EFÍMEROS Y BREVES 134. Rabindranath Tagore (1861-1941): "Pajaros perdidos", quince aforismos en el 165 aniversario de su nacimiento.
Se deja un manojo de aforismos extraídos del libro de Tagore “Pájaros perdidos”, así como una extensa reseña biográfica.
Si de noche lloras por el sol, no
verás las estrellas.
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El que se ocupa demasiado en hacer el
bien, no tiene tiempo de ser bueno.
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Tu no ves lo que eres, sino su
sombra.
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Entendimiento agudo y sin grandeza,
lo pincha todo pero nada mueve.
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La vida se nos da y la merecemos
dándola.
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No temáis nunca al instante, dice la
voz de lo eterno.
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Leemos mal el mundo y decimos luego
que nos engaña.
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No insultes a tu amigo con méritos de
tu bolsillo.
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El hombre se entra en la multitud
para ahogar el clamor de su propio silencio.
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Es fácil hablar cuando no va a
decirse toda la verdad.
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El pensamiento se come sus propias
palabras y así crece.
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La alabanza me avergüenza, porque la
mendigo en secreto.
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Los hombres son crueles, pero el
hombre es bueno.
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¡Vea sólo espinas quien tenga ojos
para la rosa!
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Dios espera hasta que el hombre se
hace niño de nuevo en la sabiduría.
RESEÑA BIOGRÁFICA
Rabindranath Tagore fue un poeta,
dramaturgo y filósofo nacido en Calcuta el 6 de mayo de 1861. Era el hijo menor
de una familia de acaudalados propietarios y negociantes, con ricas propiedades
en el campo y una suntuosa residencia en la capital. Se cultivó en un entorno
opulento que favorecía las inclinaciones artísticas y filosóficas. Su abuelo
Duarkanaz había sido uno de los más íntimos colaboradores del famoso reformador
indio Rammohan Roy. Su padre también desempeñó un papel preeminente en las reformas
políticas y religiosas de su tiempo y la fama de su sabiduría le reportó el
título Maharshi o “Gran sabio”. “Soy nacido –escribió Rabindranath Tagore- en
la que antaño fue metrópoli de la India Inglesa. Mis antepasados llegaron a Calcuta
arrastrados por la primera oleada de la fluctuante fortuna de la Compañía de la
India Oriental. La norma de vida, libre de prejuicios, que para mi familia era
una confluencia de tres culturas: la hindú, la mahometana y la inglesa”. De
niño asiste a la escuela pero la indulgencia de su familia le permite recibir
la primera educación dentro del hogar, en contacto con la naturaleza. Más tarde
evocará este periodo infantil subrayando su peculiaridad: “En el curso habitual
de las cosas me enviaban a la escuela; pero puede que mi sufrimiento allí fuese
insólitamente mayor que el de los otros niños. Lo no civilizado en mí era lo
sensitivo; y esa parte de mi yo estaba sedienta de colores, de músicas, de
movimiento. Nuestra educación de ciudad moderna no tenía para nada en cuenta
este hecho vivo. Pero lo no civilizado triunfó en mi demasiado pronto,
impulsándome a alejarme de la escuela cuando no había hecho más que cumplir mis
diez años. Y me encontré desembarcado en una solitaria isla de ignorancia, y
hube de fiarme exclusivamente de mis instintos para elaborar mi educación,
desde los mismos comienzos”. Ya siendo adolescente prosigue sus estudios de
manera irregular en la Academia de Bengala y en el Colegio de San Javier. A
consecuencia de una epidemia que se declara en Calcuta, el padre lo lleva a una
finca campestre, junto al Ganges, y allí experimenta las primeras vivencias
intensas con la naturaleza. Al mismo tiempo comienza a entrar en contacto con
la poesía de Jayadeva y Kalidasa. Para seguir mejorando su educación, el padre
promueve varios viajes por Bolpur y el noroeste de la india, lo que le permite
un conocimiento de primera mano de su país y sus gentes. A los trece años ya
comienza a escribir sus primeros poemas. Antes de los quince publica su primera
composición poética. Entre los quince y los dieciocho no cesa de cultivar todo
tipo de géneros, desde poemas hasta dramas, desde ensayos hasta artículos.
Estudia a Dante, a Petrarca y a Goethe. En otoño de 1877 marcha a Inglaterra
para completar su educación, comenzando a elaborar su visión crítica sobre
Occidente. Fruto de este viaje es su drama sentimental “El corazón roto”, con
influencia de los líricos ingleses, especialmente de Shelley y de Shakespeare.
A punto de cumplir los veinte años fue enviado a Inglaterra para terminar los
estudios iniciados en la visita anterior, pero el viaje se malogró al enfermar
un sobrino suyo que le acompañaba. Poco después de este viaje da un salto de
calidad en sus producciones con “Cantos a la noche”, de tono elegíaco. En su
siguiente libro, “Cantos de la mañana”, sus poemas están teñidos de esa luz
reveladora que justifica en una experiencia personal de iluminación que más
tarde evocará en uno de sus escritos: “Cierta mañana se me ocurrió salir al
pórtico. Justo en aquel momento empezaba el sol a despuntar por entre las
frondosas copas de los árboles. Me quedé a contemplar el espectáculo, cuando,
de repente, pareció como si se me cayera una especie de venda de los ojos, y el
mundo entero se me reveló bañado en un resplandor maravilloso cual si oleadas
de gozo y de hermosura se hinchiesen por todas partes. Este resplandor traspasó
en un momento todos los velos que la melancolía y el abatimiento habían ido
acumulando sobre mi corazón, inundándolo de una luz universal.”. En estos
cantos abandona el énfasis sentimental para embarcarse en una lírica más
consonante con su sensibilidad personal recién encontrada. También data de esta
época un libro de ensayos y una novela titulada “La feria de la joven reina”. A
la vuelta de una estancia en Karwar, en la costa del poniente, escribe su
primera pieza dramática, “El asceta”, que ya contiene las virtudes y los
defectos de su posterior producción dramática: obra de gran fuerza lírica y de
un alto contenido filosófico, pero que adolece
de una debilidad en el tratamiento dramático de la acción. Teatro que
tiene más fuerza leído que representado. Tagore cifró el tema de esta obra en
el motivo que va a acompañar sus posteriores obras dramáticas: “el gozo de
alcanzar lo Infinito en el seno de lo Finito”. A la vuelta de Karwar, en
diciembre de 1883, el poeta contrae matrimonio con Mirinalinidebi, de la que
tendrá un hijo y una hija. Durante los años que prosiguen a su matrimonio,
abandona los viajes, vive en la placidez de la vida conyugal y comienza a
adoptar una suerte de dandismo en su atuendo y en su aspecto externo. Mantiene
la fertilidad en sus composiciones y géneros y escribe por esta época dos
novelas: “La Corona” y “El rey Santo”. En poesía publica “Cuadros y Canciones”,
que contiene poemas en que se aparta de la sensiblería de su anterior
producción. Su siguiente libro de poemas, “Graves y agudos”, contiene canciones
que con el tiempo se harían populares en la india. En 1886 fallece la esposa de
su hermano mayor, Jyotirindra, con quien congeniaba especialmente. El duelo en
que sume al poeta va a provocar intensas
reflexiones sobre la muerte, lo que se convertirá más tarde en motivo
central de su obra, iniciando su periodo artístico de madurez. Durante los
próximos diez años va escribir algunas de sus obras maestras, en los que alterna periodos de reclusión con otros de
intensa actividad social. A raíz de la muerte de su cuñada, Tagore se retira
junto con su esposa a Ghazipur, una localidad junto al Ganges, donde escribe la
mayor parte de Manasi (1891), una serie de poemas que se inspiran tanto en
Keats y Browning como en Kalidasa, abundando la temática de simpatía cósmica.
Entre los años 1891 y 1895 se va a volcar en la redacción de la revista Sadhana,
trasladándose a Shileida para encargarse de la administración de las
propiedades de su familia. Los nuevos paisajes de esta tierra le inspirarán sus
dos libros posteriores, “La barca de oro” y “La tarde”, a los que se le suma en
1896 el libro de poemas que va marcar un punto de inflexión en su carrera
literaria: “Chatali”. Los poemas de este libro mezclan lo lírico con lo
descriptivo y el tono se va haciendo más grave y reflexivo. También durante
este periodo no deja de cultivar su vena teatral y escribe varias obras, tanto
comedias como tragedias. En el año 1900 Tagore decide romper con el
exclusivismo de su vida literaria y se va a vivir al santuario de Santiniketan,
fundado por su padre, siguiendo la milenaria tradición india de apartarse a
algún lugar solitario del bosque para encontrar la unidad de alma con toda la
creación y la comunicación con el Ser Supremo. En esta localidad a una legua de
Bolpur funda una escuela que en principio acoge a cuatro alumnos y que el con
el tiempo se haría numerosa, utilizando los procedimientos pedagógicos más
variados: amistad estrecha de profesores y alumnos, formación total de la
personalidad, fomento de la iniciativa individual, espíritu de tolerancia,
independencia de criterio y ayuda mutua, cultivo de la destreza física y manual
y educación del gusto. De los libros que fue publicando en este periodo, el más
notable es “Ksanika”, obra favorita del poeta. Su preferencia radica en el
descubrimiento de la belleza y musicalidad del lenguaje coloquial. Tagore se
dio cuenta de que podía utilizar cualquier palabra que quisiera sacándole el
máximo partido lírico. “En Kshanika, lo único que hay es mi gozo en la creación
formas… Nada de pensamiento, de doctrina de tema: gozo, y nada más. Lo que yo
gozaba era mi libertad.”. Por esta época dos desgracias recaen sobre el poeta:
el fallecimiento en 1902 de su esposa, y el de su hija dos años después. Fruto
del duelo experimentado por estas dos pérdidas son sus libros Smaran
(“Nostalgias” y Sisu (“El niño”). En 1905, ante la división de Bengala en dos
provincias, decretada por el gobierno inglés, Tagore rompe su retiro y sale a
la palestra pública. Se lanza a la campaña de agitación, da arengas en que hace
gala de su elocuencia, participa en reuniones políticas y financia talleres y
cooperativas. Ante el éxito que cosechan sus soflamas y conferencias, las
autoridades del Virreinato incluyen su nombre en la lista de sospechosos.
Descontento por la deriva del movimiento nacionalista, al dejar de lado las
necesidades más acuciantes de la sociedad, en 1907 Tagore abandona todos los
cargos que ostentaba en los organismos de resistencia patriótica y vuelve a su
retiro durante varios años. En este ashram o retiro vuelve a volcarse en una
actividad literaria frenética. De 1906 a 1916 escribe los diecisiete pequeños
volúmenes donde, bajo el título general de Santiniketan, se recogen las
oraciones religiosas que iba pronunciando en la capilla del colegios; en 1912
aparece, con buena acogida, jibasmiriti (“Mis reminiscencias”). Durante esta
época también reanuda su producción teatral con desigual fortuna. Su obra de
1910, “El rey”, tendrá un éxito discreto en Francia y Alemania y aborda el tema
de las relaciones de Dios con sus criaturas, obligadas a una dedicación total
sin reservas para merecerle. “El cartero del Rey”, de 1912 toca el tema de las
ilusiones que se hace un niño enfermo de recibir un día la carta de un rey. Coetánea a estos dos dramas es la
elaboración de Gitánjali, libro de poemas que contribuyó a cimentar la fama
mundial de Tagore. Recurriendo sólo a unos pocos motivos –el viento, la lluvia,
el pájaro, el viajero, etc.- logra romper con la previsible monotonía mediante
la matización y el sentimiento lírico. A partir de la publicación de este
libro, Tagore comienza a recibir el favor del público y el homenaje de las
instituciones indias. Realiza su tercer viaje a Inglaterra, que prolonga en
Estados Unidos, mientras da recitales y conferencias. Tras su llegada a la
India en el otoño de 1913, le llega la noticia de la concesión del premio
Nobel. Las molestias que la fama le acarrea -especialmente el acoso de los
periodistas- lleva al poeta a recluirse de nuevo en Bolpur durante un periodo
de tres años. En su retiro termina Gitimaya (que no publicará hasta 1920) y
Gitali, un conjunto de canciones de gran calidad que pasarían a ser cantadas
por arrieros y campesinos. Según algunos críticos, el punto culminante de su
carrera lo alcanza con Balaka (1914-1916), libro de poemas en lo que fusiona el
clasicismo con el barroquismo; su tono más sereno logra salvarle de caer en su
habitual sentimentalismo. A raíz de la publicación de una novela –“La casa y el
mundo”- que provocó violentas críticas tachándole de inmoral y antipatriótico,
Tagore estuvo tentado de apartarse de todo su mundo y hacerse sanyasi, pero
superado el momento de crisis existencial, emprendió en el verano de 1916 un
viaje a Japón y a los Estados Unidos, para dar una serie de conferencias sobre
nacionalismo y personalidad, de contenido pacifista. Durante la travesía fue
escribiendo los aforismos que más adelante reuniría bajo el título de “Pájaros
perdidos”, parte de los cuáles se seleccionan aquí. Junto con la suma recibida
por el premio Nobel, Tagore invirtió todo el dinero que recaudó en estas
conferencias a su escuela de Santiniketan. A su vuelta en 1917, muere su hija
mayor. Ese mismo año escribe Palataka (La fugitiva), una quincena de historias
en las que pone a juego sus dotes de narrador. Las conferencias sobre el
nacionalismo fueron publicadas también en forma de libro. Las tesis de su
exposición son, según Agustín Caballero, las siguientes: “El gobierno británico
de la India era impersonal y eficaz como una máquina de tortura, mientras que
los gobiernos autóctonos eran incapaces, pero permeables a la personalidad; el
genio de la India, tierra asimiladora de civilizaciones, estaba en la
reelaboración de los elementos foráneos recibidos para integrarlos en una
síntesis cultural superior; 2ª, el moderno culto a la nación no puede traer
sino las más funestas consecuencias; 3ª, en la India se impone la supresión
radical de las viejas injusticias sociales. La cruenta represión con que las
autoridades ocupantes castigaron los disturbios del Punjab –soldados
ametrallaron a una multitud de miles de hombres, mujeres y niños desarmados-
impelieron a Tagore a renunciar, en 1919, al título de sir que Inglaterra le
concediera años antes. Partidario de la no-violencia, sus diatribas contra la
guerra le indispusieron en contra de muchas de sus amistades inglesas. Un viaje
en 1921 a Estados Unidos dejó en evidencia que el antiguo fervor por su figura
se había trocado en indiferencia. Sin embargo, su peregrinación por Francia,
Dinamarca, Suecia y Alemania siguió siendo acompañada de reconocimiento y su
obra en estos países se publicaba de forma masiva. En la década de 1920
continúa publicando con asiduidad sus nuevas obras; las más notables Puravy
(1926) y Mahuya (1928). En los últimos años del poeta, sus fuerzas se consagran
a promover la paz en el mundo, abogando por el entendimiento entre Oriente y
Occidente y recorriendo una y otra vez Asia, Europa y América. En 1930 comienza
a cultivar la pintura y diserta sobre “La religión del hombre” en auditorios de
varios países: Dinamarca, Rusia, Alemania, los Estados Unidos e Inglaterra. En
1932 visita Persia; en 1934, Ceilán; En 1937 cae gravemente enfermo y Gandy le
devuelve la cortesía de haberle ido a visitar a la cárcel cinco años antes. El
congreso Panindio vota una moción de gracias por el restablecimiento del poeta.
En 1940 le llega la rehabilitación en Inglaterra, y le conceden el título de doctor por la
Universidad de Oxford. Ya octogenario y debilitada su salud, aún tiene fuerzas
durante una convalecencia para escribir dos libros de versos –Rogsajjav y
Arogya-, un volumen de cuentos y otro de reminiscencias infantiles. Sus
fuerzas, sin embargo, se van agotando. Una infección de riñón le postra en cama
y finalmente pierde la consciencia durante dos días. El 7 de agosto de 1941
fallecía en su residencia de Calcuta.

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