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Frase del día — Victoria Monell y el miedo a la enfermedad mental

 


"La enfermedad mental todavía genera miedo y rechazo".

- Victoria Monell (Directora de la Fundació Silvestra Moreno)

Todavía genera miedo la enfermedad mental, y parece mentira, pero es la verdad y hay que saber por qué es así. Victoria Monell, directora de una fundación que se dedica a defender los derechos de las personas  con problemas de salud mental, lo sabe como pocas y lo demuestra en una entrevista concedida a "La vanguardia" (léase aquí). Para los próximos cincuenta años los trastornos de salud mental y fatiga cognitiva, las dos cosas muy relacionadas, serán la principal causa de baja laboral. En los próximos años usted tendrá muchas posibilidades de ser un candidato ideal a sufrir un brote psicótico, una enfermedad mental, algún estrés galopante, la vida cada vez se nos complica más y nos lo hace notar mandándonos complicaciones en forma de enfermedades mentales. Prisa mata, dicen en los países donde no hay prisa, pero no nos dicen que también la prisa nos enferma. Primero nos hiere y después nos mata. Mentalmente la prisa de nuestro mundo nos enferma y nos estresa hasta volvernos tarumbas o nos vuelve paranoicos, o tal vez con personalidad doble o triple, pero casi siempre profundamente despersonalizados. Pero usted debe saberlo: lo peor no es que le dé un jamacuco y tenga un ramalazo, y dé un tropezón y se caíga y acabe ingresado y recluido en la sección de psiquiatría de algún hospital. Lo peor es el sambenito que le colgarán, lo peor es el estigma: usted tiene muchas posibilidades en el futuro de volverse loco. Y la gente le tendrá miedo. Y verá que le rehuyen y le hacen el vacío y hasta puede que a los otros se les llene la boca: puede que le insulten y le llamen loco. Y su mundo se habrá convertido en un infierno. Los otros le verán como un enajenado y se volverán inquisidores, le torturarán. Y puede que comience una particular caza de brujas para su persona. Usted es la bruja y hay toda una hoguera ya preparada para inmolarle.

Porque también de chivos expiatorios va esta caza de brujas inmemorial como la existencia de la especie humana. Porque la enfermedad mental todavía genera mucho miedo y rechazo. Así ha sido siempre y así será. "Existe la idea de que son personas peligrosas, pero nosotros vemos que son justamente lo contrario, son más víctimas que amenaza", dice Victoria Monell. Y dice más: hay sólo una enfermedad y se llama soledad, que diría Eugenio D'ors, porque esta es, la soledad, la dolencia de los que sufren de problemas mentales. Y hay personas que se aprovechan de su soledad, "les invitan a un café, les escuchan un rato y acaban dándoles dinero. Son extremademante vulnerables emocionalmente". Y bien canalla tiene que ser el mundo para aprovecharse de las personas vulnerables. Y lo dice bien claramente Victoria, no es sólo un problema clínico: los hemos dejado solos, o sea, los hemos abandonado. A veces una persona sólo necesita que otra persona le ayude a entrar en el mundo otra vez. Qué bonita expresión. La utopía del mundo se podría resumir en esta frase: todos juntos entrando en el mundo otra vez. Pero el mundo es una discontinuidad, una cesura, un muro que nos separa, no andamos todos juntos, ya no digamos revueltos. Los locos son locos porque los alejamos de nosotros, ponemos mucha tierra de por medio, un ejemplo más de cómo los muros que colocamos para defendernos también nos aislan a nosotros y estropean el mundo. Sabemos que después de  los muros de las prisiones, los de los manicomios son los más impenetrables. Sus puertas tienen más candados que la de un calabozo. Queremos dejarlos allí encerrados y olvidarnos de ellos. No importa que se haya avanzado. La enfermedad mental siempre será un escarnio y un estigma, y siempre generará miedo y rechazo. No hemos avanzado, no se dejen engañar. Todavía hay y habrá pastillas que son mucho peor que las camisas de fuerza y los electrochoques, pero hacen menos ruido y eso es lo que necesitan los manicomios, un muro de silencio donde no se hable de ellos.

Pero desde su fundación Victoria Monell ha puesto humanidad y sensatez en el mundo de los locos. Se dice enfermo mental, pero  de todos los muchos eufemismos que utiliza la civilización para enmascarar lo salvaje, este eufemismo es el más inapropiado. Si yo quisiera insultar a un loco no tengo más que llamarlo enfermo mental. Los eufemismos, cuando se rasca un poco, se les oye lo mal que suenan: parecen más bien disfemismos, la manera abrupta de tratar las cosas por medio de las palabras. Si quiere ser rudo con un loco, llámele enfermo mental. La sociedad nunca usa eufemismos, usa los peores insultos para referirse a los de siempre, pero se nos dice que hemos avanzado un poco. No se lo crean. Cuando la sociedad no logra hacer cosas bonitas, se conforma con inventarse palabras bonitas. Pero sólo por eso, ya son más feas. Sin embargo, Victoria Monell trata de llamar a las cosas por su nombre. No se trata, dice, de imponerles, a los locos, una vida correcta. Intentemos darles apoyo para construir la suya. Y muchos sólo necesitan volver al mundo. "Hay personas -nos recuerda- que llevan años encerradas  y mejoran muchísmo cuando vuelven a vivir en el que fue su barrio". Porque no son personas sin techo, pero tampoco tienen hogar, o sólo el de sus padres. Y hay muchísimas más personas de las que creemos que podrían vivir fuera de un psiquiátrico. Sacar a los locos a la calle, por tanto, no fue ninguna utopía de la antipsiquiatria, y Monell nos lo recuerda. Fuera de los manicomios también hay vida. "El problema -sentencia- no es la enfermedad es la falta de apoyos." A veces una persona sólo necesita que otra persona le ayude a entrar en el mundo otra vez". Pocas veces se puede escuchar algo tan bello que se puede aplicar a todos nosotros en una u otra dirección. En nuestras manos está ayudar a entrar en el mundo a uno de estos seres que se ha topado con problema vitales, quiero decir, que se ha encontrado de repente con que le han diagnosticado una enfermedad mental. Ahí, en ese diagnóstico a veces mal realilzado o en ese confinamiento a veces sin motivo, comienza su calvario, y en nuestras manos está el aliviárselo. Nos han ayudado tántas veces que cómo podríamos negarnos... Hay muchos locos, pero todos están en nosotros. No escurramos el bulto.



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