EFÍMEROS Y BREVES 139. Joan Margarit (1938-2021): Cinco poemas en el 88 aniversario de su nacimiento.
Al arquitecto que era Joan Margarit,
catedrático de cálculo de estructura en la politécnica de Barcelona, un día le
interceptó por la calle un exalumno suyo para pedirle explicaciones por su
nuevo libro, “escuche, que me he comprado un libro suyo, “Calcul
d’estructures”, y resulta que es de poesía”, le espetó. Imaginamos a Margarit
disculpándose por escribir poesía y sonriendo socarronamente. De otro profesor
de arquitectura, Benavetura Bassegoda, aprendió la poesía del duelo y del
desconsuelo, que más tarde tendría que
ensayar con motivo de la muerte de su hija a edad temprana. Nos recuerda, en el
poema dedicado al profesor –autoridad de cimientos profundos-, que comenzaba
sus clases diciendo "Buenos días señores, hoy hace tantos años, tantos
meses y tantos días que he perdido a mi hija", y de pronto se arrancaba a
llorar. A partir del año 2000 en que muere su hija, será Margarit el que cuente
por meses, días y horas el aniversario de su muerte, “me he acordado de usted y
de nosotros,/ Hoy que soy una amarga sombra suya/ Porque mi hija, ahora hace
dos meses,/Tres días y seis horas/ Que tiene sus profundos cimientos en la
muerte”. A raíz de la muerte de su hija Joana, abatido por el duelo y
desesperando de ser poeta, se enfrenta con la poesía y le pide que lo ayude a
escribir el libro más doloroso; de esta imploración nace Joana (2002). La
poesía no le defraudó y el nuevo libro motivó un punto de inflexión en su obra,
creando una fértil secuela de libros: “Casa de misericordia”, 2007;
“Misteriosamente feliz”, 2009; “Un asombroso invierno”, 2017, entre otros.
Admirador de Antonio Machado, Joan Margarit comenzó a escribir y publicar sus
primeros versos en castellano “porque era la única lengua en la que no hacía
faltas”, pero se dio cuenta que algo no fluía y decidió escribir sus poemas en
catalán. Descubrió que su chispa estaba en esta última lengua, pero siguió
alimentando el fuego de su primera lengua literaria y nada más escribir un
poema lo traducía -más bien lo recreaba- al castellano. “Me ahoga el castellano,
aunque nunca lo odié/Él no tiene la culpa de su fuerza/Y menos todavía de mi
debilidad”. Tal vez como premio a este esfuerzo fiel de bilingüismo, recibió el
premio cervantes en 2019. En una de sus últimas entrevistas, con motivo de este
premio, desentrañó su conflictiva relación con esta lengua: “Yo paro el poema
en catalán, en la lengua que pienso y esta es la verdad, y a partir de aquí
puedo decidir en qué lengua lo continúo, si con la mía o con la que Franco me
enseñó a bofetadas. Las lenguas no han hecho nunca ningún daño a nadie, los que
hacen daño son los animales que hay detrás”. Joan Margarit murió un 16 de
febrero de febrero de 2021, a consecuencia de un cáncer, con 82 años. Había
nacido en Lleida el 11 de mayo de 1938.
POESÍA
Tampoco, como Sísifo, yo conozco mi roca.
La subo a lo más alto. Pero cae hasta abajo.
Vuelvo a buscarla, es pesada y áspera.
Aun así la caliento entre mis brazos
Mientras vuelvo a subirla a lo más alto.
Es una extraña infelicidad.
Pienso que, todavía más cruel,
Es no haber encontrado roca alguna
Para subirla así, inútilmente.
Subirla por amor, a lo más alto.
NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR
No tires las cartas de amor,
Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
Y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
Se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
E, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
Acabará por ser tu única música,
Y las cartas de amor que habrás guardado
Serán tu última literatura.
PROFESOR BONAVETURA BASSEGODA
Le recuerdo alto y grueso,
Procaz, sentimental. Usted, entonces,
Era una autoridad en Cimientos Profundos.
Inició siempre nuestra clase así:
Señores, buenos días.
Hoy hace tantos años, tantos meses
Y tantos días que murió mi hija.
Y solía secarse alguna lágrima.
Teníamos veinte años, más o menos,
Y el hombre corpulento que usted era
Llorando en plena clase
Nunca nos hizo sonreír.
¿Cuánto hace ya que usted no cuenta el tiempo?
He pensado en nosotros y en usted,
Hoy que soy una amarga sombra suya
Porque mi hija, ahora hace dos meses,
Tres días y seis horas
Que tiene sus profundos cimientos en la muerte.
INICIACIÓN
Calles estrechas con esquinas tristes,
rótulos anunciando en los balcones
lavajes y la cura de venéreas.
Lances de amor, permanganato, el alba.
La primera mujer
en un cuarto con sábanas heladas.
La luna tiene el rostro
de aquella pobre puta de Madrid.
La ciudad gris, como la policía.
Fue en un mítico viaje clandestino.
No quiero añadir más literatura.
Ni me marcó ni me hizo sentir sucio.
Sólo un tanteo previo
para irme acostumbrando a este misterio
que une dentro de mí mi amor por ti
a un peligro de oscuros callejones.
¿A QUIÉN AMA GILBERT GRAPE?
Un sábado en el cine, al declinar la tarde,
la película tierna, pero dura,
de un chico deficiente y de su hermano.
Cogidos de la mano en la penumbra,
lloramos, vuestra madre y yo, angustiados
por la muerte, que aún es más injusta
si dejamos atrás un desamparo.
Recordadnos felices: lo hemos sido.
Los ojos de Joana hacen que sea
más llena aún de afecto nuestra vida
pero más desolada nuestra muerte.

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