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Entrevista a Sebald (Efímeros y breves 143)

 


Se deja aquí un extracto bastante amplio de una entrevista concedida por Sebald poco antes de morir a Ciro Krauthausen y  publicada en el diario “El país”. Una entrevista que reviste especial interés por el momento en que se realiza y porque abunda en confesiones biográficas que nutren también su propia literatura. No menos importantes son sus confesiones como escritor, como cuando revela que su propósito al escribir "Austerlitz" fue el de crear un museo alternativo del holocausto. Se acompaña al final de una breve reseña biográfica.

 

“Casi no conocía este país cuando lo abandoné, a los veintiún años y medio”. Nacido en 1944, en Wertach, Sebald se marchó en 1965, primero a Suiza y después al Reino Unido: desde 1970 es profesor de literatura en Norwich. A grandes rasgos, este recorrido coincide con el del narrador de sus libros, oriundo de una localidad identificada como W. “Yo crecí en un pueblo muy atrasado, donde por el hecho de que en los años de la posguerra no había dinero, se vivía como en una época previa a las máquinas. Así, los primeros ocho o diez años de mi vida los pasé en un entorno muy silencioso y natural, y por eso hoy siento la invasión de la vida. Quiero decir: pese a que los frecuente continuamente, en el fondo no soporto los aeropuertos. Y tampoco las grandes ciudades”, cuenta el escritor.”

“Si algún día soy capaz de volver a publicar algo, será necesario que hable más abiertamente de mi propia historia y sobre cómo crecí en una familia posfacista alemana. Sonthofen, la pequeña ciudad en la que fui al colegio, podría considerarse un paradigma del fascismo, con su burgo y sus dos cuarteles militares. Es sabido que los sentimientos malignos se heredan. De niño, yo fui educado por alguien que acababa de salir de esta catástrofe, lo que de alguna manera deja huellas. No puedo decir: esto no tiene nada que ver conmigo”.

“Mi relación con Alemania es muy ambivalente. Por haber vivido veinte años sin casi moverme de un sitio, la sensación de pertenencia ahí está, aunque el resto del país sólo lo conozca desde la perspectiva de los cuartos de hotel. Lo extraño es que los alemanes, cuando hablan conmigo, me traten como un nativo -lo que para nada es el caso- y más aún si escuchan mi acento regional. Se me acepta de inmediato, pero en mi propia recepción de esta aceptación siempre hay un problema, algo que no va. Al mismo tiempo, desde luego, tampoco puedo afirmar que mi casa sea Inglaterra. Allí me siento igualmente extraterritorial. Es una buena predisposición para la escritura, pero también una carga, que, con el tiempo, s e vuelve cada vez más pesada, también porque las investigaciones para los libros implican muchos viajes. Me he convertido en algo así como una existencia ambulante y encaro con cierto pánico lo que me resta de vida”.

 

“Mi profesión permite desarrollar un grado de empatía con personas a quienes esto ha sucedido no por una fortuita decisión propia, como en mi caso, sino por imposición ajena. Porque aquellos que son culpables de ello nunca se pueden imaginar cómo es ser expulsado de repente de un país. Todavía hoy los alemanes no se pueden imaginar esta experiencia vital. De la noche a la mañana uno es convertido en una no-persona y es despojado de todo: de la casa, del dinero, de lo que uno ha adquirido en toda una vida o en varias generaciones, del idioma. Al vivir en Inglaterra, al menos en los años sesenta y setenta, me encontraba con muchas personas algo mayores que venían de Alemania. Yo, un joven académico, y ellos, que ya llevaban treinta años allí. Pero no estaban asimilados. Tenían su profesión y trabajaban en las instituciones, pero los ingleses siempre, a primera vista o cuando abrieran la boca, se daban cuenta de que se trataba de inmigrantes”.

También la hasta ahora más ambiciosa obra de Sebald, Austerlitz, publicada en febrero en Alemania y ya casi traducida al inglés, gira sobre el destierro. En un tortuoso viaje hacia su propia pasado, el protagonista, Jacques Austerlitz, ya mayor, descubre que es huérfano del holocausto. La mayor parte de las críticas han sido elogiosas, incluso reverenciales. Pero Sebald no se fía y se ha tomado muy en serio algunos reproches de que estrategia narrativa y su elegante estilo terminan por anestesiar el horror de los campos de concentración.

"En una de las críticas se calificó de risible que yo enumere todo lo que se veía en la vitrina de la única tienda del antiguo campo de concentración de Theresienstadt”, recuerda Sebald. “No aparece en el libro, pero allí también se veía un pequeño letrero de metal, ya desvencijado, en el que se leía: ‘Agua de Theresienstadt’. Imposible mirarlo con inocencia. Es como la palabra clave que susurra el apuntador en una obra de teatro: detrás de ella, está toda la historia. No creo que en la descripción de aterradores sucesos históricos tenga mucho sentido explayar este terror en cada página. El lector no está en condiciones de asimilarlo. El método siempre tiene que ser indirecto y tangencia, y se tiene que intentar dejar en claro a los buenos lectores -los hay- que el autor piensa siempre, o con mucha frecuencia, en el tema. Para mí, escribir este  libro ha sido el intento de crear un museo alternativo del holocausto. Aunque también es cierto que tan pronto algo terrible se ponga en un contexto estético, se convierte en conmensurable. Es el dilema moral de toda escritura.”

“Quizá Austerlitz consagre a Sebald también en Alemania, donde, a diferencia de lo que sucede en EE. UU., Reino Unido o Francia, es un ilustre desconocido. ”No estoy seguro, pero puede que tenga algo que ver con la temática de mi trabajo, muy relacionada con temas como el exilio y la persecución política. Los alemanes se sienten obligados a ocuparse de estas cuestiones, y , de hecho, lo hacen constantemente, pero por conciencia de deber. Son campeones mundiales en el sentimiento de culpa. No es un reproche, más bien una constatación: los alemanes de por sí se interesan muy poco por el pasado. Aparentan hacerlo, pero en realidad no es así. Por supuesto, esto les permite concentrarse más en el presente, lo cual es una de las condiciones para su eficiencia, supongo”.



RESEÑA BIOGRÁFICA

W. G. Sebald fue un novelista y ensayista alemán que nació el 18 de mayo de 1844 en Wertach y que es considerado uno de los escritores más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Creció en la Alemania de postguerra educado -como el mismo confiesa- en un ambiente postfascista, pero pronto abandonó su país para estudiar letras en Suiza. Más tarde emigraría a Londres, donde ya permaneció hasta su muerte con algunas breves estancias en Alemania para investigación de sus libros. Ejerció la docencia universitaria en la Universidad de Anglia del Este, impartiendo clases de literatura alemana y escritura creativa. Su muerte temprana en 2001 por un ataque al corazón mientras conducía su coche privó a la literatura europea de uno de sus mejores escritores, pues se encontraba en plena madurez tras acabar de publicar “Austerlitz”, un tortuoso viaje hacia el pasado de un protagonista que descubre que sus orígenes están ligados al holocausto. Otras obras notables anteriores son “Los emigrados” y “Los anillos de Saturno”.

 

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