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5 poemas de Juan Gelman (Efímeros y breves 131)

 

El poeta Juan Gelman entre flores

EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

 

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta salud de saber que estamos muy enfermos,

esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta inocencia de no ser un inocente,

esta pureza en que ando por impuro.

 

Si me dieran a elegir, yo elegiría

este amor con que odio,

esta esperanza que come panes desesperados.

 

Aquí pasa, señores,

que me juego la muerte.

 

 

ARTE POÉTICA

 

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,

 

como un amo implacable

me obliga a trabajar de día, de noche,

con dolor, con amor,

bajo la lluvia, en la catástrofe,

cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,

cuando la enfermedad hunde las manos.

 

A este oficio me obligan los dolores ajenos,

las lágrimas, los pañuelos saludadores,

las promesas en medio del otoño o del fuego,

los besos del encuentro, los besos del adiós,

todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

 

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,

rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

 

EN LA FECHA

 

Solo de ti, lleno de ti,

esta tarde a las 7,

el ciudadano de tu ausencia

se palpaba la cara, la voz, los papelitos,

deveras comprobando

que tus ruidos andaban por sus huesos

y en general que te habías ido.

Golpeó puertas, teléfonos.

La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo,

señora y él sentía tirones detrás del corazón.

 

A lo mejor era el tabaco,

de todos modos yo soy otro:

un pedazo de ti,

alguien a quien castigan puertas, ruidos,

teléfonos,

y, andá a saber por qué,

toda la parentela de la muerte.

 

 

EL ANIMAL

 

Cohabito con un oscuro animal.

Lo que hago de día, de noche me lo come.

Lo que hago de noche, de día me lo come.

Lo único que no me come es la memoria. Se encarniza en

palpar hasta el más chico de mis errores y mis miedos.

No lo dejo dormir.

 

 

EL PERRO

 

El poema no pide de comer. Come

los pobres platos que

gente sin vergüenza o pudor

le sirve en medio de la noche.

La palabra divina ya no existe. ¿Qué puede

hacer el poema, sino

contentarse con lo que le dan?

Después aullará por ahí

sin respuesta, será

otro perro perdido

en la ciudad impiadosa.

Soy su oscuro animal.


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