EFÍMEROS Y BREVES 133. Henry David Thoureau (1817-1862): "Hoy en día hay profesores de filosofía, pero no filosófos.", fragmento de "Walden" en el 162 aniversario de su nacimiento.
Se deja aquí un fragmento que pertenece al comienzo del célebre libro de Henry David Thoureau, "Walden", donde se pronuncia por primera vez una frase que ha llamado la atención de una serie de filósofos, entre ellos Jean Pierre Hadot, quien escribió un pequeño artículo con el mismo título que esta entrada: "Hoy en día hay profesores de filosofía, pero no filósofos". La frase es tan paradójica como exacta y me temo que es extensible a cualquier época, incluso es posible que esa contradicción entre la profesión de la filosofía y su enseñanza se haya agudizado con el tiempo. En breve, y tal vez apoyándome en Hadot trataré de hacer un breve comentario sobre este magnífico comienzo que coloca adánicamente a Thoureau en una especie de nuevo jardín de Epicuro.
“La mayoría de los lujos, y muchas de
las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que
resultan verdaderos obstáculos para la elevación de la humanidad. Con respecto
a los lujos y comodidades, los más sabios siempre han vivido una vida más
sencilla y austera que los pobres. Los antiguos filósofos chinos, hindúes,
persas y griegos formaron una clase tan pobre en riquezas exteriores, y rica en
interiores, como no ha habido otra. Apenas sabemos nada de ellos. Es curioso
que nosotros sepamos tanto de ellos. Lo mismo puede decirse de los modernos
reformadores y benefactores de la raza. Nadie puede ser un observador imparcial
o sabio de la vida humana si no se apoya en lo que nosotros deberíamos llamar
pobreza voluntaria. El fruto de una vida de lujo es el lujo, ya sea en
agricultura, comercio, literatura o arte. Hoy en día hay profesores de
filosofía, pero no filósofos. Sin embargo es admirable profesarla porque una
vez fue admirable vivirla. Ser un filósofo no es sólo tener pensamientos
sutiles, ni siquiera fundar una escuela, sino amar la sabiduría y vivir de
acuerdo con sus dictados una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y
confianza. Es resolver ciertos problemas de la vida, no sólo en la teoría, sino
en la práctica. El éxito de los grandes escolares y pensadores es por lo
general un éxito cortesano, no regio ni varonil. Cambian para vivir sólo por conformidad,
prácticamente como sus padres, y no son en modo alguno los progenitores de una
raza de hombres más nobles. Pero ¿por qué degeneran siempre los hombres? ¿Qué
hace desaparecer a las familias? ¿Cuál es la naturaleza del lujo que enerva y
destruye naciones? ¿Estamos seguros de que no se halla en nuestras vidas? El
filósofo está por delante de su época incluso en la forma exterior de su vida.
No se alimenta, cobija viste ni calienta como sus contemporáneos. ¿Cómo pude un
hombre ser filósofo y no mantener su calor vital con mejores métodos que los de
otros hombres?”
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