LA FRASE DEL DÍA 25/04/2026. Valeria Luiselli: "Los antiguos sentían una curiosidad amorosa por el mundo natural. Yo más bien lo que siento es desconcierto y pánico por el mundo artificial."
"Los antiguos sentían una curiosidad amorosa por el mundo natural. Yo más bien lo que siento es desconcierto y pánico por el mundo artificial."
- Valeria Luiselli.
Presiento que esta frase describe un estado de ánimo que se irá extendiendo por el mundo. Un mundo que ha pasado de ser natural a artificial. Y todo lo que es artificial nos deja una sensación de falsedad y de impostura, de algo que nos es ajeno y nos vuelve la vida inhumana. Y en este mundo cada vez más tecnificado, el ser humano va perdiendo su identidad y acaba desorientado. Esto es lo parece haber captado Valeria Luiselli en una entrevista concedida El País (léase aquí), hablando de su último libro "Principio, medio, fin". Pero Luiselli capta algo más en esta transición de lo natural a lo artifical: es el paso del amor al pánico, de la curiosidad al desconcierto. ¿Es que se pierde curiosidad en un mundo artificial? Sí, porque en un mundo operado por máquinas que detentan un saber hacer, ya no necesitamos nosotros saber hacer y dejamos que hagan y que sepan ellas. Las máquinas cada vez saben más; los seres humanos cada vez menos. Y en un mundo imperado por la Inteligencia Artificial, adolecemos de falta de curiosidad porque ya curiosean los motores de búsqueda de los que se alimentan las máquinas y los chat de IA.
Dice Valeria Luiselli en la entrevista que la IA ha producido un cambio de paradigma y anda preocupada y acaso con razón. No teme que la IA acabe con su trabajo de escritora. Pero hay que recordar que toda nueva tecnología ha ido arrollando continuamente aquellos trabajos a los que ha afectado su aparición. Ella misma lo deja entrever en la entrevista: "La parte más básica del oficio creativo no lo creo en riesgo, pero sí que tantas partes de nuestro delicadísimo ecosistema lo están: traductores, correctores, editores..." Luiselli valora sobre todo el alma humana, dice: "A mí no me interesa saber qué dice un robot, me interesa saber qué piensas tú." He aquí el quid de la cuestión. ¿En qué momento empezamos a interesarnos por lo que nos podía decir un robot? ¿No carece de interés cualquier cosa que nos venga a decir? ¿No resulta ya algo malsano y aberrante el tener ese tipo de curiosidad? Es muy probable que en el momento en que el ser humano comenzó a interesarse por lo que decía un robot comenzase la decadencia de la especie humana, la falta de interés hacia sus semejantes. Para que interesarnos por un ser humano cuando podemos interesarnos por un robot. Lo que preocupa sobre todo a Luiselli es que "a la generación más joven les empiecen a alentar en las escuelas el uso de inteligencia artificial y que les quiten el derecho a pensar libremente y por sí mismos". Y es que ya estamos dejando que piensen las máquinas por nosotros. Se trata de saber quién manda aquí. Y si piensa la máquina, el ser humano deja ya de mandar y se limita a obedecer. Ese es el mayor signo de esclavitud de nuestro tiempo: que las máquinas empiecen a pensar.

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