EFÍMEROS Y BREVES 138. José Ortega y Gasset (1883-1955): Quince Aforismos de Meditaciones del Quijote en el 143 aniversario de su nacimiento.
Pocas personas han hecho más por
fomentar la pasión por la filosofía que el filósofo español José Ortega y
Gasset. No es de extrañar que uno de sus libros más célebres se titule "¿Qué es
la filosofía?". Con un título así ya se puede descubrir algunas cualidades suyas: el arte
de la definición y su pasión pedagógica, su pasión por enseñar lo que una cosa
es; también por descubrirla a la vez que la despliega. Su genio para pensar en
las cuestiones más graves de una manera profunda lo sitúa entre los principales
pensadores del siglo XX, con la ventaja de que todo cuanto elucubró está
expresado con gran claridad y elocuencia, a diferencia de la oscuridad que
reina en muchas páginas de otros célebres filósofos. ¿Cómo podía ser Ortega oscuro
si lo que más apreciaba era la luz, si
el mismo se sentía llamado a una misión de claridad? Y de aquí se puede deducir el porqué se afanó en la búsqueda de la razón vital, pues querer más luz es casi igual que querer más
vida, o por lo menos, una querencia por su plenitud. También esa elocuencia que siempre le
acompañaba en su expresión era el modo de arrojar la luz por medio
de la palabra, de mostrar el entusiasmo por la claridad, que era la cortesía
del filósofo, como le gustaba recalcar. Al
leer a Ortega nos encontramos, pues, ante una cumbre del pensamiento. No
estamos ante algo que ha sido pensado, sino ante lo que está siendo pensado y
se despliega delante de nuestros ojos con el esfuerzo del que busca la claridad
por encima del todo. No otra cosa busca el pensamiento que dar luz, y a Ortega
nos lo encontramos siempre forcejeando con las ideas para encontrar el chispazo
que nos ilumine las cosas para que podamos orientarnos en el mundo.
Se dejan aquí quince aforismos sacados
de su primer libro “Meditación del Quijote”. Podría haber sacado el doble, lo que dice mucho de su agudeza, de la claridad en su expresión, pues para que un pensamiento se convierta en máxima no es tan importante pensar profundamente como el expresarlo claramente lo que se ha pensado. Se pueden extraer de su contextos frases de María Zambrano, de Zubiri o de de Julian Marías, pero carecerían de agudeza y de su potencia expresiva enajenadas del contexto en el que fueron escritas. No pasa así con Ortega. Los aforismos que se han
seleccionado están elegidos a propósito para demostrar el talento que tenía Ortega para la
definición. No se encontrará aquí, entre estas citas, ni una sola frase de Ortega que no sea una
definición y abundan las definiciones de entidades trascendentes. Define a Dios, la cultura, el concepto, la filosofía y el yo; como
es un libro sobre el quijote, define además lo que es el lirismo, la épica y el
héroe. Toda la filosofía de Ortega es un arte de definir lo que las cosas son y
esto demuestra su talento para la metafísica, para buscar y encontrar lo que es
esencial a cada cosa, para arrojar una luz y encontrar la identidad de algo, despejarle sus enigmas; esta es su manera de expresar su amor por la verdad y por la claridad,
su manera de deshacer errores. No se llega a la verdad de una cosa hasta
que no se halla lo que la cosa es.
"Meditación del Quijote" es un libro extraordinario por muchos motivos. Quizás lo mejor que se puede decir, tratándose de un primer libro publicado, es que ahí hallamos ya a Ortega en cuerpo y alma. Que no sería disparatado decir que es el libro que mejor lo representa (aún siendo un filósofo que abordó muchos temas, dijo mucho y evolucionó mucho). Que contiene la más famosa frase de Ortega, la de “yo soy yo y mi circunstancia” y con ella aparece uno de los rasgos que caracterizaron su filosofía, la del perspectivismo. El ser definitivo del mundo es para Ortega una perspectiva (no materia ni alma) y todo lo que hemos de hacer para enseñorearnos en él es perfeccionar esta perspectiva. Con la conciencia de nuestra circunstancia Gasset quería darnos un medio de liberarnos de ella, de salir a conquistar el mundo pero usando como trampolín la circunstancia. Nos quería dar un destino, una vocación, una misión. Es un llamamiento a que seamos nosotros mismos, a que no nos perdiésemos en circunstancias que nos son ajenas. Quiere entregarnos la posibilidad de volvernos héroes, como Don Quijote, que acabó encontrando su destino de héroe en la circunstancia de rodearse de libros de caballería. Quiere en definitiva que encontremos nuestra identidad, darnos luz, enseñarnos un camino: tal vez el camino del heroe. "Héroe es quien quiere ser él mismo", gran aforismo, gran definición y gran retrato de Don Quijote. He aquí la clave de toda una filosofía que interesaría mucho a los psicoanalistas: hay que averiguar quien es uno, como tal vez averiguó Don Quijote quien era de verdad él leyendo libros de caballería y actuando en consecuencia. (Hay que recordar aquí que una de las frases favoritas de Ortega era la apelación horaciana a llegar a ser el que ya se es).
Tal vez en este libro encontremos el mejor prólogo escrito nunca, un prólogo que seguramente es mejor que el propio libro, algo muy propio de Ortega, que cada vez que se ponía a pensar sobre una cosa, agotaba la misma cosa, o se le ocurría por el camino otra serie de cosas que también terminaba agotando, hasta el punto de que veíamos que también se agotaba él y acababa por dejar el tema inconcluso. Algo le pasó de esto en este libro donde escribe un prólogo extraordinario en el que nos habla de su amor intelectual, de la actitud religiosa que conlleva el afán de comprender, de la misión de claridad que tiene el hombre sobre la tierra, y emocionado por el ardor de su fe en lo que dice y por la elevación de su mensaje acaba olvidándose de que tiene que escribir un libro sobre el quijote y lo deja a medias. Claro que cualquier cosa que pensase Ortega era tan importante que se le excusaba de que se perdiese por el camino. Nadie se ha extraviado por el camino del pensar más gloriosamente que Ortega. Quedan sus libros como pruebas de estos maravillosos extravíos, verdaderas aventuras del pensar.
FRASES Y AFORISMOS DE "MEDITACIÓN DEL QUIJOTE"
El odio es un afecto que conduce a la aniquilación de los valores.
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El rencor es una emanación de la
conciencia de inferioridad.
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¿Cuándo nos abriremos a la convicción
de que el ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna
determinada, sino una perspectiva? Dios es la perspectiva y la jerarquía: el
pecado de Satán fue un error de perspectiva.
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El placer sexual parece consistir en
una súbita descarga de energía nerviosa. La fruición estética es una súbita
descarga de emociones alusivas. Análogamente es la filosofía como una súbita
descarga de intelección.
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Yo soy yo y mi circunstancia, y si no
la salvo a ella no me salvo yo.
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El bosque verdadero se compone de los
árboles que no veo. El bosque es una naturaleza invisible.
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La dimensión de profundidad, sea
espacial o de tiempo, sea visual o auditiva, se presenta siempre en una
superficie. De suerte que esta superficie posee en rigor dos valores: el uno
cuando la tomamos como lo que es materialmente; el otro cuando la vemos en su
segunda vida virtual. En el último caso la superficie, sin dejar de serlo, se
dilata en un sentido profundo. Esto es lo que llamamos escorzo. El escorzo es
el órgano de la profundidad visual; en él hallamos un caso límite, donde la
simple visión está fundida con un acto puramente intelectual.
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Cada concepto es literalmente un
órgano con que captamos las cosas. Sólo la visión mediante el concepto es una
visión completa; la sensación nos da únicamente la materia difusa y plasmable
de cada objeto; nos da la impresión de las cosas, no las cosas.
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Cultura es lo firme frente a lo
vacilante, es lo fijo frente a lo huidero, es lo claro frente a lo oscuro.
Cultura no es la vida toda, sino sólo el momento de seguridad, de firmeza, de
claridad. E inventan el concepto como instrumento, no para sustituir la
espontaneidad vital, sino para asegurarla.
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La vida es el texto eterno, la retama
ardiendo al borde del camino donde Dios da su voces. La cultura -arte o ciencia
o política- es el comentario, es aquel modo de la vida en que refractándose
ésta dentro de sí misma, adquiere pulimento y ordenación. Por eso no puede
nunca la obra de cultura conservar el carácter problemático anejo a todo lo
simplemente vital.
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Claridad no es vida, pero es la
plenitud de la vida.
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He ahí lo que llamamos realismo:
traer las cosas a una distancia, ponerlas bajo una luz, inclinarlas de modo que
se acentúe la vertiente de ellas que baja hacia la pura materialidad.
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El lirismo es una proyección estética
de la tonalidad general de nuestros sentimientos.
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La épica no es triste ni es alegre:
es un arte apolíneo, indiferente, todo él formas de objetos eternos, sin edad,
extrínseco e invulnerable.
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Héroe es quien quiere ser él mismo.

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