LA FRASE DEL DÍA 14/05/2026. Antonio Cano Vindel (psicólogo): "Normalmente, cuanto más dinero y poder acumula alguien, más ganas de ser inmortal tiene".
"Normalmente, cuanto más dinero y poder acumula alguien, más ganas de ser inmortal tiene"
- Antonio Cano Vindel.
La frase la lanza este catedrático de psicología en un reportaje de Antonio Ortí en "La vanguardia" (léase aquí) sobre un nuevo síndrome que algún día nos puede afectar a todos: el síndrome de fijación en la longevidad (Longevity Fixation Syndrome). Si usted no para de usar relojes biométricos, toma suplementos vitamínicos, cuida maniáticamente todo lo que come y todo esto le obsesiona porque cree que no hace falta morir es que ya está aquejado por este síndrome: querer hacerse inmortal y estar dispuesto a morir en el intento. No está de más preocuparse por no dejarnos matar antes de tiempo, pero precisamente la muerte es aquello contra lo que nada se puede hacer. La muerte es precisamente lo ineluctable. Tiene su momento y nos señala nuestro destino. Luchar contra ella es como querer arar en la playa: la idea sólo dura hasta que sube la marea y nos desmonta el castillo. Y no obstante la gente lucha contra ella, hay incluso combatientes egregios como Wody Allen o como Elías Canetti que escribió un libro capital contra la muerte y exclamó: "a nada me he acostumbrado, a nada, y menos que nada a la muerte". Igual es que vivir con sabiduría es eso, ir desacostumbrándose a a la idea de estar vivo y comenzar a acostumbrarse a la idea de que pronto yaceremos muertos. Así que es posible que estemos ante un nuevo síndrome de los necios. Todos los síndromes vuelven necios a quienes lo padecen. Pero este además afecta especialmente a los ricos. De ahí la frase elegida hoy y que tiene forma de ley universal: "Normalmente, cuanto más dinero y poder acumula alguien, más ganas de ser inmortal tiene". Y es que, ya se sabe, morir es una cosa demasiado vulgar. Morir será en el futuro una ordinariez, cosa de pobres.
¿Y qué pintan los ricos por aquí?, se preguntará más de uno. Los ricos son los que más pintan y ahora andan con ganas de pintarle la cara a la muerte. Y ya comienzan a tener la tecnología necesaria. En el futuro la gente, en vez de hacerse un lifting, se irá a la clínica de juventud a que le hagan un estiramiento de vida. La gente en el futuro, en vez de lucir ferrari o casoplón, lucirá todos los aparatos que le permitan ser un Dorian Grey. Aparatos maravillosos omo el Nuralogix Longevity Mirror, un espejo inteligente y barato que analiza el flujo sanguineo del rostro y da una puntuación de longevidad del 1 al 10. ¿Quien no se quiere mirar en ese espejo mágico y que todos los días te diga que tú vas a ser el más longevo y seguramente el más guapo? Los ricos lo tienen claro, saben lo que buscan y lo que han venido a buscar a este planeta, y si no lo encuentran se irán en cohetes a buscarse otros, y si no le gusta aquí la vida, ganarán la partida a la muerte y revolucionarán la vida. En la lucha por la existencia, el último hombre será el que haya ganado la pelea: hay que llegar lo más lejos para heredar la tierra. Ya lo dijo Canetti, sólo hay una obsesión que merezca la pena vivirla, y es la obsesión contra la muerte. La muerte nos roba lo mejor que tenemos, pero cada vez hay en el mercado mejores alarmas para impedir que nos lo robe, espejos mágicos que nos vuelven niños, es el síndrome Benjamin Button, un buen mito para los tiempos modernos. Los ricos no quieren morir, pero a los pobres les da igual porque la vida no es gratificante, es casi una tortura de la que es muy fácil escapar. Morir, la verdad, es cosa de pobres que no han sabido aprovecharse de la vida y no han merecido ganarse el más allá en esta. Los ricos están dispuestos a enemendarle la plana al mísmismo Dios y decirle que su obra estaba mal hecha. Pero es posible que Dios tenga sus propios planes y que la humanidad esté ya empezando a vender su alma al diablo. De momento está comprobado que quienes tienen este sindróme de fijarse continuamente en su esperanza de vida, acaban viviendo menos y seguramente más desesperados. Es la paradoja de la obsesión, que nos estresa tanto que nos acaba matando. Hasta es posible que en el futuro los pobres lleguen a vivir más que los ricos por no padecer este síndrome. De momento, se obsesionan menos por la muerte. Bastante tienen con preocuparse por su perra vida.

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