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Frase del día: Cómo escribir una novela (Richard Ford)

Richard Ford, "En palabras sencillas", Feltrinelli Editores.: "no sabía como escribir una novela
 


No sabía cómo escribir una novela... En realidad uno no sabe cómo hacerlo hasta que se pone a escribir una.

- Richard Ford, "En palabras sencillas"


Esta frase que desliza Richard Ford en un capítulo de su último libro "En palabras sencillas" (Feltrinelli editores), puede aplicarse a todas las cosas de la vida. Quién sabe cómo se hace un hijo, o se planta un árbol o se escribe una novela cuando se hace por primera vez y no se tiene ni pajolera idea, somos todos unos aspirantes a chapuceros en nuestras primeras veces y más bien lo que hacemos es intentar plantar un niño, escribir sobre las hojas de un árbol o dar a luz un libro. En nuestra primera vez somos capaces de ponernos a bucear debajo de la tierra y confundir los gusanos con los peces. A lo sumo todo lo que sabe un hombre hacer por vez primera como un maestro es llorar cuando se viene al mundo y morir, que tampoco se sabe y es lo único que hacemos por primera y última vez. Y no solamente dice esto Richard Ford en uno de los capítulos de su libro que se puede leer en el periódico "La vanguardia" (léase aquí), nos da, además, una clase magistral sobre la zozobra creativa de escribir un primer libro y sobre la actitud con la se acerca un escritor a él: en su caso, una exacerbada ambición. Richard Ford nos recuerda la frase del crítico inglés Cyril Connolly sobre la verdadera función de un escritor: es nada más y nada menos que producir una obra maestra; ahí es nada, también podríamos aplicarlo a todas las cosas de la vida; queremos, cuando venimos al mundo, plantar un árbol robusto, y hacer un hijo bien parecido y una novela grandiosa como la copa de un pino, ¿quien no quiere hacer bien las cosas cuando llega a este mundo? 

Y Richard Ford recoge el guante de Connolly y le contesta que él si la iba a escribir, que la experiencia de escribir un libro con todos sus rigores es tan dura que "si iba a ser escritor, tenía que ser un gran escritor, si no, ¿para qué molestarse". Es la gran ambición lo que nos mueve por el mundo, todo lo queremos hacer bien y a lo grande; más tarde nos damos cuenta de que sólo podemos hacer bien nada más que unas cuantas cosas y hemos de dedicarnos a armar nuestros zapatos y a seguir con ellos nuestros humilde y exclusivo camino. Pero ahí está la ambición como la sombra de toda vida y lo que cuenta Ford no nos resulta nuevo. Probablemente no hay escritor más ambicioso que Victor Hugo, que cuando le preguntaron de niño qué quería ser, espetó que o Chateaubriand o nada. Eso es arriesgarlo todo y tener claro cuál es nuestro destino. O somos Shakespeare o abandonamos el teatro y hacemos un mutis por el foro. O somos Pelé o colgamos las botas y no volvemos a entrar más en un estadio de fútbol. O revolucionamos el mundo con una fórmula sobre la energía del universo como Einstein o dimitimos de nuestra carrera de Física. O vamos a la vida a por todas, o mejor no vamos y lo dejamos. Algo, no obstante, perdemos por el camino. Richard Ford, sin embargo, no perdió su ambición, y después de esta primera novela, "Un trozo de corazón", siguió escribiendo más, pero las debió pasar canutas, si hacemos caso a lo que nos cuenta en este capítulo de su libro. La crítica lo desalentó. Nadie dijo de la novela que rompía moldes ni que fuera una obra maestra. Pero había escrito "Un trozo de mi corazón" en homenaje a los libros que le habían influido y quería influir en el lector como sus maestros influyeron en él. Y qué importantes son las influencias, sin ellas no tendríamos ni idea de cómo hacer las cosas, somos los comediantes de nuestro propio ideal, que diría Nietzsche; sin encontrar modelos a los que imitar no dejaríamos de ser unos eternos aprendices. Nos lo recuerda Richard Ford: "Lo que importaba era lo que uno hacia con sus influencias, lo que asimilaba, y cómo eso le permitía ir más allá de ellas. Hemingway atribuyó esa influencia a Flaubert. Carver a Chéjov. Chéjov a Puskhin." La vida es una larga cadena de influencias, ya lo dijo Harold Bloom, todo escritor ha de saltar sobre la sombra de su maestro, debe quitarse de encima la ansiedad de la influencia. Todos vamos subidos a hombros de gigantes, pero a veces nos cansamos de que nos lleven a caballo, y queremos saltar y empezar a rodar solos por el mundo, aunque sea como enanos. Ya lo dijo Gide, yo no leo a otros para que no me influyan; por la originalidad se hacen cosas inauditas, a veces uno llega incluso hasta escribir bien sólo por quitarse una influencia de encima. Somos ambiciosos a más no poder. Pretendemos ser originales, que es una manera de fingir que lo somos, y también lo que no somos. La ambición es el motor del arte y de la vida. Y si no, que se lo pregunten a Leavis, otro crítico liteario que Richard Ford desempolva en su último libro "En palabras sencillas": "La literatura es el medio supremo para renovar la vida sensual y emocional, y crear una nueva conciencia" Con máximas tan ambiciosas se ve que Richard Ford sólo podía crear buenas novelas. Al principio sin tener ni idea. Si al final consiguió su obra maestra, que cada lector de su obra lea y lo juzgue. Puede comenzar por su último libro en el que nos cuenta que no sabía cómo escribir una novela"


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