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"No somos los 21 gramos..." — Alberto Velasco (Frase del día)

 


"No somos los 21 gramos que dicen que perdemos al morir. Somos todos los kilos que pesamos".

- Alberto Velasco.


Es un alivio saber que somos mucho más, sería decepcionante pensar que a la hora de la verdad no valemos más que lo que pesan 21 gramos, aunque sean gramos de una especie espiritual. Somos cuerpo y somos alma y tan glorioso es lo uno como lo otro, que nos diría Walt Whitman. El cuerpo también merece entrar en el paraíso con toda su gloria, incluso ser glorioso aquí en la tierra con toda su gordura. Bienaventurados los gordos porque algún día también heredaremos la tierra. "Somos todos los kilos que pesamos" y por eso el cuerpo es una cárcel de donde nadie puede escapar, ni el delgado por ser delgado ni el gordo por su gordura. No podemos escapar de lo que somos, y sin embargo nos pasamos la vida intentando fugarnos de nosotros mismos. Eso es lo que en parte le ha pasado a Alberto Velasco, danzarín que ahora estrena espectáculo en Madrid ("Sacresize") y que en una entrevista en El País (léase aquí) nos recuerda que los gordos también saben bailar. "Durante mucho tiempo yo he soñado que era delgado". Con esta frase de la entrevista uno podría comenzar a escribir un gran cuento de cómo un hombre gordo sólo podía escapar de la cárcel soñando que era delgado. Un hombre que vive en la cárcel de su cuerpo y que no consigue escapar, especialmente cuando ha de salir de un coche o sentarse en una silla. Qué tortura debe ser intentar colarse por el torno del metro... La vida se puede volver un infierno cuando el cuerpo nos expulsa del mundo: "Usted no puede pasar por aquí por ser gordo" y ahí comienza toda una vida de exclusión con porteros que no te dejan pasar. Ser gordo como una condena, como un pecado de gula, como un no saber donde meter tu cuerpo. No solo sueña el gordo con ser delgado; sueña también con hacerse invisible, con escapar de su cuerpo. Y por eso  Alberto Velasco se volvió desde niño un famélico de las dietas, intentando escapar de su cuerpo y buscando la gran evasión. Y no es para menos querer escapar, porque resulta que a los gordos se les ama menos. Uno se da cuenta de que es gordo cuando se enamora y no es correspondido. Penosa forma de tomar conciencia de ser gordo. Ser gordo no cotiza nada en el amor. El mundo es tan injusto que tal vez las personas delgadas se dan cuenta de su esbeltez cuando se enamoran y son correspondidos. Pero los gordos estamos siempre recibiendo calabazas, nos miran, nos sopesan y enseguida se dan cuenta de lo duro que es cargar con nosotros. Desde luego no valemos nuestro peso en oro. El peso del mundo es amor, cantó una vez Allan Ginsberg, pero para los obesos el amor es algo ingrávido que pasa por sus vidas como un suspiro, no hay suficiente amor en este mundo para los gordos a menos que uno se ponga a dieta. Una dieta nos puede salvar de no ser amados. Por eso seguramente hay tanta gente que se pone a dieta; nos ponemos a dieta por amor. Alguna vez Alberto Velasco se dio cuenta de que ese no era el camino y encontró la danza y se dió cuenta de que era libre porque no pesaba. La ingravidez de los cuerpos es posible sólo con ponerlos a danzar. Y se puso a danzar y danzó y danzó hasta que por fin encajó la ganzúa por la cerradura la cárcel y se fugó. O por los menos es libre con libertad vigilada cuando baila. Ahí la carne se mueve y da saltos por su cuenta y se hace bella. Ya no gusta a pesar de su gordura. Gusta sobre todo por ser gordo, que es a lo que aspiramos todos los gordos, incluso a que nos amen más que a los delgados, incluso a que volvamos algún día a ser los tiranos de la moda, como en tiempos de Rubens o Renoir. Algún día el mundo volverá a ser gordofílico.

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