en su tez
fiera y bruna!
-Y habiéndose la lámpara resignado a
morir,
E iluminando el cuarto la chimenea
sólo,
Cada vez que ésta daba un ardiente
suspiro,
Inundaba de sangre su piel color de
ámbar!
I
LES BIJOUX
La très-chère était nue, et,
connaissant mon coeur,
Elle n’avait gardé que ses bijoux
sonores,
Dont le riche attirail lui donnait
l’air vainqueur
Qu’ont dans leurs jours heureux les
esclaves des Maures.
Quand il jette en dansant son bruit
vif et moqueur,
Ce monde rayonnant de métal et de
pierre
Me ravit en extase, et j’aime à la
fureur
Les choses où le son se mêle à la
lumière.
Elle était donc couchée et se
laissait aimer,
Et du haut du divan elle souriait
d’aise
A mon amour profond et doux comme la
mer,
Qui vers elle montait comme vers sa
falaise.
Les yeux fixés sur moi, comme un
tigre dompté,
D’un air vague et rêveur elle
essayait des poses,
Et la candeur unie à la lubricité
Donnait un charme neuf à ses
métamorphoses ;
Et son bras et sa jambe, et sa cuisse
et ses reins,
Polis comme de l’huile, onduleux
comme un cygne,
Passaient devant mes yeux
clairvoyants et sereins ;
Et son ventre et ses seins, ces
grappes de ma vigne,
S’avançaient, plus câlins que les
Anges du mal,
Pour troubler le repos où mon âme
était mise,
Et pour la déranger du rocher de
cristal
Où, calme et solitaire, elle s’était
assise.
Je croyais voir unis par un nouveau
dessin
Les hanches de l’Antiope au buste
d’un imberbe,
Tant sa taille faisait ressortir son
bassin.
Sur ce teint fauve et brun, le fard
était superbe !
Et la lampe s’étant résignée à
mourir,
Comme le foyer seul illuminait la
chambre,
Chaque fois qu’il poussait un
flamboyant soupir,
Il inondait de sang cette peau
couleur d’ambre !
II
EL LETEO
Alma sorda y cruel, ven a mi pecho,
Tigre adorado, monstruo de
indolencia;
Yo quiero hundir mis dedos
temblorosos
En el denso espesor de tu cabello;
En tus enaguas llenas de tu aroma
Sepultar mi cabeza dolorida,
Y respirar, como una flor ajada,
El dulce tufo de mi amor ya muerto.
¡Más que vivir, dormir, dormir ansío!
En un sueño tan dulce cual la muerte,
Pondré mis besos sin remordimientos
En tu cuerpo pulido como el cobre.
Para enterrar mis calmados sollozos
No me sirve el abismo de tu lecho;
Vive en tu boca el poderoso olvido,
Y el Leteo en tus besos se desliza.
A mi hado, desde ahora mi deleite,
He de seguir, como un predestinado;
Condenado inocente, dócil mártir,
Cuyo fervor aviva su suplicio,
Para ahogar mi rencor, he de chupar
La piadosa cicuta y el nepente
En las agudas puntas de este pecho
Que un corazón jamás ha aprisionado
II
LE LÉTHÉ
Viens sur mon coeur, âme cruelle et
sourde,
Tigre adoré, monstre aux airs
indolents ;
Je veux longtemps plonger mes doigts
tremblants
Dans l'épaisseur de ta crinière
lourde ;
Dans tes jupons remplis de ton parfum
Ensevelir ma tête endolorie,
Et respirer, comme une fleur flétrie,
Le doux relent de mon amour défunt.
Je veux dormir ! dormir plutôt que
vivre !
Dans un sommeil aussi doux que la
mort,
J'étalerai mes baisers sans remord
Sur ton beau corps poli comme le
cuivre.
Pour engloutir mes sanglots apaisés
Rien ne me vaut l'abîme de ta couche
;
L'oubli puissant habite sur ta
bouche,
Et le Léthé coule dans tes baisers.
A mon destin, désormais mon délice,
J'obéirai comme un prédestiné ;
Martyr docile, innocent condamné,
Dont la ferveur attise le supplice,
Je sucerai, pour noyer ma rancoeur,
Le népenthès et la bonne ciguë
Aux bouts charmants de cette gorge
aiguë
Qui n'a jamais emprisonné de coeur.
III
A LA QUE ES DEMASIADO ALEGRE
Tu aire, tu gesto, tu cabeza
Bellos son cual bello paisaje;
Juega en tu rostro la sonrisa
Cual fresco viento en cielo claro.
Cuando al pasar rozas a un triste
Le deslumbras con la salud
Que surge cual la claridad
De tus brazos y de tus hombros.
Los colores tan estridentes
Con que salpicas tu atavío,
Le dan al alma del poeta
La imagen de un ballet de flores.
Las locas ropas son emblema
De tu espíritu abigarrado;
¡loca, que a mí me vuelve loco;
Te odio tanto como te quiero!
A veces en un bello parque
Donde arrastraba mi atonía,
Como una ironía, he sentido
Que desgarraba el sol mi seno;
Y el verdor y la primavera
Tanto mi pecho han humillado,
Que he castigado en una flor
La insolente Naturaleza.
Así querría yo, una noche,
A la hora de los deleites,
A los tesoros de tu cuerpo,
Reptar sin ruido, tal cobarde,
Y castigar tu carne alegre,
Y maltratar tu absuelto seno,
Y a tu costado sorprendido
Herir profunda y ampliamente,
Y ¡oh dulzor vertiginoso!,
¡a través de estos nuevos labios,
Más hermosos, más restallantes,
Darte, oh hermana, mi veneno.
III
Á CELLE QUIE EST TROP GAIE
Ta tête, ton geste, ton air
Sont beaux comme un beau paysage;
Le rire joue en ton visage
Comme un vent frais dans un ciel
clair.
Le passant chagrin que tu frôles
Est ébloui par la santé
Qui jaillit comme une clarté
De tes bras et de tes épaules.
Les retentissantes couleurs
Dont tu parsèmes tes toilettes
Jettent dans l'esprit des poètes
L'image d'un ballet de fleurs.
Ces robes folles sont l'emblème
De ton esprit bariolé;
Folle dont je suis affolé,
Je te hais autant que je t'aime!
Quelquefois dans un beau jardin
Où je traînais mon atonie,
J'ai senti, comme une ironie,
Le soleil déchirer mon sein,
Et le printemps et la verdure
Ont tant humilié mon coeur,
Que j'ai puni sur une fleur
L'insolence de la Nature.
Ainsi je voudrais, une nuit,
Quand l'heure des voluptés sonne,
Vers les trésors de ta personne,
Comme un lâche, ramper sans bruit,
Pour châtier ta chair joyeuse,
Pour meurtrir ton sein pardonné,
Et faire à ton flanc étonné
Une blessure large et creuse,
Et, vertigineuse douceur!
À travers ces lèvres nouvelles,
Plus éclatantes et plus belles,
T'infuser mon venin, ma soeur!
IV
LESBOS
De los deleites griegos y los juegos
latinos,
Madre tú, donde, lánguidos o gozosos
los besos
Calientes como el sol, frescos cual
las sandías,
Ornan días y noches gloriosas; ¡Oh,
tú, madre
De los deleites griegos y los juegos
latinos,
Lesbos, donde los besos son como las
cascadas
Que sin temor se arrojan en abismos
sin fondo,
Y corren, con sollozos y espasmódicas
risas,
Hormigueantes, hondos, tormentosos,
secretos;
¡Lesbos donde los besos son como las
cascadas!
Lesbos, donde se atraen una a la otra
Friné,
Donde nunca un suspiro sin un eco se
queda,
De igual forma que a Pafos las
estrellas te admiran,
Y Venus con razón envidiar puede a
Safo.
Lesbos, donde se atraen una a la otra
Friné.
Lesbos, tierra de noche langorosas y
cálidas,
Que hacen que en sus espejos,
¡delectación estéril!,
Muchachas de hondos ojos, que sus
cuerpos adoran,
De su nubilidad acaricien los frutos;
Lesbos, tierra de noches langorosas y
cálidas,
Deja fruncir el ceño del austero
Platón;
Tú obtienes tu perdón del exceso de
besos,
Reina del dulce imperio, amable y
noble tierra,
Y de refinamientos por siempre
inagotables.
Deja fruncir el ceño del austero
Platón.
Tu obtienes tu perdón del eterno
martirio,
A los pechos ansiosos infligido sin
tregua,
Que aleja de nosotros la sonrisa
radiante
Vagamente entrevista al borde de
otros cielos.
¡Tu obtienes tu perdón del eterno
martirio!
¿Cuál, Lesbos, de los dioses osaría
juzgarte
Y condenar tu frente pálida en los
trabajos,
Si sus áureas balanzas no han penado
el diluvio
De lágrimas que al mar tus arroyos
vertieron?
¿cuál, Lesbos, de los dioses osaría
juzgarte?
¿Qué nos quieren las leyes de lo
justo y lo injusto?
Vírgenes de alma excelsa, honor del
archipiélago,
Cual otra religión es augusta la
vuestra,
¡Y el amor se reirá del infierno y
del cielo!
¿Qué nos quieren las leyes de lo
justo y lo injusto?
Pues Lesbos de entre todos me ha
elegido en la tierra
Para cantar la flor secreta de sus
vírgenes,
Y fui en el negro arcano desde niño
admitido
De las desenfrenadas risas y el
llanto oscuro;
Pues Lesbos de entre todos me ha
elegido en la tierra.
Y velo desde entonces en la cumbre
del Léucato,
Tal centinela de ojo penetrante y
seguro,
Que otea noche y día brick, tartana,
o fragata,
Cuyas formas lejanas el azul
estremece.
Y velo desde entonces en la cumbre
del Léucato
Para saber si el mar es indulgente y
bueno,
Y sí entre los sollozos que en la
roca resuenan
Conducirá hacia Lesbos, que perdona,
una noche
El cadáver de Safo que partió, la
adorada,
¡para saber si el mar es indulgente y
bueno!
De Safo la viril, la poeta, la
amante,
Más hermosa que Venus por su triste
blancor
-¡Al ojo azul derrota el negro ojo
que mancha
El tenebroso cerco que trazan los
dolores
De Safo la viril, la poeta, la
amante!
-Más hermosa que Venus sobre la
tierra alzándose,
Vertiendo los tesoros de su serenidad
Y de su juventud el rubio centelleo
Sobre el viejo Océano que ha
encantado su hija;
¡más hermosa que Venus sobre la
tierra alzándose!
-De Safo que en el día murió de su
blasfemia,
Cuando, insultando al rito y al
inventado culto,
Su cuerpo tan hermoso dio, cual pasto
supremo
A un bruto cuyo orgullo castigó la
impiedad
De aquella que en el día murió de su
blasfemia.
Y Lesbos se lamenta desde esos
tiempos mismos,
Y, a pesar de la gloria que le da el
Universo,
Se embriaga cada noche del grito de
tormenta
Que hacia los cielos lanzan sus
desiertas orillas.
¡Y Lesbos se lamenta desde esos
tiempos mismos!
IV
LESBOS
Ta tête, ton geste, ton air
Sont beaux comme un beau paysage;
Le rire joue en ton visage
Comme un vent frais dans un ciel
clair.
Le passant chagrin que tu frôles
Est ébloui par la santé
Qui jaillit comme une clarté
De tes bras et de tes épaules.
Les retentissantes couleurs
Dont tu parsèmes tes toilettes
Jettent dans l'esprit des poètes
L'image d'un ballet de fleurs.
Ces robes folles sont l'emblème
De ton esprit bariolé;
Folle dont je suis affolé,
Je te hais autant que je t'aime!
Quelquefois dans un beau jardin
Où je traînais mon atonie,
J'ai senti, comme une ironie,
Le soleil déchirer mon sein,
Et le printemps et la verdure
Ont tant humilié mon coeur,
Que j'ai puni sur une fleur
L'insolence de la Nature.
Ainsi je voudrais, une nuit,
Quand l'heure des voluptés sonne,
Vers les trésors de ta personne,
Comme un lâche, ramper sans bruit,
Pour châtier ta chair joyeuse,
Pour meurtrir ton sein pardonné,
Et faire à ton flanc étonné
Une blessure large et creuse,
Et, vertigineuse douceur!
À travers ces lèvres nouvelles,
Plus éclatantes et plus belles,
T'infuser mon venin, ma soeur!
V
MUJERES CONDENADAS
Delfina e Hipólita
A la pálida luz de las lánguidas
lámparas,
En profundos cojines impregnados de
aromas,
Hipólita soñaba con las fuertes
caricias
Que el telón levantaban de su joven
candor.
Con los ojos turbados por la tormenta
oscura,
Buscaba el ya lejano cielo de su
inocencia,
Lo mismo que un viajero que la cabeza
vuelve
A los azules horizontes que al alba
atrás quedaron.
Las perezosas lágrimas de sus ojos,
su aspecto
Quebrado, el estupor, la
voluptuosidad,
Triste, y cual vanas armas los brazos
derrotados,
Todo ornaba y servía a su frágil
belleza.
Ante sus pies tendida, calma y llena
de gozo,
Delfina la comía con sus ojos
ardientes,
Como un fuerte animal que una presa
vigila,
Después de antes haberla con los
dientes marcado.
Beldad fuerte de hinojos delante de
la frágil,
Soberbia, ella aspiraba,
voluptuosamente,
El vino de su triunfo, tendiendo
hacia la otra,
Cual si unas dulces gracias recoger
pretendiera.
En los ojos buscaba de su pálida
víctima
El canto sin palabras que celebra el
deleite
Y aquella gratitud infinita y sublime
Que sale de los párpados cual un
largo suspiro.
-“Hipólita, alma mía, ¿qué dices de
estas cosas?
Tú comprendes ahora que no hay por
qué ofrecer
El sagrado holocausto de tus rosas
primeras
Al soplo de los vientos que puedan
marchitarlas?
Mis besos son ligeros igual que esas
libélulas
Que de noche acarician los lagos
transparentes,
Pero los de tu amante te marcarán sus
surcos
Como los de los carros o las rejas
cortantes;
Pasarán sobre ti cual un pesado
tronco
De caballos o bueyes de implacable
pezuña…
Hipólita, ¡oh mi hermana!, vuélveme,
pues, tu rostro,
Mi corazón, mi alma, mi todo y mi
mitad,
¡vuelve hacia mí tus ojos de azul y
estrellas llenos!
¡oh bálsamo divino, por sólo una
mirada
Levantaré los velos de los gozos más
turbios
Y en un sueño sin fin yo habré de
adormecerte!”
Mas Hipólita entonces, alzando su
cabeza
Joven: -No soy ingrata -dijo- y no me
arrepiento,
Mi Delfina, yo sufro y no tengo
reposo,
Lo mismo que después de una cena
terrible.
Siento cómo pesados miedos caen sobre
mí
Y negros batallones de confusos
fantasmas,
que quieren conducirme por rutas
movedizas
Que un sangrante horizonte por todas
partes cierra.
¿Acaso cometimos, pues, una acción
extraña?
Explícame, si puedes, mi turbación,
mi espanto:
De miedo tiemblo cuando tú “¡Ángel
mío!” me dices
Y sin embargo siento que hacia ti va
mi boca.
¡Oh pensamiento mío! No me mires así,
Hermana de elección, a quien amo por
siempre,
Aunque fueras incluso una trampa
tendida
Y fueras el principio de mi
condenación!”
Delfina sacudiendo su cabellera
trágica,
Y como pateando sobre el trípode
férreo,
Respondió, la mirada fatal, con voz
despótica;
-“¿Quién osa hablar delante del amor
del infierno?
¡Para siempre maldigo al soñador
inútil,
Que pretendió el primero, en su
imbecilidad
A un problema insoluble y estéril
apegado,
Mezclar la honestidad con las cosas
de amores!
¡Aquel que quiera unir en un místico
acorde
Con el calor la sombra, la noche con
el día,
Nunca calentará su cuerpo paralítico
Con ese rojo sol que llamamos Amor!
Vete a buscar, si quieres, un
estúpido novio;
Corre a ofrecer un alma virgen a su
cruel beso;
Y luego, de horror llena, de
contrición, y lívida,
Volverás a traerme tus senos con
estigmas…
¡Sólo a un amo se puede contentar
aquí abajo!”
Mas la niña, a un inmenso dolor,
dándole rienda,
Gritó de pronto: -“¡Siento que se
agranda un abismo
En mi ser; y este abismo, ay, es mi
corazón!
¡Como un volcán ardiente, y hondo
como el vacío!
Nada podrá saciar a este monstruo que
gime
Y la sed de esta Euménide que, la
antorcha en la mano,
Le quema hasta la sangre, no habrá
nada que sacie.
¡Que nos hurten del mundo las
cortinas cerradas
Y que la lasitud el reposo nos
brinde!
Yo quiero aniquilarme en tus pechos
profundos
Y en tu seno encontrar el frescor de
las tumbas!”
-Descended, descended, oh lamentables
víctimas,
Descended el camino del sempiterno
infierno!
Hundíos en la sima, donde todos los
crímenes
Que un viento que no viene del cielo
ha flagelado,
Con ruido de tormenta confusamente
bullen.
A la meta corred de vuestro anhelo,
oh locas
Sombras; nunca la rabia conseguiréis
sanar,
Y de vuestros placer saldrá vuestro
castigo.
No alumbrará una fresca luz nunca
vuestras cuevas;
Por las grietas del muro los miasmas
febriles
Se filtran y se encienden igual que
las linternas
Y de hombres aromas penetran vuestros
cuerpos.
La estéril aspereza de vuestro
regocijo
Altera vuestra sed, y vuestra piel
envara,
Y el furibundo viento de la
concupiscencia
Restalla en vuestra carne como un
viejo estandarte.
Alejadas del mundo, condenadas,
errantes
A través del desierto corred, igual
que lobos;
¡cumplid vuestro destino,
desordenadas almas,
Y huid del infinito que lleváis en
vosotras!
V
FEMMES DAMNÉES
À la pâle clarté des lampes
languissantes,
Sur de profonds coussins tout
imprégnés d'odeur
Hippolyte rêvait aux caresses
puissantes
Qui levaient le rideau de sa jeune
candeur.
Elle cherchait, d'un oeil troublé par
la tempête,
De sa naïveté le ciel déjà lointain,
Ainsi qu'un voyageur qui retourne la
tête
Vers les horizons bleus dépassés le
matin.
De ses yeux amortis les paresseuses
larmes,
L'air brisé, la stupeur, la morne
volupté,
Ses bras vaincus, jetés comme de
vaines armes,
Tout servait, tout parait sa fragile
beauté.
Étendue à ses pieds, calme et pleine
de joie,
Delphine la couvait avec des yeux
ardents,
Comme un animal fort qui surveille
une proie,
Après l'avoir d'abord marquée avec
les dents.
Beauté forte à genoux devant la
beauté frêle,
Superbe, elle humait voluptueusement
Le vin de son triomphe, et
s'allongeait vers elle,
Comme pour recueillir un doux
remerciement.
Elle cherchait dans l'oeil de sa pâle
victime
Le cantique muet que chante le
plaisir,
Et cette gratitude infinie et sublime
Qui sort de la paupière ainsi qu'un
long soupir.
— «Hippolyte, cher coeur, que dis-tu
de ces choses?
Comprends-tu maintenant qu'il ne faut
pas offrir
L'holocauste sacré de tes premières
roses
Aux souffles violents qui pourraient
les flétrir ?
Mes baisers sont légers comme ces
éphémères
Qui caressent le soir les grands lacs
transparents,
Et ceux de ton amant creuseront leurs
ornières
Comme des chariots ou des socs
déchirants;
Ils passeront sur toi comme un lourd attelage
De chevaux et de boeufs aux sabots
sans pitié...
Hippolyte, ô ma soeur! tourne donc
ton visage,
Toi, mon âme et mon coeur, mon tout
et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins
d'azur et d'étoiles!
Pour un de ces regards charmants,
baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai
les voiles,
Et je t'endormirai dans un rêve sans
fin!»
Mais Hippolyte alors, levant sa jeune
tête:
— «Je ne suis point ingrate et ne me
repens pas,
Ma Delphine, je souffre et je suis
inquiète,
Comme après un nocturne et terrible
repas.
Je sens fondre sur moi de lourdes
épouvantes
Et de noirs bataillons de fantômes
épars,
Qui veulent me conduire en des routes
mouvantes
Qu'un horizon sanglant ferme de
toutes parts.
Avons-nous donc commis une action
étrange ?
Explique, si tu peux, mon trouble et
mon effroi:
Je frissonne de peur quand tu me dis:
'Mon ange!'
Et cependant je sens ma bouche aller
vers toi.
Ne me regarde pas ainsi, toi, ma
pensée!
Toi que j'aime à jamais, ma soeur
d'élection,
Quand même tu serais une embûche
dressée
Et le commencement de ma perdition!»
Delphine secouant sa crinière
tragique,
Et comme trépignant sur le trépied de
fer,
L'oeil fatal, répondit d'une voix
despotique:
— «Qui donc devant l'amour ose parler
d'enfer ?
Maudit soit à jamais le rêveur
inutile
Qui voulut le premier, dans sa
stupidité,
S'éprenant d'un problème insoluble et
stérile,
Aux choses de l'amour mêler
l'honnêteté!
Celui qui veut unir dans un accord
mystique
L'ombre avec la chaleur, la nuit avec
le jour,
Ne chauffera jamais son corps
paralytique
À ce rouge soleil que l'on nomme
l'amour!
Va, si tu veux, chercher un fiancé
stupide;
Cours offrir un coeur vierge à ses
cruels baisers;
Et, pleine de remords et d'horreur,
et livide,
Tu me rapporteras tes seins
stigmatisés...
On ne peut ici-bas contenter qu'un
seul maître!»
Mais l'enfant, épanchant une immense
douleur,
Cria soudain: — «Je sens s'élargir
dans mon être
Un abîme béant; cet abîme est mon
coeur!
Brûlant comme un volcan, profond
comme le vide!
Rien ne rassasiera ce monstre
gémissant
Et ne rafraîchira la soif de
l'Euménide
Qui, la torche à la main, le brûle
jusqu'au sang.
Que nos rideaux fermés nous séparent
du monde,
Et que la lassitude amène le repos!
Je veux m'anéantir dans ta gorge
profonde,
Et trouver sur ton sein la fraîcheur
des tombeaux!»
— Descendez, descendez, lamentables
victimes,
Descendez le chemin de l'enfer
éternel!
Plongez au plus profond du gouffre,
où tous les crimes
Flagellés par un vent qui ne vient
pas du ciel,
Bouillonnent pêle-mêle avec un bruit
d'orage.
Ombres folles, courez au but de vos
désirs;
Jamais vous ne pourrez assouvir votre
rage,
Et votre châtiment naîtra de vos
plaisirs.
Jamais un rayon frais n'éclaira vos
cavernes;
Par les fentes des murs des miasmes
fiévreux
Filtrent en s'enflammant ainsi que
des lanternes
Et pénètrent vos corps de leurs
parfums affreux.
L'âpre stérilité de votre jouissance
Altère votre soif et roidit votre
peau,
Et le vent furibond de la
concupiscence
Fait claquer votre chair ainsi qu'un
vieux drapeau.
Loin des peuples vivants, errantes,
condamnées,
À travers les déserts courez comme
les loups;
Faites votre destin, âmes
désordonnées,
Et fuyez l'infini que vous portez en
vous!
VI
LAS METAMORFOSIS DEL VAMPIRO
La mujer entretanto, con su boca de
fresa,
Retorciéndose igual que una serpiente
al fuego,
Y moldeando el seno en su férreo
corsé,
Decía estas palabras impregnadas de
almizcle:
-“Húmedo el labio tengo, y domino la
ciencia
De perder en un lecho la conciencia
remota.
En mis senos triunfantes seco todos
los llantos,
Y hago el viejo reír con la risa del
niño.
¡Reemplazo, para quien me contempla
desnuda,
A la luna y al sol, al cielo y las
estrellas!
Soy, mi querido sabio, tan docta en
los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis
brazos temidos,
O cuando a los mordiscos abandono mis
pechos,
Tímidos, libertinos, delicados,
robustos,
Que sobre estos colchones, de emoción
desmayados
Impotentes los ángeles, ¡Por mí se
perderían!”
Cuando toda la médula sorbió ya de
mis huesos,
Y yo lánguidamente me volvía hacia
ella
Para ofrecerle un beso de amor, yo no
vi más
Que a otra de viscosos costados
purulentos!
En mi frío pavor yo cerré los dos
ojos,
Y al abrirlos de nuevo en mi vívida
luz,
A mi lado, en lugar del fuerte
maniquí
Que pareció haber hecho su remesa de
sangre,
En confusión temblaban deshechos de
esqueleto,
Que por sí mismos daban un grito de
veleta
O cartel, al extremo de un vástago de hierro,
Que en las noches de invierno el
viento balancea.
VI
LES MÉTAMORPHOSES DU VAMPIRE
La femme cependant, de sa bouche de
fraise,
En se tordant ainsi qu'un serpent sur
la braise,
Et pétrissant ses seins sur le fer de
son busc,
Laissait couler ces mots tout
imprégnés de musc :
" Moi, j'ai la lèvre humide, et
je sais la science
De perdre au fond d'un lit l'antique
conscience.
Je sèche tous les pleurs sur mes
seins triomphants,
Et fais rire les vieux du rire des
enfants.
Je remplace, pour qui me voit nue et
sans voiles,
La lune, le soleil, le ciel et les
étoiles !
Je suis, mon cher savant, si docte
aux Voluptés,
Lorsque j'étouffe un homme en mes
bras redoutés,
Ou lorsque j'abandonne aux morsures
mon buste,
Timide et libertine, et fragile et
robuste,
Que sur ces matelas qui se pâment
d'émoi,
Les anges impuissants se damneraient
pour moi ! "
Quand elle eut de mes os sucé toute
la moelle,
Et que languissamment je me tournai
vers elle
Pour lui rendre un baiser d'amour, je
ne vis plus
Qu'une outre aux flancs gluants,
toute pleine de pus !
Je fermai les deux yeux, dans ma
froide épouvante,
Et quand je les rouvris à la clarté
vivante,
A mes côtés, au lieu du mannequin
puissant
Qui semblait avoir fait provision de
sang,
Tremblaient confusément des débris de
squelette,
Qui d'eux-mêmes rendaient le cri
d'une girouette
Ou d'une enseigne, au bout d'une
tringle de fer,
Que balance le vent pendant les nuits
d'hiver.




Comentarios
Publicar un comentario